Los Condenados del Paréntesis

Muchas veces uno expone ciertas ideas que lo comprometen al destierro. La realidad me da argumentos válidos para seguir viendo el futuro con escepticismo. No soporto esa forma imperativa y enfermiza de sujetarnos al pretérito ¿Por qué los viejos insisten tanto en atarnos con la misma soga con la que enrojecieron sus cuellos? No he conocido un pueblo tan nostálgico y avergonzado de su propia historia como el de este país mestizo; tan consecuente en su ejercicio de recordar falsas raíces, pues le sale sencillo imaginarse un país sintético, concebido por los delirios de los vejestorios enfrascados en su vicio de orden y progreso: única alternativa de vida, porque al parecer todo era prosperidad y alegría… “Éramos felices y no lo sabíamos”; si el lamento se esconde en esta irrisoria expresión popular, me atrevo a confirmar más bien que “nunca” fuimos libres de pensar otra felicidad. Éramos, y seremos felices, bajo los efectos somáticos de la sociedad de consumo. Lo más perturbador de todo es la incapacidad de problematizar el presente sin elaborar ningún tipo de reflexión lúcida, lejos de alguna presunción polarizada que propicie la niebla entre los séquitos, que necesitan el respaldo de una voz mayor para poder pensar. Si todo tiempo pasado fue mejor, eso refuerza la idea de un presente insostenible, pues hay una necesidad de alcanzar el porvenir, recuperando eso que quedó atrás. Anhelar no tiene sentido si hay ausencia de movimiento.

Tengo miedo de este letargo insomne que irradian mis contemporáneos. Vivimos en un mundo con poco sentido de lo real. El cinismo y la amnesia esporádica son indispensables para sobrellevar el ritmo escandaloso de la segunda década del milenio; a este paso vamos acelerando nuestra extinción ¿quién se atreve a negar que nosotros procuramos comenzar primero? Hicimos nuestro mejor esfuerzo para tocar el fondo: el monopolio militar y la hegemonía de los pranatos, junto con la ficción del mercado han llevado a este pueblo a la ruina. Creo que nos entregamos deliberadamente al papel del Mejor país del mundo; desde el principio el excremento del diablo logró satisfacer nuestros más insanos caprichos. La obsesión monomaníaca de salir del sub-desarrollo, sin mencionar la invención del otro y el tercer mundo, el proyecto de naciones, empresa y sociedad de castas, la tierrua y la sifrina, adecos y copeyanos, chavistas y opositores… me atrevo a decir que nuestra compleja identidad se concentra en los certámenes de belleza y las marcas de cerveza ¿Acaso fuimos otra cosa? ¿Tiene algún sentido cardinal rendirle culto a Bolívar o a una Arepa? ¿Cómo se piensa un País, desde el tuétano, o el reflejo? Matar a nuestros dioses conlleva toda una épica del desencanto. No podemos desprendernos de nuestras cicatrices culturales, pero si engendrar antihéroes, pues la epopeya se ha quedado corta para saciar nuestras necesidades. Tampoco la corona de Barbie idiota saciará este sentir trágico de país, mucho menos los clasificatorios del mundial. Para los venezolanos, la ingenuidad ha sido siempre nuestra mayor virtud; por la risa hemos aprendido a ocultarlo todo.

La desgracia de esta generación de los noventa fue haber nacido entre un paréntesis, fin de siglo, poco nos convencen los sueños de nuestros padres, y aparte nos decepciona todo ser nacido en el nuevo milenio. Igual no podemos soslayar el uso político que le han dado los poderosos al pasado; las tiranías más grandes no se han ejercido por el control de los fusiles, sino por el dominio de las palabras: la ventaja de poder re-inventar o deformar la historia, a gusto del opresor de turno.

La modernidad ha perfeccionado la creación de engranajes. El autómata estructural se ha convertido en un rasgo connatural: sujetos embrutecidos por el alcohol y la televisión, la industria del odio y el morbo, la soledad virtual y las falsas supremacías morales. No pongo en duda que nosotros por un desfase entre un milenio y otro padezcamos cierta anomalía decadente.  Igual ahora todos somos medidos por la misma vara del mercado, burdas piezas para perpetuar el caos, y sin embargo uno hace el intento de llevar la contraria, igual la contracultura se somete al gasto y al consumo. Empresa inútil, cuando de las contradicciones se produce movimiento vital. La ontología de la felicidad radica es su imposibilidad de conservarse estática. Maldito afán de los machos racionales, que pretenden alargar el instante con cualquier artilugio moderno, que no nos impresione que busquemos agregar más horas al tiempo. La existencia es la brevedad más cuestionada del ser.

Ese gusto de portarnos como hordas. Perros sin dueño. Nos organizamos sólo para despedazar, nunca para crear. Uno predica con el ejemplo, imaginen cuánta pedagogía pública puede ofrecernos el espectáculo de la picota, el desmembramiento del otro, vil ladrón que debe pagar su incomprendida existencia… ¿qué necesidad y desesperación lleva a los hombres a robar? El linchamiento tiene para muchos un sentido práctico y terapéutico, casi orgásmico, donde la rabia se descarga sin penas ni decoro. Se cuenta con la aprobación de una multitud desquiciada que vive a gusto con la violencia. El evento convoca a sus enfermos, los roles se asumen de forma casi premeditada, se improvisa la escena: los que golpean y buscan sangre, los que gritan Desnúdenlo y quémenlo, los voyeristas que graban, pues ahora todo queda registrado para el deleite de nuestra propia miseria…y luego el momento que todos esperan: La apoteosis del fuego: La quema de Judas. Cada grito del condenado en llamas es un demonio que sale por su boca; así la muta inquisidora alcanza su redención. Hay que prestar atención al clímax de la liturgia urbana: un ambiente tenso y excitante; una alegría terrorífica, casi incomprendida, proveniente de un público histérico que sin darse cuenta ha sido poseído por nuevos demonios; sólo falta que todos como grupo vayamos corriendo hacia el abismo, pues hay que concretar nuestra historia en un suicidio colectivo, para que nos recuerden como próceres prematuros. A veces tanta estupidez resulta insoportable. Duélale a quien le duela, los tiranos y malandros también van al cielo. La hipocresía y la mentira habitan en proporciones desiguales, pero existen en cada uno de nosotros. Ese profundo odio por el otro se ha vuelto la sustancia vital del ahora. Este país polar no es una excepción a la regla, es una prueba fehaciente.

