Querida cómplice

Te andaba pensando
En
algo
En un sueño
En un parque
En una estación
En un pasillo de ingeniería
En un tono morado
En un espiral de plaza
En intentos de rascacielos
En un solo de piano
En un solo de boca, que se pierde en oraciones
En una galería de arte
En una simetría de Soto
En peldaños del Calvario
En una mirada al oeste
En un atardecer en apartamento
En un sabor a chocolate
En un olor a libro viejo
En un cielo rojizo violento
En un centro de glorieta besándonos con el viento
En un circo
En un museo extraño
En una plaza cubierta
En una colina en tierra
En almuerzo de locos
En cena de cómplices y bandidos
En boceto de servilleta
En fruta dulce que empalaga
En oración melosa repetida
En un solo de saxo en prueba de sonido
En una botella borracha
En un karaoke improvisado
En una indirecta breve, de esas que tanto te gustan
En un soliloquio de pereza
En una carta enterrada
En una antología de sapos distraídos
En un resumen de mis viajes al olvido
En un cuento de gigantes
En una canción sobre Nosotros
En un muslo blanco que emana pasión y deseo
En cuatro parades donde contar secretos
En un salón de fiesta,
como niños jugando debajo de la mesa de los quesos
En un escribir con ganas
En un escribir sin parar
En un ataque de risa
En una ataque de euforia
En una vuelta al sol
En un viaje al pasado
En un regreso al caribe
En un papel de astrónomo enamorado que busca tu satélite más cercano
En una locura de ebrios
En un éxtasis, típico nuestro
En un verso de Pereira
En una máxima de Calzadilla
En un salvajismo de Valera Mora
En un exabrupto de Urrieta
En un estudio de tus senos
En un detalle
En un suspiro
En un mundo descomunal
En un mundo nuestro, ideal
En un acto suicida con telas
En un duelo en las tablas
En un duelo horizontal
En un duelo en tu cama
En un entierro de pies en la arena
En un encontrar piedras preciosas en ella
En un solitario colgando de tu oreja
En un asunto pendiente
En una canción de Soda
En una galaxia de espiral, de caracoles y música de fondo
En un idioma bien hablado
En una palabra, en un verso, en una prosa, en una declaración melosa y malandrosa, pa’ malandro ahora yo
En un estado de plenitud
En una notica de motivación
En una bocanada de humo
En un diario de viajero
En un frío bajando por la espalda
En un balazo directo a tu semblanza
En una taquicardia de niño inquieto, de sobredosis de dulzura
En un silencio que hace ruido
En una página ya escrita
En una caja de música
En un bolero
En un querer sincero
En un extraño verso
Si más
Si menos
Te pienso

 

Así que

Caraqueña
mimada

Le confieso
Frente a esta parranda de letras

Atolondradas
Despiadadas
Kamikazes
Indecentes
y orgásmicas

Que,
si más
si menos
Yo a pesar de todo

Con todo y eso

La quiero.

