Proyecciones meteorológicas

La ONU será una de las promotoras oficiales de la Tercera (y definitiva) Guerra Mundial.

El fin será establecer el sueño de la Industria de los recursos humanos: un Estado ultra-ecologista totalitario global, cuyo fundamento estará en que debemos apoyarnos en una lucha común, creada por nosotros mismos, la basura humana, inhabilitada para encarar el horror.

Necesitamos patrocinadores de moda, gurúes del entretenimiento que nos digan cómo tenemos que pensar de la manera más positiva posible. En medio de tanta incomodidad y pesadilla queda el refugio de la lucha por la preservación del oído y el cerebro.

Nuestra idea de la Libertad se trata de un acuerdo de censuras. Que aceptamos como cuando instalamos un programa: sin leer los términos y condiciones porque es demasiado extenso. La libertad es un postulado de la imaginación para evadir nuestras carencias individuales.

El discurso del desarrollo, el consumismo y libre mercado hay que llevarlos hasta que el cinismo por arte de magia sintáctica pueda justificar hasta las acciones más ruines, tanto en los países donde todo es maravillosamente ordenado (y nos fascinan porque nos hace sentir inferiores en nuestra amarga realidad), como en los países incapaces de gobernarse solos. No perdamos el tiempo enlistando los fracasos. Todos nos llevaríamos un reconocimiento por méritos al esfuerzo: dejar este mundo peor que como lo encontramos.

Se necesitan intervenciones absolutas para garantizar el bienestar de la humanidad, todos encaminados en una sola dirección: acabar con las diferencias. Hitler siempre fue para la humanidad el verdadero mesías de la cultura occidental. A diferencia del Cristo, hay evidencias claras de que existió en la historia un teutónico con ínfulas de sadismo.

La aniquilación de la crítica. Una política repugnante que poco a poco hemos ido aceptando con la inocencia de una criatura cuya imaginación fue diseñada por Walt Disney. Sin una capacidad de pensar situaciones más complejas que las que se venden todos los días en las pantallas, en las parodias para disfrutar mientras se eyacula y libera dopamina, porque reflejan algo oscuro de nosotros pero que no tienen nada que ver con lo que acontece en el ahora, la vida artificial que sugieren los anaqueles brillantes, plástico y circuitería innecesaria. Estas son las fronteras donde reposan las esperanzas.

El logro del progreso humano, la virtud de su estupidez, radica en su capacidad de superar en conjunto todas las distopías que tanto le aterraban en el pasado. Un pasado que no le interesa porque su contemplación se pierde en la infinita línea de novedades de ensamblaje.

La velocidad no permite dedicarle el tiempo adecuado a las cosas que pueden resultar vitales para entender lo que acontece todos los días. Estas inquietudes también son el resultado de un cinismo escandaloso, porque en el fondo, muy en fondo, poco nos interesa el porvenir de la humanidad, mucho menos la humanidad trivial de un país, que asumió hace rato su existir en la nostalgia.

Tenemos que estar enfocados en nosotros mismos, y eso tal vez resulta ser lo más molesto, cuando sabemos aparte que no le importamos a nadie.

Pero no se preocupe, siga en lo suyo. Sea feliz y tenga muchos hijos.

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Autor: @LiberLudens

También los animales son ciudades.

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