Notas para seducir

 

(Limpio que se fue a borrador)

 

Debo admitir que conocerla ha sido una experiencia inusitada, que con el tiempo me ha motivado a prestarle más atención. Tener ojos para el mundo, pero por encima de todo, tener una mirada más detallada con usted. Tener deseos de entenderte, ha sido la mejor manera de aprender a quererte. Palabras osadas para expresar una admiración particular. Un cariño. Otra forma de decir Me gustas, Me atraes. Palabras que nacen por impulso, y que no se pueden decir en oraciones tan simples. Cada quien tiene su forma de decirlo, ésta, supongo yo, es mi forma de hacerlo. Sin anestesias pero siempre cuidadoso. Algo extenso pero sin duda breve. Bastante directo para resaltar la curiosa franqueza que nace de mí, pero que es inspirada por ti.

 

(De una orfandad, se pasa a tenerlo todo)

 

Sabes algo, me gusta ese asunto llamado Nosotros. Tan mezquino y tan exclusivo. Tan misterioso y provocativo. Parece todo y aparenta nada. Es conmigo y frecuenta a veces contigo. Es absurdo y carente de sentido. Es hermoso y significa tanto para mí. Que frecuentes en mis pensamientos es algo que me basta y me sobra para hacer estudios completos de tu cuerpo. Observo y aprendo, y me doy cuenta de que no estas disponible para cualquier hombre simple y cuerdo.

 

(Tomo unas notas sin que te des cuenta)

 

I

 

Usted con destreza va trepando hacia los cielos, buscando la felicidad que no encuentra en esta tierra, mientras yo, en mi complejo de Ícaro intento volar improvisando un par de alas armadas con burdas palabras. Te intento alcanzar, y cuando casi lo logro, me vengo en picada.

 

II

 

Usted estudia la vida con pasión y tonos verdes. Yo vivo encaramado en ramas mientras me embriago con bebidas grisáceas. Cuando estoy de día, usted anda de noche. Nuestra unión es un caos que se pierde en un eclipse inevitable, que se pierde en el deseo, que se pierde en la disyuntiva de querer robarte un beso, o dejar que en una mirada me arrebates el alma.

 

III

 

Usted se expresa con fluidez en sinfonía y solfeo, yo hago un intento por hablar en prosa y verso. Yo soy el viajero errante y usted es la artista indomable. Yo soy veneno agradable, pero usted es la panacea de esta espera tan agradable.

 

IV

Una como el resto, no le sirve a este desertor de realidades. Él desea a la que no se calla, la que nunca falla. Aquella que detrás se sus ropajes, esconde con astucia su espíritu salvaje. La que discretamente con miradas empalaga el alma y endulza hasta matarte. La que navega por los aires con cuerdas coloridas, y anda en búsqueda de promesas ya cumplidas. La que danza con la vida, y engaña con astucia las propuestas de la muerte. Es usted, niña de tela, la que yo quiero.

Alexander Urrieta

 

Una posdata que me gusta:

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«Las palabras son así, disimulan mucho, se van juntando unas con otras, parece como si no supieran a dónde quieren ir, y, de pronto, por culpa de dos o tres o cuatro que salen de repente, simples en sí mismas, y ya tenemos ahí la conmoción ascendiendo irresistiblemente a la superficie de la piel y de los ojos, rompiendo la compostura de los sentimientos».

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José Saramago –  Ensayo sobre la ceguera

