La resaca

Ya no sé si seguir escribiéndote. Me resulta absurdo ponerme a narrar sobre lo poco que conozco. Estoy convencido que escribir es un arte donde el ejecutante trabaja buscando dentro de sí mismo: alimentándose de sus propias entrañas, de sus recuerdos, transformando la materia prima de su pensamiento. Refinando ideas y plasmándola en palabra escrita. El producto final es llegar a ser entendido. Dejar bien claro lo que tienes en mente. Pero, qué sucede cuando ya no tengo nada que decir, o para ser más preciso, nada que decirte. Resulta que la franqueza me sobra. Ya ni el recuerdo ameno me basta para escribirte un verso. Que el descuido tuyo quizá sea el beneficio de otras. Que estar contigo no resulte tan divertido como pensaba en un principio. Debe ser por falta de interés, poca certeza de las cosas, deseos de alejarme del mundo, lo que ya no me motiva a escribir contigo. Porque ya ni te sueño, y es algo que me resulta lamentable. Que mis alas contigo sólo sirvan de adorno en tu vitrina de caprichos no quiere decir que no las use recorriendo otros mundos, otros tiempos, otros súcubos. Cada quien vuela con quien lo quiere a uno. Difícil, innecesario, y algo idiota quedarse en el letargo. A la espera de volar con quien se quiere, uno corre el riesgo de quedarse atrapado en la tierra, echando raíces de pura necia ilusión. A veces no se le pueden dar tantos lujos a ciertos amores, y más si el lujo depende de garantías ilusorias: de promesas inciertas.

Alexander Urrieta

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Autor: @LiberLudens

También los animales son ciudades.

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