Fin de semestre

En este país nadie respeta el tiempo de los demás. Ya terminando el semestre caigo en cuenta de que nuestra energía se concentra en aprobar y buscar el visto bueno del maestro inquisidor, que a su vez pretende exigir algo que nunca le ha dado a sus alumnos; y esta relación es mutua y nociva; aprender es un hecho circunstancial de todo este régimen desquiciado que se hace llamar Educación Superior. Pensé que ese trauma se había quedado en el colegio, pero ahora veo que lo que se aprende en la cuna jamás se vomita. A falta de guía y pasión no tiene ningún sentido estudiar por convicción. Saturar no es enseñar, por eso ciertos trabajos finales resultan un dolor de cabeza y una pérdida de tiempo; lo único que queda es la presión de cumplir asignaturas, y en el fondo de la olla el sadismo de nuestro sistema educativo: que no sirve para absolutamente nada. La universidad no ha hecho otra cosa que producir piezas desechables, ¿alguien se ha preguntado alguna vez, si se considera un ser irremplazable? Bajo estos términos decadentes tenemos que abrir más espacio a las dudas. No podemos ser la medida de todas las cosas, ni mucho menos tapar el sol con un dedo.

La Universidad Central de Venezuela se ha convertido en un gran barco pirata. Un espacio de tránsito donde parece que el último fin es conseguir un papel que nos de legitimidad en la calle. El título parece que es lo único que vale, ya no importan las personas. Me entristece saber que la mediocridad gobierna de forma déspota en todos los rincones del país. Meter el dedo en la llaga también me condena al destierro, y sin duda a la desaprobación de mis semejantes, pero no me importa, pues he aprendido a expresar ciertas molestias mucho mejor que algunos de ellos. Por primera vez me jacto de mi arrechera.

Todo desmotiva, puesto que resulta difícil asumir que el respeto también se ha perdido. Que no nos extrañe ver tantos egresados acéfalos, la mugre que producen las pisadas de la fiesta en el Aula Magna también amerita ser probada, y cuestionada. Ante esta situación tan preocupante, me pregunto qué queda para nosotros, meros bachilleres a mitad de una carrera marginada, porque nuestra cultura meritocrática nos ha forzado a estudiar carreras que eleven nuestro estatus económico, ya que es preferible evitar todo aquello que despierte desencanto, o bombee mayor cantidad de sangre al cerebro. Eso justifica el país que tenemos (?). La formación de sociólogo me ha llevado a caminos oscuros pero esclarecedores, no obstante temo que esta condición que padezco sea irreversible. Saturar no es enseñar, es algo que he aprendido de mis maestros, al menos de los que se toman enserio su oficio. He aprendido tanto de los buenos como de los malos, sobre todo de los nefastos, pues son el vivo ejemplo de lo que reina en este país próspero de grandes riquezas y mujeres hermosas…pónganme de nuevo la cancioncita de Venezuela mientras me seco las lágrimas, porque ahora hasta el mínimo grado de lucidez parece un chiste.

Por lo menos en mi escuela hay mucha gente que sobra; la idiotez cuando se vuelve una moda, no hay elecciones partidistas que valgan, ella siempre estará allí. Igual esta prestigiosa casa de estudio ahora se encuentra cómoda y golosa bajo una buena sombra: administrada por charlatanes de cuarta y payasos de quinta. Y esta desidia es contagiosa, ahora más que nunca tenemos que estar atentos al destilado del «Cambio/Revolucionario». Se critica el deterioro de la institución, pero nadie cuestiona el proceso embrutecedor en el que estamos sumergidos gracias a ella. Porque ahora pensar distinto parece un lujo que nos margina y nos distancia de la multitud: desagradable motor de los cambios. Es fácil sentirse cómodo en un país artificial donde reciclar ideas gastadas es la única forma de ser aceptado: soñar con la democracia petulante de los viejos dinosaurios, o el rancio socialismo del siglo XXI, que ya nadie sabe hacia dónde nos está llevando. Vivo ejemplo lo siento en mi casa de estudio, donde los líderes estudiantiles ejercen gestiones para el deleite de sus prosélitos; igual siempre podemos escoger un bando contrario, que en su ilusión de ejercer política, nos hace sentir propietarios de la verdad. Y al final el estudio sólo es un burdo oficio en segundo plano, que poco a poco iremos olvidando, cuando las ínfulas de doctor y licenciado nos hagan creer que estamos listos para comernos el mundo.

Disculpen esta descarga sin filtro pero… qué pegadera de huevo ha sido este semestre. En solidaridad con mis colegas irremplazables que todavía siguen oponiendo resistencia, ofrezco estas palabras. Sine ira, et studio.

