Eres un romance a fuego lento. Disfruto tanto perderme en tu juego, y creo que es por eso que te tengo tanto miedo. Tu presencia es la única responsable de mi cautiverio. Me aterra el hecho de que estés tan cerca, y escuches con claridad mi taquicardia delatora. Tengo primera fila en el espectáculo de tus labios, tan cotizados y tan deseados. Ahora que te tengo conmigo, quiero volverme un ser más persuasivo y creativo. No quiero quedarme inmóvil. Quiero alcanzarte. Quiero hacer trazos de malicia con mis dedos en tu piel. En mi papel de astrónomo, quiero ir anotando coordenadas en tu blanco universo. Con líneas imaginarias unir pecas y lunares, armando constelaciones por las extensiones de tu cuerpo mágico y desconocido. Tus curvas seductoras, que empiezan en tu sonrisa, y terminan en el principio perfecto de tus piernas. Quiero que me ataques con letales besos, mientras yo intento hechizarte a punta de verso. Dulce risa. Quítame el aliento con un sonido. Hipnotiza con amena belleza. Atrapa mi atención con espirales y colores. Muérdete el labio, para alucinar con las intenciones. Se niña engreída por las tardes, y conviértete en mi cómplice por las noches. Se mi dosis de euforia. Estoy rendido a tus pies. Vamos a pensarnos y a soñarnos. Quiero esculpir tu forma en mi paladar. Quiero detallar tu nombre. Quiero refugiarme en tu pecho. Quiéreme. Llévame la contraria. Para eso estábamos, y para eso nos encontramos. Vamos a burlarnos del tiempo, vayámonos muy lejos, donde el olvido no nos encuentre. Seamos prófugos del destino. Comparto la calma contigo, porque quiero que te quedes conmigo. Escapemos.
Alexander Urrieta
La posdata que habla por mi
