Onironauta

Escribe.

Escribe.

Escribe.

Escribe y no te detengas, que este músculo no crecerá si no lo ejercitas. Mide tus palabras y trata de que encajen en la idea creciente. Expándete sin reservas. No te guardes nada. No te reprimas de decir lo que piensas. Manda todo al carajo. Lánzate a este mar tormentoso sin ninguna certeza de volver a tocar tierra, ni volver a verte. Olvídate de quién eres. Quítate ese molesto disfraz de cordura que llevas cargando desde hace tiempo, y libera de una vez a esa criatura escamosa romanticona y voraz, que tanto te aterra, pero que siempre has querido tener al mando de tus actos. Sabes que lo puedes hacer, nada te lo impide. Ya ves que fácil es. Mírate. Qué bestia más extraña eres. No te pareces a ninguna criatura de Dios, si acaso existe alguno. La reconoces en el espejo. Es tu presente, que con recelo y miedo mantienes oculto de la gente. Es este tu interior: tu estado de furia y lamento, de alegría y pasión desmedida. Qué secretos fascinantes tienes guardados. Cuánta destreza escondes debajo de esa piel mefistofélica. Qué es lo que te motiva a escribir con tanto desenfreno. Canalla sin rumbo. Triste vagabundo. Quiénes le dan ese impulso mágico a tus palabras. Cuántas amantes marcan el rumbo de tu bolígrafo, porque es algo evidente que sólo con una musa tu alma no se llena por completo. Eres un espíritu libre: no le perteneces a nadie, ni tampoco exiges tener a alguien. Estás claro de que la gente al final termina haciendo lo que le da la gana. Cuántas veces te han lastimado por haber dado tanto. Cuántas veces has experimentado el placer de dar y recibir, a pesar de que nunca has dado crédito a la reciprocidad. Tiendes a ser tan patético pero al mismo tiempo tan hermoso. Onirorauta empedernido. Eres incrédulo, pero jamás te has privado de amar. Eres un fiel creyente, pero por nada del mundo te entregas por completo. Supongo que por esa razón te escondes en tu hermética fortaleza, para evitar represalias. Tienes miedo, pero no te preocupes, eso le ocurre a todos. El mundo tiende a ser cruel con aquellos que se exponen mucho, pero no por eso te vas privar. Cada silencio cuenta. Cada palabra también. Cada palabra que digas será un atentado a la realidad. Así que, criatura escamosa, ponte a trabajar. No des crédito al sosiego, sonríe hasta que la cara se canse de tu dicha. No espantes la tristeza, si hay que llorar, pues se llora querido amigo. Recuerda que la risa y el llanto provienen de un desbordamiento exacerbado de emociones; iguales, pero con orquestaciones distintas. Reclamos puros del espíritu: ejecutados por la eximia comisura de los labios y la indefectible compañía de las lágrimas. No vayas nunca a olvidar esto. Tu papel está en la tierra, no en los cielos. Acóplate siempre a las oraciones más sinceras, sin importar lo duras que puedan llegar a ser. No permitas que la soledad te destruya en un arrebato de emociones. Aléjate del vicio, que te está matando. Regocíjate viejo amigo, pero hazlo con cautela. Llénate de euforia cada vez que caigas en cuenta de que tu corazón a pesar de tanto sigue latiendo todavía. No perezcas: No te defraudes: No te descuides precioso idilio, que tu corazón errante y arrítmico por ahora no se detendrá. Consérvate en el tiempo, dejando rastros de memoria escrita en aquella boca que te invoque en la ausencia. Descarga sin arrepentimientos tu malicia por todos lados. Asume la carga de lo que eres, porque de algo tienes que estar seguro: si el diablo existe, entonces debes ser tú.