Alexander Urrieta Solano

Intelecto Polarizado

(El país es cómo lo vemos nosotros: una punta roma para intelectuales opositores)

En la Venezuela Polarizada de hoy… Estamos ante el típico intelectual que usa la política para hacer comedia y no la comedia para hacer política, como creo debería ser (?). Estamos ante el típico intelectual que profesa sus más profundos resentimientos (e inclinaciones políticas) frente a un público adulador, que responde al unísono: «sabias reflexiones…pero qué hombre tan honesto e inteligente» «Un verdadero venezolano» «Habla desde la pura verdad». Estamos ante el típico intelectual, que usa su poder de difusión para reproducir y legitimar lo que tanto critica…En la medida que despotrica se va convirtiendo en lo que más odia; pero estos artífices del saber y del humor, a lo mejor se escudan en la idea de que «todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros»; si lo vemos de este modo, entonces sus ideas son completamente válidas e irrisorias, pero entonces me pregunto si desde el podio donde los venezolanos tienen montado a estos hombres de méritos y fama, acaso recuerdan de dónde vienen, o se pregunta de vez cuando quiénes son. El endiosamiento de su pueblo los obliga a ser perfectos hasta en días de pedantería.

El típico intelectual, con el rasgo divino que caracteriza a toda celebridad, tiene la potestad, e incluso hasta el lujo, de crear sus propias matrices de opinión, tener la capacidad de manipular a los demás: de convencer en la medida que produce empatía, y decir con sus propias palabras cómo nos sentimos todos, porque esa es otra, la autoridad puede generalizarlo todo, pues sus palabras son absolutas; tal es el caso de un hombre con poder, que logra sin ningún inconveniente, establecer una barrera clara entre lo que Somos nosotros y lo que desgraciadamente son Ellos (a modo de chiste, claro): mientras no seamos como Ellos estamos bien. Hombres osados, pero convencidos de su verdad ¿Cuál es la intención de estos preclaros venezolanos, que en entrevistas de radio y presentaciones multitudinarias hablan de ciudadanía, ilustración, ética, orden y progreso, mientras usan la palabra cultura a su favor, de la manera más banal posible? ¿Un complejo colonial inusitado? ¿Auspician sin saber la polarización y la idiotez colectiva? ¿Acaso buscan elevar su rating en la medida que anulan la conciencia crítica, porque detestan que alguien venga y les recuerde lo poco que saben y lo mucho que ignoran? ¿Qué tipo de ideas transformadoras invaden a estos hombres tan inteligentes y respetados, que hablan de tiranía y libertad de expresión desde una cuenta de twitter o una plaza repleta de borregos desesperados por cambiar? ¿Será que cuando uno transciende y se acomoda en la memoria de un pueblo nos podemos dar el lujo de ser demagogos, e incluso hasta estúpidos, porque al final lo que buscamos es hacer reír a los demás? (el pueblo no necesita pensar, pues para algo tiene a sus preclaros), seguro que con todo lo que han aprendido les basta para seguir siendo autoridades en este país mediocre, donde al parecer cualquier criatura de Dios puede ser lo que sea…lo importante es tener un bando y defender la “libertad”, ¿de culto o pensamiento?

¡Mírennos, somos un pueblo ignorante dispuesto a Cambiar!

¡Trabajemos con los mismos puntos de vista para preservar, pues el futuro está en el pasado!

¡Les vamos a demostrar que con un montón de lo mismo marcaremos la diferencia!

Pienso que un buen comediante (intelectual) es aquel que critica en la medida que nos pone a todos en ridículo, porque a veces entramos en cuestionamiento más por la risa que por la reflexión, y más en este país «alegre y bonchón» donde al parecer la introspección no sirve para absolutamente nada, porque es más sencillo echarnos la culpa y decir que somos un pueblo mestizo. Este país está lleno de intelectuales petulantes y faranduleros, que hablan de unión y progreso pero sólo para aquellos que den visto bueno a sus comentarios, sin importar lo nocivo y nefasto de sus discursos; no importa si se siembra odio, o si se exalta un rimbombante endorracismo imperial, al final todo es comedia, y se supone que nos tenemos que reír todos (?). Si estos señores son la máxima referencia del sano intelecto y meritocracia adquirida entonces, ¿qué se supone que somos nosotros? Cualquier vaina, dirán ellos, cualquier cosa, diremos nosotros. Son mis palabras en contra de los hombres más inteligentes de Venezuela, de los tipos con títulos y doctorados, que comentan desde un programa radial mañanero que el problema de este pueblo “es la cultura del venezolano”, “que no somos como los demás”. Una sabiduría domesticada al servicio de los intereses del sistema, no existe un mínimo esfuerzo por ver el mundo de otro modo. Los problemas radican quizá en nuestra manera de compararnos con el resto del mundo, ¿todavía hay necesidad de legitimar el discurso del Desarrollo, o el nefasto caso del Tercer mundo, o la incómoda viveza criolla? ¿Vivimos en el país más ambiguo del mundo? ¿Aquí hubo edad media? Lo aterrador de todo este asunto, es que hasta los saberes y formas de ver el mundo son impuestos; y digamos que la visión “normal” de las cosas resulta ser siempre la forma más escueta y tonta de las miles que existen. El mérito se gana, pero gran parte del tiempo se paga, por ahí vemos la estafa del sistema educativo. Supongo que la meritocracia descarta cualquier opinión válida proveniente del anonimato virtual ¿Quién soy yo para hablar tanta paja?

