«Los cambios de estación no son una experiencia colectiva -como puede parecerle de entrada al sentido común-; constituyen más bien una piedra a la que se le da una forma totalmente distinta según la ocasión, para que encaje en la biografía de cada cual.»

Heimito von Doderer – Los Demonios

Puerto Ordaz es una ciudad donde las calles casi siempre están solas. Salgo a caminar para ver el atardecer desde varias esquinas.

8 de septiembre

Quima está en Caracas. Me escribió hace dos días. «He recaído de nuevo», dice, «he vuelto a pensar en Lulú y en G. En nosotros. He tomado fotos de una ciudad que ya no recuerdo. He estado leyendo algunas cosas de Pavese, me ha dejado en la piedra, como tú sueles decir, me he quedado con una carta que quisiera enviarle a D., pues me he enterado que está saliendo con otro, mejor así, quiero pensar. No he sido capaz de enviarle nada. A lo mejor porque temo que al hacerlo tengo la dicha de encontrármela, por mala leche, en la cola de la farmacia, en el metro, en una salida improbable con nuevos amigos. La ciudad es pequeña. Promueve una forma muy específica de asfixia. Vine para irme de nuevo. Le he escrito: Si en algún momento dije o hice algo que no te haya gustado te pido perdón. Así como Pavese «Te perdono todo este dolor que me muerde el corazón…Este dolor eres tú, el verdadero horror y maravilla que eres tú». Te deseo lo mejor, queriendo que seas feliz y encuentres la paz, «de ti yo amaba todo, no solo tu belleza, lo que es bastante fácil, sino también tu fealdad, tus malos ratos, tu tache noire, tu cara impenetrable. Y también te compadezco. No lo olvides». Quisiera usar con mayor convicción mis palabras, pero las de Pavese son más acertadas que las mías». No supe qué decirle. Cuando una relación muere sabemos que se trata de la extinción de una galaxia entera, de un juego secreto de gestos y códigos. Solo le pude decir que el despecho a veces se trata de la interpretación de una lengua muerta. No soy el más adecuado para hablarle de eso. Solo puedo estar para escucharte, amigo, puedo darte hospitalidad, tiempo. Y que las imágenes que me compartes sean capaces de diluir tu tristeza. A mí, de cierta forma, me alivian. Lamento la incapacidad de Quima de hacer llegar su mensaje, pero queda su mirada. Digo: ¿Quién no se ha sentido como él alguna vez?

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Autor: @LiberLudens

También los animales son ciudades.

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