No quiero sonar fatalista. Tampoco pretendo hablar con la verdad, no puedo hacerlo, ni quiero nunca jactarme de tenerla. Hay muchas personas que hacen parcela de su verdad y viven tranquilos hasta el fin de sus días, (egoístas innatos, como las bestias polares). Ideal  si no te empeñas en convencer a los demás, sin considerar que eso también es una forma de dominación. No sé cuánto tiempo me tome entender que puedo acercarme a cierta versión de la verdad, en la medida que acepte las infinitas versiones de los demás. Sé que resulta imposible abarcarlo todo, pero me sentiría nefasto si no hiciera por lo menos el intento de contemplar el mundo de otra manera. Pienso que es la virtud subrepticia de los nacidos en un paréntesis, la capacidad de colectar lo mejor de varios mundos, pues toda lógica de vida es divina. Uno quiere su cuerpo en la medida que acepta que no es como el de otros; uno abraza su cuerpo con la misma intensidad que necesita para aferrarse al otro.

Alexander Urrieta Solano

Valle de Caracas, 11 de abril de 2016

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La secta de los treinta

por Jorge Luis Borges

El manuscrito original puede consultarse en la Biblioteca de la Universidad de Leiden; está en latín, pero algún helenismo justifica la conjetura de que fue vertido del griego. Según Leisegang, data del siglo cuarto de la era cristiana. Gibbon lo menciona, al pasar, en una de las notas del capítulo decimoquinto de su Decline and Fall. Reza el autor anónimo:

«… La Secta nunca fue numerosa y ahora son parcos sus prosélitos. Diezmados por el hierro y por el fuego duermen a la vera de los caminos o en las ruinas que ha perdonado la guerra, ya que les está vedado construir viviendas. Suelen andar desnudos. Los hechos registrados por mi pluma son del conocimiento de todos; mi propósito actual es dejar escrito lo que me ha sido dado descubrir sobre su doctrina y sus hábitos. He discutido largamente con sus maestros y no he logrado convertirlos a la Fe del Señor.

 »Lo primero que atrajo mi atención fue la diversidad de sus pareceres en lo que concierne a los muertos. Los más indoctos entienden que los espíritus de quienes han dejado esta vida se encargan de enterrarlos; otros, que no se atienen a la letra, declaran que la amonestación de Jesús: Deja que los muertos entierren a sus muertos, condena la pomposa vanidad de nuestros ritos funerarios.

»El consejo de vender lo que se posee y de darlo a los pobres es acatado rigurosamente por todos; los primeros beneficiados lo dan a otros y éstos a otros. Ésta es explicación suficiente de su indigencia y desnudez, que los avecina asimismo al estado paradisíaco. Repiten con fervor las palabras: Considerad los cuervos, que ni siembran ni siegan, que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto de más estima sois vosotros que las aves? El texto proscribe el ahorro: Si así viste Dios a la hierba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno, ¿cuánto más vosotros, hombres de poca fe? Vosotros, pues, no procuréis qué hayáis de comer, o qué hayáis de beber; ni estéis en ansiosa perplejidad.

»El dictamen Quien mira una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón es un consejo inequívoco de pureza. Sin embargo, son muchos los sectarios que enseñan que si no hay bajo los cielos un hombre que no haya mirado a una mujer para codiciarla, todos hemos adulterado. Ya que el deseo no es menos culpable que el acto, los justos pueden entregarse sin riesgo al ejercicio de la más desaforada lujuria.

»La Secta elude las iglesias; sus doctores predican al aire libre, desde un cerro o un muro o a veces desde un bote en la orilla.

»El nombre de la Secta ha suscitado tenaces conjeturas. Alguna quiere que nos dé la cifra a que están reducidos los fieles, lo cual es irrisorio pero profético, porque la Secta, dada su perversa doctrina, está predestinada a la muerte. Otra lo deriva de la altura del arca, que era de treinta codos; otra, que falsea la astronomía, del número de noches, que son la suma de cada mes lunar; otra, del bautismo del Salvador; otra, de los años de Adán, cuando surgió del polvo rojo. Todas son igualmente falsas. No menos mentiroso es el catálogo de treinta divinidades o tronos, de los cuales uno es Abraxas, representado con cabeza de gallo, brazos y torso de hombre y remate de enroscada serpiente.

»Sé la Verdad pero no puedo razonar la Verdad. El inapreciable don de comunicarla no me ha sido otorgado. Que otros, más felices que yo, salven a los sectarios por la palabra. Por la palabra o por el fuego. Más vale ser ejecutado que darse muerte. Me limitaré pues a la exposición de la abominable herejía.

»El Verbo se hizo carne para ser hombre entre los hombres, que lo darían a la cruz y serían redimidos por Él. Nació del vientre de una mujer del pueblo elegido no sólo para predicar el Amor, sino para sufrir el martirio.

»Era preciso que las cosas fueran inolvidables. No bastaba la muerte de un ser humano por el hierro o por la cicuta para herir la imaginación de los hombres hasta el fin de los días. El Señor dispuso los hechos de manera patética. Tal es la explicación de la última cena, de las palabras de Jesús que presagian la entrega, de la repetida señal a uno de los discípulos, de la bendición del pan y del vino, de los juramentos de Pedro, de la solitaria vigilia en Gethsemaní, del sueño de los doce, de la plegaria humana del Hijo, del sudor como sangre, de las espadas, del beso que traiciona, de Pilato que se lava las manos, de la flagelación, del escarnio, de las espinas, de la púrpura y del cetro de caña, del vinagre con hiel, de la Cruz en lo alto de una colina, de la promesa al buen ladrón, de la tierra que tiembla y de las tinieblas.

»La divina misericordia, a la que debo tantas mercedes me ha permitido descubrir la auténtica y secreta razón del nombre de la Secta. En Kerioth, donde verosímilmente nació, perdura un conventículo que se apoda de los Treinta Dineros. Ese nombre fue el primitivo y nos da la clave. En la tragedia de la Cruz —lo escribo con debida reverencia— hubo actores voluntarios e involuntarios, todos imprescindibles, todos fatales. Involuntarios fueron los sacerdotes que entregaron los dineros de plata, involuntaria fue la plebe que eligió a Barrabás, involuntario fue el procurador de Judea, involuntarios fueron los romanos que erigieron la Cruz de Su martirio y clavaron los clavos y echaron suertes. Voluntarios sólo hubo dos: El Redentor y Judas. Éste arrojó las treinta piezas que eran el precio de la salvación de las almas e inmediatamente se ahorcó. A la sazón contaba treinta y tres años, como el Hijo del Hombre. La Secta los venera por igual y absuelve a los otros.

»No hay un solo culpable; no hay uno que no sea un ejecutor, a sabiendas o no, del plan que trazó la Sabiduría. Todos comparten ahora la Gloria.

»Mi mano se resiste a escribir otra abominación. Los iniciados, al cumplir la edad señalada, se hacen escarnecer y crucificar en lo alto de un monte, para seguir el ejemplo de sus maestros. Esta violación criminal del quinto mandamiento debe ser reprimida con el rigor que las leyes humanas y divinas han exigido siempre. Que las maldiciones del Firmamento, que el odio de los ángeles…»

El fin del manuscrito no se ha encontrado.

