para A. y Danilo Kiš
…pasado varios días de los sucesos podemos hablar de ellos con una libertad mayor porque ya no son de interés general.
(La libertad de expresión es un comodín dentro de un mazo de naipes que cuando no conviene en el juego se saca por no tener validez. «Estoy en contra de la censura y la autocensura. Con una sola condición, como dijo Alceo de Mitilene: que si vas a decir lo que quieres, también vas a oír lo que no quieres» — Los mitos de Cthulhu).
…una tendencia no puede pasar de un día, si puede durar apenas unas horas mejor. Los acontecimientos nacen muertos.
…la magia del espectáculo es que todos los días se nos bombardea de contenidos excesivos de infinitas partes, no importa cuál sea el tinte, la postura o la desgracia, todo se pulveriza en la degustación de la diversión. La finalidad es que no tengamos ningún espacio para analizar nada salvo en los límites que impone la tendencia, mientras se sostiene la ilusión que estamos más informados que antes porque se asocia en la cantidad y circulación agobiante cierto sentido de superioridad, sin considerar las repercusiones digestivas y cerebrales, esas que terminan alimentando con preocupante éxito los egos de aquella raza tan necesaria para la preservación de la humanidad: los imbéciles. Es una población densa que se encuentra en casi todos los dominios de la vida. Con el milagro de las redes podemos sentir que esa imbecilidad nos sopla la nuca y da sobradas razones para tirar la toalla. Sin embargo resistir dicha imbecilidad, incluso cuando se tiene una urgencia urticaria de acometerla, es una maniobra terapéutica que tampoco lleva a ninguna parte, pero que nos puede traer una tranquilidad paliativa y en una situación colateral, no sé, encontrar la empatía de un lector desconocido que tenga angustias parecidas a las nuestras.
…los sucesos ocurridos entre 28 y 29 de abril de este año pueden destacarse para hablar sin tanto rodeo de la imbecilidad venezolana. Destaqué tres sucesos que aislados no tienen la mayor importancia pero vistos en conjunto proponen un tríptico de la infamia temporal: la muerte del ministro de educación, el estupro del poeta y la beatificación del venerable.
…el primer suceso fue solo para confirmar trastornos patológicos sobre un país polarizado que decide medir todas sus situaciones con la misma vara rota. Por una parte las encomiástiscas palabras obituarias donde el ministro era casi un Prometeo de la revolución. Recordemos que este sujeto fue el que dijo que el control cambiario más que una medida económica era una medida política, ideológica, es decir que las regulaciones fueron establecidas por la retórica antes que por principios financieros. Del mismo modo sucedió con las medidas aplicadas al sistema educativo que desde su cargo se suponía tenía que velar; sin duda lo hizo, como buen revolucionario, desde la retórica, propugnando por una educación que enseñara a obedecer antes que pensar. Su modesta gestión mandó todo el sistema a la verga. Cuando la educación no se conforma con ser una herramienta para el embrutecimiento de las masas se vuelve innecesaria y se la condena al mayor de los abandonos presupuestales y espirituales. Si el maestro no es un ideólogo no sirve para nada. Por el otro extremo era de esperarse los populares comentarios celebratorios de la muerte del ministro, una expresión que, aunque puede ser entendible hasta cierto punto, raya por igual en la mediocridad, pues se confunde la irreverencia con una especie de triunfo infantioloide, el único que los opositores pueden tener, del que se aprovecharon intelectuales oportunistas que no desperdiciaron la ola para opinar alguna estupidez hormonal de acuerdo a la tendencia acontecida. Sin ánimos de defender posturas extremas hay que entender que bajo estados de resentimiento, exaltación y odio no se puede esperar lucidez ni mucho menos creatividad de ninguna parte. Tristemente la impostura también es una forma de agradar a la gente, de complacerla con lo que quiere y espera ver. Escribir contra el régimen se vuelve en sí un recurso muy cómodo para ganar seguidores y recibir halagos, si llegas muy lejos te puedes convertir en un preso político potencial. La muerte del ministro demostró que la educación como abstracción se logró personificar en una persona y todas las glorias y fracasos reposan en su figura transmediática, que a su vez es una refracción de nosotros como pueblo entero, lo que me hace pensar que más que la muerte de un ministro es la reacción ante la muerte de este lo que hace del suceso algo demasiado irritante, porque me hace concluir como individuo que estoy por igual enfermo. El país entero está enfermo. Es uno de los logros del totalitarismo: convertir a sus engendros en monumentos para que nos distraigamos alabándolos o maldiciéndolos. En las posturas extremas está concentrado el legado palpable de una educación sentimental. Claro, si es que eso podemos llamarlo de esa manera. Educación.