Alexander Urrieta

Entremés caraqueño

Porque llega un punto donde las palabras empiezan a gobernarlo a uno. Incluso cuando no tienes nada que decir, ellas hablan por ti. Se tornan tiranas. Dan su punto de vista sin siquiera consultarlo contigo. Para ellas sólo somos un medio, un canal, un instrumento de difusión, que en solos de boca, generan ideas tanto originales y productivas como abominables y corrosivas. Por eso tengo que jugar con arma de doble filo. Qué más da. Igual, al final de este viaje todos nos habremos ido. No nos queda más que perpetuarnos en el recuerdo de las cosas. Dejar un rastro, para comprobar que estuvimos allí. Con esa inocente ilusión jocosa de que algún día se acuerden de nosotros. Con esa duda encaramada en la conciencia preguntando si tenemos algún propósito en la vida. Yo a veces me pregunto si en algún momento las casualidades marcaron las pautas de mi destino. Si mis actos y convicciones están atados a las simples coincidencias que hacen girar al mundo. Es una cuestión que, sin duda, no puede soslayarse. Es una incógnita presuntuosa. Es una incertidumbre maravillosa, que se disfruta y al mismo tiempo se desprecia. Todo se vuelve una búsqueda incesante de respuestas. Supongo que por eso me encuentro aquí, para deleitarme de mi suerte, nada más que eso. De pasarme la vida entera jugando al detective, buscando pistas, dándole forma a este rompecabezas que por siempre estará incompleto. Armando con cada pieza descubierta la armazón incognoscible de mi vida. Razones válidas para tomar cartas en el asunto. Debo ser un espíritu inquieto. Cuestionar todo lo que me rodea, incluyendo mi propia existencia. Mantener ardiendo esa llama de curiosidad para corroborar que sigo vivo, que mientras quiera saber, me conservaré fecundo, astuto y joven,  y con un apetito voraz de conocer la esencia mágica de las cosas. De no poseer talento ni vida en este cuerpo, me quedarán las palabras nada más. Serán mi escudo y mi espada, para enfrentarme a este mundo salvaje que no hace concesiones con nadie. Que no perdona. Que mutila y mata a todo aquel que cuestione su estilo. Este mundo. Es este mundo descomunal el que nos ha tocado recorrer. Oscuro y tenebroso. Con más razón debemos ser precavidos. Porque, admitámoslo, somos susceptibles y volátiles ante todo. Nos alteramos por cualquier cosa. Somos dementes incomprendidos. Marginados del mundo, provenientes del olvido mismo. Somos caos hermoso, conflicto adictivo. Estamos enfermos de promesas. Donantes de melancolía y esperanza positiva. Libres para ser sumisos y ricos para ser pobres. Tan solitarios, siempre con ganas de reír y soñar. Eso es lo que somos, raras criaturas, piedras oscuras errantes sumergidas en el mar, siendo movidas al antojo del vaivén de las aguas turbias del cambio. Somos suicidas por naturaleza. Nos matamos con dosis de resignación. Comemos polvo de estrella, mientras jugamos a las escondidas en el Lagunazo; tomamos la siesta en Tierra de nadie, en un miércoles atravesado. Arrebatados, caminamos por el casco histórico, caminamos por los cielos, como los propios diablos desubicados en el espacio y tiempo. Nos gusta lo sencillo de la vida. Nos gusta el olor a grama recién cortada, pero nos extasiamos más con la grama mojada. Somos orates por excelencia, declamamos poesía en la camioneta, en el vagón, en la plaza, en la glorieta, en la misma miseria, donde desembocan las decepciones y sin razón alguna surgen las grandes esperanzas, de un mundo (ilusorio) mejor. Recuerda. Debo ser precavido, aunque todo esté perdido. Porque ya nada importa. Para qué. De nada sirve quedarme callado. Debo ser agente de caos. Un detonante de emociones y sentidos, ahora, en esta hora tenebrosa, donde me enfrento a este demonio escamoso de aspecto enteco y feo. A este bicho hombre que se esconde entre ropajes y sombra. A este desertor del mundo. A esta criatura del olvido.  A este semblante insólito, sumergido en el espejo.