El libro de Arena (1975)

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“Poco puede esperarse, verbigracia, de un gobernante que alguna vez, aun cuando sea por modo oscuro, no se ha preocupado por el principio primero y el fin último de las cosas todas, y sobre todo de los hombres, de su primer por qué y de su último para qué.”

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Miguel de Unamuno – Del sentimiento trágico de la vida

 

Intelecto Polarizado

(El país es cómo lo vemos nosotros: una punta roma para intelectuales opositores)

En la Venezuela Polarizada de hoy… Estamos ante el típico intelectual que usa la política para hacer comedia y no la comedia para hacer política, como creo debería ser (?). Estamos ante el típico intelectual que profesa sus más profundos resentimientos (e inclinaciones políticas) frente a un público adulador, que responde al unísono: «sabias reflexiones…pero qué hombre tan honesto e inteligente» «Un verdadero venezolano» «Habla desde la pura verdad». Estamos ante el típico intelectual, que usa su poder de difusión para reproducir y legitimar lo que tanto critica…En la medida que despotrica se va convirtiendo en lo que más odia; pero estos artífices del saber y del humor, a lo mejor se escudan en la idea de que «todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros»; si lo vemos de este modo, entonces sus ideas son completamente válidas e irrisorias, pero entonces me pregunto si desde el podio donde los venezolanos tienen montado a estos hombres de méritos y fama, acaso recuerdan de dónde vienen, o se pregunta de vez cuando quiénes son. El endiosamiento de su pueblo los obliga a ser perfectos hasta en días de pedantería.

El típico intelectual, con el rasgo divino que caracteriza a toda celebridad, tiene la potestad, e incluso hasta el lujo, de crear sus propias matrices de opinión, tener la capacidad de manipular a los demás: de convencer en la medida que produce empatía, y decir con sus propias palabras cómo nos sentimos todos, porque esa es otra, la autoridad puede generalizarlo todo, pues sus palabras son absolutas; tal es el caso de un hombre con poder, que logra sin ningún inconveniente, establecer una barrera clara entre lo que Somos nosotros y lo que desgraciadamente son Ellos (a modo de chiste, claro): mientras no seamos como Ellos estamos bien. Hombres osados, pero convencidos de su verdad ¿Cuál es la intención de estos preclaros venezolanos, que en entrevistas de radio y presentaciones multitudinarias hablan de ciudadanía, ilustración, ética, orden y progreso, mientras usan la palabra cultura a su favor, de la manera más banal posible? ¿Un complejo colonial inusitado? ¿Auspician sin saber la polarización y la idiotez colectiva? ¿Acaso buscan elevar su rating en la medida que anulan la conciencia crítica, porque detestan que alguien venga y les recuerde lo poco que saben y lo mucho que ignoran? ¿Qué tipo de ideas transformadoras invaden a estos hombres tan inteligentes y respetados, que hablan de tiranía y libertad de expresión desde una cuenta de twitter o una plaza repleta de borregos desesperados por cambiar? ¿Será que cuando uno transciende y se acomoda en la memoria de un pueblo nos podemos dar el lujo de ser demagogos, e incluso hasta estúpidos, porque al final lo que buscamos es hacer reír a los demás? (el pueblo no necesita pensar, pues para algo tiene a sus preclaros), seguro que con todo lo que han aprendido les basta para seguir siendo autoridades en este país mediocre, donde al parecer cualquier criatura de Dios puede ser lo que sea…lo importante es tener un bando y defender la “libertad”, ¿de culto o pensamiento?

¡Mírennos, somos un pueblo ignorante dispuesto a Cambiar!

¡Trabajemos con los mismos puntos de vista para preservar, pues el futuro está en el pasado!

¡Les vamos a demostrar que con un montón de lo mismo marcaremos la diferencia!

Pienso que un buen comediante (intelectual) es aquel que critica en la medida que nos pone a todos en ridículo, porque a veces entramos en cuestionamiento más por la risa que por la reflexión, y más en este país «alegre y bonchón» donde al parecer la introspección no sirve para absolutamente nada, porque es más sencillo echarnos la culpa y decir que somos un pueblo mestizo. Este país está lleno de intelectuales petulantes y faranduleros, que hablan de unión y progreso pero sólo para aquellos que den visto bueno a sus comentarios, sin importar lo nocivo y nefasto de sus discursos; no importa si se siembra odio, o si se exalta un rimbombante endorracismo imperial, al final todo es comedia, y se supone que nos tenemos que reír todos (?). Si estos señores son la máxima referencia del sano intelecto y meritocracia adquirida entonces, ¿qué se supone que somos nosotros? Cualquier vaina, dirán ellos, cualquier cosa, diremos nosotros. Son mis palabras en contra de los hombres más inteligentes de Venezuela, de los tipos con títulos y doctorados, que comentan desde un programa radial mañanero que el problema de este pueblo “es la cultura del venezolano”, “que no somos como los demás”. Una sabiduría domesticada al servicio de los intereses del sistema, no existe un mínimo esfuerzo por ver el mundo de otro modo. Los problemas radican quizá en nuestra manera de compararnos con el resto del mundo, ¿todavía hay necesidad de legitimar el discurso del Desarrollo, o el nefasto caso del Tercer mundo, o la incómoda viveza criolla? ¿Vivimos en el país más ambiguo del mundo? ¿Aquí hubo edad media? Lo aterrador de todo este asunto, es que hasta los saberes y formas de ver el mundo son impuestos; y digamos que la visión “normal” de las cosas resulta ser siempre la forma más escueta y tonta de las miles que existen. El mérito se gana, pero gran parte del tiempo se paga, por ahí vemos la estafa del sistema educativo. Supongo que la meritocracia descarta cualquier opinión válida proveniente del anonimato virtual ¿Quién soy yo para hablar tanta paja?

Gracias, intelectuales polarizados, deberían existir más hombres como ustedes, tan claros y lúcidos de su contexto actual…tan claros de su papel en la historia. Por personas como ustedes sé, que el país va por el buen camino, y que nunca nada de esto va a cambiar; la prueba está en los comentarios de la gente que aprueba y comparte cada creación de su autoría, deben sentirse inmortales e incluso hasta inmaculados; mientras la gente siga pagando y adorando, no tienen por qué re-plantearse nada, salvo algo para el crecimiento personal; comprendan intelectuales polarizados que la diferencia forma parte de un todo, y sin embargo, ustedes han convertido la otredad en un chiste exclusivo y destructivo, un argumento no-válido para el porvenir, un ejemplo de lo que no debe ser ni hacerse. «La voz del pueblo, es la voz del cielo». El primer paso para poner en ridículo a los demás, es ponernos en ridículo a nosotros mismos.