Alexander Urrieta

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Entremés caraqueño

Porque llega un punto donde las palabras empiezan a gobernarlo a uno. Incluso cuando no tienes nada que decir, ellas hablan por ti. Se tornan tiranas. Dan su punto de vista sin siquiera consultarlo contigo. Para ellas sólo somos un medio, un canal, un instrumento de difusión, que en solos de boca, generan ideas tanto originales y productivas como abominables y corrosivas. Por eso tengo que jugar con arma de doble filo. Qué más da. Igual, al final de este viaje todos nos habremos ido. No nos queda más que perpetuarnos en el recuerdo de las cosas. Dejar un rastro, para comprobar que estuvimos allí. Con esa inocente ilusión jocosa de que algún día se acuerden de nosotros. Con esa duda encaramada en la conciencia preguntando si tenemos algún propósito en la vida. Yo a veces me pregunto si en algún momento las casualidades marcaron las pautas de mi destino. Si mis actos y convicciones están atados a las simples coincidencias que hacen girar al mundo. Es una cuestión que, sin duda, no puede soslayarse. Es una incógnita presuntuosa. Es una incertidumbre maravillosa, que se disfruta y al mismo tiempo se desprecia. Todo se vuelve una búsqueda incesante de respuestas. Supongo que por eso me encuentro aquí, para deleitarme de mi suerte, nada más que eso. De pasarme la vida entera jugando al detective, buscando pistas, dándole forma a este rompecabezas que por siempre estará incompleto. Armando con cada pieza descubierta la armazón incognoscible de mi vida. Razones válidas para tomar cartas en el asunto. Debo ser un espíritu inquieto. Cuestionar todo lo que me rodea, incluyendo mi propia existencia. Mantener ardiendo esa llama de curiosidad para corroborar que sigo vivo, que mientras quiera saber, me conservaré fecundo, astuto y joven,  y con un apetito voraz de conocer la esencia mágica de las cosas. De no poseer talento ni vida en este cuerpo, me quedarán las palabras nada más. Serán mi escudo y mi espada, para enfrentarme a este mundo salvaje que no hace concesiones con nadie. Que no perdona. Que mutila y mata a todo aquel que cuestione su estilo. Este mundo. Es este mundo descomunal el que nos ha tocado recorrer. Oscuro y tenebroso. Con más razón debemos ser precavidos. Porque, admitámoslo, somos susceptibles y volátiles ante todo. Nos alteramos por cualquier cosa. Somos dementes incomprendidos. Marginados del mundo, provenientes del olvido mismo. Somos caos hermoso, conflicto adictivo. Estamos enfermos de promesas. Donantes de melancolía y esperanza positiva. Libres para ser sumisos y ricos para ser pobres. Tan solitarios, siempre con ganas de reír y soñar. Eso es lo que somos, raras criaturas, piedras oscuras errantes sumergidas en el mar, siendo movidas al antojo del vaivén de las aguas turbias del cambio. Somos suicidas por naturaleza. Nos matamos con dosis de resignación. Comemos polvo de estrella, mientras jugamos a las escondidas en el Lagunazo; tomamos la siesta en Tierra de nadie, en un miércoles atravesado. Arrebatados, caminamos por el casco histórico, caminamos por los cielos, como los propios diablos desubicados en el espacio y tiempo. Nos gusta lo sencillo de la vida. Nos gusta el olor a grama recién cortada, pero nos extasiamos más con la grama mojada. Somos orates por excelencia, declamamos poesía en la camioneta, en el vagón, en la plaza, en la glorieta, en la misma miseria, donde desembocan las decepciones y sin razón alguna surgen las grandes esperanzas, de un mundo (ilusorio) mejor. Recuerda. Debo ser precavido, aunque todo esté perdido. Porque ya nada importa. Para qué. De nada sirve quedarme callado. Debo ser agente de caos. Un detonante de emociones y sentidos, ahora, en esta hora tenebrosa, donde me enfrento a este demonio escamoso de aspecto enteco y feo. A este bicho hombre que se esconde entre ropajes y sombra. A este desertor del mundo. A esta criatura del olvido.  A este semblante insólito, sumergido en el espejo.

Alexander Urrieta

Espantosa gramática

Mientras la enseñanza de nuestro idioma siga basándose en la gramática, el sistema educativo seguirá siendo un fracaso.

Para ser eficiente, la escuela, sobre todas las cosas, debe comenzar a enseñar al niño a bien expresarse.

“Se forman cabezas por las lenguas”, decía Rousseau. Y entre nosotros el rousoniano maestro Simón Rodríguez pudo comprobar en su discípulo predilecto el éxito de este sistema, no sólo en punto de formación de la personalidad. La prosa esmerada, audaz y prodigiosa de Bolívar, dos siglos después, nos sigue iluminando con su aún vigente esplendor.

