José Saramago – El evangelio según Jesucristo
Autor: @LiberLudens
Querida cómplice
Te andaba pensando
En
algo
En un sueño
En un parque
En una estación
En un pasillo de ingeniería
En un tono morado
En un espiral de plaza
En intentos de rascacielos
En un solo de piano
En un solo de boca, que se pierde en oraciones
En una galería de arte
En una simetría de Soto
En peldaños del Calvario
En una mirada al oeste
En un atardecer en apartamento
En un sabor a chocolate
En un olor a libro viejo
En un cielo rojizo violento
En un centro de glorieta besándonos con el viento
En un circo
En un museo extraño
En una plaza cubierta
En una colina en tierra
En almuerzo de locos
En cena de cómplices y bandidos
En boceto de servilleta
En fruta dulce que empalaga
En oración melosa repetida
En un solo de saxo en prueba de sonido
En una botella borracha
En un karaoke improvisado
En una indirecta breve, de esas que tanto te gustan
En un soliloquio de pereza
En una carta enterrada
En una antología de sapos distraídos
En un resumen de mis viajes al olvido
En un cuento de gigantes
En una canción sobre Nosotros
En un muslo blanco que emana pasión y deseo
En cuatro parades donde contar secretos
En un salón de fiesta,
como niños jugando debajo de la mesa de los quesos
En un escribir con ganas
En un escribir sin parar
En un ataque de risa
En una ataque de euforia
En una vuelta al sol
En un viaje al pasado
En un regreso al caribe
En un papel de astrónomo enamorado que busca tu satélite más cercano
En una locura de ebrios
En un éxtasis, típico nuestro
En un verso de Pereira
En una máxima de Calzadilla
En un salvajismo de Valera Mora
En un exabrupto de Urrieta
En un estudio de tus senos
En un detalle
En un suspiro
En un mundo descomunal
En un mundo nuestro, ideal
En un acto suicida con telas
En un duelo en las tablas
En un duelo horizontal
En un duelo en tu cama
En un entierro de pies en la arena
En un encontrar piedras preciosas en ella
En un solitario colgando de tu oreja
En un asunto pendiente
En una canción de Soda
En una galaxia de espiral, de caracoles y música de fondo
En un idioma bien hablado
En una palabra, en un verso, en una prosa, en una declaración melosa y malandrosa, pa’ malandro ahora yo
En un estado de plenitud
En una notica de motivación
En una bocanada de humo
En un diario de viajero
En un frío bajando por la espalda
En un balazo directo a tu semblanza
En una taquicardia de niño inquieto, de sobredosis de dulzura
En un silencio que hace ruido
En una página ya escrita
En una caja de música
En un bolero
En un querer sincero
En un extraño verso
Si más
Si menos
Te pienso
Así que
Caraqueña
mimada
Le confieso
Frente a esta parranda de letras
Atolondradas
Despiadadas
Kamikazes
Indecentes
y orgásmicas
Que,
si más
si menos
Yo a pesar de todo
Con todo y eso
La quiero.
