Prosa del cadalso

Un calmante. Un engaño temporal. Porque sé que todo está en la mente. La rabia se va extinguiendo a medida que voy cayendo en cuenta de que nada es real: que nada de lo que estoy viviendo es cierto. Quiero verlo de esa forma. Ya faltando tan poco, me gusta pensar que las cosas son así: A mi modo. Pero no vale la pena. La duda siempre se nos presenta en una incómoda visita.  Ahora me invade la incertidumbre. Confieso. Mi mayor temor es llegar a pensar y aceptar que hasta el Gusto es una imposición. Que la voluntad y el pensamiento alternativo sólo sean una mera construcción fabricada como técnica de defensa hacia nosotros mismos: para hacernos sentir únicos en un mundo donde ya nada tiene ni el más mísero signo de originalidad. Quisiera pensar que estas ideas son mías y sólo mías. Que este sentir de pertenencia no tenga nada que ver con un rasgo egoísta proveniente de un triste ser humano en particular. Es algo frustrante –lo admito– mirarme en los ojos de la ignominia y caer en cuenta de que no me conozco por completo, y que no llegaré tampoco a hacerlo. Toda una cuestión lamentablemente desagradable. Surge de nuevo la rabia. Surge de nuevo el dolor. En un atentado me meto el dedo índice en la boca hasta el fondo. Expulso en un acto vomitivo todo rastro de mariposas en el estómago. Con los ojos aguados contemplo el suelo y miro aquel desastre sentimental mezclado con bilis y comida. Ahora no sé si me siento mejor que antes. Busco engañar al cuerpo. Este trago de culpa que suda y deja un rastro circular en la mesa ya no tiene ninguna razón para existir. Me lo bebo para pasar el mal sabor que queda y molesta en esta boca. De nuevo disfruto un alivio momentáneo. Otro calmante por favor. Sé que llevo dos pero, es una situación que lo amerita… ustedes deben comprender. El exceso forma parte del disfrute del momento. El vicio vive, traga y se harta de nosotros. El vicio llega a ser mucho más fuerte que la voluntad, y más en esta hora macabra donde la muerte tiene su mano huesuda sobre mi hombro. Ya estando tan cerca del fin, me pongo un tanto sentimental, un tanto arisco quizá, molesto conmigo, susceptible con el mundo, despreciado por el tiempo y mi gente, que me reprocha con pretéritos y condena con petulancia. Cargo una rabia que no me deja pensar, que no me deja escribir. Tengo la mente en blanco y creo que es lo que más me causa arrechera. En intersticios de hipo y punzada tengo pensamientos rondando, pero son de esos que no motivan a nada. Pienso en las cosas que son y no son. En las cosas que pude llegar a hacer mejor. En lo que tengo: nada concreto. Aparecen esos incómodos dilemas existenciales, donde caigo en cuenta de que estoy más solo que nunca: enclaustrado en un inmenso cuarto de olvido abarrotado de multitud y odio. Pienso en otra cosa, para no lastimarme por completo. Paciencia en tres puntos suspensivos… Todo lo que sirva para distraer al cuerpo estará permitido. Otro calmante, qué bueno, nadie me reprocha el tercero. Muchas gracias. Debo admitir que estoy empezando a sentirme mejor. Los efectos de este soma terminal me alivian el alma: me nublan la mirada: me duermen las piernas. Ya dejé de estar vivo, pero aún sigo despierto. Me aproximo al cadalso y en una ráfaga de pensamiento asumo esta cruda realidad. Me niego a escribir. Me niego a ser capricho esporádico. Me niego a jugar con estos dados. Me niego a confesar mi pena. Me niego a llorar la ausencia. Me niego a fumar. Me niego a reír. Me niego a tomar. Me niego a dedicar poemas. Me niego a otro soliloquio frente al espejo. Me niego a escoger un bando. Me niego a todo. Me niego y me entrego al vicio: a mi dios a mi juicio, al mundo entero. Me niego y me encierro, en mi cárcel espero, solo, con mi sombra, si acaso la puedo considerar compañía todavía. Me niego y regreso de nuevo: al caos al oprobio, al sadismo de este público, que me observa desnudo en estas tablas y es testigo de mi futura condena. Una soga al cuello se prepara para quitarme el aire. Y en medio de gritos de culpa, insultos, maldiciones y plañideros lamentos, caigo al vacío, y estrangulo la última oración que me queda con estos fatídicos puntos suspensivos…………………….