Gracias, intelectuales polarizados, deberían existir más hombres como ustedes, tan claros y lúcidos de su contexto actual…tan claros de su papel en la historia. Por personas como ustedes sé, que el país va por el buen camino, y que nunca nada de esto va a cambiar; la prueba está en los comentarios de la gente que aprueba y comparte cada creación de su autoría, deben sentirse inmortales e incluso hasta inmaculados; mientras la gente siga pagando y adorando, no tienen por qué re-plantearse nada, salvo algo para el crecimiento personal; comprendan intelectuales polarizados que la diferencia forma parte de un todo, y sin embargo, ustedes han convertido la otredad en un chiste exclusivo y destructivo, un argumento no-válido para el porvenir, un ejemplo de lo que no debe ser ni hacerse. «La voz del pueblo, es la voz del cielo». El primer paso para poner en ridículo a los demás, es ponernos en ridículo a nosotros mismos.

Alexander Urrieta Solano

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¡Cuidado con la Fridamanía!

Por Jessica Morón 

Fiel a la doctrina marxista, miembro del Partido Comunista, y enemiga número uno de las sociedades capitalistas, Frida Kahlo jamás hubiera imaginado convertirse en un producto comercial. A seis décadas de su muerte, mentes mercantilistas han transformado su imagen en un objeto del culto y espectáculo.

Aquel que no reconozca la genialidad de su pintura autobiográfica está destinado a congraciarse con sus intentos inagotables en la lucha contra la adversidad. Quizás porque la existencia del hombre acaba por restarle valor a sus conquistas y atesora las dificultades superadas en el camino. Y en el caso de Frida, haberse sometido a 33 operaciones, soportado la infidelidad de Diego Rivera quien la engañó con su hermana Cristina; resignarse a ser una mujer estéril, aceptar su incapacidad motriz derivada de la polio… “Todos estos aspectos despiertan y trastocan la sensibilidad del ser humano. Cada uno fue aprovechado y publicitado de tal manera que Kahlo se posicionó  en la sociedad moderna como un personaje cercano. De allí no resulta extraño ver su rostro, frases y pinturas estampadas, sobre todo tipo de accesorios”, comenta el profesor y crítico de arte Gabino Matos para referirse al fenómeno de la Fridamanía que se desató en la época de los 90.

Diez años más tarde, la oficina de correos de Estados Unidos vendía estampillas con la efigie creadora nacida en Coyoacán. Impresionada por su forma de vestir –esa que le permitía esconder una pierna deforme–, la diseñadora Elsa Schiaparelli creó una indumentaria tehuana para las damas parisinas.

En 2002, Hollywood llevaba la historia de la pintora mexicana a la gran pantalla. Madonna y Jennifer López anhelaron el protagónico  que encarnó Salma Hayek, en la cinta nominada a seis premios Óscar (el filme recibió la estatuilla dorada a mejor maquillaje y mejor banda sonora, además de un BAFTA y un Globo de oro).

Hasta la marca Converse ideó cinco modelos de zapatos con su firma, fotografías y expresiones más conocidas: “Pies para que tengo si tengo alas para volar”, fue una de las consignas impresas sobre una suela entre 2008 y 2010. La cerveza dominicana Bohemia aprovechó, incluso, su gusto por las “chelas” y lanzó al mercado una edición limitada de botellas que celebraron el centenario de la creadora.

Magdalena Carmen Frieda Kahlo Calderón ha sido la musa de Kenzo, Calvin Klein y Jean Paul  Gaultier. Atavíos y vestimenta inspirados en la hija del fotógrafo alemán Wilhem Kahlo, han recorrido pasarelas del fashion week en Nueva York y Paris. La dos veces esposa del muralista Diego Rivera conquisto las ondas hertzianas influenciando al vocalista de Red Hot Chilli Peppers quien compuso para ella el tema de Scar Tissue.

Viva la vida (1954) –el último lienzo que pintó la artista– da nombre al sencillo y penúltimo álbum de Coldplay. Joaquin Sabina, Marta Sánchez y Ricardo Arjona hacen mención de la pintora en algunas de sus composiciones musicales. En la oscuridad, de la intérprete mexicana Belinda, evoca en una producción audiovisual los trajes y el estilo de Frida.