Alexander Urrieta
Entremés caraqueño
Porque llega un punto donde las palabras empiezan a gobernarlo a uno. Incluso cuando no tienes nada que decir, ellas hablan por ti. Se tornan tiranas. Dan su punto de vista sin siquiera consultarlo contigo. Para ellas sólo somos un medio, un canal, un instrumento de difusión, que en solos de boca, generan ideas tanto originales y productivas como abominables y corrosivas. Por eso tengo que jugar con arma de doble filo. Qué más da. Igual, al final de este viaje todos nos habremos ido. No nos queda más que perpetuarnos en el recuerdo de las cosas. Dejar un rastro, para comprobar que estuvimos allí. Con esa inocente ilusión jocosa de que algún día se acuerden de nosotros. Con esa duda encaramada en la conciencia preguntando si tenemos algún propósito en la vida. Yo a veces me pregunto si en algún momento las casualidades marcaron las pautas de mi destino. Si mis actos y convicciones están atados a las simples coincidencias que hacen girar al mundo. Es una cuestión que, sin duda, no puede soslayarse. Es una incógnita presuntuosa. Es una incertidumbre maravillosa, que se disfruta y al mismo tiempo se desprecia. Todo se vuelve una búsqueda incesante de respuestas. Supongo que por eso me encuentro aquí, para deleitarme de mi suerte, nada más que eso. De pasarme la vida entera jugando al detective, buscando pistas, dándole forma a este rompecabezas que por siempre estará incompleto. Armando con cada pieza descubierta la armazón incognoscible de mi vida. Razones válidas para tomar cartas en el asunto. Debo ser un espíritu inquieto. Cuestionar todo lo que me rodea, incluyendo mi propia existencia. Mantener ardiendo esa llama de curiosidad para corroborar que sigo vivo, que mientras quiera saber, me conservaré fecundo, astuto y joven, y con un apetito voraz de conocer la esencia mágica de las cosas. De no poseer talento ni vida en este cuerpo, me quedarán las palabras nada más. Serán mi escudo y mi espada, para enfrentarme a este mundo salvaje que no hace concesiones con nadie. Que no perdona. Que mutila y mata a todo aquel que cuestione su estilo. Este mundo. Es este mundo descomunal el que nos ha tocado recorrer. Oscuro y tenebroso. Con más razón debemos ser precavidos. Porque, admitámoslo, somos susceptibles y volátiles ante todo. Nos alteramos por cualquier cosa. Somos dementes incomprendidos. Marginados del mundo, provenientes del olvido mismo. Somos caos hermoso, conflicto adictivo. Estamos enfermos de promesas. Donantes de melancolía y esperanza positiva. Libres para ser sumisos y ricos para ser pobres. Tan solitarios, siempre con ganas de reír y soñar. Eso es lo que somos, raras criaturas, piedras oscuras errantes sumergidas en el mar, siendo movidas al antojo del vaivén de las aguas turbias del cambio. Somos suicidas por naturaleza. Nos matamos con dosis de resignación. Comemos polvo de estrella, mientras jugamos a las escondidas en el Lagunazo; tomamos la siesta en Tierra de nadie, en un miércoles atravesado. Arrebatados, caminamos por el casco histórico, caminamos por los cielos, como los propios diablos desubicados en el espacio y tiempo. Nos gusta lo sencillo de la vida. Nos gusta el olor a grama recién cortada, pero nos extasiamos más con la grama mojada. Somos orates por excelencia, declamamos poesía en la camioneta, en el vagón, en la plaza, en la glorieta, en la misma miseria, donde desembocan las decepciones y sin razón alguna surgen las grandes esperanzas, de un mundo (ilusorio) mejor. Recuerda. Debo ser precavido, aunque todo esté perdido. Porque ya nada importa. Para qué. De nada sirve quedarme callado. Debo ser agente de caos. Un detonante de emociones y sentidos, ahora, en esta hora tenebrosa, donde me enfrento a este demonio escamoso de aspecto enteco y feo. A este bicho hombre que se esconde entre ropajes y sombra. A este desertor del mundo. A esta criatura del olvido. A este semblante insólito, sumergido en el espejo.
Alexander Urrieta
Aniversario
La pereza me enerva el cuerpo
Las palabras no quieren andar conmigo
Los deseos se juntan en un rincón
Los días se retrasan y se pierde la noción del tiempo
El recuerdo se delata con su olor a quemado
Abrazos sinceros, mirada justa, mundo descomunal y perverso
Es esta realidad la que este bicho no disfruta, porque no le gusta
Grito, me callo, grito de nuevo y me elevo
Vamos a ver si con este verso me
acerco un poquito más a tus piernas, a tus cielos
A tus fantasías no cumplidas
Al cobro incesante de la brevedad
Al tiempo exclusivo, mirífico, espectacular,
de tu mirada que me gusta, llena de brillo solar
A esta anécdota de dos espíritus sin dueño
Te escribo sin temor ni recelo
Plasmando en tu memoria infinitos detalles
Dejando manifiestos y maniobras en hoja, papel escrito
Llenando tu Universo con fantasías no cumplidas
Recreando escenarios
De dragones escupiendo fuego
De duendes encerrados en frascos
De parodias bíblicas
De gigantes con espirales tatuados
De leer Margarita de Rubén Darío
De leer cuentos en la llanura de unas sábanas
De batallas medievales en el patio
De bebidas efervescentes que alivian el estómago
Declamando poesía, en un sala con mucha gente, con invitados comida y bebida
Con poca gente, sólo nosotros, en nuestra ciudad amurallada
Una parranda de formas de pensamiento
El historial de los posesivos
Mi atuendo morado, de señor de los milagros
Mi disfraz de Hércules muy de moda por esos años
Mis enciclopedias humanistas
Mi canción de José Alfredo Jiménez
Mi colección de estampitas
Mi caja de soldaditos, vaqueros, indios y guerreros de plástico
Mi Infancia
Mi infancia contigo
Olor a perfume y naftalina, tu cuarto, tu ropa, tu alma
La inmensidad de un globo de fiesta
La simetría de Jesús Soto
La mujer gallina de Chagall
Los pasos perdidos, que aún no he leído
El demonio que tengo cautivo en mi closet
Mi cuadro de mujeres pintadas por música
Mi sombrero robado
Mi ventilador recogiendo polvo
La mariposa que vino metida en una carta
Pastillas para el corazón
Cuatro paredes para pulir mi caparazón
Revista mensual amarilla
Viajes a tierras exóticas
Universos paralelos
Mi caja de recuerdos con cartas de la madre del padre de la abuela
Cartas a la abuela
Abuela, que tanta falta a este pobre hombre le hace.
