La secta de los treinta

por Jorge Luis Borges

El manuscrito original puede consultarse en la Biblioteca de la Universidad de Leiden; está en latín, pero algún helenismo justifica la conjetura de que fue vertido del griego. Según Leisegang, data del siglo cuarto de la era cristiana. Gibbon lo menciona, al pasar, en una de las notas del capítulo decimoquinto de su Decline and Fall. Reza el autor anónimo:

«… La Secta nunca fue numerosa y ahora son parcos sus prosélitos. Diezmados por el hierro y por el fuego duermen a la vera de los caminos o en las ruinas que ha perdonado la guerra, ya que les está vedado construir viviendas. Suelen andar desnudos. Los hechos registrados por mi pluma son del conocimiento de todos; mi propósito actual es dejar escrito lo que me ha sido dado descubrir sobre su doctrina y sus hábitos. He discutido largamente con sus maestros y no he logrado convertirlos a la Fe del Señor.

 »Lo primero que atrajo mi atención fue la diversidad de sus pareceres en lo que concierne a los muertos. Los más indoctos entienden que los espíritus de quienes han dejado esta vida se encargan de enterrarlos; otros, que no se atienen a la letra, declaran que la amonestación de Jesús: Deja que los muertos entierren a sus muertos, condena la pomposa vanidad de nuestros ritos funerarios.

»El consejo de vender lo que se posee y de darlo a los pobres es acatado rigurosamente por todos; los primeros beneficiados lo dan a otros y éstos a otros. Ésta es explicación suficiente de su indigencia y desnudez, que los avecina asimismo al estado paradisíaco. Repiten con fervor las palabras: Considerad los cuervos, que ni siembran ni siegan, que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto de más estima sois vosotros que las aves? El texto proscribe el ahorro: Si así viste Dios a la hierba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno, ¿cuánto más vosotros, hombres de poca fe? Vosotros, pues, no procuréis qué hayáis de comer, o qué hayáis de beber; ni estéis en ansiosa perplejidad.

»El dictamen Quien mira una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón es un consejo inequívoco de pureza. Sin embargo, son muchos los sectarios que enseñan que si no hay bajo los cielos un hombre que no haya mirado a una mujer para codiciarla, todos hemos adulterado. Ya que el deseo no es menos culpable que el acto, los justos pueden entregarse sin riesgo al ejercicio de la más desaforada lujuria.

»La Secta elude las iglesias; sus doctores predican al aire libre, desde un cerro o un muro o a veces desde un bote en la orilla.

»El nombre de la Secta ha suscitado tenaces conjeturas. Alguna quiere que nos dé la cifra a que están reducidos los fieles, lo cual es irrisorio pero profético, porque la Secta, dada su perversa doctrina, está predestinada a la muerte. Otra lo deriva de la altura del arca, que era de treinta codos; otra, que falsea la astronomía, del número de noches, que son la suma de cada mes lunar; otra, del bautismo del Salvador; otra, de los años de Adán, cuando surgió del polvo rojo. Todas son igualmente falsas. No menos mentiroso es el catálogo de treinta divinidades o tronos, de los cuales uno es Abraxas, representado con cabeza de gallo, brazos y torso de hombre y remate de enroscada serpiente.

»Sé la Verdad pero no puedo razonar la Verdad. El inapreciable don de comunicarla no me ha sido otorgado. Que otros, más felices que yo, salven a los sectarios por la palabra. Por la palabra o por el fuego. Más vale ser ejecutado que darse muerte. Me limitaré pues a la exposición de la abominable herejía.

»El Verbo se hizo carne para ser hombre entre los hombres, que lo darían a la cruz y serían redimidos por Él. Nació del vientre de una mujer del pueblo elegido no sólo para predicar el Amor, sino para sufrir el martirio.

»Era preciso que las cosas fueran inolvidables. No bastaba la muerte de un ser humano por el hierro o por la cicuta para herir la imaginación de los hombres hasta el fin de los días. El Señor dispuso los hechos de manera patética. Tal es la explicación de la última cena, de las palabras de Jesús que presagian la entrega, de la repetida señal a uno de los discípulos, de la bendición del pan y del vino, de los juramentos de Pedro, de la solitaria vigilia en Gethsemaní, del sueño de los doce, de la plegaria humana del Hijo, del sudor como sangre, de las espadas, del beso que traiciona, de Pilato que se lava las manos, de la flagelación, del escarnio, de las espinas, de la púrpura y del cetro de caña, del vinagre con hiel, de la Cruz en lo alto de una colina, de la promesa al buen ladrón, de la tierra que tiembla y de las tinieblas.