                                                                                   exponiendo sin modales mis ojos rojos infernales……… mi lengua morada………………………

                                             y doy por concluido el acto…………………donde me entregué sin reservas, al abrazo constrictor de la muerte.

Alexander Urrieta

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Soliloquio del kamikaze

Inventario del veintitrés

Al Sur

Nuevas Ideas

Anónimas 

Botellas

Despedida en la casa de Libra

Botellas

Querida brisa caribeña, hoy andas complaciente conmigo. Aciertas en todo, y me gusta mucho con qué facilidad detectas el vacío que esta compañía a mi lado jamás encuentra ni llena. Espuma de mar, tú sí que sabes llenar con pureza y habilidad. Atardecer colosal, con tu brillo solar si que sabes calmar a este demonio citadino, no como esta amante incierta que se asoma de vez en cuando; no como esta botella medio vacía incrustada en la arena; no como esos asuntos egoístas que surgen y se acumulan día tras día; no como esos caprichos formados en cuidad. Tú eres distinta. Siempre estás ahí, y jamás lo reprochas al mundo. Tu dulzura se propaga por todos lados. Eso lo sabes muy bien. No puedo explicar exactamente cómo me siento. No sé si es el hambre o el trasnocho. No sé si es la bebida que genera este estado mío tan susceptible. No sé si es la inmensidad de la playa que me dopa y me pone en un estado risueño, con mi cuerpo desnudo sobre la arena, sin nada de trapo molesto encima, manteniendo el vuelo alto con pensamientos sabrosos y amenos. Pienso, y en un susurro de piedras me pones la piel de gallina. Pienso otro poco más e intento recrearte. Cómo plasmo tus curvas en un verso; cómo te doy el encuentro en medio de este mar y cielo; cómo alargar un beso en estas orillas; cómo logro tener tu cuerpo entero; cómo logro zafarme de este caos interno provocado por tus tormentos. Vamos a ver. Voy a hacer el intento. En soledad escribo y no me detengo. Lo admito. A mí me gusta escucharte. No sé si se deba a una cuestión de acento, química o dialéctica, o porque siento que estas ahí para mí, trayendo contigo algo exclusivo que en un breve espacio de tiempo lo puedo considerar tuyo y mío, aunque, claro está, que el Nosotros jamás es un tema de conversación. Te imagino de muchas formas, me das el chance de ser creativo contigo y conmigo. Te dibujo en mis pensamientos como quiera, a pesar de que veces te siento caprichosa y temerosa pero, qué importa, así aprendo a quererte, más por defectos que por virtudes, porque es en los días malos querida mía, donde debo saber cómo darte cariño. De qué sirve tanta perfección en esta vida. Para mi eres divina tal y como eres, y digo divina porque eres algo único, exclusivo. Cómo con tanta distancia puedes sacudir mi universo caraqueño. Supongo que es tu palabra. Es por eso, debe ser tu boca. Sí. Porque así es como has atrapado a este bicho hombre: con hilos de ideas provenientes de tan lejos. No es que sea presa fácil pero, debo admitir que usted sabe cómo hechizar y encantar a este loco viajero. Ahora no sé si estoy delirando. Todo se intensifica. Este sabor de cerveza que cargo en mi boca. Este olor a cigarrillo impregnado en mis dedos. Este pensamiento rimbombante de tenerte en mis brazos. Esta impotencia desquiciada de saber que no vamos a ningún lado. Ese placer ilusorio de sentir tu frío de hielo mezclándose en mi saliva. Esta sensación de vértigo en cada proceso de combustión. Creo que la bebida está haciendo efecto, y te escribo sin remordimiento, confesando mi estado de náufrago, de lobo marino solitario, que en medio de estas botellas danzantes y bamboleantes pide perdón, arrastrándose en la arena.