…horas después una cuenta anónima en twitter abrió un hilo con un testimonio de abuso por parte del agitador cultural Willy McKey. El poeta en su cuenta de instagram hizo tres publicaciones que vistas desde la indiferencia de un lector podían entenderse como una muestra de narcisismo incontenible, pero releyendo las publicaciones todo parecía más como el último desespero de una carrera que como el sistema educativo local se fue a la mierda. Demás está mencionar los usuarios que aprovecharon el enjambre para opinar acerca de su disgusto tanto del abuso como de la figura del escritor, dando juicios intercambiables. Un momento adecuado para decir a mí nunca me gustó tal escritor, siempre me pareció esto y aquello, nunca me gustó como escribía, comentarios dados por personas sin nada mejor que hacer ni decir. Se toman la molestia de opinar como si fuese demasiado importante. Por supuesto que bajo esta lógica este texto se somete por igual a las mismas reglas del juego. Ganamos todos.
(No me interesa si lo que leo de alguien que escribe me parece bueno o malo, si estoy o no de acuerdo con lo que plantea en su texto, lo que me interesa es si esa persona que escribe piensa y aparte me hace como lector pensar en algo más, incluso diciendo las cosas mejor, cosas que ni siquiera hubiera podido concebirlas de la misma manera, en el mejor de los casos, nunca haberlas pensado así. Hay que aprender a leer a cada escritor en su sistema, solo así podemos llegar a decir las cosas mejor, aprendiendo de los recursos de otros para poner en práctica nuestra propia contienda al tratar de plasmar lo que se piensa. Como lograr eso es muy difícil con mayor razón hay que esmerarse por saber leer mejor a los otros, sin crearse expectativas que esos mismos otros te entiendan cuando propongas el mismo juego a la inversa. Esta lectura, por supuesto, no tiene que ver con sentimentalismos ni empatías sanguíneas, se puede admirar a un autor sin necesidad de estimarlo, preferiblemente leerlo en silencio sin recomendarlo a nadie. En secreto el silencio es la forma de desprecio que uno en el fondo quiere tener, porque estamos hablando de una envidia sincera. Hay otros casos donde el desprecio es la única forma de querer al artista).
…¿qué sucedió con el agitador cultural?, le descubrieron su pata coja y todos se unieron al linchamiento verbal a distancia, sacaron provecho para purgar la fama ajena, castigar la insensatez. La violación es una cosa despreciable, tanto que se volvió un lugar común para despertar conciencias convenientes en un mundo que convierte las luchas en fetiches comestibles del mercado, pero eso que se siga discutiendo en otro lado, hay para escoger diversos sitios, dependiendo de nuestras pasiones. Aquí no me interesa abordar un tema tan complejo en un texto tan trivial como este. Me interesan son las aristas del hecho alrededor de la fama y el abuso irreversible. Me interesan las didascalias de la tendencia. No se trata del crimen en sí sino del horror que lo rodea junto con sus trágicas consecuencias. La venganza de un público sin rostro que es solidario y cobarde a la vez. Mi padre me dijo que son en esos momentos horribles que se necesitan de los amigos. Al parecer el poeta no tenía tantos como en muchas oportunidades dentro de su fiesta literaria se veía. Las instituciones donde era una figura estelar, las primeras en picarle la torta con orgullo fueron las primeras en desentenderse del monstruo. Viéndolo con frialdad a nadie en verdad le importa el abuso. Este país tiene un desprecio profundo por las mujeres, por mucho que se esfuerza nunca logra ocultarlo. Somos el país de las mujeres hermosas, ¿saben?. Todas las posturas de ponerse del lado de la víctima fueron formas polite y oportunas para esquivar el golpe del martillo de lo políticamente correcto. El abuso fue el pretexto para escudar las imágenes rectas que se construyeron como instituciones que velan, claro está, por la cultura, en este caso la imagen conveniente que se hicieron de la cultura para esconderse detrás de ella, y además, por los derechos de la mujer que ahora nos importa más que nunca. Yo te creo. Es que nada estuvo bien. No conforme con todo el espectáculo hipócrita de la sociedad venezolana que vimos en el temperamento domesticable de las masas, donde un día te montan en un pedestal y al día siguiente te declaran la guerra, en medio de ese desastre vimos como dejaron morir al poeta, no digo que no se lo mereciera, el sujeto fue un sádico hasta para reconocer su error, pero al final qué cambió, nada, el tipo se mató, la tendencia terminó, se habló burdamente de la justicia y las “movilizaciones sociales” para desenmascarar a los abusadores, se olvidó el tema, el entretenimiento siguió, se multiplicaron los imbéciles y la vira del show se fue para otra parte, como siempre: a las piernas musculosas de los futbolistas, al seguimiento de las cirugías estéticas de alguna Kardashian, a los nuevos videos musicales donde muchas mujeres menean el culo y le venden sexo frito a tus hijos, recomendando en bonitas frases sencillas que salgas a culiar, a comprar la primera porquería que te ofrezcan, a ser feliz porque te lo mereces.