Alexander Urrieta Solano

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Niebla

Ahora que tenemos cambio, me pregunto si la gente estará dispuesta a cambiar de verdad. La dificultad ahora está en erradicar la barrera entre ellos y nosotros/nosotros y ellos. La polarización sin duda opaca cualquier expectativa. Tal vez puedo aspirar a sueños menos radicales, donde el bobositor y el chavistoide pasen a ser meros recursos literarios del pasado. Digamos que este pueblo ignorante no es del todo ignorante, porque vive de pequeñas dosis de nostalgia, que después olvida, cuando sus héroes se equivocan por cualquier razón, ellos no merecen nuestro perdón, pues ante nosotros su deber es ser perfectos, (estas son vainas que nunca voy a entender de este país). Con mesías y cultos irreversibles hemos forjado la identidad de un pueblo. Terrible es asumir que somos una generación normal, pero mucho más terrible es no aceptar que venimos con defectos de fábrica, nuestra otredad ha sido inventada (he aquí la desventaja de no saber de donde venimos), cualquier político de prestigio o intelectual de pacotilla se aprovecha y nos embarra un relato fantasioso: el típico discurso del país de las grandes riquezas, mujeres hermosas (y no le pongan play a la maldita canción de Alma llanera, que ya me tiene harto con sus hermanos de espuma)… Creo que estamos cansados de caernos a coba nosotros mismos, (o tal vez sea necesario vivir de ilusión). Mi preocupación está en que la euforia y el delirio siempre han sido nuestra piedra en el zapato. Nos quedamos siempre en el optimismo lírico, inflamos el ego llamándonos Venezuela cada vuelta al sol, (o cuando el azar juega a nuestro favor). No podemos creer que las cosas son tan fáciles (no deberían serlo). Con cortar una cabeza bien sabemos que no matamos a la hidra. Sin pensamiento crítico el cambio seguirá siendo inaccesible, y hasta imposible. Seguiremos frustrados ante el cambio que no logramos culminar, porque nunca quisimos aceptar que desde el principio estuvimos mal. Mientras no exista confrontación para el diálogo seguiremos perdiendo el tiempo; nuestros esfuerzos se irán en una publicación que busca dañar al otro, el potencial de acción reducido a montajes balurdos y mediatismos, pues lo que prolifera en las glorias son los idiotas y borregos que cantan victoria sin medir las magnitudes del porvenir. Me preocupa la ingenuidad con que llegamos a asumir nuestros logros colectivos, porque ahora que somos Venezuela pues, me puedo dar el lujo de hablar por todxs. Perdonen el pesimismo pero temo que el cambio haya sido de tinte y no de forma; el odio a diferencia de la alegría es un problema estructural que no se encuentra con facilidad. Pienso que más aprendizaje sacamos de nuestras derrotas; las victorias son efímeras y banales, nadie se detiene a dar planteamientos sobre ella. Insisto, los problemas empezaron cuando se creyó tener la razón. Vamos a ver si logramos salir de nuestro karma histórico, mientras somos capaces de re-plantearnos la realidad; quizá cambiando las formas de vernos tal vez encontremos puntos medios: contrastes más cálidos, donde los problemas no sean evadidos con humor déspota ni rancio proselitismo político. Al menos hacer el intento, el mínimo esfuerzo de ser menos estúpidos cada día, aunque se pida demasiado a los cielos, pues hasta Dios (si es que existe) está saturado de nuestra idiotez que parece costumbre heredada. Que el «cambio» no se quede en un simulacro democrático, recordemos que la dictadura de la mayoría tienes sus ventajas y desventajas…Entonces, mi querido Otro-Venezolano-Polarizado ¿Sólo por estar de frente hay que enfrentarnos? No lo creo. Si quieres un puente, te lo doy, pero que no sea por sumisión invocada, sino por convicción reaccionaria.

Inventamos o erramos, pero haciendo lo mismo no iremos a ningún lado.
Feliz inicio de semana, y sopórtenla con el consumismo.

Un abrazo, desde este Valle incomprendido.

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Alexander Urrieta Solano

Polarización y negación del otro en Venezuela

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No puedo pretender que el otro piense igual a mí, pero me conformo con saber que piensa algo, que macera ideas: que produce conocimiento. Me desagrada que el sentido común a veces lo utilizamos estrictamente como elemento decorativo, para alardear de que somos cultos y que estamos por encima de otros; un pequeño complejo de superioridad que, sin duda todos padecemos, pero en distintas proporciones.

Pedirle a los venezolanos un poco de lucidez en tiempos decadentes parece ser demasiado. Como ya en varias oportunidades lo he expresado, considero que vivimos en una sociedad saturada, ausente de valores, donde el otro ha pasado a ser el enemigo acérrimo de esta crisis que se conjuga con lamentos individuales y medios de comunicación modernos que han atomizado todo acontecimiento: mensajes e imágenes viniendo de todas direcciones, teniendo como objetivo claro moldear a las masas en un sentido político e histórico: distrayendo e impactando a todo un mundo, un país…una audiencia.

Hablando de forma general, los venezolanos tienen la curiosa costumbre de saltarse las normas mínimas de convivencia, y también algunas máximas. La virtud esconde los complejos, y la insana impotencia de todo lo que (como pueblo) no alcanzamos a ser: quizá una suerte de venezolano moldeado hasta el cansancio con un Manual de Carreño sea el fin de aquellos que hablan de Civilizado-Orden-Progreso… o esa palabra que se usa de forma tan laxa y nociva: Cultura. La estrategia de facilitación para actuar de esa manera, producida por nosotros, tiene al menos dos aristas: Según la primera, nos consideramos seres virtuosos cuando nos referimos a nosotros mismos. Según la segunda, consideramos al otro un ser cuestionable por donde se lo vea. El otro siempre hace cosas reprochables, mientras que uno no. Entonces, cuando uno comete una infracción, uno no está actuando como uno, sino como el otro, por eso es indispensable eliminarlo.

Esta forma de relacionarnos de los venezolanos implica una serie de presupuestos; el primero de ellos dice así: para ser bueno no hay que ser como otro, sino como nosotros; por otra parte, el segundo presupuesto tiene que ver con suprimir al otro, que siempre es malo, esto quiere decir que: si me comporto como el otro, es decir, si me comporto de manera negativa, no debo ser atacado por ello, pues una vez que yo lo elimine a él, nada de él podrá manifestarse en mí, y seguiré siendo tan bueno como siempre.