En las tablas, la actriz venezolana Prakriti Maduro interpretó a la pintora autodidacta. “Frida se convirtió en una extraña maravilla para el arte contemporáneo que jamás pudo encasillar su trabajo. Negó a toda costa ser catalogada como una artista surrealista y no admitió vinculación con el arte pop… Su obra rompió los cánones de la pintura tradicional, siendo un portento que Picasso vaticinó al poco tiempo de conocerla: ‘Ni tú ni yo somos capaces de pintar una cara como las de Frida Kahlo’, reseñó en una misiva al muralista mexicano”, apunta Matos.

“Espero una salida feliz y espero no volver jamás”, escribió por última vez en su diario. A 61* años de su partida  el arte de Frida representa su vida y su vida una batalla de infortunios que coloreó la desgracia.

El Universal, domingo 13 de julio de 2014

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Bocetos sin filtro

La descripción de un espacio que puedo llamar mío, que puedo sentirlo como mi rincón de universo, saberme mío y sólo mío, en esta soledad geométrica, de complejo residencial, de ascensores y bajantes, escalera y planta baja.

Es una ilusión, como la que brinda la tarjeta de crédito. Maldito invento: disponer de dinero que no se tiene. No debe extrañarme nada entonces. Vivimos en un mundo de espejismos y máscaras. De engaño y contradicción. Suspendidos en la nada. Según los locos que estudian, el origen ya no existe. Repetición. Repetición. Todo tiene que ver con la repetición. Con la producción en masa. Con la satisfacción instantánea. A veces temo volverme un bicho raro, de esos que dejan de pensar por cuenta propia, y se mueven con la torpeza de unos hilos dirigiendo sus acciones. Hay temor al olvido, a pesar de que el recuerdo me resulte pesado. Estoy algo confundido, debe ser el somnífero. Resistirse al sueño, provoca rayas en la visión, distorsión por todos lados. Confusión y alegría. No importa. Da igual si estas ideas no se entienden, después de todo esto se supone que es un ejercicio. Una prueba.

A nivel de la noche, aparece un dialogo distante. Se renueva. Al alcance de las manos, las imágenes van cobrando vida. Todo un lujo escribir desde la nada. Desde la burbuja, desde la prisión de conjunto residencial. Para escribir con agilidad, hay que ejercitar el músculo todos los días. Jugar con el tiempo, entretenerse quitando y amando. Esconderse en un modo de locura sutil, de esos que acalambran las piernas, que nos hace mansos y tiernos; digamos que condescendientes también. Sin embargo igual creo que somos hipócritas, urracas parlantes, que juegan a ser cuervos de paz. Animales de carroña, falsos diletantes. Que mi condena sea la vida, pues ya mi dicha está reservada en la muerte. Ella me espera contando los días. Pero todavía no me lleva.

Hay que macerar la concentración. La valiosa lección de observar. Escudo sortija y espada, afinación y entonación, cacofonía deísmo y dequeísmo. Fumando cigarro se retiene la desesperación, por eso es el peor de los vicios inventados por el diablo, perdón, por el hombre.

Naturaleza sembrada de terror y menudencia. A esta ciudad he venido a parar. Voces tenebrosas deambulan por la oreja, cuchichean y me hablan en palíndromos: la ruta natural, ese, atar a la rata. Todo es acogedora confusión. Creo que me estoy quedando ciego.

El estado de gracia es paciencia y por qué no decir, virtud de los que pretenden escribir poesía. Si a la larga me rompo un hueso no será por ustedes, querida audiencia. Audiencia necesitada de locos que narren sus experiencias a vox populi, con la potestad de elogiar y despotricar… así funciona la industria del espectáculo ¿no?

Unos contemplan el mundo desde un rectángulo que sobrevive a punta de litio… la apoteosis provocada por un safari o un viaje por el mar. Caos porque otros son teatro ejercido en tablas de destrucción. Desigualdad hay en todos lados. Todos los animales son iguales, pero unos son más irreales que otros. Venimos de lo mismo, pero somos diferentes… así nos enseñan a comprender el mundo. Improviso entre botellas y pastillas, polvo de rata y taurina. Pienso en ella sin recelo, mientras degusto la vida que todavía me queda. Lo ojos se cierran porque me entrego a la borrachera…es una pena que en los sueños no se pueda escribir.

Alexander Urrieta Solano

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Bailoterapias y otras estafas

Cortarme el cabello para solidarizarme con una celebridad política sería como robarme el performance de los seres que lo hacen por el cáncer; aunque viene a ser casi lo mismo. Si dejo claro que mi protesta no busca más que el espectáculo mediático, el reconocimiento de otros para ser tildado de Héroe Nacional que lucha sin cesar por la “libertad” y  la “democracia” (ambas palabras difusas), pensaría que hago las cosas bien, que doy el ejemplo desde mi gastado título de “futuro del país”. La demagogia es la especialidad de nuestros políticos. Las bailoterapias masivas organizadas, el populismo absurdo, la afrenta constante en las redes sociales que ponen en evidencia la ranciedad de la gran mayoría de las personas, el racismo de ambos discursos que lanzan una campaña de unión pero sólo para los que estén de acuerdo con ellos.