Pretexto

«Adrede te pienso, y por medio de palabras te recuerdo. Te escribo para que no me olvides. Te escribo para que me guardes en silencio. Te escribo para sepas que es contigo. Te escribo sólo esta noche para poder dormir tranquilo. Te escribo para probar suerte, a ver si con leerme te invoco, y me concedas el placer de pernoctar de nuevo contigo en este efímero mundo de sueños, donde los dos andemos libres sin rencores ni dueños. Te escribo para dar un atentado verbal, que logre por fin erizar tu piel. Te escribo para soplar tu cuello con oraciones. Te escribo para acercarme a tu oído y decirte en un susurro ameno, que esta noche te deseo desesperadamente. Te escribo por impulso. Te escribo para matarte con el tiempo. Te escribo para dibujar sonrisas cada vez que mi labia pase por tu boca, y entre cada pausa larga, te muerdas los labios con pícara sutileza, tratando inútilmente de ocultar la emoción y la excitación que voy creando a medida que me vas leyendo. Te escribo porque sé que te fascina que invada tus noches, y que recorra con detalle cada rincón de tu cuerpo solitario. Te escribo para buscar tu lengua. Te escribo para satisfacer mi capricho. Te escribo para caer en cuenta que te postergo, y te olvido rotundamente. Te escribo, porque no eres más que un pretexto, y que a pesar de todo, te escribo porque te conservo sin reservas, en páginas no escritas».

Alexander Urrieta

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Zoocialismo

Todo pueblo conformista bien merecido tiene su régimen zoocialista. Venezuela no podía ser una excepción a la regla. Padecemos un mal necesario y bien merecido. Somos como esa mujer que anda con la autoestima por el suelo, que por simple sumisión y temor, vuelve siempre a los brazos de ese cruel misógino que la maltrata deliberadamente. Nos gusta ser tratados como animales, o incluso menos que eso. El acto rebelde de los venezolanos es postergado por una aparente abundancia de vaselina. Como no nos duele todavía, nos limitamos, como amor de puta, a quejarnos en silencio. Actuando con una enfermiza apatía, despotricando y vociferando pero siempre, evitando por todos los medios la acción y la lucha. Recordemos que el venezolano no es una persona que se caracteriza por asumir responsabilidades ni barrancos. Es un ser que no sabe reclamar. Cuanto más grandes sean sus problemas, éste buscará eficazmente evadirlos con pretextos como, Ese no es mi problema, Si no es conmigo para qué alarmarse, Mientras no me toquen lo mío estamos bien, Cada quien pendiente de lo suyo. No somos filántropos por naturaleza, ni nos hemos preocupado en serlo. Somos lo bastante egoístas que podemos tener hasta el descaro de olvidarnos de nosotros mismos. El más irracional de los descuidos. Cómo nos acostumbramos a vivir así, muy simple, aprendimos a vivir bajo las alas del zoocialismo. El sistema de los seres carentes de razón, donde vivimos regidos por la denigrante ley de la selección natural, donde no es el más fuerte, sino el más vivo el que sobrevive. El compadrazgo y amiguismo son conceptos que riman con individualismo y egoísmo. Somos lisonjeros en la más amplia acepción de la palabra. El fingir, adular, insultar, musitar, idolatrar y actuar con desmedida protervia hasta perder la completa dignidad, para poder obtener beneficios, es nuestro nocivo estilo de vida. El zoocialismo, más allá de un sistema, es una manera de hacer las cosas. Es una forma de tiranizar con estilo. Es una forma de escuchar sin entenderse, y de verse y juzgarse sin tener que comprenderse. La falta completa de valores, opacada por la búsqueda de una superación personal, que no mide posibles daños colaterales. La ausencia del deber ser, la pérdida del respeto a todo aquello que nos rodea, y nos representa, que genera a la larga criaturas dañinas que alteran un equilibrio natural, llevando a todo un pueblo al umbral de la decadencia. Corrupción, violencia, delincuencia, vandalismo, analfabetismo, marginalidad y pauperismo social, son varios de los síntomas que a la larga, se van acrecentando en un pueblo dominado por el bochinche, la sinvergüenzura y el salvajismo. El zoocialismo no es una palabra que se encuentre registrada en el diccionario de la RAE, es una palabra inventada por la lengua popular, cuya finalidad, ha servido para englobar, toda circunstancia incoherente e inusual que no tiene cabida o explicación en otros conceptos existentes. No vaya a confundir el lector la palabra zoocialismo con socialismo, es una mera casualidad que ambas tengan la misma estructura fonética. Ambas al oído, pueden sonar parecido, pero si nos ponemos a observar y analizar con detalle, vemos que son dos cosas totalmente distintas. Una habla de una realidad bastante vigente en nuestro entorno, mientras que la otra, habla de utopías y planteamientos que dentro de nuestro actual contexto, resultan inalcanzables y muy lejanos. Una es un hecho, la otra es una promesa jamás cumplida en esta tierra. Para comprender el zoocialismo, basta sólo con salir a la calle y vivir la experiencia del caos en carne propia. Para el socialismo, basta sólo con imaginar, una sociedad gobernada por el sentido común y los buenos principios del hombre. Una igualdad, no económica, sino una basada en los buenos tratos para con todos. Cómo nos cuesta a los venezolanos imaginarnos semejante espectáculo humanista. Cómo nos cuesta plantearnos algo que no conocemos, ya sea por ignorancia, engaño, o simplemente por una confusión de términos, que como vemos en este caso, ha ocurrido bastante entre nuestros contemporáneos distraídos por el rumor popular, que como ya se sabe, habla y se jacta de mucho, pero desgraciadamente está al tanto de muy poco. Recordemos que algunas palabras, a pesar de que se oigan igual, se pueden escribir e interpretar de formas distintas. Tratemos para la posteridad, no olvidarnos de ese pequeño detalle.

