El ganado humano challenge

Expresiones como el #GuaidoChallenge (por poner uno de tantos ejemplos de la estupidez humana) son sólo un reflejo de lo susceptible y banal que podemos llegar a demostrar como población. Nos distraemos con facilidad. No se trata de una decepción (que es la bandera que acostumbramos a ondear todos los días en este país), sino la justificación de las reglas de un juego cruel del cual todos somos participantes, así nos esforcemos por no hacerlo. El que no participa prácticamente no existe.

No podemos escapar del espectáculo del plástico y la pendejada digital, la pérdida consensuada de nuestro tiempo a cambio del entretenimiento, de que cualquiera de los usuarios (desde el senador de Florida, hasta mi amigo en Facebook acomodado en el extranjero hablando del lugar donde ya no está, celebridades acéfalas, vecinos y enemigos) pueden sentirse incluidos en la alcahuetería global, sentirse criaturas listas, protagonistas libres, que luchan en la medida que se burlan y corrompen el sistema desde sus prótesis digitales.

Me hice una pregunta durante la tendencia del challenge: ¿las personas que se encapucharon estaban conscientes de lo que hacían?, por supuesto que sí, no hay acción más lúcida que la de buscar llamar la atención, así se trate de hacer el ridículo y reproducir lo superficial en proporciones clonables y alegres: cuando muchos lo hacen la vergüenza es un sentir mínimo, en la era del Yo todo acto mediocre es permitido hasta que muere y nace otro, así trabajan las modas, las actualizaciones que se hacen sin nuestro consentimiento y nos van configurando sutilmente. Lo terrible es que nuestra miseria sigue intacta o es incluso cada vez mayor. Y parecemos un país que no termina nunca de madurar.

Cuando quieres ser parte de la fiesta de la información eres una persona consciente, pero sobre todo feliz, muy feliz, porque en tu acto sencillo eres un agente del cambio.

No podemos tampoco medir la inteligencia ni el libre albedrío de estas acciones, ¿qué absurdo se esconde en el fenómeno del selfie y la aprobación de las palabras, en el reino monstruoso de las imágenes?, ¿será que cuando participas en la tendencia pierdes todo criterio y sentido del gusto? ¿Pierdes tu esencia de pensar por tu cuenta? ¿Es una proeza política? Totalmente. Igual no pasa nada. Lo que puede pasar es que aquel que cuestione y tilde estas acciones de patéticas puede caer bastante mal. Solo los heridos se molestan. Pero es que así trabaja el fanático, carece de todo sentido de perspectiva, cualquier cosa que atente los perímetros de su ombligo es violencia a la fragilidad.

Aplaudes o ignoras. Decide, recuerda que después de todo lo que importa es divertirse. Sacarle provecho a las circunstancias. Ganar seguidores. Alimentar a la fanaticada. Hundirnos en la pesadilla de los héroes y todo este simulacro llamado país. Estamos siendo dirigidos por fanáticos. El mundo se lo devoran los fanáticos. La crisis es un compendio de tendencias impuestas por los fanáticos.

El empleo del Bolívar (que también participó en el challenge) como lubricante multiuso para meter cualquier idea en el sentir hueco de la gente sirve y seguirá sirviendo hasta el fin del mundo (por supuesto, por los fanáticos). Aquí lo trillado pasa como novedad porque lo que cambia es la forma, el personaje de turno. Es claro que hacemos una exposición breve de temas delicados, temas creados por fanáticos, nuestro centro, porque estas ideas sólo pueden provenir y ser reproducidas por multitudes enfermas, viciadas por sus líderes y los medios de comunicación. Para el fanático no hay tonos grises, solo buenos y malos. Y en ese criterio sustenta su vida y obliga a los demás a vivir como él.

Ningún político toca el tema de la enfermedad del fanático, sería atentar contra su propia vida. ¿Porque cómo podemos exponer ante los grandes públicos nuestros defectos colectivos? ¿Cómo reaccionaría la masa ante un reproche de nuestras faltas, ante un político que no grite promesas sino que hable de forma lúcida y agresiva de la responsabilidad que tenemos cada uno? Que exprese de forma abierta su repudio a la fanaticada…

Vivimos en una era irritable de usuarios hiperinformados, o en el más horrendo de los casos (hiper)desinformados, porque el mundo entero entra por una pantalla y no da tiempo de procesar todos los sucesos. Es imposible. Esa velocidad sin duda tiene que idiotizar a más de uno. Quizá se trate de la misma huelga de los acontecimientos, la distorsión de la información que suma o resta importancia a los sucesos.

Las celebridades en su poder de difusión son conscientes (o tal vez no) del poder que su idiotez puede alcanzar a tener; los muertos, el dolor, la indignación y las tiranías pueden pasar por alto cuando las tendencias se imponen, y esto el chavismo desde su aparato comunicacional desquiciado lo ha trabajado durante años, y lo sabe usar demasiado bien, tan bien que le hace creer a las personas que están en contra del régimen que ellos también luchan por algo más real y sustancial: la democracia, la libertad, el pueblo, ellos y nosotros, recursos indispensables de la imaginación. Entelequias que mantienen salivando al ganado humano, mientras pierde su tiempo destruyéndose a sí mismo, en un círculo vicioso que se sustenta en la esperanza, una palabra muy bonita mientras tu vida no dependa de ella. Pero esto no es un tema de importancia. Aquí lo que importa es la lucha, la resistencia, recuperar… (Inserta el capricho que más se ajuste a tus creencias).

Recuperar el país. Claro, cada quién puede luchar a su manera, así sea guardando silencio. Ordenar de manera torpe nuestras palabras puede ser una forma de aparente resistencia ante una ola que al final nos traga. Guardar silencio ante las manifestaciones más soeces de nuestros semejantes es una forma de complicidad muy grave. Creo que parte de nuestra crisis como humanidad deriva de que somos muy condescendientes con la imbecilidad ajena. Andamos con ese temor de no ser tolerantes, hasta el punto que se trata de una excusa para no hacer ni decir nada. No está mal expresar tu intolerancia. Sólo un fanático se ofende ante cualquier nimiedad.

Pienso que ese ha sido el logro incuestionable de la Revolución, su orgullo supremo, en auspicio de la globalización: anular de todo sentido crítico a la población, polarizarla, embrutecerla hasta los niveles de la desesperación, donde el lujo de pensar es repudiable por cualquier parte. En constante distracción es difícil ponerse de acuerdo y pensar una realidad distinta.

Ese estado de confusión es vital para la llegada de nuevas celebridades y mesías,que se van construyendo en función de las necesidades de los fanáticos. Primero es crucial hacer reír y luego, si es posible, argumentar desde el desencanto. Atrapar al lector sin hacerle daño. La ventaja es que toda crítica puede quedar sepultada en la inmensidad de la información, entonces no debemos temer de que alguien desde la insignificancia nos haga reflexionar, o poner en duda nuestra forma ganadera de llevar nuestra existencia. Siempre habrá formas de distraerse y pretender ser feliz.

Alexander JM Urrieta Solano

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Autor: @LiberLudens

También los animales son ciudades.

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