Miguel de Unamuno – Del sentimiento trágico de la vida
(El país es cómo lo vemos nosotros: una punta roma para intelectuales opositores)
En la Venezuela Polarizada de hoy… Estamos ante el típico intelectual que usa la política para hacer comedia y no la comedia para hacer política, como creo debería ser (?). Estamos ante el típico intelectual que profesa sus más profundos resentimientos (e inclinaciones políticas) frente a un público adulador, que responde al unísono: «sabias reflexiones…pero qué hombre tan honesto e inteligente» «Un verdadero venezolano» «Habla desde la pura verdad». Estamos ante el típico intelectual, que usa su poder de difusión para reproducir y legitimar lo que tanto critica…En la medida que despotrica se va convirtiendo en lo que más odia; pero estos artífices del saber y del humor, a lo mejor se escudan en la idea de que «todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros»; si lo vemos de este modo, entonces sus ideas son completamente válidas e irrisorias, pero entonces me pregunto si desde el podio donde los venezolanos tienen montado a estos hombres de méritos y fama, acaso recuerdan de dónde vienen, o se pregunta de vez cuando quiénes son. El endiosamiento de su pueblo los obliga a ser perfectos hasta en días de pedantería.
El típico intelectual, con el rasgo divino que caracteriza a toda celebridad, tiene la potestad, e incluso hasta el lujo, de crear sus propias matrices de opinión, tener la capacidad de manipular a los demás: de convencer en la medida que produce empatía, y decir con sus propias palabras cómo nos sentimos todos, porque esa es otra, la autoridad puede generalizarlo todo, pues sus palabras son absolutas; tal es el caso de un hombre con poder, que logra sin ningún inconveniente, establecer una barrera clara entre lo que Somos nosotros y lo que desgraciadamente son Ellos (a modo de chiste, claro): mientras no seamos como Ellos estamos bien. Hombres osados, pero convencidos de su verdad ¿Cuál es la intención de estos preclaros venezolanos, que en entrevistas de radio y presentaciones multitudinarias hablan de ciudadanía, ilustración, ética, orden y progreso, mientras usan la palabra cultura a su favor, de la manera más banal posible? ¿Un complejo colonial inusitado? ¿Auspician sin saber la polarización y la idiotez colectiva? ¿Acaso buscan elevar su rating en la medida que anulan la conciencia crítica, porque detestan que alguien venga y les recuerde lo poco que saben y lo mucho que ignoran? ¿Qué tipo de ideas transformadoras invaden a estos hombres tan inteligentes y respetados, que hablan de tiranía y libertad de expresión desde una cuenta de twitter o una plaza repleta de borregos desesperados por cambiar? ¿Será que cuando uno transciende y se acomoda en la memoria de un pueblo nos podemos dar el lujo de ser demagogos, e incluso hasta estúpidos, porque al final lo que buscamos es hacer reír a los demás? (el pueblo no necesita pensar, pues para algo tiene a sus preclaros), seguro que con todo lo que han aprendido les basta para seguir siendo autoridades en este país mediocre, donde al parecer cualquier criatura de Dios puede ser lo que sea…lo importante es tener un bando y defender la “libertad”, ¿de culto o pensamiento?
¡Mírennos, somos un pueblo ignorante dispuesto a Cambiar!
¡Trabajemos con los mismos puntos de vista para preservar, pues el futuro está en el pasado!
¡Les vamos a demostrar que con un montón de lo mismo marcaremos la diferencia!
Pienso que un buen comediante (intelectual) es aquel que critica en la medida que nos pone a todos en ridículo, porque a veces entramos en cuestionamiento más por la risa que por la reflexión, y más en este país «alegre y bonchón» donde al parecer la introspección no sirve para absolutamente nada, porque es más sencillo echarnos la culpa y decir que somos un pueblo mestizo. Este país está lleno de intelectuales petulantes y faranduleros, que hablan de unión y progreso pero sólo para aquellos que den visto bueno a sus comentarios, sin importar lo nocivo y nefasto de sus discursos; no importa si se siembra odio, o si se exalta un rimbombante endorracismo imperial, al final todo es comedia, y se supone que nos tenemos que reír todos (?). Si estos señores son la máxima referencia del sano intelecto y meritocracia adquirida entonces, ¿qué se supone que somos nosotros? Cualquier vaina, dirán ellos, cualquier cosa, diremos nosotros. Son mis palabras en contra de los hombres más inteligentes de Venezuela, de los tipos con títulos y doctorados, que comentan desde un programa radial mañanero que el problema de este pueblo “es la cultura del venezolano”, “que no somos como los demás”. Una sabiduría domesticada al servicio de los intereses del sistema, no existe un mínimo esfuerzo por ver el mundo de otro modo. Los problemas radican quizá en nuestra manera de compararnos con el resto del mundo, ¿todavía hay necesidad de legitimar el discurso del Desarrollo, o el nefasto caso del Tercer mundo, o la incómoda viveza criolla? ¿Vivimos en el país más ambiguo del mundo? ¿Aquí hubo edad media? Lo aterrador de todo este asunto, es que hasta los saberes y formas de ver el mundo son impuestos; y digamos que la visión “normal” de las cosas resulta ser siempre la forma más escueta y tonta de las miles que existen. El mérito se gana, pero gran parte del tiempo se paga, por ahí vemos la estafa del sistema educativo. Supongo que la meritocracia descarta cualquier opinión válida proveniente del anonimato virtual ¿Quién soy yo para hablar tanta paja?
