Diecisiete

A partir de ahora, deseo que las palabras pronunciadas por el corazón tengan como punto de partida tu nombre. Considero importante dejarlo bien claro. Sin entrar en divagaciones, sin caer en exordios, típicos en las cartas de amor, que a veces por tanta carga encomiástica pierden su objetivo, porque se tornan tan melosas que no llegan a ningún sitio. Aunque sabes algo, siento que de alguna forma terminé cayendo en lo mismo. Quizá en esa incesante cacería de ideas prefiero siempre atrapar la atención mucho antes que morder la boca. Porque al escribirle a un paladar tan exquisito como el tuyo, se requiere mucho más que destreza y talento. Y creo que por encima de todo, me resulta inverosímil resumir un inventario de emociones palpables y abstractas, y comprimirlas de forma salvaje en un Te Quiero. No me parece suficiente. Tampoco me atrevo a decir que lo que siento es una cuestión Inefable; sería el colmo de la pereza. Si la expresión de cariño no cabe en dos palabras mucho menos en una. Lo digo porque, sabes, estoy convencido de una situación. De un estado de plenitud vigente, que destruye barreras, que altera mi espíritu, y que por razones misteriosas deseo que me domine por completo. No sé si he llegado al meollo del asunto, te confieso que me gusta dejarme llevar. En las cartas se tiene esa libertad. La clave está en mantener la atención del lector. Ejercitar los labios. Preparar tus labios para la declamación de la oración final, que fue la que dio inicio a esta carta, o mejor dicho, a este pensamiento rimbombante y alegre que lleva correteando desesperado los pasillos de mi mente desde hace tiempo. Un pensamiento que duras penas, con un mérito al esfuerzo, se puede intentar plasmar en palabras, pero que sin duda, querida Amaranta, sólo en la mirada se puede leer con exactitud; pero ya que me encuentro limitado por los parámetros de la escritura, se lo digo en resumidas cuentas, sin tutear y con formalidad…

Creo que me he enamorado profundamente de usted.