La consecuencia inmediata de esta manera radical de conducirse es un tipo de sociedad conformada por personas egoístas, centradas en sí mismas, y que de paso, viven al margen de la norma o, mejor dicho, se valen de la norma según su propia conveniencia… Esas personas, en definitiva, actúan como si en ellas no existiera ningún otro. Todo lo ajeno es indiferente. El venezolano no sabe ponerse en el zapato del otro.

El venezolano polarizado es un ser aturdido, confundido por los cambios bruscos de los líderes que idolatra, aferrado a una realidad donde los contrastes son inexistentes, en otras palabras, es un consumidor compulsivo de ideología, incapaz de producir criterio propio de aquello que le rodea. Esta polarización se ha extendido en distintos espacios de la vida cotidiana, donde las más diversas instituciones públicas y privadas (educativas, religiosas, policiales, militares, etc.) así como sectores sociales, se han puesto a favor y en contra de una de dos posiciones: gobierno y oposición, generando un agotador clima de tensión socioemocional, y distintas expresiones de violencia. La realidad de los venezolanos se ha convertido en un drama enervante.

Con la polarización se han multiplicado los estereotipos (el chavista es así y los opositores así, el fiscal de tránsito, la mujer operada, el político, el militar, el sifrino de acá es así y el que viene del barrio así), las descalificaciones, la discriminación y la exclusión a través de referencias a la condición de clase, etnia, raza u otras características grupales o partidistas, comprenden toda una visión del mundo dentro del imaginario de una mente radical, polarizada, que mira el espacio donde se encuentra con extrañeza porque no sabe dónde está.

La Viveza Criolla por ejemplo, es el resultado de una filosofía de vida impuesta por nuestra desconocida carga histórica construida a partir de epopeyas y Estados mágicos. Recordemos que una mentira dicha mil veces se vuelve verdad. Pienso que el individualismo es una condición presente en todas las sociedades capitalistas; el egoísmo no puede ser atribuido a una idiosincrasia perdida en América Latina. Si nuestro egoísmo existe, está para hacernos creer que somos los únicos que padecemos en el mundo, y eso está muy mal, porque nuestra percepción es inútil y limitada. Con una visión tan reducida del mundo ¿cómo aspiramos cambiar la realidad?

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Demasiada televisión inútil vendiéndole ilusiones a la gente, demasiadas cirugías embrutecedoras para los que no soportan aceptarse como son. Buscamos desesperados la identidad y reconocimiento por aquellos que piensen igual que uno. Demasiados «intelectuales» faranduleros haciendo estragos en sus seguidores, que andan buscando más rating que introspección en sus oyentes, nadie promueve a la autocrítica. Hacer un llamado a mirarnos en el espejo es promover al caos. El viaje al interior de nosotros mismos pronostica pesadilla y terror, por lo cual la libertad se hace costosa mientras emprendemos ese viaje. 

La idea de estabilidad es poderosa, y más cuando se busca en los confines de la ciudad. La libertad es el recurso indispensable de la imaginación: la ciudad tiene su propia concepción de ella, y cada individuo (racional-occidental) la asume como la única posible; en esta incongruencia de adaptar nuestras necesidades a un espacio reducido de universo, radica la mayor dificultad de la existencia; incongruencia espacial que nos mantiene sumidos a los límites establecidos de una cartografía urbana, que más allá de los peligros que la definen, son los rasgos opresivos, aquellos que nos mantienen con vida en la jungla de concreto y nos definen como ciudadanos.

La libertad, al igual que la democracia, son palabras que todos conocen pero nadie entiende, por el hecho de que ambas resultan ser ambiguas y por qué no decirlo, banalizadas. Nuestros políticos han sabido cómo lubricar al pueblo por medio de las palabras, porque el pueblo sufre de amnesia esporádica. Con la polarización cada sector se ha aferrado a las palabras dándoles un significado que para el otro No es válido, fuera de orden. Se rechaza automáticamente no por el significado, sino porque proviene del otro lado.

Tenemos el caso de la violencia en Venezuela, por tomar un ejemplo, donde dos visiones del mismo fenómeno a pesar de que buscan el mismo fin no pueden establecer diálogo entre ellas: “Queremos paz”, dice el Gobierno; “No queremos Violencia”, dice la oposición… unos están a favor de la paz y otros en contra de la violencia. Sin duda ambos buscan un fin, pero siempre y cuando no incluya al otro, que busca otra cosa. Resulta hasta tonto caer en este tipo de discusiones, tampoco es la idea.

Nadie sabe quién inició el conflicto entre los dos, pero como queríamos terminar rápido, lo iniciamos nosotros primero… y así funciona el ouroboro de la idiotez venezolana. Una masificación del odio, la verdadera dictadura del pensamiento. La no aceptación de nosotros y al mismo tiempo, la negación del otro, porque no existe: lo maté Yo.

Podemos hacer una gran lista del doble discurso llevado por la polarización política en Venezuela, respaldado por un nacionalismo que no ha hecho otra cosa que marcar las diferencias entre nosotros sobre el tema de: ¿Quién ama más a Venezuela, o ellos o nosotros? (Por tomar otro ejemplo) Se toma como referencia el mismo punto de partida: un amor exacerbado, pero limitado a cuestiones paisajistas y anacrónicas, de un pueblo nostálgico que habla siempre en pretérito. Anhelando cosas que nunca ha tenido, envidiándole los logros al otro, que siempre está mejor que nosotros. Cada uno como individuo legitima y perpetúa la narrativa del fracaso, evitando para nuestra tranquilidad la épica del desencanto: echándole siempre la culpa al Otro de los problemas que acontecen, porque uno hace todo lo puede para sacar a este país adelante (?). Estamos convencidos de nuestra condición irreversible, pero seguimos soñando con cambiar a cuesta de méritos propios, los demás que se jodan.

Uno no puede atribuir la razón a un tipo que te habla con tanta comodidad de una crisis. Los intelectuales hablan siempre desde su burbuja de saberes, nunca atacan a su gente, porque pierden aduladores, por eso he llegado a un punto donde no me los puedo tomar en serio, porque están marcados por la edad, son viejos, y me da tristeza escucharlos y justificar que loro viejo no aprende palabras nuevas, (me pregunto si ese es el destino de todos, llegar a un punto donde no nos interese aprender nada nuevo).

Demasiadas ideas al mismo tiempo… Reflexionar resulta un tormento que atenta contra la felicidad, con tanta información mejor recibir las cosas de otra boca no tan avezada en el asunto, o recibir la visión directa de alguna redacción mediocre proveniente de un medio de comunicación ultra-radical con temáticas frutales, que en vez de informar, lo que promueve es el odio, la homofobia, el machismo, el racismo, la marginalidad, la xenofobia, la idolatría política parasitaria: chasvistoide/bobositora-chabestia/escuálida, ambos grupos cada día se parecen más, pero están tan concentrados en su rabia visceral que ni cuenta se dan.