Alexander Urrieta
“Ocurre que nos damos cuenta de que uno piensa las palabras. De lo que nos resulta más difícil darnos cuenta es de que las palabras piensan con uno”.
Carta N°4
Advertencia
Para la comprensión de estos textos es necesario que estés desnuda, frente al espejo. Que tu mirada se enfoque en los detalles más particulares de tu cuerpo, mientras tus ojos se distraen con las palabras escritas por el autor de estos versos. Para la comprensión de estos textos, es crucial, pero no obligatorio, adentrarse en la mente del autor, tomando en cuenta que sus palabras tienen contenidos variados, pero hablan siempre de lo mismo. Para la comprensión de estos textos se necesita una exacerbada imaginación, que las oraciones pasen por tu boca con un ligero tono de calentura y seducción, tomando en consideración que el autor desea darte el más rico de los placeres verbales, textuales, y sexuales.
La brevedad del 6
I
Exordio del ebrio
Son casi las cinco, y mi cuerpo ya no puede lidiar con mi alma. Estoy destruido, y sólo me falta cerrar los ojos para entregarme a los brazos de Morfeo, en el mar de los etílicos, los confines del infierno, casi llegando a la quilla, donde no te pega el sol.
Las palabras fluyen
Estoy risueño
Así que vamos al grano
Al punto
Al meollo del asunto
Mi lista de prioridades
Lo que esta noche quiero
Mis deseos
Usted
Y solamente usted
Una cama
Para
Mi ansiedad
Mi cuerpo
Mi libido
Mi locura
Mi temor
II
Atrevido
Tengo ganas de ti
Tengo deseos de ti
Quiero contarte mis secreto
Muy de cerca y al oído
En un lugar tranquilo
Solos
Con las manos entrelazadas
Atrapado en tus brazos
Dopado
Arrebatado
Extasiado
Y por allá bien lejos
Enamorado
III
Apuntes de la lengua
Tres besos
Como la otra vez
Uno para la frente
Uno para el lunar
Uno para los labios
Tres veces
El mismo acto vandálico
Un atentado de dicha
Un golpe de suerte
Un beso descomunal
IV
Aquí va tu nombre
Detallando la galaxia escondida
en tu nombre
En tu lunar
En tus pecas
En tus ojos
En tus labios
En tus senos
En tu ombligo
En tus caderas
En tus piernas
En el inicio
En lo desconocido
De tu sexo
He perdido la noción del tiempo
V
Repetido
Aunque no lleguemos a nada, seremos poesía de vez en cuando
Valga la redundancia
Decirte que me gustas
Iluso, espero. Recuerdo las palabras pronunciadas por el corazón
Mi coraza contigo,
ya no tiene sentido
Me vuelvo loco
Te tengo tan cerca
Y me aterra que no vengas
Aunque no lleguemos a nada, seremos poesía de vez en cuando
Decirte que me gustas
valga la redundancia.
