Un Deseo

«Una como las de demás, no le sirve a este insaciable animal. Él quiere a la indomable, la que no cede. Aquella cuya sonrisa curvea y lo endereza todo. La que mueve pasiones con pensamientos e ilusiones. La que motiva y consuela en tiempos de pesadumbre, y agranda con su presencia los momentos de inolvidables dichas. Aquella mujer rebelde, hermosa e insurgente, que yace clandestina en este inmenso mar de gente. Compleja e interesante, fascinante como una sublime obra de arte. Esa es la que este pobre hombre quiere. Eres tú, la que yo deseo».

Alexander Urrieta

accionpoetica32

El Espejo

Nosotros los venezolanos, ante los ojos del mundo inspiramos una lástima muy particular. Padecemos de esa enfermedad terminal, típica y bastante conocida en aquellos pueblos masoquistas que carecen de identidad y conciencia histórica, que se sienten cómodos y orgullosos viviendo en los bordes de la catástrofe y el caos irremediable, ignorando que ignoran su propia ignorancia.

La demencia colectiva, pasó de banal apéndice a órgano complejo y grotesco. Un órgano maligno que se alimenta de nuestra esencia y nos consume diariamente, y nos ahoga en un mar de odio y resignación. Como todo enfermo terco, el venezolano aún se encuentra en su etapa de negación. No asume que tiene un problema, y le cuesta concluir que necesita ayuda únicamente de sí mismo. La gran mayoría no acepta, o mejor dicho, ignora que su malestar general, reside en su interior, o en el peor de los casos, afirma –errada y rotundamente– que es ocasionado por todo aquello que le rodea. Es algo normal, que la mediocridad busque siempre insaciable justificar su existencia. Culpamos siempre a nuestros políticos de turno –por ejemplo–, a sabiendas, de que somos nosotros los que escogemos ciega y desesperadamente que sean ellos, los que deben asumir las riendas de toda pesada y amarga circunstancia. Para otros venezolanos, resulta más sencillo esconderse bajo la sombra de la sátira y lo burlesco. Al compás del destructivo humor negro, vamos riéndonos  de nuestras desgracias, y escondemos la vergüenza, así como se esconde la tierra debajo de una alfombra antigua, y vamos olvidando por completo la razón de nuestro dolor, tras una carcajada momentánea y vacía. Para la gran mayoría de los venezolanos, el encarar realidades nunca ha sido una prioridad a tomar en cuenta. El egoísmo y la comodidad mantienen a nuestro pueblo en un letargo indefinido.

Cómo nos cuesta mirarnos al espejo para hacer una autocrítica fuerte y concisa. Cómo nos cuesta ver el error entre tanta intolerancia y división. Perdemos el tiempo. Divagamos en la tontería y lo pedante, y nos enfrascamos absurdamente en cosas que carecen de importancia y relevancia. El ser analfabeta y obtuso al mismo tiempo, ha sido siempre el auspicio vital de todo gobierno sucio y corrupto. Parece que nosotros los venezolanos somos los únicos que no percatamos eso, y vivimos atrapados en un círculo vicioso, dándole deliberada rienda suelta a un proceso de embrutecimiento masivo, que lleva gestándose por más de cincuenta años. De generación en generación, se puede evidenciar una enorme ausencia  de valores en lo venezolanos. Cómo nos hemos devaluado tanto. Tan poca cosa nos creemos, que hemos permitido que un grupo de hombres encorbatados, incultos y mediocres, vayan destruyendo la nación a su antojo. Tan decadentes nos sentimos, que diariamente nos dejamos sodomizar por aquellas criaturas verdes que se hacen llamar “guardias del pueblo”, que en vez de resguardar,  se dedican a tiranizar y humillar a todo aquel que se atreva a confrontarlos con la palabra.