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Todo se vale, la gente normalmente suele publicar un dilema general que no necesariamente tiene que ver con ellos, simplemente lo hacen para sentirse a gusto compartiendo su miseria con otros que piensen igual. Una amputación del pensamiento. No existen conflictos si todos miramos el mismo color. La juventud venezolana, a la cual por ahora pertenezco, es patética y pusilánime. Los nuevos tiempos vienen pero el detalle es que se van quedando y acumulando los viejos. Todos quieren cambios pero nadie quiere cambiar. Es muy fácil introducir ideas volátiles en mentes en formación, y podemos ver el resultado, una generación vacía, que despotrica el ahora, desconoce el pasado, y se jacta del porvenir pero de una manera casi enfermiza porque ignora por completo su historia: no sabe de dónde viene. En una sociedad polarizada podemos ver líderes nefastos conduciendo a todo un grupo de borregos, que sólo por el hecho de ser jóvenes se creen dueños del mañana. Somos esa generación que dice que todo está en la mierda, pero que no rompe ningún plato, y sin embargo destruimos más de lo que creamos.

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Hay un placer desquiciado por la narrativa del fracaso. Ya no basta con que nos llamen latinos tercermundistas, sino que también entre nosotros nos echamos tierra encima… Lo único que faltaba para exacerbar nuestro estado bélico era tener conflictos con los vecinos, y los tenemos, al parecer: Con Colombia y Esequibo. Ahora buscamos echarle la culpa a toda una nación. Usando los medios para armar fiestas mediáticas, que llegan con total éxito a una audiencia ignorante, que responde siempre de la mejor manera; manera que le interesa a todos estos que nos gobiernan: invocar el oprobio entre los semejantes, distraer a las masas de los verdaderos problemas, de problemas concretos, que tienen que ver con el reconocimiento del uno y del otro.

La Guerra Económica, el acaparamiento, la escasez… todas, ficciones creadas por nosotros mismos. Nosotros llevamos la cuenta de nuestra miseria, no venezolana sino humana; la que contamos día a día y compartimos a unísono, en una soledad rectangular virtual, donde hay comedia y violencia conviviendo en armonía. El sadismo se ha normalizado, y no hay que poner en duda que nuestra idiotez también.

Un bombardeo de imágenes por todos lados. Nuestro ego-centrismo criollo se ha vuelto nuestro principal producto de exportación ¿Por qué como individuos sin importancia colectiva pretendemos que nuestros problemas son los más grandes del mundo? ¿Acaso nos hemos atrevido alguna vez en preguntarnos cómo piensa el otro, sin antes haber armado todo un prejuicio de Él? ¿Te has atrevido a mirar el mundo de otra forma? Preguntas incómodas, porque sabemos que ni el mínimo esfuerzo hacemos, a mí no me interesa que piensa ese Otro; pero sin embargo entra en conflicto con lo mío.

El odio no nos deja pensar. Lo más triste es que nos joden por los lados que desconocemos. El caos necesita de cómplices ignorantes, de autómatas estructurales, de gente resentida por los años. La negatividad con la que cada polo percibe al otro ha funcionado como repelente social para movilizarse políticamente. Hay que cuidarse de lo que dice o hace el otro, a la espera en vigilia del ataque y defensa. Las hazañas bélicas se concretan en la cartografía urbana. Desde cada extremo hay que movilizarse y demostrar la fuerza del grupo, ya sea tomando plazas o esquinas…siempre una lucha que termina en bailoterapia estafadora donde se reclama o se exalta lo que se desconoce.

La Polarización en Venezuela se sostiene a partir de un discurso que va siempre en contraposición al otro: a ese que piensa distinto a mí. La reducción de todas las problemáticas a un planteamiento dicotómico (entre ricos y pobres, chavistas y escuálidos, boliburguesía y burguesía), han re-planteado nuestra cosmovisión de lo que debería ser un país; el escenario de un país divido aparentemente (y de forma casi imperativa) en dos visiones de mundo.

Marchas, contramarchas, toldos y módulos donde vociferan la verdad unicolor; una conscripción de un modo de pensar incuestionable: uni-versal y radical. Las temáticas están diseñadas para que el individuo en su formación de identidad nunca abandone su grupo, y a su vez, evitar todo tipo de encuentros con el otro. El fin de la polarización es perpetuarse a sí misma, haciéndonos pensar que el otro es culpable de todo… ¿Algún radical en su libre voluntad se atreve a decir que ha intentado escuchar o dialogar? Mentira. Aquí nadie se ha tomado la molestia de saber qué piensan los demás.

Lo que más me molesta de este asunto es la aceptación constante de esta problemática, y la obligación de tener que escoger una visión del país: O estás con ellos o con nosotros… Vienen las elecciones, tienes que decidir el futuro del país… pues estamos del lado correcto de la historia. Los extremos no permiten contrastes grises. Para el radical es inaceptable llevarle la contraria, y mucho menos decirle que está equivocado…

En conclusión, pienso que hemos permitido que unos rancios determinen el curso de nuestro destino, y que en los últimos años no hemos hecho otra cosa que definirnos en posturas radicales, evitando por todos los medios contemplarnos en el espejo. Aquí yo no le pido a nadie que sea héroe y olvide todo lo aprendido, lo que sugiero es re-pensar; tarea compleja pero que tampoco es imposible. El problema radica en creer que cambiando la realidad podemos cumplir nuestros sueños, pero nadie nos ha sugerido que lo mejor es cambiar nuestras formas de soñar dentro de la realidad.

Nadie te pide que cambies el mundo, pero sí tu forma de verlo…

 Alexander Urrieta Solano

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Referencias:

– Fotos de las 2 gorras: BBCMundo «Opositores llevan una gorra. Oficialistas otra. Todos los días.» fuente:http://www.bbc.com/…/140829_venezuela_familia_dividida_dp

– Winnie de Pooh: «safely endangered meme viveza criolla» fuente:https://www.facebook.com/bananarepublicofvenezuela

– «En Venezuela no hay racistas…» Fuente: Twitter @ArrobaDanilo

– Sra con franela de chávez: «yo soy chávez» fuente:http://laiguana.tv/images/03_Marzo/11/YO-SOY-CHAVEZ-C.jpg

– Sras opositora: s/t’itulo fuente: http://factormm.com/…/2015/05/MarchaCcs6-150×150.jpg

– dibujo al final: «Polarización en Vzla» fuente:http://conceptodefinicion.de/…/PolarizaciC3B3nVenezuela…

¡Cuidado con la Fridamanía!

Por Jessica Morón 

Fiel a la doctrina marxista, miembro del Partido Comunista, y enemiga número uno de las sociedades capitalistas, Frida Kahlo jamás hubiera imaginado convertirse en un producto comercial. A seis décadas de su muerte, mentes mercantilistas han transformado su imagen en un objeto del culto y espectáculo.