Alexander Urrieta

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Sigue las huellas de las ficciones

Aniversario

La pereza me enerva el cuerpo

Las palabras no quieren andar conmigo

Los deseos se juntan en un rincón

Los días se retrasan y se pierde la noción del tiempo

El recuerdo se delata con su olor a quemado

Abrazos sinceros, mirada justa, mundo descomunal y perverso

Es esta realidad la que este bicho no disfruta, porque no le gusta

Grito, me callo, grito de nuevo y me elevo

Vamos a ver si con este verso me

acerco un poquito más a tus piernas, a tus cielos

A tus fantasías no cumplidas

Al cobro incesante de la brevedad

Al tiempo exclusivo, mirífico, espectacular,

de tu mirada que me gusta, llena de brillo solar

A esta anécdota de dos espíritus sin dueño

Te escribo sin temor ni recelo

Plasmando en tu memoria infinitos detalles

Dejando manifiestos y maniobras en hoja, papel escrito

Llenando tu Universo con fantasías no cumplidas

Recreando escenarios

De dragones escupiendo fuego

De duendes encerrados en frascos

De parodias bíblicas

De gigantes con espirales tatuados

De leer Margarita de Rubén Darío

De leer cuentos en la llanura de unas sábanas

De batallas medievales en el patio

De bebidas efervescentes que alivian el estómago

Declamando poesía, en un sala con mucha gente, con invitados comida y bebida

Con poca gente, sólo nosotros, en nuestra ciudad amurallada

Una parranda de formas de pensamiento

El historial de los posesivos

Mi atuendo morado, de señor de los milagros

Mi disfraz de Hércules muy de moda por esos años

Mis enciclopedias humanistas

Mi canción de José Alfredo Jiménez

Mi colección de estampitas

Mi caja de soldaditos, vaqueros, indios y guerreros de plástico

Mi Infancia

Mi infancia contigo

Olor a perfume y naftalina, tu cuarto, tu ropa, tu alma

La inmensidad de un globo de fiesta

La simetría de Jesús Soto

La mujer gallina de Chagall

Los pasos perdidos, que aún no he leído

El demonio que tengo cautivo en mi closet

Mi cuadro de mujeres pintadas por música

Mi sombrero robado

Mi ventilador recogiendo polvo

La mariposa que vino metida en una carta

Pastillas para el corazón

Cuatro paredes para pulir mi caparazón

Revista mensual amarilla

Viajes a tierras exóticas

Universos paralelos

Mi caja de recuerdos con cartas de la madre del padre de la abuela

Cartas a la abuela

Abuela, que tanta falta a este pobre hombre le hace.