Alexander Urrieta

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“Es hora de aullar, porque si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan, y no hacemos nada por contrarrestarlos, se puede decir que nos merecemos lo que tenemos”.

José Saramago

La noche del loco

Entra, quédate  conmigo, pero no hagas mucho ruido.

El escribir es un arte bastante complicado. Consiste en somatizar los sentimientos en palabra escrita. Plasmar ideas y emociones en un papel, jugando con diversas construcciones e invenciones. Más que un arte, es una lucha. Un demonio que matar. Una musa que adorar. Esta noche sólo me basta con palabras para poderme desahogar. La palabra lo es todo. Una palabra puede ser mucho pero también puede ser poco. Adición y sustracción. Valor y temor. Realidad y ficción. La imprescindible entre tantas que sobran. Palabra engreída y extrovertida, que sobresale entre tantas temerosas y cautivas. Adjetivos que la marcan y artículos que la definen. Una palabra para enaltecer la destreza, otra para delatar la innata torpeza. Eso somos, así fuimos y así seremos, vocal y consonante, armando sílabas en medio de una oscuridad gramatical. Una extraña suma de expectativas, que motivan a escribir a ésta, mi alma sin vergüenza pero creativa, a plasmar palabras al compás de una vida tan risueña y tan ambigua, que no encuentra calma entre tanto sueño roto, tanta mentira y tanta decepción que desemboca en un río de desilusión. Ideas de madrugada, que salpican y sazonan las ideas escritas por la tarde. Sustancias para aliviar la tensión. Calmantes farmacéuticos. Bebidas efervescentes. Bombas azucaradas. Cigarros para el buen humor. Abuso total del alcohol, para exprimir hasta el cansancio, toda palabra plagada de franqueza. La sinceridad por delante, y el engaño escondido detrás, adornado con un burdo disfraz. Tengo el placer de ser honesto incluso cuando miento. Nadie me reprocha porque nadie sospecha. No explico porque no lo necesito, ya que le escribo a un público que no sabe leer. Oraciones para expresar un Te quiero en medio de párrafos cargados de desprecio. Profesar mi odio en una elaborada carta de amor. Alejarme para no estar al alcance de nadie, porque mi locura es sagrada y no deseo que nadie me toque. Perderme en la contradicción. Perderme en un cuerpo ficticio totalmente desconocido. Perderme en la perversidad de la lengua, que tiraniza a la boca y la obliga a formar palabras insensatas. Irme lejos, muy lejos, sin importar si mi ausencia daña o golpea. Un egoísmo refinado, selectivo, caprichoso, tóxico y hermoso, que inhala y exhala a medida que esta mano va improvisando palabras en un cuaderno de espiral. Palabras para distraer mas no para calmar. El verso inspirado por lástima. El antojo foráneo. La estampida verbal que arrolla cualquier sentimiento sincero, porque el placer siempre va de primero. Confusión y melodrama. Belleza y fealdad. Ética y moral. Pura oración envenenada, que se pierde en este abismo de ideas. Rabias y alegrías que se ahogan en un coma etílico. Una amnesia inducida, mezclada con procesos de combustión y poca comida. Palabras para elevar la formación artística. Para hablar lo que todos callan. Viajero errante a la deriva, que recuerda sus defectos y problemas con la bebida. Buscando un nuevo soma para sanar la herida que no se cura en esta vida. Palabras para mi persona. El antagonista, el reservado, la caja fuerte del pecado. Lo que nadie está buscando. Una carta sin posdata, porque estas palabras, esta noche, no valen nada.