 Alexander Urrieta

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Exordio para un vuelo

I

Antes de acostarme a dormir voy a escribir algo para ti. Voy a decir tu nombre como ese padrenuestro que se reza antes de acostarse: con cierta convicción y alto grado de ilusión. Empiezo. Dentro de mi enorme inventario, remarco las asignaturas que están pendientes todavía. Te invoco a partir de recuerdos borrosos y fragancias afrodisíacas impregnadas en sábanas. Vuelvo a sacar la cuenta de los besos vespertinos que me debes. Buscando en la memoria, voy leyendo los apuntes que tomé en clase de teoría poética; tiempos amenos, donde en más de una ocasión me dediqué a escribirte ditirambos desde el anonimato, perdido en ese estado de idiotez pasajera que muchos llegan a confundir con enamoramiento. Entre páginas, encuentro un pase de entrada para la función única de tu atención. Desde tan lejos, me das esa mirada que tanto me gusta, mientras voy preparando mi próximo ataque verbal. Con mis dedos hago un periplo por tu cuerpo, anotando cada maniobra erótica en mi vetusta bitácora de viajero. Con un corte agresivo, abriré ese telar de colores que envuelve tu coraza. Ropaje críptico, que resguarda la pureza de tu cariño rebelde, que para mi suerte particular, no cede con facilidad. Tengo una debilidad con los vestidos, debo admitirlo. Una atracción letal hacia las faldas. Cierta obsesión con tus piernas. De no ser por ese brillo solar que cargas encima que hipnotiza, ya me hubiera sumergido en ellas, hace tiempo. Tus muslos, tu forma, tu belleza, son cosas que, no pueden soslayarse. Si las palabras una vez más se prestan para escribir sobre lo obvio, por qué impedir que sigan con lo suyo. Necesito estar convencido de que otra vez este bicho hombre se volvió a quedar en tu pensamiento. Esta noche voy a dormir tranquilo, porque mis sueños saben dónde van a pernoctar. Como idea que nace y se hace, intento de algún modo consentirte desde tan lejos sin que te des cuenta; darte alegría y cariño  constante en estos tiempos  violentos, de saturación citadina y detrimento espiritual de apartamento. Porque no estás sola (comprenda, incomprendida), porque tienes un loco, que en este valle caraqueño te piensa desmedidamente. En medio del caos urbano, te recuerdo. En medio de un mundo descomunal cayéndome encima, te deseo. Porque es en tu cielo donde este demonio quiere reposar alas y cortar sus cuernos, así en el fondo no deje de ser un bicho hombre. Desnudarte debe ser un ritual ejecutado con cierta destreza. No me atrevo a declarar que tu ego femenino tenga relación directa con el sexo, pero estoy convencido que identificas el sexo con la conciencia. No cabe duda, es la entrega más pura de todas. Debo entender que tu zona más erógena es el oído. Que tu placer se estimula a punta de lengua y mordida. Estimulación, que debe perpetuarse en el principio. En un rol de heresiarca, que en un estado neurasténico, profane hasta el cansancio la intimidad que esconde tu falda, pero primero, claro, está el rico acto del habla, donde endulzamos a punta de besos el paladar de nuestros deseos más profundos. Por eso, te sigo escribiendo, para humedecer ese interior aliciente, que para muchos está prohibido, pero que para mí, sólo por esta noche, tendré permitido. Que los orgasmos surjan en cada punto y seguido. Que tus suspiros se pierdan en tres puntos suspensivos… Seducirte debe ser un verbo acorde siempre contigo, que alargue mi espera y al mismo tiempo mi premio. Seducirte debe convertirse en mi arte protestante, que en cada disturbio de breves palabras y extensa oración, logre agrietar y desmoronar hasta los confines más duros y olvidados de tu Corazón, que después de esta noche, dejará de ser mío, para siempre. Me planteo un futuro ficticio: te imagino en las mañanas emergiendo del lecho semidesnuda, calentando el cuerpo con las sábanas, mirando al techo, pensando, tratando de reconstruir el último sueño vivido. Felina que recién se levanta con el pelo alborotado, poquita ropa y curvas peligrosas por todos lados. Te imagino en las mañanas con una sonrisa sostenida: con una inmensa alegría desde mi cama.

Alexander Urrieta

Posdata

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Apuntes sobre la inferencia

Sabes algo flaca, esto de las partidas inusitadas me resultan un tanto irritantes. No tengo nada que decir al respecto, las palabras no me fluyen; me cuesta escribirte con estos ánimos oscilando entre la rabia y la tristeza: nada bueno tendrá esta carta. Debo confesarlo, me tomaste por sorpresa, así que no esperes que me lo tome de otra forma. Te tengo un estima profundo, pero no pienso ceder. Esta insana necesidad de buscarte se ha convertido en un círculo vicioso. Basta. Me siento absurdo escribiendo a la ausencia: a lo que jamás he visto. He dejado de prestarle atención a la clase de Estadística para dedicar oraciones dirigidas a ninguna parte. Acto desesperante, debo admitirlo, porque estoy convencido (o eso quiero pensar yo), que mis palabras llegarán al punto, pero no darán por concluido nada. Porque no estoy de acuerdo: me parece irracional después de tanto, morir por causa de la nimiedad, de una torpeza cometida al hablar. Acaso se puede estar de acuerdo con algo, si al final nos quedamos hablando solos. Gracias a este evento fortuito aproveché en desconectarme: de zafarme de otra red social. Creo que por eso debo estar agradecido contigo. Pero no puedo engañarme: me molesta de todos modos. Es algo exasperante cómo a veces se dan por finalizada las cosas. Soy partidario de que no es más que egoísmo puro; y no hablo de ti, sino de mí.  Es complicado explicarte cómo me siento. Quisiera poder describir con minuciosidad cada detalle de este fuego interno que recorre mi cuerpo y que voy liberando en esta hoja de cuaderno. Ahora el sentir es otro. No te odio, sin embargo a medida que busco razones para detestarte caigo en cuenta de que te tomo mucha importancia: que me gustas en dimensiones desconocidas: que te quiero en demasía. Quisiera poder profundizar más pero, no quiero divagar en melodramas ni mucho menos caer en prolegómenos, sólo agradecer, por todo lo bueno que me has dado, y disculparme por todo lo malo que ha pasado. Nada más que contar, por ahora lo dicho, dicho está. Cuando baje la tensión quizá las cosas vayan mejor… o tal vez no. De más está decir que sigo estando por aquí. Más afecto no se puede tener.