El buen uso del lenguaje deviene del buen uso de la razón, nunca de preceptos ni de reglas omnímodas.

La gramática ha de ser moderado complemento, bueno para aclarar o disipar dudas y explicar mecanismos, nunca comienzo ni culto del aprendizaje ni, mucho menos, cadena, prisión o cámara de tortura.

Se preguntaba Ángel Rosenblat si no era inquietante y extraño que siendo la lengua el más admirable de los dones humanos, su enseñanza en escuelas y liceos se hubiera convertido en la más ingrata y fastidiosa de las asignaturas. Y proponía desde la escuela, mucha, muchísima lectura, lectura oral, lectura comentada por el maestro o profesor, lectura explicada por el alumno, lectura en clase, lectura en casa, lectura de cuentos (alimento de la imaginación), lectura de leyendas, biografías, fábulas, chistes, anécdotas, episodios históricos, discursos, proclamas, lectura de pequeños trozos y de libros completos adecuados a cada edad. Y mucha escritura, copia, redacción, composición (sobre temas libres o señalados), cartas de toda clase, resúmenes de cualquier tema, etcétera. Y junto con la lectura y escritura, habituar al alumno a expresarse con vivacidad, a pronunciar decorosamente, a enriquecer su lengua.

Quienes habiendo sido víctimas de la gramática se enemistaron desde las aulas escolares con la lectura (excepto por el obligatorio acercamiento a los muchas veces disparatados libros de texto) y con la escritura (salvo por haber transcrito memorizadas respuestas en las farsas llamadas exámenes), no pueden, como docentes, sino transmitir autoritarismo o aburrimiento.

No puede enseñarse lo que se ignora ni puede estimularse lo que se desconoce.

Caso contrario, quienes en su infancia y adolescencia tuvieron padres o preceptores que a su vez fueron lectores y, por serlo, avivaron en ellos poderes creadores e imaginación, no aburrirán ni atosigarán a nadie con falsos saberes y ejercerán a plenitud el compartir y disfrute del conocimiento.

Goethe le escribía a un amigo: “Aprovecha en paz la inmensa ventaja de no conocer la gramática alemana. Hace treinta años que trabajo por olvidarla”.

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Gustavo Pereira – Cuentas

Ninguna crítica constructiva

I

La única certeza del venezolano es que pocas certezas tiene. Levantándose pero aún soñoliento, pues no serán las maniobras de mártires políticos, ni la campaña mediática, ni la muerte de un estudiante, ni el irreflexivo grito de auxilio al mundo, ni la sublevación de unos cuantos milicos, sino el Hambre lo que hará que este pueblo despierte por completo. Quizá no de la mejor manera, pero lo hará al fin. Si seguimos a este ritmo nos espera un triste destino inminente. El tocar fondo no sólo será un deber sino un privilegio para todos. La locura que produce la necesidad resulta contagiosa, y sobre todo a los que poco tienen. Es normal que un pueblo en estado terminal, no se cohíba de resaltar su lado exquisito marginal. Los saqueos –por ejemplo– son el resultado de una suma de factores, que bien tiene mucho que ver con el deterioro tanto individual como colectivo de una nación. Uno de los tantos síntomas comunes que puede padecer una población desesperada, embrutecida, totalmente desquiciada y sumergida en una demencia masiva. La estupidez en una enfermedad tan contagiosa como la gripe, y llega incluso a ser tan letal como un cáncer. Somos lo que nos merecemos. Llegamos justo a donde pertenecemos. Con la punta de los pies vamos tocando fondo. La idiotez está en su máximo apogeo. Vamos dando pasos de cangrejo moribundo. La insana locura ha hecho metástasis en nuestra gente. La división ha sido el logro más sublime de esta Revolución. Supuesta dignidad para unos, desprecio total para otros.

