«…finalmente hemos de poder justificar el hecho más básico de la experiencia estética, el hecho de que el deleite se encuentra en algún lugar entre el aburrimiento y la confusión»

E.H. Gombrich – El sentido del orden

Parque La Llovizna, Ciudad de Puerto Ordaz

Quima ha estado leyendo «La Melancolía del Ciborg» de Broncano, me comparte fragmentos, pregunta cómo es la ciudad donde vivo mientras me habla de la suya, también me dice que nada queda, las cosas se hacen para que no duren, así pues, nuestra relación con los otros, imágenes cargadas de historia. No vale la pena tomarse algo personal. En cuestión de meses todo cambia radicalmente. Le hablo de que la felicidad consiste en reconocer esos cambios. Me repito una frase del diario de Ribeyro: «Me gustan las personas sobre las que no podemos formarnos una opinión, en otras palabras, las que nos obligan a renovar constantemente la opinión que tenemos de ellas». Él por su parte, asertivo, cita a Broncano: «Las prótesis son una suerte de exilio: las patrias, las infancias y aquellos otros lugares del que los humanos son expulsados son construcciones donde las raíces crecen en un suelo de hábitos, un trasfondo efervescente de creaciones y cambios impulsados por las diversas prótesis que nos habitan o habitamos y que nos empujan fuera de los orígenes. Todos los exilios se viven como expulsión, como malestar y como nostalgia de lo ido sin que quepa la esperanza de recobrar el lugar perdido, como cuando volvemos al pueblo y tras los saludos y los parabienes notamos el cambio irreversible de un sitio que ya no es nuestro: el viejo cine cerrado, la gente que se ha vuelto rica y engreída, no reconocemos al amigo entrañable en esa cara devastada por el tiempo, ni a la antigua adolescente que amamos en esa opulenta madre. Las prótesis producen el mismo efecto. Al caminar desnudos y descalzos por un momento sentimos el placer inmenso de la vuelta a nuestro cuerpo, pero al poco sentimos que ya no es nuestro estado, que nos dañan las piedras, que nos invade el pudor y que esa visita a lo natural no puede extenderse más allá de ese instante. Las vueltas del exilio no son las vueltas del hijo pródigo (tampoco sabemos qué sintió el hijo pródigo, acaso un inmediato arrepentimiento por la vuelta). El ciborg nunca vuelve de su exilio: las posibilidades ganadas le han transformado hasta un punto que el mundo se ha convertido en otro mundo.» ¿La memoria, acaso, también es una prótesis?

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Autor: @LiberLudens

También los animales son ciudades.

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