Alexander Urrieta

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Querida cómplice

Te andaba pensando
En
algo
En un sueño
En un parque
En una estación
En un pasillo de ingeniería
En un tono morado
En un espiral de plaza
En intentos de rascacielos
En un solo de piano
En un solo de boca, que se pierde en oraciones
En una galería de arte
En una simetría de Soto
En peldaños del Calvario
En una mirada al oeste
En un atardecer en apartamento
En un sabor a chocolate
En un olor a libro viejo
En un cielo rojizo violento
En un centro de glorieta besándonos con el viento
En un circo
En un museo extraño
En una plaza cubierta
En una colina en tierra
En almuerzo de locos
En cena de cómplices y bandidos
En boceto de servilleta
En fruta dulce que empalaga
En oración melosa repetida
En un solo de saxo en prueba de sonido
En una botella borracha
En un karaoke improvisado
En una indirecta breve, de esas que tanto te gustan
En un soliloquio de pereza
En una carta enterrada
En una antología de sapos distraídos
En un resumen de mis viajes al olvido
En un cuento de gigantes
En una canción sobre Nosotros
En un muslo blanco que emana pasión y deseo
En cuatro parades donde contar secretos
En un salón de fiesta,
como niños jugando debajo de la mesa de los quesos
En un escribir con ganas
En un escribir sin parar
En un ataque de risa
En una ataque de euforia
En una vuelta al sol
En un viaje al pasado
En un regreso al caribe
En un papel de astrónomo enamorado que busca tu satélite más cercano
En una locura de ebrios
En un éxtasis, típico nuestro
En un verso de Pereira
En una máxima de Calzadilla
En un salvajismo de Valera Mora
En un exabrupto de Urrieta
En un estudio de tus senos
En un detalle
En un suspiro
En un mundo descomunal
En un mundo nuestro, ideal
En un acto suicida con telas
En un duelo en las tablas
En un duelo horizontal
En un duelo en tu cama
En un entierro de pies en la arena
En un encontrar piedras preciosas en ella
En un solitario colgando de tu oreja
En un asunto pendiente
En una canción de Soda
En una galaxia de espiral, de caracoles y música de fondo
En un idioma bien hablado
En una palabra, en un verso, en una prosa, en una declaración melosa y malandrosa, pa’ malandro ahora yo
En un estado de plenitud
En una notica de motivación
En una bocanada de humo
En un diario de viajero
En un frío bajando por la espalda
En un balazo directo a tu semblanza
En una taquicardia de niño inquieto, de sobredosis de dulzura
En un silencio que hace ruido
En una página ya escrita
En una caja de música
En un bolero
En un querer sincero
En un extraño verso
Si más
Si menos
Te pienso

 

Así que

Caraqueña
mimada

Le confieso
Frente a esta parranda de letras

Atolondradas
Despiadadas
Kamikazes
Indecentes
y orgásmicas

Que,
si más
si menos
Yo a pesar de todo

Con todo y eso

La quiero.