II

Antes de tener ínfulas de manifestante los venezolanos debemos aprender primero a ser gente, luego ciudadanos, si no sabemos ser una cosa mucho menos sabremos ser otra. Ser individuos con conciencia colectiva. Tener al menos una noción de cuáles son nuestros derechos, para reclamar con fuerza y convicción ante el abuso de una autocracia bananera energúmena y temerosa, que se ha mantenido viva gracias a la bien conservada ignorancia de un pueblo. Tener precisado el objetivo de una lucha: Se vino a protestar, no es un encuentro festivo para elevar el ego individual en ridículas e innecesarias sesiones de fotos; Esto es un una marcha, no una bailoterapia pública. Muchos venezolanos tienden a confundirse en estos asuntos banales, confundir acción con mera asistencia y faranduleo, e incluso en el más terrible de los casos, llegar a confundir acción con vandalismo desmedido. Ya por ahí vamos mal. La resistencia emergente necesita de ese mínimo factor de reflexión y conciencia para convertirse en un movimiento real, de cambio masivo radical. Un cambio que comienza… a partir de uno.

Alexander Urrieta

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Extracto del Método

Y yo hubiera sido, sin duda, de esta última especie de ingenios, si no hubiese tenido en mi vida más que un solo maestro o no hubiese sabido cuán diferentes han sido, en todo tiempo, las opiniones de los más doctos. Mas, habiendo aprendido en el colegio que no se puede imaginar nada, por extraño e increíble que sea, que no haya sido dicho por alguno de los filósofos, y habiendo visto luego, en mis viajes, que no todos los que piensan de modo contrario al nuestro son por ello bárbaros y salvajes, si no que muchos hacen tanto o más uso que nosotros de la razón; y habiendo considerado que un mismo hombre, con su mismo ingenio, si se ha criado desde niño entre franceses o alemanes, llega a ser muy diferente de lo que sería si hubiese vivido entre chinos o caníbales; y que hasta en las modas de nuestros trajes, lo que nos ha gustado hace diez años, y acaso vuelva a gustarnos dentro de otros diez, nos parece hoy extravagante y ridículo, de suerte que más son la costumbre y el ejemplo los que nos persuaden, que un conocimiento cierto; y que, sin embargo, la multitud de votos no es una prueba que valga para las verdades algo más difíciles de descubrir, porque más verosímil es que un hombre solo dé con ellas que no todo un pueblo, no podía yo elegir una persona, cuyas opiniones me parecieran preferibles a las de las demás, y me vi como obligado a emprender por mí mismo la tarea de conducirme.

Pero como hombre que tiene que andar solo y en la oscuridad, resolví ir tan despacio y emplear tanta circunspección en todo, que, a trueque de adelantar poco, me guardaría al menos muy bien de tropezar y caer. E incluso no quise empezar a deshacerme por completo de ninguna de las opiniones que pudieran antaño deslizarse en mi creencia, sin haber sido introducidas por la razón, hasta después de pasar buen tiempo dedicado al proyecto de la obra que iba a emprender, buscando el verdadero método para llegar al conocimiento de todas las cosas de que mi espíritu fuera capaz.

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René Descartes – El discurso del metódo

La Matrix

La Matrix es todo lo que nos rodea. Donde nos desarrollamos y vivimos. Donde nos desenvolvemos y existimos. Una estructura compleja, bien diseñada y organizada. La representación alegórica del sistema al cual todos pertenecemos: La Sociedad. Ésta, se encuentra  en su totalidad formada por un conjunto de elementos físicos, éticos, morales, políticos, económicos, culturales, religiosos e ideológicos. Una diversidad de elementos que le dan forma y vida a esa enorme maquinaria llamada civilización. Con el paso de los tiempos, el ser humano se desarrolló y logro expandirse por el mundo. Con ayuda de la ciencia y la razón, el hombre alcanzó su máximo apogeo: La modernidad. Hasta el sol de hoy, el hombre ha desarrollado nuevos métodos y técnicas para incrementar la eficacia y alargar la vida de la colosal máquina civilizadora.