Alexander Urrieta

Aniversario

La pereza me enerva el cuerpo

Las palabras no quieren andar conmigo

Los deseos se juntan en un rincón

Los días se retrasan y se pierde la noción del tiempo

El recuerdo se delata con su olor a quemado

Abrazos sinceros, mirada justa, mundo descomunal y perverso

Es esta realidad la que este bicho no disfruta, porque no le gusta

Grito, me callo, grito de nuevo y me elevo

Vamos a ver si con este verso me

acerco un poquito más a tus piernas, a tus cielos

A tus fantasías no cumplidas

Al cobro incesante de la brevedad

Al tiempo exclusivo, mirífico, espectacular,

de tu mirada que me gusta, llena de brillo solar

A esta anécdota de dos espíritus sin dueño

Te escribo sin temor ni recelo

Plasmando en tu memoria infinitos detalles

Dejando manifiestos y maniobras en hoja, papel escrito

Llenando tu Universo con fantasías no cumplidas

Recreando escenarios

De dragones escupiendo fuego

De duendes encerrados en frascos

De parodias bíblicas

De gigantes con espirales tatuados

De leer Margarita de Rubén Darío

De leer cuentos en la llanura de unas sábanas

De batallas medievales en el patio

De bebidas efervescentes que alivian el estómago

Declamando poesía, en un sala con mucha gente, con invitados comida y bebida

Con poca gente, sólo nosotros, en nuestra ciudad amurallada

Una parranda de formas de pensamiento

El historial de los posesivos

Mi atuendo morado, de señor de los milagros

Mi disfraz de Hércules muy de moda por esos años

Mis enciclopedias humanistas

Mi canción de José Alfredo Jiménez

Mi colección de estampitas

Mi caja de soldaditos, vaqueros, indios y guerreros de plástico

Mi Infancia

Mi infancia contigo

Olor a perfume y naftalina, tu cuarto, tu ropa, tu alma

La inmensidad de un globo de fiesta

La simetría de Jesús Soto

La mujer gallina de Chagall

Los pasos perdidos, que aún no he leído

El demonio que tengo cautivo en mi closet

Mi cuadro de mujeres pintadas por música

Mi sombrero robado

Mi ventilador recogiendo polvo

La mariposa que vino metida en una carta

Pastillas para el corazón

Cuatro paredes para pulir mi caparazón

Revista mensual amarilla

Viajes a tierras exóticas

Universos paralelos

Mi caja de recuerdos con cartas de la madre del padre de la abuela

Cartas a la abuela

Abuela, que tanta falta a este pobre hombre le hace.

Alexander Urrieta

Carta N°4

Advertencia

Para la comprensión de estos textos es necesario que estés desnuda, frente al espejo. Que tu mirada se enfoque en los detalles más particulares de tu cuerpo, mientras tus ojos se distraen con las palabras escritas por el autor de estos versos. Para la comprensión de estos textos, es crucial, pero no obligatorio, adentrarse en la mente del autor, tomando en cuenta que sus palabras tienen contenidos variados, pero hablan siempre de lo mismo. Para la comprensión de estos textos se necesita una exacerbada imaginación, que las oraciones pasen por tu boca con un ligero tono de calentura y seducción, tomando en consideración que el autor desea darte el más rico de los placeres verbales, textuales, y sexuales.

La brevedad del 6

I

Exordio del ebrio

Son casi las cinco, y mi cuerpo ya no puede lidiar con mi alma. Estoy destruido, y sólo me falta cerrar los ojos para entregarme a los brazos de Morfeo, en el mar de los etílicos, los confines del infierno, casi llegando a la quilla, donde no te pega el sol.

Las palabras fluyen
Estoy risueño
Así que vamos al grano
Al punto
Al meollo del asunto

Mi lista de prioridades
Lo que esta noche quiero
Mis deseos

Usted
Y solamente usted

Una cama

Para
Mi ansiedad
Mi cuerpo
Mi libido
Mi locura
Mi temor

II

Atrevido

 Tengo ganas de ti
Tengo deseos de ti

Quiero contarte mis secreto
Muy de cerca y al oído

En un lugar tranquilo

Solos

Con las manos entrelazadas
Atrapado en tus brazos
Dopado
Arrebatado
Extasiado
Y por allá bien lejos
Enamorado

III

Apuntes de la lengua

Tres besos
Como la otra vez
Uno para la frente
Uno para el lunar
Uno para los labios

Tres veces
El mismo acto vandálico
Un atentado de dicha
Un golpe de suerte
Un beso descomunal

IV

Aquí va tu nombre

Detallando la galaxia escondida
en tu nombre
En tu lunar
En tus pecas
En tus ojos
En tus labios
En tus senos
En tu ombligo
En tus caderas
En tus piernas
En el inicio
En lo desconocido
De tu sexo
He perdido la noción del tiempo

V

Repetido

Aunque no lleguemos a nada, seremos poesía de vez en cuando

Valga la redundancia

Decirte que me gustas

Iluso, espero. Recuerdo las palabras pronunciadas por el corazón

Mi coraza contigo,

ya no tiene sentido

Me vuelvo loco
Te tengo tan cerca
Y me aterra que no vengas

Aunque no lleguemos a nada, seremos poesía de vez en cuando

Decirte que me gustas

valga la redundancia.

VI

Triángulo del caos que somos

  Somostandistintos
omostandistinto
mostandistint
ostandistin
standisti
tandist
andis
ndi

Te digo cuatro hojas
Porque eres la suerte

Te deseo en mi brazos
Desde ese pasado a media hora

Tuyo, y sólo tuyo
Tu pereza
Que quiere tenerte en la punta del árbol más lejano.