Alexander Urrieta

Soliloquio del kamikaze

Debo tener las ideas claras. Apuntar en la dirección correcta. Enfocarme en mi labor anónima. En mi batalla subrepticia. Ninguna clase de distracciones. Dejar de tener miedo a largo plazo. Dejar de temerle a la hoja, dejarme llevar por el instinto. Convencerme por encima de todas las cosas que yo tengo un destino distinto. Debo planificar mis planes de vuelo. Trazar coordenadas para adentrarme sin remordimientos en este horizonte de promesas, de futuro glorioso, pero incierto. Debo ser impulso y materia. Que las circunstancias dicten mis palabras, y que la convicción justifique mis actos. Que la brevedad del momento sea la que marque el veredicto final. Convertirme en un ente corrosivo, de acción y táctica, rebeldía y muerte. Ser pieza tocada y movida. Ser kamikaze. Servidor irracional. Mero peón en este macabro juego de palabras, donde no me puedo dar el lujo de retroceder. Mirar para atrás está prohibido. Concéntrate. Hay que estar a la par con el conflicto bélico de la mente. Es una lucha constante. Llevar el ritmo de lo que se piensa y se dice, de lo que se calla, y de todo lo que se dice una vez y nunca más. Acto sublime del habla, que nos condena a crear las más inusitadas formas de expresión. Que cada oración diga precisamente lo que pienso, aunque esto resulte complicado. No siempre se puede decir exactamente lo que se piensa, no porque no se quiera, sino porque no han llegado las palabras adecuadas que le den forma y vida a la nueva idea. Palabras a la espera de ser encontradas. Palabras escondidas entre páginas de libros viejos, cuadernos rotos, rayones de servilleta, apuntes incompletos, alguna que otra carta suicida extraviada, como ésta, que jamás será leída ni pronunciada por la boca de mi heroína literaria. La que alborota todo pero nunca calma nada. Sentimiento de lejanía, no encontrarse en ningún lado. Sentimiento de culpa, por carecer de resguardo y sitio. Incertidumbre total, por no saber si a través de este acto suicida alcance mi verdadera redención. Desolación, invocada por mi razón, como último intento desesperado de convencerme a no entregarme a los caprichos insanos de mi corazón, de mi obsesión monomaníaca. Pensar que mi locura es resultado de endémicos abusos y excesos, no justifica por completo el sentir de estas palabras que salen de mi boca, tan insensata, tan osada, tan ilusa, tan torpe y confundida. Que la soledad es un síntoma muy de moda en estos tiempos, que sobra y molesta tanto hasta llegar al punto de darme razones válidas para querer volar en mil pedazos, y alcanzar en ese más allá, ese hermoso estado de plenitud, ese clímax de placer, de satisfacción pura, de sentir por lo menos que una vez en la vida, en un atentado individual al mundo logré alterar, así sea por un instante, el equilibrio natural de todas las cosas. La muerte es nuestro único escape de esta cárcel llamada Vida. Porque no es miedo a morir, sino el no poder revivir por culpa del olvido. Un tipo de olvido que al intentar descifrarlo genera nuevas incógnitas, que a la larga nos transforma en criaturas solitarias, que emanan contradicción y escepticismo, y en un silencio soberbio y escandaloso, gritan Auxilio y piden misericordia a los cielos. El peso de los años no me sirve como pretexto para quedarme tranquilo. Debo decir lo que pienso. Debo decir lo que siento, y resumir todo el asunto al mero hecho. El miedo al fracaso no debe presentarse como excusa, jamás. Ya en un estado catatónico, sin arrepentimientos arranca la  cuenta regresiva y espero que la locura me domine por completo, para ejecutar sin miedo mi maniobra explosiva. En un breve estallido se ilumina y queda reducido todo a puro escombro y descuartizada oración. Las ideas se esparcen por el aire y entre aleteos se van desvaneciendo, dejando como único efímero rastro de existencia, sólo lo poco que se pudo recordar y que luego de tantas divagaciones y tribulaciones internas, se logró escribir.

Alexander Urrieta

Ecólogo de día feriado

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Todo estará permitido

Despedida en la casa de Libra

Inventarío del veintitrés

La noche del loco 

La resaca

Ya no sé si seguir escribiéndote. Me resulta absurdo ponerme a narrar sobre lo poco que conozco. Estoy convencido que escribir es un arte donde el ejecutante trabaja buscando dentro de sí mismo: alimentándose de sus propias entrañas, de sus recuerdos, transformando la materia prima de su pensamiento. Refinando ideas y plasmándola en palabra escrita. El producto final es llegar a ser entendido. Dejar bien claro lo que tienes en mente. Pero, qué sucede cuando ya no tengo nada que decir, o para ser más preciso, nada que decirte. Resulta que la franqueza me sobra. Ya ni el recuerdo ameno me basta para escribirte un verso. Que el descuido tuyo quizá sea el beneficio de otras. Que estar contigo no resulte tan divertido como pensaba en un principio. Debe ser por falta de interés, poca certeza de las cosas, deseos de alejarme del mundo, lo que ya no me motiva a escribir contigo. Porque ya ni te sueño, y es algo que me resulta lamentable. Que mis alas contigo sólo sirvan de adorno en tu vitrina de caprichos no quiere decir que no las use recorriendo otros mundos, otros tiempos, otros súcubos. Cada quien vuela con quien lo quiere a uno. Difícil, innecesario, y algo idiota quedarse en el letargo. A la espera de volar con quien se quiere, uno corre el riesgo de quedarse atrapado en la tierra, echando raíces de pura necia ilusión. A veces no se le pueden dar tantos lujos a ciertos amores, y más si el lujo depende de garantías ilusorias: de promesas inciertas.