Violencia desmesurada, que se respira en las calles e intoxica a nuestra gente. Ya no somos capaces de mirarnos a los ojos, ya sea por temor, o exacerbado escepticismo. El venezolano vive siempre en una trillada y confusa esperanza, pero ni siquiera sabe que espera. Aprendimos a vivir entre la poca dicha y el craso error. Reírnos de nosotros mismos, sabiendo que a la larga nos hace daño. Somos como un niño inmaduro, nos distraemos por cualquier cosa. Es una ironía, que conozcamos más de la vida íntima de una voluptuosa mujer sin seso, que de nuestros derechos como seres humanos. Irónico y ciego pueblo, que busca inútilmente el error cómico dentro de una perorata política, pero es incapaz de buscar el error en su enorme realidad. Irónico y ciego pueblo, que fomenta su marginalidad, echándose la culpa mutuamente, sin llegar a sanas conclusiones. Cuándo será el día que nos demos cuenta que la idiotez nos terminará consumiendo definitivamente.

Es por esta y muchas otras cosas más, que podemos explicar y entender el por qué somos un país tan atrasado. El permitir que esta situación se mantenga y tome consistencia, es la prueba evidente, de que somos un pueblo que no sabe –o nunca aprendió a– luchar por motivación propia. Es la prueba fehaciente, de que vivimos en una tierra donde la gente olvido reclamar unida, y aprendió para su individual comodidad, a mantenerse callada, mientras se queja y maldice a sus adentros, y se pudre.  En otras palabras, los venezolanos somos otro triste pueblo más, que decidió guardar un silencio bastante parecido a la estupidez.

Ahora todos nos preguntamos, qué es lo que nos depara el mañana. Será necesario un efecto placebo para empezar a caminar hacia adelante, o acabaremos perdiendo lo poco que nos queda de dignidad en un acto desmedido de radicalización y locura. Nadie lo sabe. De lo único que se puede estar seguro, es que fomentando la autocrítica surge el cambio individual, y sólo partiendo de ahí, es que nosotros los venezolanos, lograremos un sustancial cambio colectivo. Por ahora, ante nuestra diagnosticada enfermedad, el mejor tratamiento que nos queda, es mirarnos al espejo.

0156

Alexander Urrieta   – 16 septiembre de 2013

Opciones

Zoocialismo 

Utopismo y Pesimismo 

Nuevas ideas

Somos y seremos una novela incompleta, llena de tragedias y escasa fantasía amena, de esas donde el caballero jamás encuentra a su doncella. Una historia, donde empiezo como fútil narrador omnisciente, y termino siendo el antagonista despiadado, mientras, a la mitad del libro, el público inocente le da una banda de protagonista a ese tal galán, que abusa de esos besos y caricias que no le pertenecen. Historia inconclusa, será la tuya, la mía y la nuestra. Con mucha palabra y poca acción. Andaremos errantes, limitados por la distancia, callados y privados por ese estúpido Qué dirán, que en más de una ocasión, ha sido el genocida más grande del amor. Te guardaré en cartas dirigidas a ningún lugar. A la luz de una luna melancólica, confusa y sonriente, invocaré tu recuerdo dulce y arabesco, e inflaré mi alma con aires de nostalgia, como lo hace una persona que mientras revisa un álbum de fotografías, revive entre sonrisas reservadas, aquel pasado que por ser pasado fue mejor. Declamaré trozos de prosa inconscientemente, sabiendo en el fondo que lo haré porque pensaré en usted constantemente. Como un corto relato que jamás se convirtió en novela, terminarás junto a esa pila de extraños bocetos, que llevaré siempre conmigo dentro de ese inmenso baúl de recuerdos, que llamamos memoria. Mirarás al pasado, tratando de recordar en qué momento hicimos más de la cuenta, navegando en un tormentoso mar de palabras, iras buscando el norte, pero te perderás entre tanta indirecta y verbo, y acabarás naufragando conmigo, en ese inhóspito banco de arena ubicado en los confines más remotos del olvido. Llegarás dejando huellas en la arena, y te quedarás caminando entre la orilla y el mar, para que tu rastro jamás pueda buscar, y nuestras miradas no se vuelvan a encontrar. Entre nuevas ideas, me verás torpemente buscando la aprobación de tu boca. Entre nuevas ideas, te incluiré con malicia en alguna que otra oración, sin que te des cuenta.

Alexander Urrieta

La respectiva posdata.

0079

«La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes. Los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan allí. Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar».