Alexander Urrieta

Por todas mis

Ficciones

Realidades

e

 

Espantosa gramática

Mientras la enseñanza de nuestro idioma siga basándose en la gramática, el sistema educativo seguirá siendo un fracaso.

Para ser eficiente, la escuela, sobre todas las cosas, debe comenzar a enseñar al niño a bien expresarse.

“Se forman cabezas por las lenguas”, decía Rousseau. Y entre nosotros el rousoniano maestro Simón Rodríguez pudo comprobar en su discípulo predilecto el éxito de este sistema, no sólo en punto de formación de la personalidad. La prosa esmerada, audaz y prodigiosa de Bolívar, dos siglos después, nos sigue iluminando con su aún vigente esplendor.

El buen uso del lenguaje deviene del buen uso de la razón, nunca de preceptos ni de reglas omnímodas.

La gramática ha de ser moderado complemento, bueno para aclarar o disipar dudas y explicar mecanismos, nunca comienzo ni culto del aprendizaje ni, mucho menos, cadena, prisión o cámara de tortura.

Se preguntaba Ángel Rosenblat si no era inquietante y extraño que siendo la lengua el más admirable de los dones humanos, su enseñanza en escuelas y liceos se hubiera convertido en la más ingrata y fastidiosa de las asignaturas. Y proponía desde la escuela, mucha, muchísima lectura, lectura oral, lectura comentada por el maestro o profesor, lectura explicada por el alumno, lectura en clase, lectura en casa, lectura de cuentos (alimento de la imaginación), lectura de leyendas, biografías, fábulas, chistes, anécdotas, episodios históricos, discursos, proclamas, lectura de pequeños trozos y de libros completos adecuados a cada edad. Y mucha escritura, copia, redacción, composición (sobre temas libres o señalados), cartas de toda clase, resúmenes de cualquier tema, etcétera. Y junto con la lectura y escritura, habituar al alumno a expresarse con vivacidad, a pronunciar decorosamente, a enriquecer su lengua.

Quienes habiendo sido víctimas de la gramática se enemistaron desde las aulas escolares con la lectura (excepto por el obligatorio acercamiento a los muchas veces disparatados libros de texto) y con la escritura (salvo por haber transcrito memorizadas respuestas en las farsas llamadas exámenes), no pueden, como docentes, sino transmitir autoritarismo o aburrimiento.

No puede enseñarse lo que se ignora ni puede estimularse lo que se desconoce.

Caso contrario, quienes en su infancia y adolescencia tuvieron padres o preceptores que a su vez fueron lectores y, por serlo, avivaron en ellos poderes creadores e imaginación, no aburrirán ni atosigarán a nadie con falsos saberes y ejercerán a plenitud el compartir y disfrute del conocimiento.

Goethe le escribía a un amigo: “Aprovecha en paz la inmensa ventaja de no conocer la gramática alemana. Hace treinta años que trabajo por olvidarla”.

