La eminente educadora doctora Maria Montessori ha desarrollado este mismo sistema en un folleto: “El niño que nunca ha aprendido a actuar por sí solo, a dirigir sus actos, o gobernar su voluntad, se transforma en un adulto que resulta fácil de gobernar y que siempre necesita el apoyo de otros. Incesantemente descorazonado y reprendido, el escolar concluye por adquirir esa mezcla de temor y de desconfianza en su capacidad que se denomina timidez, y que más tarde se presenta en el hombre como desaliento, sometimiento e incapacidad para oponer la más mínima resistencia moral. La obediencia que se supone debe tener un niño, tanto en la escuela como en su casa –una obediencia que no sabe ni de razón ni de justicia–, prepara la docilidad del hombre para con las fuerzas ciegas. El castigo tan común en las escuelas de reprender públicamente a los culpables, equivale casi a la pena de picota; llena el alma con un temor irracional y loco por la opinión pública, hasta en los casos en que se trata de una opinión manifiestamente equivocada e injusta. En medio de estas adaptaciones y de muchas otras que determinan los complejos de inferioridad permanentes, ha nacido ese espíritu de devoción, por no decir esa idolatría para con los condottieri y los caudillos”. La doctora Montessori podría haber agregado que muy a menudo el complejo de inferioridad encuentra desahogo en la crueldad y en la brutalidad compensatorias. La educación tradicional constituye un acondicionamiento para vivir dentro de las sociedades jerárquicas y militaristas, en las que se obedece abyectamente a los superiores y se trata en forma inhumana a los inferiores. Cada esclavo “se las toma” del esclavo que está más abajo.
Sin duda, todo lo que plasmas al escribir no puede ser más acertado. Admirable la madurez que has conseguido, de verdad.