Alexander Urrieta

Carta N°4

Advertencia

Para la comprensión de estos textos es necesario que estés desnuda, frente al espejo. Que tu mirada se enfoque en los detalles más particulares de tu cuerpo, mientras tus ojos se distraen con las palabras escritas por el autor de estos versos. Para la comprensión de estos textos, es crucial, pero no obligatorio, adentrarse en la mente del autor, tomando en cuenta que sus palabras tienen contenidos variados, pero hablan siempre de lo mismo. Para la comprensión de estos textos se necesita una exacerbada imaginación, que las oraciones pasen por tu boca con un ligero tono de calentura y seducción, tomando en consideración que el autor desea darte el más rico de los placeres verbales, textuales, y sexuales.

La brevedad del 6

I

Exordio del ebrio

Son casi las cinco, y mi cuerpo ya no puede lidiar con mi alma. Estoy destruido, y sólo me falta cerrar los ojos para entregarme a los brazos de Morfeo, en el mar de los etílicos, los confines del infierno, casi llegando a la quilla, donde no te pega el sol.

Las palabras fluyen
Estoy risueño
Así que vamos al grano
Al punto
Al meollo del asunto

Mi lista de prioridades
Lo que esta noche quiero
Mis deseos

Usted
Y solamente usted

Una cama

Para
Mi ansiedad
Mi cuerpo
Mi libido
Mi locura
Mi temor

II

Atrevido

 Tengo ganas de ti
Tengo deseos de ti

Quiero contarte mis secreto
Muy de cerca y al oído

En un lugar tranquilo

Solos

Con las manos entrelazadas
Atrapado en tus brazos
Dopado
Arrebatado
Extasiado
Y por allá bien lejos
Enamorado

III

Apuntes de la lengua

Tres besos
Como la otra vez
Uno para la frente
Uno para el lunar
Uno para los labios

Tres veces
El mismo acto vandálico
Un atentado de dicha
Un golpe de suerte
Un beso descomunal

IV

Aquí va tu nombre

Detallando la galaxia escondida
en tu nombre
En tu lunar
En tus pecas
En tus ojos
En tus labios
En tus senos
En tu ombligo
En tus caderas
En tus piernas
En el inicio
En lo desconocido
De tu sexo
He perdido la noción del tiempo

V

Repetido

Aunque no lleguemos a nada, seremos poesía de vez en cuando

Valga la redundancia

Decirte que me gustas

Iluso, espero. Recuerdo las palabras pronunciadas por el corazón

Mi coraza contigo,

ya no tiene sentido

Me vuelvo loco
Te tengo tan cerca
Y me aterra que no vengas

Aunque no lleguemos a nada, seremos poesía de vez en cuando

Decirte que me gustas

valga la redundancia.

VI

Triángulo del caos que somos

  Somostandistintos
omostandistinto
mostandistint
ostandistin
standisti
tandist
andis
ndi

Te digo cuatro hojas
Porque eres la suerte

Te deseo en mi brazos
Desde ese pasado a media hora

Tuyo, y sólo tuyo
Tu pereza
Que quiere tenerte en la punta del árbol más lejano.

Alexander Urrieta

Por todas mis

Ficciones

Realidades

e

 

Tres

Me gusta que escribas

Me encanta tu postura hacia la vida

Me encanta que sepas que con las palabras se puede seducir todavía

En un verso desmembrar el alma

En una oración erizar la piel

 

Me encanta que leas y cuestiones tu universo

Me encanta que seas franca

Me encantan tus notas breves por las mañanas,

llenas de atención seguidas de drama y buena acotación

 

Ideas para lidiar el día a día

Recetas para aliviarnos desde tan lejos

 

Me encanta que seas artista

Me encanta que estés hecha de polvo de estrellas, que seas puro presente, y que nunca menciones ni el pasado ni el futuro, porque vives y respiras los momentos dejando de lado la importancia del tiempo

Me encantan tus anécdotas nocturnas

 

Cuentos para dormir tranquilos

Cuentos para alborotarnos los sueños

 

Me encanta tu soledad tan mía, mi soledad tan tuya

Me encanta tu ausencia, porque me dejas pensarte como quiera

 

Porque eres poesía prohibida,

y porque eres galaxia desconocida, me encantas

en la más amplia acepción de la palabra.

