En un país donde hay más milicos que profesores es más fácil morir que aprender. Es más rentable armar al pueblo que educarlo; y si se le educa, preferiblemente ponerlo únicamente a memorizar pero nunca a razonar: prohibido pensar distinto.
Mientras menos información se domine más feliz se puede ser. Mientras más se ignore, más radicales y absurdas pueden ser nuestras conclusiones, por muy incongruentes que sean siempre serán válidas para cualquier audiencia poco informada: alucina que podemos reducir el mundo a nuestra fútil existencia. Nadie nos juzgará por hablar el idioma del odio. Insisto: cuanto menos se sepa mejor. La ignorancia nos vuelve sabiondos a pequeña escala. Tontos felices: terriblemente felices. En sociedad aquel que intente profundizar será tildado de enfermo y loco. Así que arriba las armas y al carajo el saber. Cuando poco se indaga, hasta la cola se puede volver la quinta pata del gato. Los análisis de la realidad se limitarán a meras quejas, y en ellas encontrarán las soluciones. Soluciones limitadas, ya que sólo encuentran esperanza en la violencia, o quizá en la solución de otros: la culpa la tendrá siempre el otro: ese que piensa distinto a mí: ese que manda a la mierda el país.
Es evidente que en un país donde se hacen más tomas de plazas que de conciencia es más rentable, y es una pena admitirlo, vivir de pan y circo toda la vida…mientras se siga inculcando que la culpa la tiene ese que no soy yo, pues, larga vida a la estupidez que vive en nosotros, por los siglos de los siglos…
Amén.
Alexander Urrieta