Alex-Russell-Flint9

Silvio Rodríguez – Óleo de mujer con sombrero

 

Mandones frustrados

La contrarrevolución introdujo en la arena política ese personaje cruel esquizofrénico-paranoico y estásico: el dictador-generalote-mandamás-ignorante-soberbio-vende-patria, que de tanto ocupar la jefatura de los países latinoamericanos se le llego a considerar equivocadamente como “un personaje típico” del continente; sin advertir, por una parte, que es producto del machismo y preponderancia del hombre y por tanto no tiene más que diferencias culturales con los dictadores de otros lares, y por otra parte, que encarnan una política neocolonialista impuesta por el gran capital internacional. Son políticos o militares sexualmente enfermos, estásicos o insatisfechos con agudo cuadro psíquico, que echan sobre la nación la energía sexual no normalmente descargada a través de una vida sexual sana, bajo la forma de una violencia cruel, reflejo de su propia frustración; hombres sexualmente desequilibrados, que se recrean con ideologías negadoras de vida y que generan el caos y el temor colectivo, en gesto de venganza con sociedad por su íntimo drama. No son hombres normales. Tampoco los guía ninguna mística ni patriotismo. Son simplemente enfermos. Muy distintos, sobre todo, a nuestros Libertadores, de aquellos hombres sanos en la más amplia acepción de la palabra; que sabían combinar una vida política activa e inspirada en nobles ideales, con una vida privada absolutamente normal, donde el amor y los placeres sexuales siempre ocuparon lugar preferente, a quienes se les conocía vida sexual y pasiones amorosas propias del hombre, y que por ello, eran equilibrados, magnánimos, buenos y comprensivos, como debe ser todo hombre que conoce las satisfacciones del sexo.

0125 Felipe Carrera Damas – El comportamiento sexual del venezolano

Anónimas

Aquí estoy de nuevo escribiéndote, sucumbiendo ante los síntomas que acarrea la soledad inusitada: los pensamientos mirando al techo, la reflexión excesiva, la acción pasiva, la dicha convertida en desesperación, y el ver que el tiempo pasa, y aun así, considerarlo una simple ficción. Padezco la locura más hermosa y placentera de todas, porque estoy a un paso de trascender en lo que respecta la materia del querer. Vivo la demencia en su más refinada expresión. Dentro de mí, el odio se ha convertido en una mala compañía y el amor es un sentimiento que se acumula sin consulta en los almacenes más profundos de mis anhelos. Los deseos, son  dulces abrebocas para mi hambrienta imaginación. Las palabras juegan conmigo, mientras el ruido del silencio hace estragos en mis sentidos. Una paz a pequeña escala, un retiro para el cuerpo y la mente, dentro de cuatro paredes con tono blanco latente. Así lo vivo, y así la escribo. En un cuaderno de espiral, entre prosas y versos, escribo acerca de mi manía de tenerte y el miedo de perderte. En mi memoria, hago cartografía con tu cuerpo mientras, indagando en los recuerdos, voy trazando líneas en tus caderas, buscando en paralelo aquellas regiones donde yacen tus gustos y temores. Voy trazando coordenadas y rutas, para  llegar a esa exótica boca tuya que tanto me aterra y me gusta. Eres la expectativa que supera mi fantasía. Eres ese futuro negado que tanto he anhelado tener a mi lado. Eres la sonrisa clandestina que busco entre tantos cumplidos y amenas indirectas. Eres ese detalle que sobresale como espíritu rebelde entre tanto tumulto de gente y calle. Eres el vicio que me consume lentamente. Eres la dulce distracción que me aleja de toda destructiva adicción. Eres espina enterrada en corazón. Eres el idilio que le da a esta carta todo sentido de razón. En soledad debo admitir que, pienso en usted todo el tiempo. Tú esencia se  mantiene vigente en mi mente, pero ausente en mi presente. He ahí el detalle. He ahí una de tantas pequeñas razones para justificar esta fascinante locura diagnosticada en la amarga soledad, que a la espera de una respuesta tuya perdura, y que anda siempre evitando por todos los medios cualquier sendero que la regrese al país de la cordura.

Alexander Urrieta

Mi posdata válida:accionpoetica59

“Se ve que no conoces a las mujeres, son capaces de todo, de lo mejor y de lo peor si les da por ahí, son muy señoras de despreciar una corona a cambio de ir al río a lavarle la túnica al amante o de arrasarlo todo y a todos para sentarse en un trono”.