 

Alexander Urrieta

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Variaciones de Andrómeda

Pase lo que pase conservaré mis ideas intactas todavía

I

Hay un momento, antes de quedarte dormido, que se tiene algo que decir. A veces las palabras salen por mero instinto y no saben a dónde quieren ir, tratando de revelar algún secreto bien guardado en el caparazón de uno. Por no tener nada que perder, como último recurso, decido apoyarme en ti. Quizá haga esto porque no tengo donde plasmar las palabras. Quizá lo haga porque tengo malicia de sobra en mi cuerpo, o porque de verdad tengo intenciones de buscar lo que no se me ha perdido. Jugando con fuego, metiéndome en donde nada me es permitido. Escribiéndole a usted: compañía solitaria anónima a tiempo completo.  A veces me pregunto cómo será verla de frente; cómo lucir y presentarme; cómo afrontaría una inminente contienda, de esas donde las fuerzas de la lengua no son suficientes ante tanta exorbitante belleza brotando por todos lados; cómo no cuestionaría mi destino librano; cómo no verme tentado a querer conocerlo todo. Conocer ese supuesto cien por ciento que tienes para dar. Pero todo (en repaso de pensamiento) cambia, y al rato me callo, y me reservo el comentario porque usted para mí: “sos un asunto (importado) prohibido” incluso para mi boca. Pero, acaso importa. En el fondo igual lo sé. En el fondo tú lo sabes también. En tus adentros apruebas sin tapujo a este extraño, porque disfrutas que desde un lugar tan desolado te piense y te escriba… sin razón alguna.

II

El tiempo juega con nosotros. Aparentemente, nuestra conversación está a veinte minutos más al futuro, según el reloj del teléfono, que está a veinte minutos del pasado, espacio distante donde te escribo. A diferencia de mi reloj de pared, que está una hora adelantado de mi reloj de escritorio, que supuestamente marca la hora exacta dictada por el reloj de mi sala. Ahora que lo pienso, no sé si estos asuntos de jugar con el tiempo influyen en mi trato con las personas, por no decir Contigo. No sé si hablarte desde el pasado altera de alguna forma tu futuro. No estoy seguro si estoy viviendo un presente parecido al tuyo. Quizá por andar en cuentas distintas cada uno esté más Adelantado en su retraso o más Retrasado en su adelanto. Tal vez la única certeza que tenemos será que siempre vamos a intentar evadir al tiempo, que tendrá siempre un buen pretexto para comernos. No sabemos si esto que escribo está adelantado a nuestro actual contexto, o fue una declaración ya planteada y retomada desde un pasado, que en más una ocasión se reservó salir del pensamiento. Sea lo sea, no puedo darme el lujo de no decirlo, de darlo por sentado y después tenerlo olvidado (callado); tal vez sea cierto pero, por minutos de diferencia no creo que exista inconveniente. Por eso mejor tarde que nunca, aunque en ciertos casos también sería mejor cuanto antes que nunca.

Alexander Urrieta

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Palabras de antojo

Necesito que estés sola, para que el frío y la piel de gallina no te delaten.