El mundo ha quedado en deuda con la ciencia. Pero, ahora la ciencia tiembla, ya que ahora se enfrenta ante su propia hija: La tecnología. Los avances y descubrimientos van a pasos agigantados y acelerados, impulsados ahora, en gran parte, por las inversiones de gran capital,  porque vivimos en un mundo regido por el dinero. El desarrollo y la innovación se encuentran atados a un sistema de mercado, compra y venta, placeres y moda. Consumismo y control de masas. El concepto de progreso, que inicialmente era la búsqueda de la perfección humana,  fue reducido a la búsqueda de una vida hedonista. Un modus vivendi basado en confort, menor esfuerzo, espectáculo, derroche, satisfacción inmediata y lujos instantáneos.

La Matrix, o sociedad, establecen un conglomerado de consensos y condiciones para vivir. De estados y comportamientos establecidos que toda persona debe seguir para ser aceptado y mantener, por decirlo de alguna manera, el orden natural de la sociedad. El hombre masa, en su papel predilecto de alienado es incapaz de cuestionar su entorno, y vive de alguna forma esclavizado. Atado a parámetros sociales, políticos, económicos, éticos y morales. El hombre masa, auspiciado por la insana sumisión a la tecnología, se convierte progresivamente en un engranaje, una simple batería de reemplazo dentro de este enorme sistema. Una sociedad que se hace cada día más dependiente de la tecnología a medida que va dejando de ser pensante, indudablemente se encamina hacia su propia destrucción.

En la película de los hermanos Wachosky, la metáfora es amplia y precisa. Una distopía que habla de un mundo dominado por una tecnocracia tiránica. Las maquinas tienen el control del mundo, y mantienen recluso al hombre dentro de una realidad simulada. Una realidad donde el hombre ignora que vive una ficción creada a punta de comandos y programación. Dentro de esta trama cinematográfica aparecen tres personajes importantes que forman parte de la resistencia dentro de la Matrix. Comenzando por el personaje Neo, que puede ser la alegoría de cualquiera de nosotros. Aquel ser que cuestiona su realidad, critica fuertemente su entorno, mira el mañana con cierto escepticismo y alimenta esa semilla de inconformidad, bien se le puede denominar “el elegido”. Morfeo representa el sueño, lo ideal. La verdad que trasciende por encima de la realidad y la ficción. Trinity, representa el amor, la incondicional, la capaz de despertar la llama  del corazón de aquellos hombres que andan en busca de la verdad.

Alexander Urrieta

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El Espejo

Zoocialismo

Utopismo y Pesimismo

La educación opresora

La eminente educadora doctora Maria Montessori ha desarrollado este mismo sistema en un folleto: “El niño que nunca ha aprendido a actuar por sí solo, a dirigir sus actos, o gobernar su voluntad, se transforma en un adulto que resulta fácil de gobernar y que siempre necesita el apoyo de otros. Incesantemente descorazonado y reprendido, el escolar concluye por adquirir esa mezcla de temor y de desconfianza en su capacidad que se denomina timidez, y que más tarde se presenta en el hombre como desaliento, sometimiento e incapacidad para oponer la más mínima resistencia moral. La obediencia que se supone debe tener un niño, tanto en la escuela como en su casa –una obediencia que no sabe ni de razón ni de justicia–, prepara la docilidad  del hombre para con las fuerzas ciegas. El castigo tan común en las escuelas de reprender públicamente a los culpables, equivale casi a la pena de picota; llena el alma con un temor irracional y loco por la opinión pública, hasta en los casos en que se trata de una opinión manifiestamente equivocada e injusta. En medio de estas adaptaciones y de muchas otras que determinan los complejos de inferioridad permanentes, ha nacido ese espíritu de devoción, por no decir esa idolatría para con los condottieri y los caudillos”. La doctora Montessori podría haber agregado que muy a menudo el complejo de inferioridad encuentra desahogo en la crueldad y en la brutalidad compensatorias. La educación tradicional constituye un acondicionamiento para vivir dentro de las sociedades jerárquicas y militaristas, en las que se obedece abyectamente a los superiores y se trata en forma inhumana a los inferiores. Cada esclavo “se las toma” del esclavo que está más abajo.

thumbAldous Huxley – El fin y los medios

Ensayo sobre el capitalismo

El capitalismo como sistema mundial ha fracasado. El hombre en su prometeico intento de dominación ha ido paulatinamente consumiendo su propia vida y auspiciando el deterioro de la tierra. Es un sistema que a lo largo de la historia ha ido alejando al hombre de su naturaleza, de su esencia espiritual y de su calidad como ser humano. Explotación del hombre por el hombre, con la finalidad de satisfacer los intereses de una minoría que se llena cada día más los bolsillos, sin importar los evidentes daños colaterales que azotan a los no tan afortunados. El hombre en su metamorfosis pasa a ser un engranaje, una simple y pobre pieza desechable en esta enorme máquina colosal que no se detiene por nada ni por nadie. La Civilización Occidental.