Alexander Urrieta

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“El objetivo de la vida, si es que hay alguno, es andar siempre en busca de las tentaciones. No hay suficientes: a veces paso todo un día sin toparme con ninguna. Es terrible, uno mira al futuro con ansiedad”.

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Oscar Wilde – Una mujer sin importancia

Versos de quizá

Quizás, es la palabra que nos precede

Quizás, es la sangría de mis anhelos

Quizás, es el calmante de un corazón vacante

Quizás, no es más que un pretexto para postergar eso que todavía no me atrevo a llamar mío

Quizás, en otro mundo y en otro tiempo tal vez, se pueda hablar mejor de lo nuestro

 

Quizá, nos conozcamos por accidente

Sin intermedios ni prejuicios, por mero impulso

Que en una parada, me cautive tu extraña presencia

Tu pelo negro largo y alborotado, será el nuevo boceto para mi cuaderno de poemarios

 

Quizá, no nos llevemos a la primera

Yo pedante y usted odiosa

Yo alterado en pública y usted formada en privada

Yo ando solo y usted acompañada

 

Quizá, acertemos en la segunda

Usted una artista y yo un viajero

Usted me moldea y yo le escribo

Usted me enseña artes manuales y yo le muestro indirectas textuales

 

Quizá, nos encontremos entre contiendas y debates

Que me resultes una mujer impactante, por ser distinta y estar tan distante

Que tus ideas justificadas a la derecha, choquen con mis caprichos cursivos a la izquierda

Que entre tantas diferencias, me enamore rotundamente de tu sana conciencia

 

Quizá, nos juntemos por deseo o por una ley atracción

Con tu lista de imperfecciones, me daré a la tarea  de crear elaboradas ficciones

Buscando entre torpes palabras tu mínima atención

Convirtiendo tu figura en mi nueva alocada obsesión

 

Quizá, te escriba al unísono porque sólo me inspiraría en ti

Quizá, no lleguemos a nada, o disimulemos con eficacia ante el mundo

Contrincantes de día y cómplices de noche

Fría y corrosiva de día, pero cálida y seductora por las noches

 

Quizá, el universo no apruebe nuestro trato complejo

Y me ponga por aquí, y a usted la ponga por allá

Yo tan cerca y usted tan lejos

Yo tan acá y usted tan allá

 

Quizás, este silencio es lo mejor que tengo

Quizás, es la morfina de este loquito

Quizás, aunque no pida nada, siempre sueño de a poquito

Quizás, porque no existe nada concreto

Tal vez mantenga este comentario en secreto

 

Alexander Urrieta

La encuentro y la anexo:
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Utopismo y Pesimismo

Si los políticos venezolanos han sido maestros en el vicio de la promesa, la sociedad lo ha sido en el de la espera. La constante espera califica el espíritu de una patria que vive en atención a su mito irresoluto, a su héroe incompleto, y a la expectativa de que en algún momento imprevisible, por razones inexplicables, todo alcanzará la totalidad de lo cumplido y realizado. Las soluciones puntuales e imperfectas nunca son del todo bienvenidas; detrás de ellas se despierta el anhelo de lo perfecto, lo absoluto, lo nuevo y total, a la espera del día en que “todo se arreglará”. En ese sentido, la Revolución Bolivariana no sólo constituye una promesa de renacimiento nacional, sino una constante invención de novedades y proyectos, de conformación de instituciones, propagación de leyes y decretos, creación de misiones y programas que, en sí mismos, inyectan la impresión en el espectador de una constante renovación, más allá de que no siempre lo imaginado y futurizado soporte la prueba contra fáctica.