Aquel que no reconozca la genialidad de su pintura autobiográfica está destinado a congraciarse con sus intentos inagotables en la lucha contra la adversidad. Quizás porque la existencia del hombre acaba por restarle valor a sus conquistas y atesora las dificultades superadas en el camino. Y en el caso de Frida, haberse sometido a 33 operaciones, soportado la infidelidad de Diego Rivera quien la engañó con su hermana Cristina; resignarse a ser una mujer estéril, aceptar su incapacidad motriz derivada de la polio… “Todos estos aspectos despiertan y trastocan la sensibilidad del ser humano. Cada uno fue aprovechado y publicitado de tal manera que Kahlo se posicionó  en la sociedad moderna como un personaje cercano. De allí no resulta extraño ver su rostro, frases y pinturas estampadas, sobre todo tipo de accesorios”, comenta el profesor y crítico de arte Gabino Matos para referirse al fenómeno de la Fridamanía que se desató en la época de los 90.

Diez años más tarde, la oficina de correos de Estados Unidos vendía estampillas con la efigie creadora nacida en Coyoacán. Impresionada por su forma de vestir –esa que le permitía esconder una pierna deforme–, la diseñadora Elsa Schiaparelli creó una indumentaria tehuana para las damas parisinas.

En 2002, Hollywood llevaba la historia de la pintora mexicana a la gran pantalla. Madonna y Jennifer López anhelaron el protagónico  que encarnó Salma Hayek, en la cinta nominada a seis premios Óscar (el filme recibió la estatuilla dorada a mejor maquillaje y mejor banda sonora, además de un BAFTA y un Globo de oro).

Hasta la marca Converse ideó cinco modelos de zapatos con su firma, fotografías y expresiones más conocidas: “Pies para que tengo si tengo alas para volar”, fue una de las consignas impresas sobre una suela entre 2008 y 2010. La cerveza dominicana Bohemia aprovechó, incluso, su gusto por las “chelas” y lanzó al mercado una edición limitada de botellas que celebraron el centenario de la creadora.

Magdalena Carmen Frieda Kahlo Calderón ha sido la musa de Kenzo, Calvin Klein y Jean Paul  Gaultier. Atavíos y vestimenta inspirados en la hija del fotógrafo alemán Wilhem Kahlo, han recorrido pasarelas del fashion week en Nueva York y Paris. La dos veces esposa del muralista Diego Rivera conquisto las ondas hertzianas influenciando al vocalista de Red Hot Chilli Peppers quien compuso para ella el tema de Scar Tissue.

Viva la vida (1954) –el último lienzo que pintó la artista– da nombre al sencillo y penúltimo álbum de Coldplay. Joaquin Sabina, Marta Sánchez y Ricardo Arjona hacen mención de la pintora en algunas de sus composiciones musicales. En la oscuridad, de la intérprete mexicana Belinda, evoca en una producción audiovisual los trajes y el estilo de Frida.

En las tablas, la actriz venezolana Prakriti Maduro interpretó a la pintora autodidacta. “Frida se convirtió en una extraña maravilla para el arte contemporáneo que jamás pudo encasillar su trabajo. Negó a toda costa ser catalogada como una artista surrealista y no admitió vinculación con el arte pop… Su obra rompió los cánones de la pintura tradicional, siendo un portento que Picasso vaticinó al poco tiempo de conocerla: ‘Ni tú ni yo somos capaces de pintar una cara como las de Frida Kahlo’, reseñó en una misiva al muralista mexicano”, apunta Matos.

“Espero una salida feliz y espero no volver jamás”, escribió por última vez en su diario. A 61* años de su partida  el arte de Frida representa su vida y su vida una batalla de infortunios que coloreó la desgracia.

El Universal, domingo 13 de julio de 2014

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El circo del mundo

No tengo mucho que decir queridos extraños. Las dinámicas se hicieron para que nadie se hiciera amigo de nadie. En cada sesión maceraba una suerte de decepción interior. Actitud masoquista, pues uno ya de antemano debe asumir que la originalidad rara veces se encuentra por ahí. Es subrepticia y tímida. Muchos anhelan encontrar dicha inspiración: un estado de lucidez absoluta que nos de la capacidad de expresarnos de la mejor manera ante una audiencia virtual repleta de desconocidos. La obsesión de convertirnos en escritores: preclaros de la metrópolis, llevando las riendas y destacando cierta destreza por encima del resto de los animales; porque recordemos que el conocimiento es poder, y al poseerlo nos sitúa en un rango por encima de otros, cosa que resulta terrible cuando olvidamos trabajar con humildad. La soberbia es algo común en los medios artísticos, y más en esos medios dónde se eyaculan las ideas y quedan plasmadas por escrito. Hay que saber la diferencia entre un verdadero maestro literario y un estafador de librería.

Hoy en día es mucho más sencillo pretender que se sabe mucho de la vida, simplemente basándonos en experiencias ajenas, en ideas que nunca fueron nuestras, que como muchos han olvidado, nos permiten apoderarnos de ellas, hablar con autoridad de lo que se teme y desconoce es el pasatiempo de los idiotas. En estos tiempos modernos de instante y agitación, cualquier patán letrado es tomado en cuenta. Está el sempiterno caso de los políticos, que vienen a ser lo mismo que cualquier estrella de rock o deportista popular. Convertirse en celebridad es asumir el absoluto de los prejuicios de este mundo que cada día es más estúpido y absurdo, pero sin embargo, funciona en su perfecto caos. Una maquinaria colosal y perfecta que no se detiene a reflexionar. Si hablamos de forma general, el mundo ya lo perdimos… lo acabamos hace muchísimo tiempo.

Tal vez sea suerte, o quizá desgracia para nosotros, que todavía permanezcamos pensantes y vivos. Algo bueno debemos estar creando dentro de nuestras entrañas. Sin pretensiones de ego, pero ciertas ínfulas nos hacen sentir menos insignificantes. Es muy fácil convertirse en ladrillo. Gran parte de nuestra vida solar gira en torno a nuestro afán de encajar en algún muro…creo que aquí radica gran parte de nuestra soledad.

Creer que nuestras acciones no afectan el orden natural de las cosas es signo de inferioridad. Inferioridad aprendida durante años, porque como habitantes del mundo, y como seres individuales sin importancia colectiva, nos vamos definiendo en función de los otros, digamos que el factor externo nos conduce por la selva de concreto. Hay una necesidad casi insana por definirnos y ser reconocidos ante los demás, pues idealizamos hasta lo improbable. La miseria de estos tiempos está en la ignorancia de nuestra propia ignorancia. Con lo poco que tenemos jugamos a ser Dioses, lideres energúmenos, hombres comunes que se derriten ante cualquier banalidad propuesta por una maniobra del mercado. La ridiculez de sentirnos vivos… temo que en este país (y no pongo en duda que en otros lugares suceda) desconocemos y le hemos dado un concepto ambiguo a la libertad: palabra gastada y trillada, pero sin embargo poderosa, quizá por su alto grado de contenido fantástico.

