«Cuando el hombre quisiere ser más espiritual, tanto le será más amarga la vida, porque siente mejor y más claro los defectos de la corrupción humana.»

Kempis – Imitación de Cristo

Vitral de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela.

La ciudad es una historia siempre en proceso de construcción. Caracas para mí ha sido una versión incompleta de un sueño ajeno y profundo, un sueño que tiene algún extraño que ignoro cuándo despertará. Estando tan lejos solo puedo ordenar mis recuerdos a partir de un procedimiento sencillo, cuando no riguroso, de guardar las fotos que fui tomando, montarlas en alguna parte, exponerlas y compartir algún testimonio onírico. La torre de Parque Central vista desde la entrada del Teatro Teresa Carreño. Solo me quedan estos recursos, una visión personal de una ciudad que hasta cierto punto consideraba mía. Desde aquí ahora solo es un sueño que se desvanece en otras rutinas, el trabajo, la agitación, el arriendo, la lista del mercado esperando en el imán en forma de maleta en la nevera, los vecinos silenciosos sin sentido del humor, el olor a extranjero que cargo encima, mi frágil sentido del gusto, en fin, una vida adulta donde el aburrimiento solo conduce a olvidar los lugares de donde venimos; un tipo de olvido donde voy perdiendo el interés de mi propia historia. Una imagen para la distracción de una vida lejana y nostálgica. Recuerdo todas las veces que pasando por la entrada del teatro, al mirar la torre, a veces luminosa y otras veces cubierta de una oscuridad espectral, me preguntaba qué entidad soñaba esta ciudad, en qué sueño ajeno nos encontrábamos. ¿Qué pasaría si en el momento que la entidad despertara, tras un sobresalto de pesadilla, y en un abrir de ojos, si es que hay tales ojos, todo esto, por fin, desapareciera? No sé.

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Autor: @LiberLudens

También los animales son ciudades.

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