VI
Triángulo del caos que somos
Somostandistintos
omostandistinto
mostandistint
ostandistin
standisti
tandist
andis
ndi
Te digo cuatro hojas
Porque eres la suerte
Te deseo en mi brazos
Desde ese pasado a media hora
Tuyo, y sólo tuyo
Tu pereza
Que quiere tenerte en la punta del árbol más lejano.
Alexander Urrieta
Por todas mis
e
Espantosa gramática
Mientras la enseñanza de nuestro idioma siga basándose en la gramática, el sistema educativo seguirá siendo un fracaso.
Para ser eficiente, la escuela, sobre todas las cosas, debe comenzar a enseñar al niño a bien expresarse.
“Se forman cabezas por las lenguas”, decía Rousseau. Y entre nosotros el rousoniano maestro Simón Rodríguez pudo comprobar en su discípulo predilecto el éxito de este sistema, no sólo en punto de formación de la personalidad. La prosa esmerada, audaz y prodigiosa de Bolívar, dos siglos después, nos sigue iluminando con su aún vigente esplendor.
El buen uso del lenguaje deviene del buen uso de la razón, nunca de preceptos ni de reglas omnímodas.
La gramática ha de ser moderado complemento, bueno para aclarar o disipar dudas y explicar mecanismos, nunca comienzo ni culto del aprendizaje ni, mucho menos, cadena, prisión o cámara de tortura.
Se preguntaba Ángel Rosenblat si no era inquietante y extraño que siendo la lengua el más admirable de los dones humanos, su enseñanza en escuelas y liceos se hubiera convertido en la más ingrata y fastidiosa de las asignaturas. Y proponía desde la escuela, mucha, muchísima lectura, lectura oral, lectura comentada por el maestro o profesor, lectura explicada por el alumno, lectura en clase, lectura en casa, lectura de cuentos (alimento de la imaginación), lectura de leyendas, biografías, fábulas, chistes, anécdotas, episodios históricos, discursos, proclamas, lectura de pequeños trozos y de libros completos adecuados a cada edad. Y mucha escritura, copia, redacción, composición (sobre temas libres o señalados), cartas de toda clase, resúmenes de cualquier tema, etcétera. Y junto con la lectura y escritura, habituar al alumno a expresarse con vivacidad, a pronunciar decorosamente, a enriquecer su lengua.
Quienes habiendo sido víctimas de la gramática se enemistaron desde las aulas escolares con la lectura (excepto por el obligatorio acercamiento a los muchas veces disparatados libros de texto) y con la escritura (salvo por haber transcrito memorizadas respuestas en las farsas llamadas exámenes), no pueden, como docentes, sino transmitir autoritarismo o aburrimiento.
No puede enseñarse lo que se ignora ni puede estimularse lo que se desconoce.
Caso contrario, quienes en su infancia y adolescencia tuvieron padres o preceptores que a su vez fueron lectores y, por serlo, avivaron en ellos poderes creadores e imaginación, no aburrirán ni atosigarán a nadie con falsos saberes y ejercerán a plenitud el compartir y disfrute del conocimiento.
Goethe le escribía a un amigo: “Aprovecha en paz la inmensa ventaja de no conocer la gramática alemana. Hace treinta años que trabajo por olvidarla”.