Palabras gastadas van y vienen para construir el discurso de nuestra historia. Por desgracia seguimos viendo la historia desde los ganadores. Pienso que el país se va a la mierda por nuestra falta de tacto, por nuestra incapacidad de reconocer dónde estamos parados. La ignorancia de los intelectuales es la que quizá hace más daño, pues son estos pelícanos encorbatados los que mueven al resto de borregos, que se sienten superiores en su burbuja de saberes de élite; es una lástima que el saber tenga que demostrarse en méritos de papel; pienso que el verdadero saber se forma fuera de la exigencia académica. Una calificación en estos tiempos ya no puede definir qué alumnos son buenos y qué alumnos no. Todo tiene que ver con etiquetar a los seres. Cuántos saberes y talentos se han matado en las escuelas, para evitar alterar el orden mecanizado de nuestros días. Todavía el espectro de la meritocracia siembra ideales patéticos en la sociedad, produciendo seres competitivos abanderados de individualismo, que plantean el orden y el progreso pero solamente para ellos mismos… el discurso del desarrollo ya se quedó obsoleto para los tiempos decadentes.

No debemos olvidar que la Razón nos trajo hasta aquí. En nuestro prometeico intento de dominación logramos destronar al Sol: con el hongo atómico logramos igualar el poderío del astro rey… La bomba nuclear se convirtió en la medida de todas las cosas. Nuestro afán de tener la razón conoce sus límites y a partir de ellos traza unos nuevos, porque la idea es la trascendencia humana, llegar a la imagen y semejanza de Dios sin importar los medios. La satisfacción de estos límites ya no considera si hacemos daño al espacio dónde nos encontramos, lo importante es lograr cumplir nuestros sueños…qué importa si la realidad se desmorona ante nosotros. Vivimos para saciar el morbo y lo enfermizo, la medida de la experiencia se reduce al placer de las audiencia. Ya no soy un sujeto sino un pobre cliente. El despilfarro del consumo nos mantiene dopados en la medida que vamos destruyendo la tierra. La violencia y el abuso se han normalizado hasta tal punto que el caos lo aceptamos como algo irreversible, pero completamente ajeno a nosotros. Es como una especie de negación hacia nuestra cruda naturaleza.

Los animales que comemos, los clonamos para perpetuar nuestro apetito. Y los animales que no podemos comer, los encerramos en zoológicos, los cazamos por diversión, tiranizamos la vida de otros para complacer la nuestra. Hay un gusto exacerbado por el caos, que se necesita para prevalecer cierto equilibrio: estabilidad para uno, pero por qué no para todos. Nos resulta sencillo imaginarnos el fin del mundo: un estado de caos y destrucción: el apocalipsis resulta un evento amistoso, pero, cómo nos cuesta re-pensar la cosas, nos resulta imposible imaginarnos un mundo que funcione de otra manera. No de una sola manera, sino de muchas maneras. No resulta inconcebible imaginarnos un mundo donde sean posibles otros mundos.

Alexander Urrieta Solano

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Líneas de vagón

Dicen que el saber es poder, yo diría que más bien es incertidumbre.

Por lo menos vivir en Caracas es una incertidumbre. Creo que todas las ciudades tienen sus formas de enervar a sus habitantes. La ciudad nos asfixia con cualquier cosa… el detalle entonces está en saber cómo respirar sin partirte la tráquea. Al menos siendo intenso uno puede serlo.

Supongo que no puedes compartir mi locura querido amigo, pero si comprenderla.

Verás:
Uno se niega a morir de aburrimiento. Hay días donde prefiero dejarme secar por el sol. Caer en coma etílico. Desmayarme con el mejor orgasmo, de esos que vienen cada tantos días, cuando los pares están de humor y las hormonas hacen bien su trabajo; Mercurio retrógrado es cómplice de mi empresa, de mi afán por volverme loco en esta puta ciudad, tan cara… tan erógena.

Tú de algo tienes que estar seguro, los caraqueños estamos malditos de algún modo. Pobres ricos. El diablo supo criarnos y amarnos a su modo. Dios nos escucha, pero nunca admite que poco se esfuerza, porque él incluso duda de su propia existencia… es una ironía que así se mueva la fábula de la vida, supongo que así funcionan las cosas: en un perfecto caos orbitante.

Uno se pregunta cómo se logra abrazar la distancia. Escupir al piso y perforar los techos del infierno. Una saliva ácida como esa que se macera en nuestra boca es la que necesitamos en estos nuevos tiempos de cólera y estupidez contagiosa. Tiempo difíciles, que ya dentro de nada serán pasado e historia. Aquí estamos condenados al olvido. El instante nos quiere a todos autómatas cocainómanos. Ya el mañana no importa porque ya no existe el hoy. Estamos expuestos al caos inminente. Cavamos nuestra tumba.

No pongo en duda que la soledad es un síntoma que aparece cuando habitas en ciudad. Es como un cáncer que hace metástasis cuando te empiezas a acostumbrar a los muebles, a la televisión por cable, a las comidas instantáneas, a la comodidad permanente, a la servidumbre y los impuestos; lo cotidiano nos mata de forma silenciosa, pero no tenemos que preocuparnos por eso… se supone que es un proceso natural.

Como que todo esto ha sido planeado. Todo se ha hecho a medida de un mandato de los cielos. Digamos que fuerzas poderosas controlan los hilos de nuestro andar…entonces: a la mierda todo. Me pronuncio ante la codicia de los enanos.

Caracas ha estado enferma desde hace tanto tiempo. Cuántas ciudades padecen estados terminales. El mundo se ha vuelto un lugar caótico…tan incongruente, que lo ideal es no perder el tiempo buscándole un sentido. Vivimos en un mundo infestado de tanta información, que por ser tanta, nos da asco acercarnos a ella. El saber pronostica terror. Pocos se atreven a adentrarse en su interior para contemplar la sublime insignificancia del ser. Temo sentir la derrota en mis huesos, nada en este mundo se puede cambiar.

Cada día estoy más convencido de que  Caracas cuenta los días para que el Ávila se lo trague.

La fantasía de por medio calma la irritación producida por el odio. Es por eso que soy de vez en cuando feliz: ridículamente feliz. Saludos de nuevo, querido extraño. El valle a pesar de todo nos
sigue queriendo.

Alexander Urrieta Solano

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