(Esa indiferencia pone en entredicho la condición real de la víctima y el victimario, sumado al precario rasgo introspectivo que tenemos como comunidad imaginaria, dentro de un mundo que se esmera todos los días por histerizar a las mujeres, que las maltrata simbólicamente en sus comerciales de detergentes, en coreografías de madres que limpian casas que no parecen suyas sin ayuda de nadie y parecen siempre complacidas de hacerlo, en ofertas que exigen entre sonrisas barbies a la feminidad una lucha desquiciada contra el tiempo, mujer que tiene que verse joven y bella siempre, la hipersexualización a la Disney nos sugiere en todo lo que hacemos que nos sintamos atraídos por las niñas, pero no debemos tocarlas, así de esquizofrénico es todo, una campaña de belleza es salud, removedores de manchas solares para tapar las arrugas, la vejez femenina es vergonzosa, fajas e implantes para moldear un cuerpo apto para la mirada masculina, esas mismas empresas que hablan del empoderamiento están más enfocadas en aumentar la venta de sus cosméticos que de la liberación real de la mujer, de legitimar en secuencias pegajosas de insecticidas y lavaplatos los estereotipos de hombres y mujeres idiotizados por la televisión y la educación tradicional cristiana, donde se le incita a la mujer que es preferible ser madre antes que estudiar, ser esposa antes que mujer, ser una cosa antes que una persona. Donde la mujer es un utensilio de primera necesidad en la vida de los hombres. Entonces el maltrato a los objetos está justificado, pues el sistema lo aprueba de manera descarada y cínica. La mujer es El gran otro. Me solidarizo con los movimientos feministas cuando tienen plena consciencia de la lucha diaria de un mundo hostil que busca acabar con cualquier forma de diferencia para imponer su diversidad de lo igual, bajo esas resistencias yo sí puedo creer, no cuando los argumentos provienen de actos revanchistas que buscan algún tipo de lucro vanidoso sin ninguna clase de conciencia histórica. Estas oraciones jamás se podrán leer bien).
…de mala gana los seres humanos pueden admitir que no saben, pero no que no entienden, eso los ofende. Toda esa atmósfera envilecida detonó otro fenómeno secundario. Como ya se dijo, en este país a nadie le interesa la mujer, ni le interesa la cultura, ni tampoco el arte, solo vivir de la apariencia de ese interés, que cuando es necesario se convierte en el oasis de cualquier forajido. Otro gesto que me llamó mucho la atención, siguiendo el hilo de ideas sobre los nuevos totalitarismos de lo políticamente correcto, fue la declaración de un gremio de autores que sostiene un monopolio (digamos diverso) del que-hacer poético venezolano de una parte de la industria. Cito: “Nuestro lugar está al lado de las víctimas. En este sentido, como organizaciones vinculadas a la promoción y difusión de la poesía y como co-organizadores del Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas, tomaremos en cuenta estos hechos y estableceremos una cláusula en las bases del Concurso que estipule, claramente, la imposibilidad de mantener premio alguno a próximos concursantes que incurran en estas acciones. De igual manera, consultaremos a nuestros abogados la posibilidad legal de retirar el premio a Willy McKey, ganador del mismo en su primera convocatoria”. ¿De verdad? Yo le quiero preguntar a usted, amable lector, si esto que acaba de leer no le parece un texto deprimente, ¿cuántas personas están detrás de esta redacción ministerial? En última instancia le recomendaría a estos poetas que vieran la película de Spielberg, Minority Report, quizá de ahí salgan algunas ideas para otorgar próximos fallos y prevenir algún desacierto de conducta humana que atente el prestigio del premio, porque es claro que es lo que único que les importa. ¿Cómo se le quita un premio a un suicida? Me imagino que en las siguientes reediciones del primer concurso, si la fuerza del mecenazgo y el amor por las letras lo permiten, se le pondrá un asterisco al lado del nombre del poema, como hacen en las estadísticas de los jugadores deportivos que batieron récords a punta de trampaesteroides, con un mensaje en letras cursivas que diga: estos versos fueron producidos por un violador, o en el caso más sensato quitar el poema y rodar los puestos: reescribir la historia, lo cual sería un forma justificada de ejercer la censura, que para unos casos es buena y para otros un mal menor fuera de discusión. Coincidimos: el comunicado es de una retórica revolucionaria insuperable. Simio no mata simio. Gracias nuevamente, Ministro.