La noche del loco
Un verso a lo obvio
Un deseo
Unas ganas de decirte…

Esas cosas que nunca te dijeron

Con botella en mano, brindo por los besos que me debes, que cobran intereses a medida que pasan los días donde no te veo; a la espera de los días donde pienso comerte a besos; de tocar tu cuerpo con morbo y con perversa sutileza; de besarte los labios y decirte que eres mía; de apretarte las nalgas y sentir pasmosa lujuria y alegría; de morderte la boca, y dejártela roja de tanta pasión y candente encuentro; de detallar tus pecas, armando las constelaciones perdidas en tus piernas; de lamer tu abdomen de caramelo, y medir las curvas que radican en tu placer. La épica del sexo, el estudio completo de tu cuerpo. Quiero cumplir las promesas que tus senos no pueden abarcar. Quiero llegar a los confines de lo desconocido, tocando tu fauna erógena, salvaje e impenetrable. Quiero darte calambres en los pies. Quiero verte fiera y sudorosa, ebria de delirio por mi labor y mi destreza. Quiero entablar un juego de ajedrez en tu cintura, armando un enfrentamiento bélico entre mi lengua y tu blanca tez. Vamos a explorar tu cuerpo. Vamos a perdernos en nuestras fantasías añejadas entre salones de fiesta y ascensores para dos personas. Vamos a extrañarnos con la libido por los cielos. Te quiero ardiente para mis extravagantes deseos. Un segundo eterno para observar nuestros cuerpos. Quiero la completa cartografía de tu universo. Beber de ese licor prohibido que emana tu cuerpo. Un manjar sólo para los que habitan en el cielo

exclusivo,
definitivo,
infinito,
puro,
tuyo.

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Esa costumbre del tres

Prosa de un ebrio

Pretexto

Nuevas Ideas

Prosa de un ebrio

«Escribo en el día más ebrio del año porque ya no sé nada de ti. Los recuerdos los dejé en otro cuaderno que ya no cargo conmigo. Porque esta noche no soy de piedra. Porque las penas se fueron por el desagüe de un baño, junto con una parranda de demonios que esperan al día siguiente para regresar de donde vinieron. Tengo que escribir algo que llene mis vacíos. Voy contando con los dedos mis inquietudes. Voy creando con el bolígrafo negro un nuevo garabato para mi libro de poemarios. La tinta y la saliva deben mezclarse para formar una pócima distinta. Iluminado únicamente por la luz de una pantalla. Rodeado de oscuridad y sonidos arabescos. Entre rayones surgen las nuevas palabras. Todo al parecer marcha con normalidad. Entre la hoja y yo, no existe ningún inconveniente. Esta noche nos llevamos bien, no entendemos. Ahora sólo quiero componer».

Hombre con ínfulas de Almirante que se perdió en el mar etílico,

y terminó llegando a las orillas de tus labios.

Manifiesto

Si algo debo escribir, tiene que ser algo con sentido. No puedo pasar por alto este estado de ebriedad inusitada. Las palabras deben ser un puente colgante entre lo que pienso y lo que plasmo por escrito. Un pasaje de emociones. Una armazón de sensaciones contables. Un elevado sobre el abismo existencial. La panacea que me hará dormir esta noche tranquilo, sin insomnios, sin punzadas en el pecho. Vocal y consonante. Un número limitado de letras que se unen y forman sílabas. Sílabas confusas que se encuentran por casualidad y crean palabras, y entre tantas mutaciones, emerge desde las profundidades ese hermoso océano lexical, que amenaza con devorarnos y ahogarnos en una bocanada de adjetivos sustantivos y verbos. Nos adentramos en aguas desconocidas, manteniéndonos a flote con maderos astillados de oraciones, simples en naturaleza y complejas por su vasta experiencia. Con torpeza nos movemos por ese espeso líquido gramatical, buscando desesperadamente entre brazadas llegar como náufragos a las orillas de los confines de nuestro pensamiento. La tierra de las ideas. El Shangri-La de las palabras. El punto de encuentro de la calma. La encrucijada hacia el más allá. El refugio de mis anhelos más estrambóticos. El estado platónico, donde me pongo a pensar en ti.