Uno puede estar bien si elige estar inclinado religiosamente a un bando. Claro, todo esto si nos reducimos a una mera situación binaria entre chavistoides-bobositores (si se me permiten estas categorías discriminatorias) que van por la vida reclamando los derechos que desconocen pero desde su patético micro-universo de saberes. La polarización no ha hecho más que engendrar una militancia parasitaria mediocre, irreflexiva, sin aspiraciones a ningún tipo de cambio salvo el alcance o preservación de los poderes en una minoría elitista. Partidos políticos que ante cualquier leva en masa buscan armar un buen show para la perpetuación de la guerrilla mediática y la carnavalización de los hechos por el lente internacional, porque al final lo que importa es entretener y tener algún drama que poner, y más sobre todo, si tiene que ver con la desgracia ajena: la crisis de un pueblo que vive “en las garras de una dictadura militar castro-comunista-chavista que priva el derecho a la libertad de expresión” (Entonces qué es esto que escribo)…Las ideas bien pueden ser un obstáculo para la acción. A veces pienso que los venezolanos somos tan ridículos que pretendemos ser una excepción a la regla, como si estuviéramos en una tangente, como si el país estuviera alejado de todo el plano del sistema mundo. En nuestra vicisitud somos egoístas, y creo que quizá se deba a esa incapacidad de reconocimiento del otro; el otro que viene a ser eso contrario a nosotros.

Cada día estoy más convencido: la democracia es una estafa; la dictadura de la mayoría nos ha traído hasta los confines de una suerte de heterofobia (miedo a lo diverso), una radicalización hasta en la forma de pensar y de actuar. No está de más decir que uno como individuo sin importancia colectiva no escapa de esta problemática. Uno es racista todo el tiempo, uno desprecia al otro constantemente: “Porque es tierruo” “porque es chavista” “porque es un escuálido” “porque es comunista” “porque es socialista” “porque es negro” “es marginal” “es un burguesito” “es un alienado” “es un enchufado”…y podemos seguir. Es por esa razón que no volverán ni van a llegar tampoco. El gobierno se mantiene por la estupidez se sus oponentes, por la falta de sentido. Porque no podemos negar que el discurso opositor ha florecido y se ha acrecentado dentro de este marco de desprecio al otro. Discurso que busca chocar ante el populoso chavismo que reivindica al pobre: a ese “ignorante de los barrios que se conforma con un kilo de pollo, que se conforma haciendo una cola a cambio de nada”. Niños, estamos haciendo las cosas mal. No puedo ser chavista, y mucho menos puedo ser opositor. Opositor enfermo, lleno de odio, producto lógico de una división que ya va para dos décadas, con un desprecio exacerbado al otro. Sé que no son la mayoría, pero desgraciadamente son la minoría que mueve a la gente reseca de esperanza. Ellos son tan hipócritas como aquellos seres que nos gobiernan.

Esto resulta un tema delicado que tiende a ser tomado de forma laxa por aquellos gremios de intelectuales, que desde su postura definida suelen ser extremistas en sus declaraciones. El tinte político vuelve obtuso a más de uno, no importa la postura, porque la crítica va siempre para el otro, el del bando contrario. Porque hasta eso se reduce la visión de los venezolanos, a una confrontación con el que piense distinto ¿Cuánto nos falta para alcanzar la lucidez?  Nunca he escuchado un programa de radio donde se haga autocrítica, es más fácil escuchar a uno de esos estafadores declarando desde su autoridad de élite que “vivimos en la edad media o en la edad de piedra”, porque al parecer escogen seguir mareando al pueblo antes que hacerlo entrar en reflexión: limitarnos a la ignorancia del preclaro licenciado que habla y opina sabiamente sobre la situación del país. Es más fácil sembrar odio que introspección. Es más fácil reproducir nuestro endorracismo (discriminación de uno mismo), es más fácil reírnos y asumir nuestro rol de inferioridad; es agradable compararnos con otros para justificar nuestra patética existencia: que si la democracia gringa, que si el anarquismo suizo, la dictadura cubana, el socialismo soviético, Europa es otra cosa, por allá todo funciona y es mejor. Hay una fascinación por extrapolar realidades. Es un complejo típico de criaturas colonizadas, que todavía están sumidas a los vaivenes de un modelo hegemónico, porque no debemos olvidar que todavía somos parte de este mundo que eventualmente se va a la mierda.