Caben las reflexiones de Rafael Tomás Caldera (2007:39-31) acerca de la condición cultural venezolana. Un país “volcado hacia lo futuro” y “pendiente de lo porvenir” –dice– supone el descuido del presente, la atención incompleta a lo que ocurre. Una constante anticipación que lleva a “vivir en la imaginación”. Un “afán de novedades” que somete a la nación a estar pendiente de lo último, de lo reciente, y de lo foráneo. Así, “la tensión hacia el futuro se traduce en predominio del proyecto en desmedro de su ejecución… Estar siempre iniciando nuevas tareas, proyectando nuevas empresas, cambiando de rumbo, impide aquella continuidad  en el esfuerzo que conduce a resultados sólidos”. Define el autor (2007: 63 y ss.) dos polaridades venezolanas, pesimismo/utopismo y desidia/aventura, que se esconden “bajo ese mesianismo que ha sido tantas veces señalado como uno de los rasgos de nuestra manera de ser: el problema de la esperanza”. El venezolano no cree en el resultado del esfuerzo cotidiano porque carece de esperanza, y la alternancia aventura/pesimismo se presenta “como resultado necesario de ese complejo estado de espíritu que puede ser llamado espíritu utópico”.

Ha sido frecuentemente estudiada la utopía americana que vino en la visión de los españoles, como consecuencia de la esperanza de una vida mejor, y cuya tradición se remonta hasta Platón. En su investigación sobre la utopía en el mundo occidental, Maria Ramirez Ribes (2005:32) comenta que “esta visión se acerca al equívoco que Europa tuvo en relación con la visión mítica idealizada de las nuevas tierras y que tanta incidencia tendría en la construcción de la utopía y en la trayectoria latinoamericana”. La perspectiva utópica rousseauniana necesariamente dejó su impronta en el pensamiento de los primeros repúblicos, y particularmente en Bolívar.

Desde ese mito fundador de la patria quizá arrastra Venezuela una permanente noción de comenzar desde cero, de suponer que todo puede construirse de nuevo, como si nada hubiera antes, sin pensar en las sociedades, los hombres, las costumbres, los paisajes preexistentes. Para François-Xavier Guerra (2006:34), la visión dualista de la historia que se impuso en los revolucionarios del ámbito latino (franceses e hispánicos) dividió los tiempos en un Antiguo Régimen, anterior a la revolución, en el que dominaba el despotismo y la ignorancia. El inconveniente, dice Guerra, surge de “hacer de la independencia un comienzo absoluto, planteando así problemas de inteligibilidad del pasado”. No sólo eso, podríamos sugerir. Un gran inconveniente se deriva también de la pretensión de crear un mundo nuevo que redimiría todas las culpas del pasado y permanecería después como futuro siempre inasequible.

am_24Ana Teresa Torres – La Herencia de la Tribu

 