Gustavo Pereira – Cuentas
Soliloquio del kamikaze
Debo tener las ideas claras. Apuntar en la dirección correcta. Enfocarme en mi labor anónima. En mi batalla subrepticia. Ninguna clase de distracciones. Dejar de tener miedo a largo plazo. Dejar de temerle a la hoja, dejarme llevar por el instinto. Convencerme por encima de todas las cosas que yo tengo un destino distinto. Debo planificar mis planes de vuelo. Trazar coordenadas para adentrarme sin remordimientos en este horizonte de promesas, de futuro glorioso, pero incierto. Debo ser impulso y materia. Que las circunstancias dicten mis palabras, y que la convicción justifique mis actos. Que la brevedad del momento sea la que marque el veredicto final. Convertirme en un ente corrosivo, de acción y táctica, rebeldía y muerte. Ser pieza tocada y movida. Ser kamikaze. Servidor irracional. Mero peón en este macabro juego de palabras, donde no me puedo dar el lujo de retroceder. Mirar para atrás está prohibido. Concéntrate. Hay que estar a la par con el conflicto bélico de la mente. Es una lucha constante. Llevar el ritmo de lo que se piensa y se dice, de lo que se calla, y de todo lo que se dice una vez y nunca más. Acto sublime del habla, que nos condena a crear las más inusitadas formas de expresión. Que cada oración diga precisamente lo que pienso, aunque esto resulte complicado. No siempre se puede decir exactamente lo que se piensa, no porque no se quiera, sino porque no han llegado las palabras adecuadas que le den forma y vida a la nueva idea. Palabras a la espera de ser encontradas. Palabras escondidas entre páginas de libros viejos, cuadernos rotos, rayones de servilleta, apuntes incompletos, alguna que otra carta suicida extraviada, como ésta, que jamás será leída ni pronunciada por la boca de mi heroína literaria. La que alborota todo pero nunca calma nada. Sentimiento de lejanía, no encontrarse en ningún lado. Sentimiento de culpa, por carecer de resguardo y sitio. Incertidumbre total, por no saber si a través de este acto suicida alcance mi verdadera redención. Desolación, invocada por mi razón, como último intento desesperado de convencerme a no entregarme a los caprichos insanos de mi corazón, de mi obsesión monomaníaca. Pensar que mi locura es resultado de endémicos abusos y excesos, no justifica por completo el sentir de estas palabras que salen de mi boca, tan insensata, tan osada, tan ilusa, tan torpe y confundida. Que la soledad es un síntoma muy de moda en estos tiempos, que sobra y molesta tanto hasta llegar al punto de darme razones válidas para querer volar en mil pedazos, y alcanzar en ese más allá, ese hermoso estado de plenitud, ese clímax de placer, de satisfacción pura, de sentir por lo menos que una vez en la vida, en un atentado individual al mundo logré alterar, así sea por un instante, el equilibrio natural de todas las cosas. La muerte es nuestro único escape de esta cárcel llamada Vida. Porque no es miedo a morir, sino el no poder revivir por culpa del olvido. Un tipo de olvido que al intentar descifrarlo genera nuevas incógnitas, que a la larga nos transforma en criaturas solitarias, que emanan contradicción y escepticismo, y en un silencio soberbio y escandaloso, gritan Auxilio y piden misericordia a los cielos. El peso de los años no me sirve como pretexto para quedarme tranquilo. Debo decir lo que pienso. Debo decir lo que siento, y resumir todo el asunto al mero hecho. El miedo al fracaso no debe presentarse como excusa, jamás. Ya en un estado catatónico, sin arrepentimientos arranca la cuenta regresiva y espero que la locura me domine por completo, para ejecutar sin miedo mi maniobra explosiva. En un breve estallido se ilumina y queda reducido todo a puro escombro y descuartizada oración. Las ideas se esparcen por el aire y entre aleteos se van desvaneciendo, dejando como único efímero rastro de existencia, sólo lo poco que se pudo recordar y que luego de tantas divagaciones y tribulaciones internas, se logró escribir.
Alexander Urrieta
Ecólogo de día feriado
Todo estará permitido
“Al fin, ya cerca de la media noche, envueltos en las sábanas y en risas, estuvieron media hora confundidos en ese abrazo y esa sensación que son una de las pocas cosas que justifican todo el dolor de la existencia”.
Tres
Me gusta que escribas
Me encanta tu postura hacia la vida
Me encanta que sepas que con las palabras se puede seducir todavía
En un verso desmembrar el alma
En una oración erizar la piel
Me encanta que leas y cuestiones tu universo
Me encanta que seas franca
Me encantan tus notas breves por las mañanas,
llenas de atención seguidas de drama y buena acotación
Ideas para lidiar el día a día
Recetas para aliviarnos desde tan lejos
Me encanta que seas artista
Me encanta que estés hecha de polvo de estrellas, que seas puro presente, y que nunca menciones ni el pasado ni el futuro, porque vives y respiras los momentos dejando de lado la importancia del tiempo
Me encantan tus anécdotas nocturnas
Cuentos para dormir tranquilos
Cuentos para alborotarnos los sueños
Me encanta tu soledad tan mía, mi soledad tan tuya
Me encanta tu ausencia, porque me dejas pensarte como quiera
Porque eres poesía prohibida,
y porque eres galaxia desconocida, me encantas
en la más amplia acepción de la palabra.
Alexander Urrieta





