Dicen que el saber es poder, yo diría que más bien es incertidumbre.
Por lo menos vivir en Caracas es una incertidumbre. Creo que todas las ciudades tienen sus formas de enervar a sus habitantes. La ciudad nos asfixia con cualquier cosa… el detalle entonces está en saber cómo respirar sin partirte la tráquea. Al menos siendo intenso uno puede serlo.
Supongo que no puedes compartir mi locura querido amigo, pero si comprenderla.
Verás:
Uno se niega a morir de aburrimiento. Hay días donde prefiero dejarme secar por el sol. Caer en coma etílico. Desmayarme con el mejor orgasmo, de esos que vienen cada tantos días, cuando los pares están de humor y las hormonas hacen bien su trabajo; Mercurio retrógrado es cómplice de mi empresa, de mi afán por volverme loco en esta puta ciudad, tan cara… tan erógena.
Tú de algo tienes que estar seguro, los caraqueños estamos malditos de algún modo. Pobres ricos. El diablo supo criarnos y amarnos a su modo. Dios nos escucha, pero nunca admite que poco se esfuerza, porque él incluso duda de su propia existencia… es una ironía que así se mueva la fábula de la vida, supongo que así funcionan las cosas: en un perfecto caos orbitante.
Uno se pregunta cómo se logra abrazar la distancia. Escupir al piso y perforar los techos del infierno. Una saliva ácida como esa que se macera en nuestra boca es la que necesitamos en estos nuevos tiempos de cólera y estupidez contagiosa. Tiempo difíciles, que ya dentro de nada serán pasado e historia. Aquí estamos condenados al olvido. El instante nos quiere a todos autómatas cocainómanos. Ya el mañana no importa porque ya no existe el hoy. Estamos expuestos al caos inminente. Cavamos nuestra tumba.
No pongo en duda que la soledad es un síntoma que aparece cuando habitas en ciudad. Es como un cáncer que hace metástasis cuando te empiezas a acostumbrar a los muebles, a la televisión por cable, a las comidas instantáneas, a la comodidad permanente, a la servidumbre y los impuestos; lo cotidiano nos mata de forma silenciosa, pero no tenemos que preocuparnos por eso… se supone que es un proceso natural.
Como que todo esto ha sido planeado. Todo se ha hecho a medida de un mandato de los cielos. Digamos que fuerzas poderosas controlan los hilos de nuestro andar…entonces: a la mierda todo. Me pronuncio ante la codicia de los enanos.
Caracas ha estado enferma desde hace tanto tiempo. Cuántas ciudades padecen estados terminales. El mundo se ha vuelto un lugar caótico…tan incongruente, que lo ideal es no perder el tiempo buscándole un sentido. Vivimos en un mundo infestado de tanta información, que por ser tanta, nos da asco acercarnos a ella. El saber pronostica terror. Pocos se atreven a adentrarse en su interior para contemplar la sublime insignificancia del ser. Temo sentir la derrota en mis huesos, nada en este mundo se puede cambiar.
Cada día estoy más convencido de que Caracas cuenta los días para que el Ávila se lo trague.
La fantasía de por medio calma la irritación producida por el odio. Es por eso que soy de vez en cuando feliz: ridículamente feliz. Saludos de nuevo, querido extraño. El valle a pesar de todo nos
sigue queriendo.
Alexander Urrieta Solano