Podemos exceder la cuartilla para dar razones válidas por las que la oposición venezolana en materia discursiva no sirve para nada. La polarización ha bloqueado los mecanismos para luchar con el sentido común. Las deidades políticas que viven recluidas, el uso de la figura femenina católica como modelo predeterminado para la manipulación de aquellos borregos que quieren cambio pero que no quieren cambiar. El balurdo discurso mítico: “¿dónde está el país de las mujeres hermosas y las grandes riquezas con bellos paisajes?” ”La diáspora venezolana” “El mito del progreso” “pueblo libre y soberano”… Por favor, hasta cuándo vamos a seguir teniendo como referencia estos galimatías de antaño. Este falso nacionalismo que lo único que hace es embrutecer a la gente y desviarla de problemáticas concretas. Ya tenemos un rato largo viviendo a costa de estos relatos exóticos. Nos hemos acostumbrado a vivir de ilusión. Ya nuestros mesías no saben en qué palo ahorcarse.

¿A quién le importa todo esto? Pues a muy pocos.

Uno decide cómo chocar el carro. Así uno se puede jactar de decir por lo menos que hace algo por el país. Unos van a bailoterapias colectivas a tomarse selfies, para subir las ventas de helados y Nestea para luchar con el calor, junto con el negocio sin fines de lucro de gorritas con la bandera de Venezuela para estar uniformados y hacer bulto en la lucha por la paz y la democracia… yo simplemente me quejo. No estoy desprovisto de ser tildado de apátrida o indiferente. Igual eso nunca me ha importado, porque a ese otro al que me dirijo jamás se tomará la molestia de leer esta crítica. El anda en sus asuntos de guarimbero/revolucionario. Depende de cómo lo veas. Los enfoques determinan nuestra realidad.

Después de todo, una de las virtudes de la libertad de expresión es que cualquier vaina se vuelve tendencia. El país se puede caer en pedazos, la gente puede morir de hambre, morir de balas, morir de cola, de indiferencia o idiotez. Aquí todo se vale. Si hay tiempo para los rituales satánicos con lápices, totalmente válido que las actrices se rapen el pelo; es una forma de rebeldía donde el tema del Cabello es atacado por la oposición venezolana con muy poca creatividad. Sin embargo el mensaje llega, pero es como si te explicaran la gracia de un chiste.

Alexander Urrieta Solano

El cuerpo de la mujer

«Es difícil estar en medio de tanta carne y seguir con el pulso normal, las palpitaciones en regla, la actitud impasible. Es cuestión de costumbre, dirán algunos: tantos años viendo mujeres bellas (mujeronas, más coloquial; mamacitas, en la frontera de la ordinariez), curten al cuero más duro, amansan la curiosidad, calman las ansias más desbocadas. Otros, más deslenguados, podrán echar mano de la ironía y decir como el adalid de la belleza nacional se conoce todos los vericuetos -literalmente- de «sus» muchachas,  sabe con detalle que esa carne , en algunos casos, no es tan fresca como parece. Los más destemplados dicen suponer que como se trata de una carnicería estética, al carnicero generalmente llega a repugnarle la carne. Comentarios a los que, por vulgares, no hay que prestarles atención». 

El Nacional A/6, 26 de mayo de 2000

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Reflexión de una muñeca

Cuerpos reducidos a fenómenos de circo, porque resulta casi imposible concebir el mundo con una mirada distinta a la del macho racional occidental. El cuerpo de la mujer ha pasado a convertirse en un burdo objeto de diversión sexual para fomentar el consumo, la decadencia y la estupidez del morbo colectivo. Los implantes y el bisturí propician la deformación del cuerpo; la incongruencia estética es una de las tantas consecuencias de la concepción de belleza dentro de la modernidad. Belleza irreal de certamen, de rating, de porno y plástico… simplemente inhumano. Mujeres que anhelan y buscan de forma casi insana una vaga perfección hasta reducirse a criaturas voluptuosas con ausencia de espíritu y seso.

 En occidente se altera hasta tal punto la esencia de los seres humanos, que se llega a asumir la idiotez y la mofa como una ley imperante en estos tiempos.

 Hay cosas que no pueden negarse, las mujeres todavía se contemplan a través de la mirada del hombre… Creo que hay que dedicar cierto tiempo a la reflexión.

¿Cómo apreciamos el mundo? ¿Cómo asumimos esta realidad?

¿En qué nos hemos convertido? ¿Qué somos?

Quizá es momento de repensar las cosas.

Alexander Urrieta

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Anzuelos

En un país donde hay más milicos que profesores es más fácil morir que aprender. Es más rentable armar al pueblo que educarlo; y si se le educa, preferiblemente ponerlo únicamente a memorizar pero nunca a razonar: prohibido pensar distinto.

Mientras menos información se domine más feliz se puede ser. Mientras más se ignore, más radicales y absurdas pueden ser nuestras conclusiones, por muy incongruentes que sean siempre serán válidas para cualquier audiencia poco informada: alucina que podemos reducir el mundo a nuestra fútil existencia. Nadie nos juzgará por hablar el idioma del odio. Insisto: cuanto menos se sepa mejor. La ignorancia nos vuelve sabiondos a pequeña escala. Tontos felices: terriblemente felices. En sociedad aquel que intente profundizar será tildado de enfermo y loco. Así que arriba las armas y al carajo el saber. Cuando poco se indaga, hasta la cola se puede volver la quinta pata del gato. Los análisis de la realidad se limitarán a meras quejas, y en ellas encontrarán las soluciones. Soluciones limitadas, ya que sólo encuentran esperanza en la violencia, o quizá en la solución de otros: la culpa la tendrá siempre el otro: ese que piensa distinto a mí: ese que manda a la mierda el país.