Gracias, intelectuales polarizados, deberían existir más hombres como ustedes, tan claros y lúcidos de su contexto actual…tan claros de su papel en la historia. Por personas como ustedes sé, que el país va por el buen camino, y que nunca nada de esto va a cambiar; la prueba está en los comentarios de la gente que aprueba y comparte cada creación de su autoría, deben sentirse inmortales e incluso hasta inmaculados; mientras la gente siga pagando y adorando, no tienen por qué re-plantearse nada, salvo algo para el crecimiento personal; comprendan intelectuales polarizados que la diferencia forma parte de un todo, y sin embargo, ustedes han convertido la otredad en un chiste exclusivo y destructivo, un argumento no-válido para el porvenir, un ejemplo de lo que no debe ser ni hacerse. «La voz del pueblo, es la voz del cielo». El primer paso para poner en ridículo a los demás, es ponernos en ridículo a nosotros mismos.
Alexander Urrieta Solano
Ahora que tenemos cambio, me pregunto si la gente estará dispuesta a cambiar de verdad. La dificultad ahora está en erradicar la barrera entre ellos y nosotros/nosotros y ellos. La polarización sin duda opaca cualquier expectativa. Tal vez puedo aspirar a sueños menos radicales, donde el bobositor y el chavistoide pasen a ser meros recursos literarios del pasado. Digamos que este pueblo ignorante no es del todo ignorante, porque vive de pequeñas dosis de nostalgia, que después olvida, cuando sus héroes se equivocan por cualquier razón, ellos no merecen nuestro perdón, pues ante nosotros su deber es ser perfectos, (estas son vainas que nunca voy a entender de este país). Con mesías y cultos irreversibles hemos forjado la identidad de un pueblo. Terrible es asumir que somos una generación normal, pero mucho más terrible es no aceptar que venimos con defectos de fábrica, nuestra otredad ha sido inventada (he aquí la desventaja de no saber de donde venimos), cualquier político de prestigio o intelectual de pacotilla se aprovecha y nos embarra un relato fantasioso: el típico discurso del país de las grandes riquezas, mujeres hermosas (y no le pongan play a la maldita canción de Alma llanera, que ya me tiene harto con sus hermanos de espuma)… Creo que estamos cansados de caernos a coba nosotros mismos, (o tal vez sea necesario vivir de ilusión). Mi preocupación está en que la euforia y el delirio siempre han sido nuestra piedra en el zapato. Nos quedamos siempre en el optimismo lírico, inflamos el ego llamándonos Venezuela cada vuelta al sol, (o cuando el azar juega a nuestro favor). No podemos creer que las cosas son tan fáciles (no deberían serlo). Con cortar una cabeza bien sabemos que no matamos a la hidra. Sin pensamiento crítico el cambio seguirá siendo inaccesible, y hasta imposible. Seguiremos frustrados ante el cambio que no logramos culminar, porque nunca quisimos aceptar que desde el principio estuvimos mal. Mientras no exista confrontación para el diálogo seguiremos perdiendo el tiempo; nuestros esfuerzos se irán en una publicación que busca dañar al otro, el potencial de acción reducido a montajes balurdos y mediatismos, pues lo que prolifera en las glorias son los idiotas y borregos que cantan victoria sin medir las magnitudes del porvenir. Me preocupa la ingenuidad con que llegamos a asumir nuestros logros colectivos, porque ahora que somos Venezuela pues, me puedo dar el lujo de hablar por todxs. Perdonen el pesimismo pero temo que el cambio haya sido de tinte y no de forma; el odio a diferencia de la alegría es un problema estructural que no se encuentra con facilidad. Pienso que más aprendizaje sacamos de nuestras derrotas; las victorias son efímeras y banales, nadie se detiene a dar planteamientos sobre ella. Insisto, los problemas empezaron cuando se creyó tener la razón. Vamos a ver si logramos salir de nuestro karma histórico, mientras somos capaces de re-plantearnos la realidad; quizá cambiando las formas de vernos tal vez encontremos puntos medios: contrastes más cálidos, donde los problemas no sean evadidos con humor déspota ni rancio proselitismo político. Al menos hacer el intento, el mínimo esfuerzo de ser menos estúpidos cada día, aunque se pida demasiado a los cielos, pues hasta Dios (si es que existe) está saturado de nuestra idiotez que parece costumbre heredada. Que el «cambio» no se quede en un simulacro democrático, recordemos que la dictadura de la mayoría tienes sus ventajas y desventajas…Entonces, mi querido Otro-Venezolano-Polarizado ¿Sólo por estar de frente hay que enfrentarnos? No lo creo. Si quieres un puente, te lo doy, pero que no sea por sumisión invocada, sino por convicción reaccionaria.
Inventamos o erramos, pero haciendo lo mismo no iremos a ningún lado.
Feliz inicio de semana, y sopórtenla con el consumismo.
Un abrazo, desde este Valle incomprendido.

Alexander Urrieta Solano