Alexander Urrieta

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Moneda del recíproco

La cuestión es bastante simple. La clave está en no pensar mucho las cosas. Soñarla un poco. Disfrutar el momento. Lidiar con la punzada inducida. Hacerse el loco. Pasar por alto las palabras pronunciadas por el imprudente impulso. Dejarse llevar por el tonto que llevamos dentro. No perder el tiempo contando lo que se hizo. No divagar en lo que ya se dijo. Porque nunca se sabe cuándo una palabra mal colocada puede arruinar el más esperado de los encuentros. La expectativa se puede devaluar tanto, que le abre las puertas a la épica del desencanto. El aburrimiento paulatino. El cansancio de la compañía. El silencio incómodo. La matanza rotunda del deseo. El nacimiento de la duda. Una duda que golpea como resaca después de haber estado tan ebrio dentro de un par de ojos flameantes de cariño melindroso. Mirada que se apaga con el más banal de los comentarios. Qué daño tan irracional se le puede dar al cuerpo: ser sumiso voluntario de la incertidumbre, de las oraciones dichas y escuchadas. De las ideas pronunciadas y quizá no pensadas, pero provenientes del alma. Sin duda sinceras. En un pequeño sorbo de emociones, probar que existes, porque sientes dolor y dicha por lo que haces y lo que eres ahorita, y no sentir vergüenza por aceptarlo, después de haber dado tanto y haber recibido tan poco. Qué importa. Hermoso sentimiento de la duda que enerva y eleva, que nos comprueba que la locura y el querer no tienen limitaciones. Son impulsos que nacen y se hacen. Nadie puede exigir nada a cambio, pues sería el colmo del egoísmo. Qué importa si no te pagan con la misma moneda del recíproco. Difícil nos resulta asimilar este sistema cambiario. Si pagas con mucho querer, no esperes con ilusiones el vuelto. Querer es un asunto de dar, no de esperar. Quien diga que el amor debe ser justiciero y equilibrado está completamente equivocado, o quizá nunca se ha enamorado. O quizá, el caso radique en que yo no sea correspondido, y sea yo, el único que está confundido, solo, y completamente equivocado. Ciego, indudablemente. Jodido, quién lo niega.

Alexander Urrieta

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Despedida en la casa de Libra

Tenía que cometer semejante acto. Era la única forma de ayudarla, de la peor manera, de la mejor manera. El detonante para acabar todo lo que se quiso pero que nunca se empezó. Sin fecha de despedida, ni una mínima certeza de reencuentro. Así me tengo que ir, sin molestas explicaciones, así me resulte inevitable pensar en ella como algo que se terminó, un curioso cuento que se acabó. Porque ahora le escribo a la nada. Un adiós al vacío. Una carta de defunción. La indirecta que jamás llegará a la boca. La única alternativa para perpetuarme en su recuerdo. Porque lo nuestro siempre fue una cuestión de palabras, pura fantasía textual, nada más que eso. Porque no volveré a buscarla ni en los versos de un cadáver. La convertiré en una fábula, y la esconderé entre las páginas de un libro de poemarios, para siempre. La pondré en ese asunto pendiente que con el tiempo iré olvidando. Con recelo se quedará en una que otra página escrita, bajo su alias Anónima. La voy a conservar en una interpretación zodiacal, cargada de ego pero también de miedos, de predicciones e incertidumbres, de estados de ánimo, de expectativas amorosas y laborales; esperanzas de vida, por sueños no cumplidos todavía. No me extrañará la nostalgia por aquellos juegos de preguntas, con el súcubo que me hacía delirar mientras me hablada al oído. Una atracción formada de ideas, moldeada con la lengua, cada quien con su particular talento y acento, creando oraciones adecuadas siempre para el momento. Se quedará como el libro que nunca terminaré de leer. La historia que me quedaré con ganas de conocer. Por ausente la quise tanto. Por ser corrosivo a partir de hoy asumo todo, y le digo adiós porque hasta luego sería mentirnos a los dos. La deseo encontrando refugio y calma en sus metas y estrellas. Como admirador secreto le mandaré agradecimientos subrepticios. La voy a pensar en gustos encontrados y jamás lo sabrá. Le dejaré de escribir con el pasar de los años y jamás lo sabrá. Será mi anécdota insólita, exclusiva y curiosa, que relataré con confianza entre botellas y comentarios prohibidos y nunca, jamás, lo sabrá.