Alex-Russell-Flint7

 

José Saramago – Caín

Sinónimos

«Amor y odio. Entre una cosa y la otra (aparentemente), existe una gran diferencia. Podemos pasar la vida entera tratando de averiguar que los hace distintos uno del otro pero, sería divagar en lo incomprendido. Así que para evitar molestias y confusión, ignoremos que ambas son recíprocamente antónimas. El amor y el odio, no son diferencias de sentimientos encontrados, son más bien, sinónimos. Palabras que significan lo mismo pero se escriben distinto. Ambos son el mismo espectáculo humano, sólo que con orquestas distintas».

Alexander Urrieta

1044711_675498335800773_920068405_n

La sumisión irracional

El fanatismo, es una enfermedad mental, no declarada oficialmente, pero sí bastante diagnosticada y latente en nuestro ignaro pueblo caribeño. En Venezuela, es tonto, de mala educación, o mejor dicho, imprudente, establecer con fanáticos debates sobre quien tiene la razón en lo que respecta el tema de la política. Más que un intercambio de ideas, es una pelea verbal, donde el reprochar mutuo, tiene más sentido que analizar y pensar; una disputa, que viene de la mano de un par de cínicos, diferenciados uno del otro, por su simpatía desquiciada-obsesiva hacia un bando unicolor. Ambos, discrepan en todo, pero tanto el chavista perorata como el patético opositor, coinciden en una sola cosa: padecen de irremediable ceguera, una ceguera tan grave y tan dañina, que les hace creer que saben el precio de todo. Pero, para su desgracia, no conocen el valor de absolutamente nada. En otras palabras, unos pobres idiotas.

El venezolano, ante una falta de disciplina y pensamiento, opta por la sumisión irracional al líder personalista de turno. No es la primera vez en nuestra historia que tropezamos con  la misma piedra de la idolatría. No es una situación de asombro para nadie. Los pueblos que no conocen su historia, están rotundamente condenados a repetir los mismos errores del pasado. Desde el profeta Bolívar, hasta el caudillo ignorante encorbatado, pareciera, que el culto a los líderes se ha metido cándida y descaradamente en nuestra manera de forjar y dirigir un estado. Cómo si esa fuese nuestra única alternativa de salvación el poner toda una complicada carga llamada nación, en los hombros de un sólo hombre…que al ponerse su respectivo atuendo, se hace llamar pueblo.

La sumisión irracional, es uno de los tantos síntomas que padece el hombre mediocre que reside en el Caribe, respaldado por una idiosincrasia mal sazonada  y el inminente paso de los años. Los venezolanos, tanto los de tendencia chavista como los de tendencia opositora, han engendrado en su imaginario, una absurda dependencia hacia los líderes políticos de turno. La confusión de términos, el gen adulador y la ignorancia, parece que han sido los únicos legados que se han mantenido intactos en el transcurrir de las generaciones de nuestra historia. El confundir “mandatario-presidente”, con “libertador-salvador”  y el ignorar  que la credulidad y la idiotez no distingue bando ni color – he aquí su talón de Aquiles – el venezolano es incapaz de tomar las riendas de su propio destino de forma razonable y colectiva  y opta siempre, por arrimarse de manera insana a la sombra autoritaria que mejor lo tape, o mejor dicho,  lo ciegue completamente, y lo desvíe de la incómoda y molesta idea de tener que encarar verdades amargas. Al venezolano le aterra asumir realidades dolorosas.

El problema de nosotros los venezolanos no son nuestros políticos, sino nosotros mismos. Los  venezolanos, vamos errantes por la línea del tiempo, esperando entre los laureles de la dejadez y la pereza intelectual, al siguiente soberano mesiánico que solucione todo nuestros problemas. Los venezolanos, endiosan tanto a un hombre, que llegan a creer que la labor o el trabajo propiciado por éste, amerita una obligada adoración y gratitud, convirtiendo al pueblo en una masa aduladora, ciega y enferma, que vive con la idea, de que el progreso, revolución (o como quieran llamarle), está en manos de un sólo abanderado. El fanatismo es nuestra piedra en el zapato y nuestro dilema existencial.  El fanatismo, es el endémico y craso error de nuestro pasado, presente y (espero no atinar en lo correcto), nuestro esperanzado futuro.

Max-Ernst-10

Alexander Urrieta – 11 de agosto de 2013