»La divina misericordia, a la que debo tantas mercedes me ha permitido descubrir la auténtica y secreta razón del nombre de la Secta. En Kerioth, donde verosímilmente nació, perdura un conventículo que se apoda de los Treinta Dineros. Ese nombre fue el primitivo y nos da la clave. En la tragedia de la Cruz —lo escribo con debida reverencia— hubo actores voluntarios e involuntarios, todos imprescindibles, todos fatales. Involuntarios fueron los sacerdotes que entregaron los dineros de plata, involuntaria fue la plebe que eligió a Barrabás, involuntario fue el procurador de Judea, involuntarios fueron los romanos que erigieron la Cruz de Su martirio y clavaron los clavos y echaron suertes. Voluntarios sólo hubo dos: El Redentor y Judas. Éste arrojó las treinta piezas que eran el precio de la salvación de las almas e inmediatamente se ahorcó. A la sazón contaba treinta y tres años, como el Hijo del Hombre. La Secta los venera por igual y absuelve a los otros.

»No hay un solo culpable; no hay uno que no sea un ejecutor, a sabiendas o no, del plan que trazó la Sabiduría. Todos comparten ahora la Gloria.

»Mi mano se resiste a escribir otra abominación. Los iniciados, al cumplir la edad señalada, se hacen escarnecer y crucificar en lo alto de un monte, para seguir el ejemplo de sus maestros. Esta violación criminal del quinto mandamiento debe ser reprimida con el rigor que las leyes humanas y divinas han exigido siempre. Que las maldiciones del Firmamento, que el odio de los ángeles…»

El fin del manuscrito no se ha encontrado.

El libro de Arena (1975)

12342312_10153808222252640_9195302255450785785_n

¡Cuidado con la Fridamanía!

Por Jessica Morón 

Fiel a la doctrina marxista, miembro del Partido Comunista, y enemiga número uno de las sociedades capitalistas, Frida Kahlo jamás hubiera imaginado convertirse en un producto comercial. A seis décadas de su muerte, mentes mercantilistas han transformado su imagen en un objeto del culto y espectáculo.

Aquel que no reconozca la genialidad de su pintura autobiográfica está destinado a congraciarse con sus intentos inagotables en la lucha contra la adversidad. Quizás porque la existencia del hombre acaba por restarle valor a sus conquistas y atesora las dificultades superadas en el camino. Y en el caso de Frida, haberse sometido a 33 operaciones, soportado la infidelidad de Diego Rivera quien la engañó con su hermana Cristina; resignarse a ser una mujer estéril, aceptar su incapacidad motriz derivada de la polio… “Todos estos aspectos despiertan y trastocan la sensibilidad del ser humano. Cada uno fue aprovechado y publicitado de tal manera que Kahlo se posicionó  en la sociedad moderna como un personaje cercano. De allí no resulta extraño ver su rostro, frases y pinturas estampadas, sobre todo tipo de accesorios”, comenta el profesor y crítico de arte Gabino Matos para referirse al fenómeno de la Fridamanía que se desató en la época de los 90.

Diez años más tarde, la oficina de correos de Estados Unidos vendía estampillas con la efigie creadora nacida en Coyoacán. Impresionada por su forma de vestir –esa que le permitía esconder una pierna deforme–, la diseñadora Elsa Schiaparelli creó una indumentaria tehuana para las damas parisinas.

En 2002, Hollywood llevaba la historia de la pintora mexicana a la gran pantalla. Madonna y Jennifer López anhelaron el protagónico  que encarnó Salma Hayek, en la cinta nominada a seis premios Óscar (el filme recibió la estatuilla dorada a mejor maquillaje y mejor banda sonora, además de un BAFTA y un Globo de oro).

Hasta la marca Converse ideó cinco modelos de zapatos con su firma, fotografías y expresiones más conocidas: “Pies para que tengo si tengo alas para volar”, fue una de las consignas impresas sobre una suela entre 2008 y 2010. La cerveza dominicana Bohemia aprovechó, incluso, su gusto por las “chelas” y lanzó al mercado una edición limitada de botellas que celebraron el centenario de la creadora.