Alexander Urrieta

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Entre una cosa y la otra

Anónimas 

Versos de quizá

Al Sur

Inventario del veintitrés

«Vuelvo al Sur,

como se vuelve siempre al amor,

vuelvo a vos,

con mi deseo, con mi temor».

Te quiero porque me llenas de tanto. Te quiero por un no sé qué escondido en la destreza de tus labios. Te quiero porque te pienso en sonrisa sostenida. Te quiero porque eres constelación de alegría y fantasía. Te quiero en un silencio que hace ruido. Te quiero por ese asunto llamado Nosotros. Te quiero por tus curvas que me vuelven loco. Te quiero porque eres franca. Te quiero porque en tu mirada encuentro más que calma. Te quiero por ser chica perversa, eres perfecta,  me encanta la forma como besas. Te quiero porque eres creativa, compleja e interesante, fascinante como una lírica de Dante. Te quiero porque estas llena de espíritu, porque eres desertora y salvaje. La niña del vestido morado, de la cual yo me he enamorado. Te quiero porque eres distraída, y a pesar de eso, jamás olvidas volver a la vida. Te quiero porque te expresas en teoría y solfeo. Te quiero por tu forma de besar y tocar, tan precisa, tan adictiva. Te quiero por lo distinta que eres. Te Quiero porque eres Libre, porque ahora vuelas y nada te lo impide. Te quiero por tanta hermosura. Te quiero porque me has reservado un pequeño rincón en tus alturas, en el cielo de tu cuerpo, el hermético paraíso de tu recuerdo. Te quiero guapa. Te quiero porque ningún detalle se te escapa. Te quiero Artista. Te quiero bailando en tablas. Te quiero volando en telas. Te quiero porque me das más de una razón para escribirte desde mi coraza, desde mi corazón. Te quiero porque vuelves mi realidad un ameno sueño. Te quiero porque me haces creer que soy tu único dueño. Te quiero por las mariposas en el estómago, y en las cartas también. Te quiero por tu cariño dulce miel. Te quiero por tus palabras que me erizan la piel. Te quiero por encima de ciertas cosas, te adoro porque eres una mujer preciosa. Te quiero por tu mirífica esencia que me salva de una y mil condenas. Te quiero porque tu bella presencia me dice, que todo esto vale la pena. Me gustas. Mi querer, si es más o si es menos no lo sé, sólo sé que te quiero de una forma distinta. Y aunque no lleguemos a nada, seguiremos siendo poesía de vez en cuando. Y aunque no lleguemos a nada, seguiré escribiendo prosa inconscientemente, porque estaré pensando en usted constantemente. Serás mi cómplice a tiempo completo, y entre ficciones dejaré mi marca de dicción, para que sepas que mi atracción por usted es una cuestión de convicción. Te escribo porque quiero pretextos para mantenerme en tu recuerdo. Te escribo porque eres prioridad en la más amplia acepción de la palabra. Te escribo porque me gusta que me leas y te muerdas los labios, disfruto que mis ideas descansen en tu boca, y se revuelquen con locura con tu lengua. Te escribo porque quiero desatar tu sonrisa a larga distancia. No pido más. Te escribo porque tu nombre rima y se conserva en estas páginas todavía. Te escribo para que me invoques un día. Te escribo para que sepas que te has convertido en mi sobredosis diaria… de éxtasis y poesía.

Alexander Urrieta

“Ahora yo no sé si vas a poder leer esta carta, pero igual siento como una necesidad de decirte que yo contigo he sido más feliz de lo que en los libros dice que se puede”.