La sumisión irracional al dinero, y esa búsqueda egoísta de vida hedonista, encaminan a la humanidad hacia ese inminente destino de destrucción. Estamos tocando fondo en lo que respecta la explotación tanto de recursos como de personas. En nuestra sociedad, las necesidades del hombre se traducen en demandas, comprar y vender, es decir, que el sujeto-necesidad pasa a transformarse en sujeto-cliente. El capitalismo, no amplia ni crea medios de vida, sino que lo convierte todo en clientela y mercancía, y de esta forma, logra así preservar su propia existencia.

En teoría, es un sistema que se avala por la doctrina del liberalismo económico (donde el Estado no debe intervenir en las relaciones económicas que se den entre individuos o naciones), que aboga por la desaparición de todo tipo de trabas a la iniciativa individual. Pero irónicamente, en la práctica, se ha demostrado que el capitalismo sólo puede triunfar si viola sus propios principios teóricos. No sólo actúa de manera económica, sino que también se establece en el área de la política. Respaldado por gobiernos y leyes asegura y aumenta su radio de dominación.

El capitalismo es una especie de monstruo amable, que se adhiere cómodamente a nuestro entorno. Más que un sistema, es un estilo de vida impuesto en nuestra sociedad, que nos mantiene sumergidos en una especie de régimen nocivo, controlado y mecanizado. Una dominación múltiple que abarca el ámbito económico, político, social, cultural, religioso y militar. Se sustenta por medio de acumulación incesante de capital, manipulación de las masas, destrucción del ambiente, enriquecimiento de pocos, a cuesta del empobrecimiento de muchos.

Esta explotación lleva al colapso energético, financiero y social. El capitalismo ha ido adquiriendo una característica nueva a lo largo de la historia: además de acumular beneficios (por medio de la explotación de los trabajadores), como lo ha hecho tradicionalmente, ahora lo hace captando y oprimiendo a su propia clientela mundial. Los ciudadanos se convierten en usuarios y consumidores, y quedan a la merced del vendedor que podrá disponer de la voluntad de ellos como mejor le plazca. El trabajador –transformado en cliente– vive atrapado en una servidumbre invisible.

Este sistema dentro de su manifestación política y cultural, presenta un rostro agradable y atractivo, dando la impresión de ser la única alternativa que encaja perfectamente con los rasgos de la modernidad de masas. Se presenta como algo “fancy”, de moda, que va de la mano con el progreso. Una manipulación mediática, que falsifica la realidad social sustituyéndola por otra realidad virtual que favorece los intereses de un mercado o gobierno vigente. Mantiene a la sociedad sumergida en un espejismo masivo. Atonta y enerva al hombre, y lo mantiene dopado entre la realidad y la ficción, volviéndolo un ser autómata e irracional, susceptible y vulnerable ante cualquier nueva tendencia banal, auspiciada por los mercados reinantes y gobiernos de turno.

Nuestra sociedad se encuentra atrapada en una fuerte disyuntiva: el mantener el sistema capitalista que llevamos empleando bastante tiempo, o desarrollar y establecer uno nuevo, que vele por la conservación del planeta, y a su vez, la del ser humano. ¿Es posible retomar un equilibrio natural?, ¿cómo encaminarnos a nuevas alternativas?, ¿cuánto tiempo se podrá sustentar una sociedad en crecimiento infinito  con recursos finitos?

Temo, que al paso que vamos, acelerado, déspota, insano y despreocupado, olvidemos que tenemos que detenernos, así sea por un instante a descansar, y analizar con detenimiento todas las interrogantes que sacuden nuestro presente y nos impiden dar un pronóstico apacible sobre el mañana. Pero temo más aun, que el detenerse sea una idea ya desfasada, y que nos encontremos a bordo de un viaje sin retorno alguno.

