No me gusta mucho la idea de construir oraciones tan largas. Eso requiere de casi un dominio innato de las pausas y ritmos, ser capaz de llevar un buen hilo conductual.
Hay que ver todas las veces en que tenemos que someternos a situaciones ridículas para que tomen en serio nuestro trabajo.
Puedo decir que vivo de lo que hago, pero no necesariamente hago lo que realmente me gustaría para vivir.
Ese es el dilema de una persona que busca trabajar por su cuenta, sin sucumbir ante las decepciones diarias, ni al peso de las molestias de obligarse a superar cuanto antes esta etapa de la vida: trabajar para otros.
Sin muchas metas logradas solo puedo contar con propiedad mis temporadas en un chalet de fracasos, repleto de ornamentos y lagunas mentales. Eso también es un contenido que vende.
Siempre alguien está dispuesto a leer con paciencia nuestras penas.
Casos como la escritura pueden llevarse de forma secreta y mezquina. Solo se expone lo que se considera necesario, lo que pueda compartir con algún extraño, o mejor, lo que requiera o necesite el cliente, asumiendo el riesgo de no conseguir ninguna oferta laboral mejor que la que se tiene ahora.
Solo puedes rendir cuentas contigo mismo, y a veces nos llegamos a sorprender de cómo nos descuidamos en este proceso de (y que) superación personal. Para eso los gurús del mercado inventaron profesiones ontológicas, de certificados falsos y pedagogías piramidales, que han sido el último avance en las formulaciones deterministas de la vida.
El ser humano quiere estar cuando ya no quede nadie que pueda apagar la luz. Así de esa manera aspira el cliente que suceda con la basura contenido que uno puede producir para él: que se multiplique en la infinita red de información.
A una velocidad ultra banda ancha resulta una tarea ingrata percatarse de los detalles que nos ocurren todos los días.
Es difícil jugar a detenerse. Parece que estamos atados a un bomba que parece amenazar con estallar si dejamos de movernos en el terror cósmico del espacio.
Se vive para trabajar y exprimir lo poco que se tiene de ocio en alguna adicción suicida, ligando alguna tarea en bolsas de empleo, aceptando hacer cualquier cosa que consuma tu tiempo de una manera desconsiderada.
Adornar el paisaje corporativo para empresas fantasmas, motivadores y estafadores, aspirantes a la supremacía de las costumbres líquidas.
Tener ideas positivamente tóxicas, de esas en las que visualizas un futuro próximo, futuro que ves cada vez más lejano desde un presente asalariado, donde logras alcanzar tus sueños en estados particulares de ebriedad.
Es tanta la dicha que hasta consideras reproducirte a veces. Perpetuarte con apuesta cínica a un mañana plagado de expectativas apocalípticas.
Es un poco cínico hablar con tanta ligereza de la felicidad. Es menos riguroso hablar mal de la felicidad, por eso se trata de un hábito terrible que algunos tildan de pesimista, pero es todo lo contrarío, es una disección de las alegrías. Es como si esa obligación de ser feliz se tratara de un supositorio que tienes que usar en situaciones de quiebre emocional.
En caso de emergencia existencial rompa el vidrio. Use el rastrillo y juegue con la arena meada de su jardín zen, sin escatimar costos de producción, porque el tiempo es dinero y lo material se recupera.
La educación prácticamente es un lujo para perdedores inmersos en un mercado global que no le interesa lo que realmente eres capaz de hacer.
El cliente quiere que le escribas sobre consejos financieros para idiotas que no saben leer. Que introduzcas la palabra “linea blanca” y “la mejor compra posible” en un texto ameno de dos cuartillas. Que hable de una experiencia anónima con detergentes y lavadoras en alguna región que nunca llegaste a pensar que existía.
Que escribas sobre el desconocimiento del valor que tiene tu trabajo en el mundo real. Sin que esto suene a reclamo o frustración.
Que escribas sobre los beneficios de sonreír y descomer por las mañanas.
Traduce esto, The Human Abstract, unos versos de William Blake:
Pity would be no more
if we did not make someboy Poor; and
Mercy no more could be
if all were as happy as we.
Escribe un artículo científico sobre diagramas de fluyo. Economía de hidrocarburos, o una introducción a la maternidad subrogada.
Defiende en un texto el aborto sin levantar polémica. En otro texto puedes desvirtuar la homosexualidad y sugerir al lector que pagando una donación Dios podrá financiar la hambruna y el sufrimiento del mundo.