Es evidente que en un país donde se hacen más tomas de plazas que de conciencia es más rentable, y es una pena admitirlo, vivir de pan y circo toda la vida…mientras se siga inculcando que la culpa la tiene ese que no soy yo, pues, larga vida a la estupidez que vive en nosotros, por los siglos de los siglos…

Amén.

Alexander Urrieta

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Ella

Ha pasado el tiempo pero todavía Ella vive con miedo. Vive insegura, empeñada y temerosa de que los días se le agotan, de que la juventud se pierde en la monotonía. Olvida el momento, ignora el instante que respira porque vive frustrada en su porvenir. Muchacha ilusa, que no sabe que el futuro deja de existir cuando pretende saltar el Ahora. Impulsiva. Inmadura. Tan ansiosa de querer volar, ni siquiera saber mantenerse de pie: la siento tan inestable. Con Ella estoy más convencido de que el dinero y la buena vida no garantizan plenitud sino que refinan los dramas: dramas tontos, de burbuja: porque en esta vida existen cosas más terribles que el rechazo; tanta gente que anda sumergida en la miseria, que en vez de buscar aprobación lo que buscan desesperados es el pan de cada día. Dramas existenciales, que buscan y se rebuscan en el Ego. A falta de visión recurro siempre a mi Yo. Desencanto. Ella todavía no sabe mirarse con sus ojos todavía. Por mucho que aparente que es otra, igual sigue siendo sumisa, la misma, porque todavía se mide con la mirada severa del misógino: del idiota occidental. Tanta reflexión resulta inútil para Ella, pues sigue siendo insegura. El valor de su cuerpo es dado por otros, aunque no lo reconozca y le moleste mucho que se lo digan. Es una lástima, es complicado querer a alguien que no se quiere. Ella vive un mundo de fantasía, de plástico, de niños lindos, de más cuenta corriente que sentido común. Ella es superficial por mucho que lo niegue y le moleste. No es su culpa, lo aprendió en la escuela, la televisión, el cine, el internet, las buenas y malas juntas, las modas, las fiestas, los amigos y la familia. Lo aprendido a veces resulta un impedimento para seguir adelante. No es fácil vernos al espejo. El valor más incongruente y banal está en el estatus: Dinero y belleza van de la mano pero no se hablan. Tristes uniones engendran una mujer triste, depresiva, que no sabe quererse. Que es maltrata por una sociedad enferma; pero lo más irónico del asunto, es que su mayor enemiga, resulta siempre ser ella misma. Mujer de muchos medios y poco entendimiento. De más “el tipo está bueno, y dice cosas inteligentes, se ve como maduro, porque es diferente”. Cualquier vaina. Qué mundo tan extraño vivimos. Cuánta incongruencia nos separa el uno del otro. Quizá por estos mínimos detalles será que nunca estaremos juntos. Desde esta isla que es mía, su continente me parece absurdo. Dudo que algún día Ella me entienda en una totalidad. Ella no encuentra afinidad en sí misma, difícil que la encuentre en otro. Le preocupa tanto su apariencia que descuida su lado más fuerte, su mente. Parece que por donde Ella vive nadie se lo dice, porque más fácil es tener la compañía de alguien que sea de más busto que de seso. Ella se intoxica con libros de Autoayuda. Ella es hermosa, hasta el punto que demuestra que es débil y se contradice. Reproduce esos dilemas de mujeres tontas que tanto me han disgustado, no puedo negar que hay ciertas cosas que me decepcionan. Me costaría mucho poder enamorarme de alguien así. Aunque, admito que si lo estuve, sólo que con el tiempo me he dado cuenta de que, cuando no se trabaja desde tuétano la esencia de uno, el río vuelve a su cauce, y por consentimiento te dejas llevar por la estupidez del mundo, para luego convertirte en esa cosa rara que en un principio nunca quisiste ser. Todo para ser aceptada. Mi última charla con Ella fue un desencanto total. Creo que poco a poco me va dejando de gustar. Ella también a lo mejor en su fantástico país en movimiento me irá olvidando… quizá estoy siendo demasiado severo, pero es que uno sin querer se termina aburriendo. Debo entender que la gente siempre cambia, para variar… Ella al final del día, verá mi tarea cumplida.