Alexander Urrieta Solano

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La fiesta sigue

Los demasiados Libros, o las virtudes del exceso de plástico

La Broma infinita: sobre la experiencia lectora deportiva

Paprika y la interpretación de los sueños

El Planetario

La lengua totalitaria

El uso de la lengua que hacen los regímenes totalitarios no es un asunto limitado al interés de filólogos y académicos. Los estudios pioneros de Jean-Pierre Faye, Los lenguajes totalitarios (1972), y de Victor Klemperer, La lengua del Tercer Reich (1975), no admiten dudas; la lengua es uno de los más potentes y perniciosos instrumentos para alcanzar el objetivo de control absoluto de la sociedad.

Utilizamos aquí el calificativo de “pernicioso” porque una de sus características esenciales es el modo en que ella actúa: aparece como algo peculiar e inofensivo, que paulatinamente penetra y ocupa el cuerpo social. En primer lugar, es una lengua que avanza y captura para sus fines, cada vez más, territorios de la realidad. La lengua totalitaria opera bajo una lógica militar. Invade. Vigila. Impone prácticas y rutinas. Como si se tratase de un ejército de ocupación, pero no de las calles, sino del pensamiento de los ciudadanos.

Hay que entenderlo: la captura y ocupación de las instituciones, de los medios de comunicación y de la cotidianidad de las personas; o la aniquilación de las organizaciones de la sociedad civil o el creciente cerco a las libertades individuales, ocurre sólo bajo la articulación de una nueva lengua –una neolengua– que desconoce hechos y realidades, y superpone una vasta red de mentiras e invenciones, cuyo objetivo no es otro que el aplastamiento de la sociedad y el control del poder sin límites. Como bien escribió Klemperer, la lengua se convierte en el vehículo que transporta al régimen totalitario.

El acto de renombrar calles, parques, plazas, escuelas, edificios y obras de uso público; el establecimiento infundado de etapas históricas, que establecen una supuesta ruptura entre pasado y presente; el uso improcedente y reiterado de una profusa jerga militarista, de un palabrerío que se jacta de hablar a diario de guerra, batalla, enemigo, conspiración, sabotaje y muchas otras; la apelación permanente a los más extremos superlativos; la repetición de fórmulas, frases de solemne cursilería; la clasificación de “histórico” que se atribuye a cualquier irrelevancia (mientras el régimen inaugurado por Chávez se solaza en el uso de la palabra “eterno”, Hitler utilizaba el “super-superlavito” de “universalmente histórico”); el uso de comparaciones o explicaciones absurdas como política de Estado (la llamada “guerra económica” es un elocuente ejemplo de una invención, una superposición que se intenta imponer a la sociedad, de otra realidad: el fracaso de una política económica basada en el despilfarro y la destrucción del aparato productivo).

Porque en el fondo se trata de esto: la lengua totalitaria se entrelaza, opera simultáneamente con otras herramientas en uso, como el control total de los medios de comunicación y el deterioro sistemático de la calidad del sistema educativo. Cada uno de estos programas por separado, pero también concebidos como una estrategia, apuntan a un mismo objetivo: al embrutecimiento de la sociedad, al desmontaje de toda crítica y disidencia.

El Editorial – El Nacional Lunes 4  de Noviembre de 2013

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«Cada año habrá menos palabras, así el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño». 

«No habrá risa; no habrá arte; ni literatura ni ciencia; sólo habrá ambición de poder, cada día de una manera más sutil.

George Orwell – 1984

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

Zoocialismo

Utopismo y Pesimismo (MEAF)

El Espejo

Mandones Frustrados (MEAF)