Alexander Urrieta

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Una punta roma

Prosa del cadalso

Los Dados

Onironauta

Un Deseo

Botellas

Tres

Maniobras de fuga

Caos al pisar tierra de pecado

No volver a tocar asuntos del pasado

Quedarme despierto para llamarte

Esperar hasta muy tarde para encontrarte

Jugar con los bocetos donde te pienso y recreo

Buscar sentido entre tanta absurda y cálida oscuridad

Perderme en un trance de besos y humanidad

Distraerme contigo

Irme a un lugar desconocido

Calentarme las manos en el primer contacto

Estar a la par con mis fantasías

No mencionar que somos puro secreto

Acertamos buscando la boca

Confundimos todo momento con Nosotros

Peleamos y nos rendimos sin intermedios

Buscamos placer en el paladar del otro

Invocamos palabras suaves y sinceras

Armamos una antología con nuestros deseos

Maniobramos planes de escape

Jalamos del gatillo sin importar el ruido

Nos acomodamos entre la complicidad y en antojo de los dedos

Tocamos

Nos tocamos

Falta el aire pero sobran las intenciones

Queremos devorarnos con música de fondo

Estamos ebrios de delirio

Somos adictos al peligro

Basta sólo con vernos

Para empezar a maquinar y ponernos creativos

Endemoniado por tu presencia

Castigado y premiado por la misma esencia

Conociendo las constelaciones que armo con tus pecas y lunares

Leyendo tu cuerpo entre líneas

Alimento mi complejo quijotista

Buscando con ternura la quimera que se esconde en tus ojos de artista

Detonando sin cautela tus zonas erógenas

Perpetuándome como tirano en tu pensamiento

Entregándome sin resistencia

A todo ese espectáculo que forma lo que eres

Divina palabra que nace de tu palpar y tu destreza

Mujer erótica que endulza todo lo que toca

Sentimiento cautivo

Que sólo se puede expresar con gemidos y sonrisas

La calentura nos consume

Nos resignamos

Y nos dejamos dominar por las ansias que llevamos

Hacemos breves pausas para contemplarnos

Retomamos el asunto

Nos invade el frenesí del ambiente

Las caricias nos alteran

Que nos descubran, sazona nuestros actos indecentes

Nos aferramos

Para no decir en voz alta que nos deseamos

Explorando en lo profundo

Conozco un nuevo rincón de tu mundo

Recorriendo tu espíritu salvaje

Dejo huellas en cada diminuto pasaje

En tu corazón ya tengo calma y hospedaje

Una fauna de espirales y blanca tez

Susurro al oído Te quiero

Soy correspondido y recibo un largo beso

La piel se eriza por mero instinto

Sabiendo que nuestra atracción es algo completamente distinto

Cazador y presa

Presa y cazador

La fuga se convierte en un secuestro mutuo

Y le damos rienda suelta al síndrome de Estocolmo

Te monto en mi altar de fantasías textuales

Formas parte de mis nuevas ideas

Me propongo viajar al sur

Me dejo contagiar por la vibra que emana tu piel

Busco pretextos para acomodarme en tu pecho

Vacío la mente de toda pena inquilina

Para llenarla con recuerdos de ti

Vestido y piernas blancas

Olvido aquella frase directa

Que viene después de esa dulce mirada indiscreta

Pides que sea pura calma y cordura

Pero sabes muy bien que soy pura agitación y locura

Disimulamos y abusamos mucho del papel de panas

Sabiendo en el fondo que nos tenemos muchas ganas

En el silencio nos devoramos y nos queremos

Porque sabemos que ante el menor ruido perdemos

Aparentas ser bien callada y reservada

Pero no sabes ocultar la lujuria de tu mirada

Conoces mis debilidades y sus dimensiones

Sabes que las faldas despiertan mis más depravadas intenciones

Eres una mujer astuta que con bastante elegancia

Me envenenas con una afrodisíaca fragancia

Pasas como niña inocente cerca de mi lado

Sonriendo con picardía, porque sabes que me has matado

Tu nombre rima con tranquilidad y armonía

Quién en su sano juicio lo diría

Eres redención y alegría

Entre tanta demencia eres mi guía

Usando la llama que se mantiene ardiendo todavía

Eres una combinación letal

De éxtasis y poesía.

Alexander Urrieta

Reenvío

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