El réquiem de Alejo

Hace un año el día de hoy era miércoles. Te enteras de la partida de un ser querido. Apenas es el comienzo de lo que dos meses más tarde te dirán es un cuadro depresivo. Decides no comentarlo con nadie, aunque resulte demasiado obvio. Perderás siete kilos y la sensibilidad de un diente. Te ascienden a Líder en tu trabajo y saturarte es la única forma de evadir la tristeza. Te mezclas en la indiferencia ruin de las multitudes y el transporte público. La crueldad global no distingue casos particulares, humilla a todos por igual. Empiezas a tomar xanax para suspender el cerebro, que necesita dormir para ser productivo, para dar resultados efectivos a los clientes extranjeros que ignoran la idea de tener que ser un subcontratado en un país incipiente del trópico. Será la primera vez que te quedarás dormido con la boca abierta en tu puesto de oficina, luego de los efectos rotundos de una dosis de clonazepam y una canción de los Bee Gees sonando en el fondo (To love somebody). Las crisis en serie te llevarán a cometer incoherencias demenciales que te llevarán eventualmente a perder tu empleo y arruinar tus relaciones. Habrá violencia y mucho insomnio. Todo en un promedio de tres meses se va a la mierda. Empiezas a rayar un cuaderno con una portada de fruticas que titulas “Soluciones Clínicas”. Escribes las frustraciones del día y las frases que más te gustan de los libros que el azar te impone. En esa forma de consuelo descubres que el hábito y la disciplina a veces se nos presentan de las maneras más infames. Es esa insistencia la que forma el estilo, el auténtico producto de una violación, de una atrofia emocional que no puedes explicarle a nadie. Vuelves a fumar con afán deportivo. La piel se te escamará más de la cuenta y las ronchas en la piel serán más frecuentes. Adquieres un aspecto de lagarto que da lástima. Duplicas el consumo de los antihistamínicos y el refresco veneno negro. Estarás ejerciendo a tiempo completo el oficio del desempleo, matando tigres en redacciones insípidas poniendo en mil quinientas palabras consejos para ser feliz, las cosas que debes llevarte a un viaje con tus amigos por Europa, el cómo ser ingenioso en el amor y ser divertido con tu pareja. Te parecerá ridículo cómo un contenido tan alegre y mediocre puede ser producido por alguien que se siente sumamente deprimido.

Hace un año el día de hoy era miércoles. Un cumpleaños será el pretexto para celebrar la vida y la muerte en unos chinos por Altamira. Entre esas refinerías negras etílicas no hay muchas cosas que decir. Esa náusea que sientes es mejor leerla de otros que sentirla. Maldices al virolito francés que engendró esa pieza que quiso llamar de primera mano “Melancolía”. La pesadilla tendrá pausas insoportables como la publicidad invasiva en los videos de youtube o la propaganda enfermiza del gobierno. Vendrán las lagunas en la Universidad y no sabrás cómo terminas llegando a ciertos lugares. La Sala de Humanidades de la Biblioteca será un escondite a largo plazo. Hay propuestas medicinales en la sección de narrativas teutónicas. Serán tiempos cruciales para sentir cosas que luego se entenderán mejor en otros estados de ánimo. Te darás cuenta de lo mucho que la gente te quiere y te estima. Muchos por intentar ayudarte te dirán cosas que te inquietan y quiebran el cántaro del pecho. Nunca te llegaste a imaginar la cantidad de personas que con una intención de ayudarte te confiesan que han intentado (o deseado) quitarse la vida en más de una ocasión. Mentalmente llevas estadísticas de todas las muertes frustradas por falta de práctica. Te sientes usado al sentir que los otros tratan de aliviarse revelando su tristeza y sus ganas de dejarse morir cuando el juego los pone en tres y dos. Asumirás que a veces uno tiene que ponerse a llorar de la misma forma que se ríe y no entiende por qué. De las situaciones menos esperadas comprobarás la existencia de ángeles y santos en episodios irrepetibles, que te obligan a indagar un poco más en la mística de las cosas. Hasta el final de tus días afirmarás que los amigos son la familia que uno escoge. Los amigos son como las costillas, contadas y puestas para protegernos las piezas más sensibles del cuerpo, abrazan y mantienen en su lugar el corazón y las entrañas. Anotarás en muchas hojas que tanto las relaciones, como los huesos y los juguetes tienen derecho a romperse. Que las personas tienen derecho a irse y no volver nunca más. Que hay mucha gente rota sin derecho a reparo. Que la tristeza es un sentimiento inherente al tiempo que nos tocó vivir. Que a veces nadie sabe cómo ayudarte, pero ese esfuerzo por intentarlo es tan valioso que solo queda de tu parte después de aliviarte retribuirle al mundo dedicándote a Dar y solo dar. Que no hay que hacer el bien a otros si no somos capaces de soportar la ingratitud, pero que también hacer el bien de manera interesada es una forma de bajeza y corrupción.

Hace un año el día de hoy era miércoles. Las noches blancas y las pobres gentes nunca serán las mismas. Aferrarse tanto solo puede conducirnos a una ruta segura de dolor. Acometer el dolor nos recompensa a largo plazo con una forma de lucidez particular. El recuerdo es la única forma de inmortalizar a las personas. Se es eterno mientras piensen en nosotros. La memoria conserva en pequeñas alegrías la esencia de las cosas que amamos con locura. Todo parece demostrar que la lección que deja la muerte es que podemos tener sobradas razones para aferrarnos un poco más a la vida. Tú que lees y compartes esta alegría que provoca el recuerdo, sueña conmigo y vela porque toda esta tragedia después de todo valga la pena. Solo queda decirle a los que quedan que no importa qué tan terribles se puedan poner las cosas, siempre podrán contar conmigo. Así como lo ha sido y será nuestro amado poeta kurdo, que debe andar por ahí, en alguna parte. Aprovecho esta impertinencia para compartir una frase del maestro ruso Lérmontov, digna de un epitafio potencial que le puede calzar a cualquiera. Qué valioso eso de otros que queda en nosotros:

Es posible que mañana muera, y en la tierra no quedará nadie que me haya comprendido por completo. Unos me considerarán peor y otros mejor de lo que soy. Algunos dirán que era una buena persona; otros, que era un canalla. Pero las dos opiniones serán igualmente equivocadas.

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Alexander JM Urrieta Solano

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Autor: @LiberLudens

También los animales son ciudades.

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