…los contrastes mínimos me decepcionaron. Las mofas, testimonios de maltratos, la dictadura de las mayorías, el cáncer de las redes, las ofensas inflamables, el estado putrefacto de las instituciones educativas y culturales, y más al fondo, una demostración de la infelicidad inherente que conlleva escribir algo en este país de estrellas con poco brillo. Con este ejemplo se corroboró que la obra del agitador no fue lo suficientemente fuerte para defenderse sola, se hundió junto al peso de sus acciones, tal vez el gesto mismo nos pone a pensar si existió tal cosa que pueda ser tildada de fuerte, lo digo porque estas mismas personas que lo canonizaron ahora lo repudian, dejando bien claro que al siguiente poeta que gane y se porte mal se le quitará su plaquita de buena conducta. Aquí no se está hablando en ningún lado de calidad poética ni buena literatura, porque no importa mientras se sostenga como criterio la farsa de los modelos ejemplares. Un país así ni de vaina puede producir literatura seria. Es común que se busque castigar al autor desde su obra, humillarlo de alguna manera, olvidando que los grandes maestros que leemos y admiramos en algún momento de sus vidas fueron unos depravados por excelencia, claro que para este caso no podemos hacer comparaciones de ese tipo. No obstante destaco el caso de Willy como un hecho que reveló la ranciedad de nuestras industrias creativas, junto al retraso de nuestras legislaciones, desde los ejercicios masivos, posturas institucionales, atomismos mediáticos y debates ambiguos sobre la moral del intelectual venezolano. Un error basta para desmeritar una breve vida dedicada al esfuerzo de ordenar palabras. Vemos que tampoco la poesía nos importa, tema delicado cuando nuestra virtud como pueblo está en ser una factoría de poetas, cuando no estupristas, dictadores ni monjes capuchinos-cochinos. El poeta es la punta del iceberg, el chivo expiatorio de una cultura rupestre de la violación. Cada tantos eclipses se exige un sacrificio de sangre para mantener el status quo de la sociedad falocrática, muy orgullosa de su memoria de corto plazo: de su negligencia poética.
(Releyendo a José Ignacio Cabrujas en una cola para sacar plata pensaba sobre la fuerza relativa que da sentido a las industrias creativas de un lugar. Los pueblos que creen en sí mismos son capaces de leer entrelineas la condición de su tragedia y proponer soluciones mediadas por el arte, por la destreza de una sugerencia que logra hablar universalmente de lo particular, un estilo que unifique lo mejor de las tradiciones y proponga sucursales nuevas para repensarnos mejor. De lo contrario, todo pueblo que se regocija en su derrota solo estará limitado a reírse de sí mismo, a repetirse en su ignorancia contagiosa, convencido de ser algo que no es, ni llegará a serlo por falta de entrega en las pequeñas maniobras del día a día, todo por un afán de hacer tendencia, por tan solo un microsegundo de fama y atención, una mofa de su desgracia. Un arte irresponsable es aquel que retrata una caricatura de la realidad, porque la creación se concibe a la expectativa del espectáculo y no de la introspección, un tipo de arte tan ensimismado que el tiempo se encarga por sus medios colaterales de ubicarla en el olvido que se merece).
…el tercer y último acto fue la beatificación de Doctor José Gregorio Hernández. Un evento masivo donde las tensiones se concentraron en nuestra devoción por las figuras de acción. Nos olvidamos de lo que fue y lo que inevitablemente vendrá. Se leyeron discursos que hablaban de recuperar la esperanza, de retomar la fe, de aferrarnos a las oraciones, de buscar en dios y en la intervención del beato sanar los dolores del pueblo venezolano, transmitir nuestra experiencia al resto del mundo, suplicando que este nuevo ascenso empresarial concedido desde el vaticano de venerable a beato extienda las bendiciones a quienes más lo necesitan. Hay que sembrar valores ¿pero dónde encontrarlos?, ¿en la educación sentimental, en la poesía, en las violaciones, en la censura, en nuestros fracasos? Con un rosario de hechos juntos somos testigos privilegiados de la degradación sistemática de nuestra sociedad. Respiramos la espesura de estupidez impregnada en el espacio que nos tocó en conjunto padecer. Con esperanza me abrazo a mi agonía cristiana, sosteniendo la idea que Tomasi de Lampedusa dejó planteada en su hermosa novela El Gatopardo: todo cambiará para que siga siendo igual. «Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie. ¿Me explico?»
(José Gregorio Hernández, así como Roland Barthes, murió atropellado. Ambos son divinidades inmortalizadas, pues sus nombres se fundieron en sus obras).
…como devoto del Doctor puedo decir que somos un país más religioso que reflexivo. Basta que una imagen llore aceite para sentir que nuestras bendiciones fueron escuchadas y que nuestros pecados, mezclados con una especial doctrina de la especulación, han sido perdonados.
(May the 4th be with us).
Alexander JM Urrieta Solano
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