Es fácil y contraproducente a nuestra inteligencia, escribir para un público potencialmente idiotizado, sin ninguna contemplación insultarlo porque solo importa el contenido, que metas de forma eficaz esta palabra clave aquí y otra palabra clave por acá, para poder aparecer en los generadores de búsqueda.
Posicionar la página. Contenido de marketing sin fondo. Hazme para ya dos reseñas deshonestas de consumo de softwares que nunca en tu vida has usado. Da la idea que sabes de lo que hablas, como para dar una opinión constructiva al respecto y robarle algún segundo de tiempo a alguien sin asco. Esa es tu forma de vengarte.
Inmobiliarias. Mil quinientas palabras sobre las cosas a considerar cuando vayas a comprar una casa autosuficiente, que no le de créditos a tu inutilidad.
Cuatrocientas palabras sobre las virtudes del aceite de oliva y algunos consejos para dejar de fumar sin tener que considerar que igual te vas a morir.
Las futuras guerras mundiales serán detonadas por reclamos históricos del espacio.
Escribe sobre técnicas éticas de ahorro. Privacidad de datos del usuario, el único culpable de querer compartir cada tanto estados poco interesantes de su soledad con el mundo. Aerosoles que no dañan la capa de ozono, igual ya tiene muchos agujeros que parece un rayador que derrite los polos. Repuestos de carros, componentes para paneles solares, artículos para pescar, cosméticos para mujeres histerizadas que están decididas a nunca envejecer, a esa máscara infantil para ocultar las grietas bien merecidas en el rostro, esa lucha tan injusta impuesta hacia todas las mujeres, la educación sentimental de princesas que asimilaron la dura idea de que Salud es belleza.
Hay que estar preparado para pensar creativamente sobre un contenido aleatorio que raras veces es de nuestro interés. Sacarle la vuelta, por muy absurdo que parezca todo lo que entre líneas no llegas a decir.
Pensar en lo que no puedes llegar a escribir es una trampa. Es caer en la monstruosa idea de que solo se avecinan dificultades más grandes. Eso es una bemol del oficio que no te enseñan en los cursos de emprendimiento y mercadeo digital. En parodias sobre leyes de atracción la verdad resulta ser abismal.
Odiar el trabajo también es uno de los tantos procesos espirituales que involucra el trabajo.
Hay que dejar espacios breves entre cada idea para no saturar al lector, para hacerlo sentir que está leyendo un contenido ligero, un contenido que no lo haga pensar mucho, un contenido que desvíe sus horizontes oculares, que vectorice su atención en el tema consumista que el texto quiere transmitir.
Todo esto es necesario para entender por qué lo sigues haciendo y que de alguna manera te funciona, tener la mente distraída en una actividad netamente esclavista intelectual. Es una mierda, pero cuando pasa la rabia y recibes el pago todo vuelve a ocurrir exactamente igual al principio. Es la mecánica de la irritación. La división social del trabajo llevada a sus consecuencias más mediocres.
Las asignaciones de los clientes son sencillas y pensadas como para que cualquier personas con ciertos dedos de frente pueda hacerlas.
Mientras más vacío sea el contenido del producto más satisfecho estará el cliente.
Hay tanta gente escribiendo lo mismo tan mal que llegas a entender que dentro de este trabajo, redactando contenidos, no se buscan aspiraciones de originalidad, sino la de llenar los espacios de la red con un constante bombardeo de básicamente lo mismo.
Para evitar los romanticismos incómodos (e innecesarios) del oficio, de manera ligera le llaman Redacción de Contenido a toda producción que no aspire a ser nada.
Eso de Redactor Creativo es un trabajo que no prescinde de nada bueno. Es repetitivo, pero como todo escrito no tiene que ser parecido a lo que vienes haciendo de manera rutinaria hasta el aburrimiento. De nuevo las oraciones largas.
La clave es generar un volumen irrisorio de información. Que sienta el lector que el contenido le brinda la información necesaria, la que ha visto escrita de mil quinientas formas diferentes en páginas corporativas que posiblemente sean del mismo dueño.
Sucede en el más irónico de los casos, que la competencia de la cual te tienes que diferenciar radicalmente, resulta ser tú mismo.

Alexander JM Urrieta Solano
Reblogueó esto en La hora del delirio.