Alexander Urrieta

Incisos

Como si eso no bastara. Como si eso no fuera suficiente. Que todo ha quedado bien claro. Como no estamos presentes lo mejor será reservarnos en la espera. Mantenernos en silencio. Conservarnos en una distancia prudencial, para mantener nuestro secreto limitado y bien guardado. Ser cómplices ficticios. Dejar de existir en el cuerpo del otro. Burlarnos de las apariencias, haciéndole creer a todos que nos encontramos tan distantes y ajenos. Quedarnos bajo nuestro propio riesgo en los versos de un profeta, dejando recuerdos en pequeños rincones de mundo. Dejando rastros en una ciudad que nunca fue nuestra, de una ciudad estancada en el tiempo, que se mantiene viva únicamente con el poder de la memoria colectiva. Es irónico sentirse tan solo entre tanta multitud. La costumbre es el somnífero de los sentidos. Con la costumbre nos limitamos a percibir la verdadera esencia de las cosas. Porque el cuerpo da por sentado los roces constantes de lo cotidiano. Todo va perdiendo importancia con el tiempo. La gente se aburre, se cansa, se seca con el pasar de los años, y la novedad se reduce sólo a una exaltación material. A una búsqueda de satisfacción infinita desquiciada, que nunca termina de llenarnos. Aquí vemos el vacío medio lleno. Esperanzas carentes de sentido. Un miedo perenne que corre por las venas y nos congela. Hay que admitirlo, la Ciudad es un lugar aterrador. Ella me provoca de vez en cuando una soledad inusitada. Se acaba el día con el adiós de la tarde. Se viene la noche, y la oscuridad me provoca una infinita tristeza. Las palabras secas se quedan a mitad del camino recorrido por mi voz quebrada. Las imágenes no tienen fuerza. Las ideas parecen reducirse en un espectro de nimiedad, en esta hora maldita donde me veo impulsado por los demonios del pasado que me envuelven en sus tinieblas. La culpa hace ruido y golpea las puertas del pensamiento. Las palabras mundanas desean salir desesperadas para impregnarse  en cualquier cosa: en una hoja, en una boca, en un recuerdo. Cosa inútil, innecesaria. Todo es un afán de inmortalidad. Acaso esto que anhelo es algo inducido por mi insensato ego, o es quizá, la suma de todos los miedos. Temor insano de olvidar: de ser olvidado. Qué necesidad de querer quedarse, por no creer que en ese más allá exista algo más absurdo e incongruente que la vida que estoy padeciendo en este instante. El miedo es un claro síntoma de estar vivo, no lo dudo. Quien no haya sentido incertidumbre al menos una vez en la vida, debe ser una criatura verdaderamente desgraciada, porque ha quedado más que demostrado que aquellas cosas que nos dan terror, son las que nos definen mejor.

Alexander Urrieta

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Variaciones de elejota

No sé si estoy haciendo lo correcto.

Ahora que esta brújula apunta de forma precisa donde quiero.

No tengo otra alternativa.

Tan imperfecto soy oh querido mundo en movimiento. Catador de sentidos. Amante de las emociones palpables. Fiel corsario y combatiente en días de Tormenta. Espina clavada en garganta. Bicornio olvidado cogiendo polvo. No hay nada nuevo en mí, salvo esto que siento por ti.

Somos tú y yo, en nuestro exclusivo infinito.

Su influencia aterra, pero gusta

Cara empapada

Me basta decir que estoy ebrio. Trastornado. Sucio. Perdido en la trama de un cuento, que no entiendo. No es que sea complejo, la cosa es que estoy lento y la mente no me funciona por completo: me falla, suda bastante y se retuerce; tenía tiempo sin llegar a estos estados de trance: donde me elevo por los aires y mi viaje se interrumpe por el choque de la cabeza con el techo. Bajo con brusquedad. Cuando toco tierra de nuevo siento los ojos pesados. La mente en blanco y quién sabe de donde habrá salido ese tono amarillo en mi ojo izquierdo. Ahora cierro los ojos. Oscuridad. Mente calibrada pero aun inquieta. Me busco.

Sudo un verso

Y seguido

una oración

para enunciar

Una prosa sentimental

Te conservo con intimidad y busco tu boca en cada punto y seguido. Con una motivación de adicto te pido que me sigas, o mejor dicho, que me acompañes en este juego de palabras que no hacen más que buscar tu atención: tu cotizada atención. En una toma de impulso se escapan algunos suspiros. Una emoción brota de tu semblante, se esparce por el aire y luego se pierde en la siguiente oración. Me vas invocando con la voz, y sin darte cuenta ya te has pintado una sonrisa en el marco de los labios. Y te ves preciosa, brillante, como fuego solar, como polvo de estrella. Me gustaría decírtelo un poco más de cerca. Que las próximas oraciones vayan a naufragar en los bordes del oído: Como pez agotado me revuelco en esta orilla, me entrego a los vaivenes de los cambios de humor, y le pido a Dios que me dé otro poquito más de vida, para seguir dando vueltas moribundo, entre la tierra y el mar.

Si algún día me lees

jamás lo sabré.

Alexander Urrieta