«Hasta hoy en la literatura y en la historia, el exiliado ha sido un personaje protagónico. Propongo otro: el quedado, el regresado, el que no puede (o no quiere) ir a ninguna parte. (¿A qué parte en un mundo en que los exilios comienzan a ser imposibles?) Apuesto por la pertinencia de estos seres, por su heroismo domiciliario.»

Eduardo Lalo – donde

Hotel frente a la Avenida las Américas

Durante mucho tiempo le atribuí a Tombo una frase que luego vi que estaba en el prólogo que hizo Vicente Huidobro en su Altazor:

«Los cuatro puntos cardinales son tres: norte y sur.»

Admito que la sentencia abría una discusión intensa entre nosotros que mantenía siempre el mismo hilo conductor: el porvenir. Pasaron los años y muchas de las personas con las que tenía estas reflexiones en el Hongo, detrás del Comedor, el café de estadística, la entrada de la Biblioteca Central, el Hueco, esperando en el andén, caminado a Zona Rental…ya no las tengo conmigo. En una revista académica regresó de nuevo el concepto de insilio, una especie de destierro de uno mismo. Normalizamos reconocer en muchas personas el síntoma particular de estar a menudo fuera de sí; ahora la palabra más acertada es disociarse, verbo que sin problema conjugamos en la primera persona del plural, como si se tratara de un estado de derecho que nadie nos puede cuestionar. Disociamos para evadir el porvenir. O lo que también sucede con más frecuencia: disociamos porque el porvenir se nos viene encima. Quisiera tener la capacidad de ubicar los cuatro puntos cardinales entre el norte y el sur. ¿Cuál es la dirección? La pregunta es abierta y dirigida a los ausentes. Seres queridos llevando el costo de la vida en sitios sin referencias para mí, solo tengo fotos, archivos, memoria, historias alteradas por mitologías personales, rayando entre la pena y la vanidad, historias de 24 horas de duración, que hacen de la eternidad un asunto de métricas y reacciones. El porvenir parece tener un vínculo íntimo con la soledad. Una forma de tristeza. Esa huida de nosotros, ¿qué objetivo propone? ¿Mientras más lejos estemos de nosotros, más cerca estará la meta? De ser así, ¿en qué consiste dicha meta? Queda la hospitalidad del recuerdo. Releo el final de un relato de Kafka:

«—¿Hacía dónde cabalga el señor?
—No lo sé —respondí—.Solo quiero irme de aquí, solamente irme de aquí. Partir siempre, salir de aquí, solo así puedo alcanzar mi meta.
—¿Conoce, pues, su meta?—preguntó él.
—Sí—contesté yo—.Lo he dicho ya. Salir de aquí, esa es mi meta.»

Sigo volviendo a ninguna parte.
Los regresos también son metas.

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Autor: @LiberLudens

También los animales son ciudades.

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