La Sumisión Irracional

Máscaras

Zoocialismo

Todo pueblo conformista bien merecido tiene su régimen zoocialista. Venezuela no podía ser una excepción a la regla. Padecemos un mal necesario y bien merecido. Somos como esa mujer que anda con la autoestima por el suelo, que por simple sumisión y temor, vuelve siempre a los brazos de ese cruel misógino que la maltrata deliberadamente. Nos gusta ser tratados como animales, o incluso menos que eso. El acto rebelde de los venezolanos es postergado por una aparente abundancia de vaselina. Como no nos duele todavía, nos limitamos, como amor de puta, a quejarnos en silencio. Actuando con una enfermiza apatía, despotricando y vociferando pero siempre, evitando por todos los medios la acción y la lucha. Recordemos que el venezolano no es una persona que se caracteriza por asumir responsabilidades ni barrancos. Es un ser que no sabe reclamar. Cuanto más grandes sean sus problemas, éste buscará eficazmente evadirlos con pretextos como, Ese no es mi problema, Si no es conmigo para qué alarmarse, Mientras no me toquen lo mío estamos bien, Cada quien pendiente de lo suyo. No somos filántropos por naturaleza, ni nos hemos preocupado en serlo. Somos lo bastante egoístas que podemos tener hasta el descaro de olvidarnos de nosotros mismos. El más irracional de los descuidos. Cómo nos acostumbramos a vivir así, muy simple, aprendimos a vivir bajo las alas del zoocialismo. El sistema de los seres carentes de razón, donde vivimos regidos por la denigrante ley de la selección natural, donde no es el más fuerte, sino el más vivo el que sobrevive. El compadrazgo y amiguismo son conceptos que riman con individualismo y egoísmo. Somos lisonjeros en la más amplia acepción de la palabra. El fingir, adular, insultar, musitar, idolatrar y actuar con desmedida protervia hasta perder la completa dignidad, para poder obtener beneficios, es nuestro nocivo estilo de vida. El zoocialismo, más allá de un sistema, es una manera de hacer las cosas. Es una forma de tiranizar con estilo. Es una forma de escuchar sin entenderse, y de verse y juzgarse sin tener que comprenderse. La falta completa de valores, opacada por la búsqueda de una superación personal, que no mide posibles daños colaterales. La ausencia del deber ser, la pérdida del respeto a todo aquello que nos rodea, y nos representa, que genera a la larga criaturas dañinas que alteran un equilibrio natural, llevando a todo un pueblo al umbral de la decadencia. Corrupción, violencia, delincuencia, vandalismo, analfabetismo, marginalidad y pauperismo social, son varios de los síntomas que a la larga, se van acrecentando en un pueblo dominado por el bochinche, la sinvergüenzura y el salvajismo. El zoocialismo no es una palabra que se encuentre registrada en el diccionario de la RAE, es una palabra inventada por la lengua popular, cuya finalidad, ha servido para englobar, toda circunstancia incoherente e inusual que no tiene cabida o explicación en otros conceptos existentes. No vaya a confundir el lector la palabra zoocialismo con socialismo, es una mera casualidad que ambas tengan la misma estructura fonética. Ambas al oído, pueden sonar parecido, pero si nos ponemos a observar y analizar con detalle, vemos que son dos cosas totalmente distintas. Una habla de una realidad bastante vigente en nuestro entorno, mientras que la otra, habla de utopías y planteamientos que dentro de nuestro actual contexto, resultan inalcanzables y muy lejanos. Una es un hecho, la otra es una promesa jamás cumplida en esta tierra. Para comprender el zoocialismo, basta sólo con salir a la calle y vivir la experiencia del caos en carne propia. Para el socialismo, basta sólo con imaginar, una sociedad gobernada por el sentido común y los buenos principios del hombre. Una igualdad, no económica, sino una basada en los buenos tratos para con todos. Cómo nos cuesta a los venezolanos imaginarnos semejante espectáculo humanista. Cómo nos cuesta plantearnos algo que no conocemos, ya sea por ignorancia, engaño, o simplemente por una confusión de términos, que como vemos en este caso, ha ocurrido bastante entre nuestros contemporáneos distraídos por el rumor popular, que como ya se sabe, habla y se jacta de mucho, pero desgraciadamente está al tanto de muy poco. Recordemos que algunas palabras, a pesar de que se oigan igual, se pueden escribir e interpretar de formas distintas. Tratemos para la posteridad, no olvidarnos de ese pequeño detalle.

Alexander Urrieta

ohhyeah!!

“Es hora de aullar, porque si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan, y no hacemos nada por contrarrestarlos, se puede decir que nos merecemos lo que tenemos”.

José Saramago