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Gustavo Pereira – Cuentas

Soliloquio del kamikaze

Debo tener las ideas claras. Apuntar en la dirección correcta. Enfocarme en mi labor anónima. En mi batalla subrepticia. Ninguna clase de distracciones. Dejar de tener miedo a largo plazo. Dejar de temerle a la hoja, dejarme llevar por el instinto. Convencerme por encima de todas las cosas que yo tengo un destino distinto. Debo planificar mis planes de vuelo. Trazar coordenadas para adentrarme sin remordimientos en este horizonte de promesas, de futuro glorioso, pero incierto. Debo ser impulso y materia. Que las circunstancias dicten mis palabras, y que la convicción justifique mis actos. Que la brevedad del momento sea la que marque el veredicto final. Convertirme en un ente corrosivo, de acción y táctica, rebeldía y muerte. Ser pieza tocada y movida. Ser kamikaze. Servidor irracional. Mero peón en este macabro juego de palabras, donde no me puedo dar el lujo de retroceder. Mirar para atrás está prohibido. Concéntrate. Hay que estar a la par con el conflicto bélico de la mente. Es una lucha constante. Llevar el ritmo de lo que se piensa y se dice, de lo que se calla, y de todo lo que se dice una vez y nunca más. Acto sublime del habla, que nos condena a crear las más inusitadas formas de expresión. Que cada oración diga precisamente lo que pienso, aunque esto resulte complicado. No siempre se puede decir exactamente lo que se piensa, no porque no se quiera, sino porque no han llegado las palabras adecuadas que le den forma y vida a la nueva idea. Palabras a la espera de ser encontradas. Palabras escondidas entre páginas de libros viejos, cuadernos rotos, rayones de servilleta, apuntes incompletos, alguna que otra carta suicida extraviada, como ésta, que jamás será leída ni pronunciada por la boca de mi heroína literaria. La que alborota todo pero nunca calma nada. Sentimiento de lejanía, no encontrarse en ningún lado. Sentimiento de culpa, por carecer de resguardo y sitio. Incertidumbre total, por no saber si a través de este acto suicida alcance mi verdadera redención. Desolación, invocada por mi razón, como último intento desesperado de convencerme a no entregarme a los caprichos insanos de mi corazón, de mi obsesión monomaníaca. Pensar que mi locura es resultado de endémicos abusos y excesos, no justifica por completo el sentir de estas palabras que salen de mi boca, tan insensata, tan osada, tan ilusa, tan torpe y confundida. Que la soledad es un síntoma muy de moda en estos tiempos, que sobra y molesta tanto hasta llegar al punto de darme razones válidas para querer volar en mil pedazos, y alcanzar en ese más allá, ese hermoso estado de plenitud, ese clímax de placer, de satisfacción pura, de sentir por lo menos que una vez en la vida, en un atentado individual al mundo logré alterar, así sea por un instante, el equilibrio natural de todas las cosas. La muerte es nuestro único escape de esta cárcel llamada Vida. Porque no es miedo a morir, sino el no poder revivir por culpa del olvido. Un tipo de olvido que al intentar descifrarlo genera nuevas incógnitas, que a la larga nos transforma en criaturas solitarias, que emanan contradicción y escepticismo, y en un silencio soberbio y escandaloso, gritan Auxilio y piden misericordia a los cielos. El peso de los años no me sirve como pretexto para quedarme tranquilo. Debo decir lo que pienso. Debo decir lo que siento, y resumir todo el asunto al mero hecho. El miedo al fracaso no debe presentarse como excusa, jamás. Ya en un estado catatónico, sin arrepentimientos arranca la  cuenta regresiva y espero que la locura me domine por completo, para ejecutar sin miedo mi maniobra explosiva. En un breve estallido se ilumina y queda reducido todo a puro escombro y descuartizada oración. Las ideas se esparcen por el aire y entre aleteos se van desvaneciendo, dejando como único efímero rastro de existencia, sólo lo poco que se pudo recordar y que luego de tantas divagaciones y tribulaciones internas, se logró escribir.

Alexander Urrieta

Ecólogo de día feriado

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Todo estará permitido

Despedida en la casa de Libra

Inventarío del veintitrés

La noche del loco 

“Al fin, ya cerca de la media noche, envueltos en las sábanas y en risas, estuvieron media hora confundidos en ese abrazo y esa sensación que son una de las pocas cosas que justifican todo el dolor de la existencia”.

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Héctor Abad Faciolince – Angosta 

Tres

Me gusta que escribas

Me encanta tu postura hacia la vida

Me encanta que sepas que con las palabras se puede seducir todavía

En un verso desmembrar el alma

En una oración erizar la piel

 

Me encanta que leas y cuestiones tu universo

Me encanta que seas franca

Me encantan tus notas breves por las mañanas,

llenas de atención seguidas de drama y buena acotación

 

Ideas para lidiar el día a día

Recetas para aliviarnos desde tan lejos

 

Me encanta que seas artista

Me encanta que estés hecha de polvo de estrellas, que seas puro presente, y que nunca menciones ni el pasado ni el futuro, porque vives y respiras los momentos dejando de lado la importancia del tiempo

Me encantan tus anécdotas nocturnas

 

Cuentos para dormir tranquilos

Cuentos para alborotarnos los sueños

 

Me encanta tu soledad tan mía, mi soledad tan tuya

Me encanta tu ausencia, porque me dejas pensarte como quiera

 

Porque eres poesía prohibida,

y porque eres galaxia desconocida, me encantas

en la más amplia acepción de la palabra.

 

Alexander Urrieta

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