Al Sur

En un dulce recuerdo de madrugada, vuelvo al sur acompañado de aquellas grandes cosas que con el tiempo se hacen pequeñas, y se van perdiendo en un caudal de éxtasis y redención. Vuelvo al sur recorriendo diversos caminos de pecado. Después de tanta amena travesía, y besar hasta el final la inmaculada tierra con mis pasos, termino llegando a la última parada de mi largo viaje en los rincones más herméticos de tu cuerpo. Vuelvo al sur para retomar esa tan postergada clase de anatomía. Con apuntes en mano y argumentos en la punta de la lengua, voy dispuesto a esgrimir tu alma con afiladas palabras. Con un corte preciso de dicción, me sumerjo desnudo en esa profundidad tuya que con el tiempo, ha sido cotizada y bastante solicitada por mi insolente boca. Vuelvo al sur para encender de nuevo las llamas que estaban apagadas entre tanta distancia y tanto olvido. Como un pirómano inconsciente, voy decidido a deforestar con mi libido incendiario cada zona de tu selva erógena. Como un conquistador enloquecido por el calor, buscaré refugio en las orillas de tus senos. Besaré tus bordes, calmaré mi sed en manantiales, y armaré un sendero para llegar hasta tu cima, y en un abrir y cerrar de ojos, justo antes de concluir mi acto vandálico, moriré en una emboscada de flechas orgásmicas y convulsiones salvajes. Vuelvo al sur para ambientar con nuevas fragancias aquellos hermosos encuentros del ayer. Un poco de esto y un poco de aquello, una esencia de manzana y canela, que se ve alterada por el olor de las pasiones mundanas que se asoman por la ventana del recuerdo, y terminan llevando a ésta, mi alma endemoniada y solitaria, a sucumbir en un inmenso mar de delirio, mientras voy detallando con tacto, olfato, gusto y verbo, las regiones más recónditas de tu cuerpo. Vuelvo al sur para embriagarme en lo prohibido. Cruzando fronteras ilegalmente, me regocijo y hago desastre en tierras donde no tengo permitido entrar ni mirar. La sábana y la noche son mis cómplices predilectos, mientras voy jugando cínicamente con el error y el peligro. Me deleito gota a gota, con aquel eximio licor que se añeja volátilmente en tu pasmosa silueta de lujuria. Vuelvo al sur para olvidar quién soy, de dónde vengo y para dónde voy. Quitarme este disfraz de molesta cordura, para liberar a la bestia encerrada que lleva contando los días y las noches, esperando salir del cautiverio para brincarte encima y devorarte. Deleitarme con un plato exquisito y exótico, asumiendo el riesgo de que, en cualquier momento, me atragante, y muera asfixiado a causa de tus letales espinas remojadas en olvido. Vuelvo al sur para reclamar lo que no me pertenece. Tus curvas que radican en el placer. Tus miradas motivadoras y perversas. Tus preguntas que sólo se responden con cumplidos. Tus encantos y convicciones al hablar. Tu tonto temor al rechazo. Tus indirectas inconclusas. Tus labios que son la panacea de mi espera, y que en mi ausencia, son tomados por otro ser vigente, que poco te entiende y que muchas veces su presencia, poco se siente. Vuelvo al sur para renovar los buenos tratos que sólo se degustan en largos ratos. Entrelazamos los dedos, como si quisiésemos hablar con ellos. Las palabras callan por instinto, porque se ha demostrado, que entre gemidos y miradas perversas la gente mucho mejor se expresa. Ando con precaria destreza por la oscuridad buscando quimeras en tus caderas. Exhaustos, cruzamos las piernas, y vamos buscando ese calor para anular el frío patagónico acumulado en nuestros pies descalzos. El palpar se termina convirtiendo en nuestro exclusivo idioma oficial, y olvidamos por completo lo que está bien y lo que está mal. Vuelvo a la calma. Vuelvo a tu cama. Vuelvo al sur para decirte que más tarde nos vemos. Entre tanta oración maliciosa dedicada a tu intuición femenina, entre tanto escucharnos y entendernos, entre tantas ganas de volver a vernos, entre tanta contienda agradable, y entre tanta fantasía textual, el universo entero se une a mi complicidad, y por un instante, todo, en un simple recuerdo de madrugada, deja de ser igual.

Alexander Urrieta

La posdata ajena:

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Fantasías Textuales

Cómplices

Maniobras de fuga

“Las ideas pueden propagarse, no sólo por vía directa, de boca a oído, sino simplemente porque flotan en las corrientes atmosféricas que nos rodean, constituyendo, por decirlo de alguna manera, un auténtico baño de inmersión en el que se aprende sin darse cuenta”.

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José Saramago – El Viaje del Elefante