La canción de Nosotros

La última por ahora

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Una pereza que se expresa

Maniobras de fuga

Notas para seducir

La noche del loco

Cómplices

Eres un romance a fuego lento. Disfruto tanto perderme en tu juego, y creo que es por eso que te tengo tanto miedo. Tu presencia es la única responsable de mi cautiverio. Me aterra el  hecho de que estés tan cerca, y escuches con claridad mi taquicardia delatora. Tengo primera fila en el espectáculo de tus labios, tan cotizados y tan deseados. Ahora que te tengo conmigo, quiero volverme un ser más persuasivo y creativo. No quiero quedarme inmóvil. Quiero alcanzarte. Quiero hacer trazos de malicia con mis dedos en tu piel. En mi papel de astrónomo, quiero ir anotando coordenadas en tu blanco universo. Con líneas imaginarias unir pecas y lunares, armando constelaciones por las extensiones de tu cuerpo mágico y desconocido. Tus curvas seductoras, que empiezan en tu sonrisa, y terminan en el principio perfecto de tus piernas. Quiero que me ataques con letales besos, mientras yo intento hechizarte a punta de verso. Dulce risa. Quítame el aliento con un sonido. Hipnotiza con amena belleza. Atrapa mi atención con espirales y colores. Muérdete el labio, para alucinar con las intenciones. Se niña engreída por las tardes, y conviértete en mi cómplice por las noches. Se mi dosis de euforia. Estoy rendido a tus pies. Vamos a pensarnos y a soñarnos. Quiero esculpir tu forma en mi paladar. Quiero detallar tu nombre. Quiero refugiarme en tu pecho. Quiéreme. Llévame la contraria. Para eso estábamos, y para eso nos encontramos. Vamos a burlarnos del tiempo, vayámonos muy lejos, donde el olvido no nos encuentre. Seamos prófugos del destino. Comparto la calma contigo, porque quiero que te quedes conmigo. Escapemos.

Alexander Urrieta

La posdata que habla por mi

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Notas para seducir

 

(Limpio que se fue a borrador)

 

Debo admitir que conocerla ha sido una experiencia inusitada, que con el tiempo me ha motivado a prestarle más atención. Tener ojos para el mundo, pero por encima de todo, tener una mirada más detallada con usted. Tener deseos de entenderte, ha sido la mejor manera de aprender a quererte. Palabras osadas para expresar una admiración particular. Un cariño. Otra forma de decir Me gustas, Me atraes. Palabras que nacen por impulso, y que no se pueden decir en oraciones tan simples. Cada quien tiene su forma de decirlo, ésta, supongo yo, es mi forma de hacerlo. Sin anestesias pero siempre cuidadoso. Algo extenso pero sin duda breve. Bastante directo para resaltar la curiosa franqueza que nace de mí, pero que es inspirada por ti.

 

(De una orfandad, se pasa a tenerlo todo)

 

Sabes algo, me gusta ese asunto llamado Nosotros. Tan mezquino y tan exclusivo. Tan misterioso y provocativo. Parece todo y aparenta nada. Es conmigo y frecuenta a veces contigo. Es absurdo y carente de sentido. Es hermoso y significa tanto para mí. Que frecuentes en mis pensamientos es algo que me basta y me sobra para hacer estudios completos de tu cuerpo. Observo y aprendo, y me doy cuenta de que no estas disponible para cualquier hombre simple y cuerdo.

 

(Tomo unas notas sin que te des cuenta)

 

I

 

Usted con destreza va trepando hacia los cielos, buscando la felicidad que no encuentra en esta tierra, mientras yo, en mi complejo de Ícaro intento volar improvisando un par de alas armadas con burdas palabras. Te intento alcanzar, y cuando casi lo logro, me vengo en picada.

 

II

 

Usted estudia la vida con pasión y tonos verdes. Yo vivo encaramado en ramas mientras me embriago con bebidas grisáceas. Cuando estoy de día, usted anda de noche. Nuestra unión es un caos que se pierde en un eclipse inevitable, que se pierde en el deseo, que se pierde en la disyuntiva de querer robarte un beso, o dejar que en una mirada me arrebates el alma.

 

III

 

Usted se expresa con fluidez en sinfonía y solfeo, yo hago un intento por hablar en prosa y verso. Yo soy el viajero errante y usted es la artista indomable. Yo soy veneno agradable, pero usted es la panacea de esta espera tan agradable.

 

IV

Una como el resto, no le sirve a este desertor de realidades. Él desea a la que no se calla, la que nunca falla. Aquella que detrás se sus ropajes, esconde con astucia su espíritu salvaje. La que discretamente con miradas empalaga el alma y endulza hasta matarte. La que navega por los aires con cuerdas coloridas, y anda en búsqueda de promesas ya cumplidas. La que danza con la vida, y engaña con astucia las propuestas de la muerte. Es usted, niña de tela, la que yo quiero.

Alexander Urrieta

 

Una posdata que me gusta:

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