Moneda del recíproco

La cuestión es bastante simple. La clave está en no pensar mucho las cosas. Soñarla un poco. Disfrutar el momento. Lidiar con la punzada inducida. Hacerse el loco. Pasar por alto las palabras pronunciadas por el imprudente impulso. Dejarse llevar por el tonto que llevamos dentro. No perder el tiempo contando lo que se hizo. No divagar en lo que ya se dijo. Porque nunca se sabe cuándo una palabra mal colocada puede arruinar el más esperado de los encuentros. La expectativa se puede devaluar tanto, que le abre las puertas a la épica del desencanto. El aburrimiento paulatino. El cansancio de la compañía. El silencio incómodo. La matanza rotunda del deseo. El nacimiento de la duda. Una duda que golpea como resaca después de haber estado tan ebrio dentro de un par de ojos flameantes de cariño melindroso. Mirada que se apaga con el más banal de los comentarios. Qué daño tan irracional se le puede dar al cuerpo: ser sumiso voluntario de la incertidumbre, de las oraciones dichas y escuchadas. De las ideas pronunciadas y quizá no pensadas, pero provenientes del alma. Sin duda sinceras. En un pequeño sorbo de emociones, probar que existes, porque sientes dolor y dicha por lo que haces y lo que eres ahorita, y no sentir vergüenza por aceptarlo, después de haber dado tanto y haber recibido tan poco. Qué importa. Hermoso sentimiento de la duda que enerva y eleva, que nos comprueba que la locura y el querer no tienen limitaciones. Son impulsos que nacen y se hacen. Nadie puede exigir nada a cambio, pues sería el colmo del egoísmo. Qué importa si no te pagan con la misma moneda del recíproco. Difícil nos resulta asimilar este sistema cambiario. Si pagas con mucho querer, no esperes con ilusiones el vuelto. Querer es un asunto de dar, no de esperar. Quien diga que el amor debe ser justiciero y equilibrado está completamente equivocado, o quizá nunca se ha enamorado. O quizá, el caso radique en que yo no sea correspondido, y sea yo, el único que está confundido, solo, y completamente equivocado. Ciego, indudablemente. Jodido, quién lo niega.

Alexander Urrieta

0127

Avatar de Desconocido

Autor: @LiberLudens

También los animales son ciudades.

Deja un comentario