Magdalena Carmen Frieda Kahlo Calderón ha sido la musa de Kenzo, Calvin Klein y Jean Paul  Gaultier. Atavíos y vestimenta inspirados en la hija del fotógrafo alemán Wilhem Kahlo, han recorrido pasarelas del fashion week en Nueva York y Paris. La dos veces esposa del muralista Diego Rivera conquisto las ondas hertzianas influenciando al vocalista de Red Hot Chilli Peppers quien compuso para ella el tema de Scar Tissue.

Viva la vida (1954) –el último lienzo que pintó la artista– da nombre al sencillo y penúltimo álbum de Coldplay. Joaquin Sabina, Marta Sánchez y Ricardo Arjona hacen mención de la pintora en algunas de sus composiciones musicales. En la oscuridad, de la intérprete mexicana Belinda, evoca en una producción audiovisual los trajes y el estilo de Frida.

En las tablas, la actriz venezolana Prakriti Maduro interpretó a la pintora autodidacta. “Frida se convirtió en una extraña maravilla para el arte contemporáneo que jamás pudo encasillar su trabajo. Negó a toda costa ser catalogada como una artista surrealista y no admitió vinculación con el arte pop… Su obra rompió los cánones de la pintura tradicional, siendo un portento que Picasso vaticinó al poco tiempo de conocerla: ‘Ni tú ni yo somos capaces de pintar una cara como las de Frida Kahlo’, reseñó en una misiva al muralista mexicano”, apunta Matos.

“Espero una salida feliz y espero no volver jamás”, escribió por última vez en su diario. A 61* años de su partida  el arte de Frida representa su vida y su vida una batalla de infortunios que coloreó la desgracia.

El Universal, domingo 13 de julio de 2014

-font-b-Frida-b-font-font-b-Kahlo-b-font-self-font-b-portrait-b

Frida

Frida_Kahlo

La Casa de Asterión

por Jorge Luis Borges

Y la reina dio a luz un hijo

que se llamo Asterión.

APOLODORO, Biblioteca, III, 1

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aqui ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo; aunque mi modestia lo quiera.

El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.

Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.

No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.

-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.

  El Aleph (1949)

0030

Espantosa gramática

Mientras la enseñanza de nuestro idioma siga basándose en la gramática, el sistema educativo seguirá siendo un fracaso.

Para ser eficiente, la escuela, sobre todas las cosas, debe comenzar a enseñar al niño a bien expresarse.

“Se forman cabezas por las lenguas”, decía Rousseau. Y entre nosotros el rousoniano maestro Simón Rodríguez pudo comprobar en su discípulo predilecto el éxito de este sistema, no sólo en punto de formación de la personalidad. La prosa esmerada, audaz y prodigiosa de Bolívar, dos siglos después, nos sigue iluminando con su aún vigente esplendor.

El buen uso del lenguaje deviene del buen uso de la razón, nunca de preceptos ni de reglas omnímodas.

La gramática ha de ser moderado complemento, bueno para aclarar o disipar dudas y explicar mecanismos, nunca comienzo ni culto del aprendizaje ni, mucho menos, cadena, prisión o cámara de tortura.

Se preguntaba Ángel Rosenblat si no era inquietante y extraño que siendo la lengua el más admirable de los dones humanos, su enseñanza en escuelas y liceos se hubiera convertido en la más ingrata y fastidiosa de las asignaturas. Y proponía desde la escuela, mucha, muchísima lectura, lectura oral, lectura comentada por el maestro o profesor, lectura explicada por el alumno, lectura en clase, lectura en casa, lectura de cuentos (alimento de la imaginación), lectura de leyendas, biografías, fábulas, chistes, anécdotas, episodios históricos, discursos, proclamas, lectura de pequeños trozos y de libros completos adecuados a cada edad. Y mucha escritura, copia, redacción, composición (sobre temas libres o señalados), cartas de toda clase, resúmenes de cualquier tema, etcétera. Y junto con la lectura y escritura, habituar al alumno a expresarse con vivacidad, a pronunciar decorosamente, a enriquecer su lengua.

Quienes habiendo sido víctimas de la gramática se enemistaron desde las aulas escolares con la lectura (excepto por el obligatorio acercamiento a los muchas veces disparatados libros de texto) y con la escritura (salvo por haber transcrito memorizadas respuestas en las farsas llamadas exámenes), no pueden, como docentes, sino transmitir autoritarismo o aburrimiento.

No puede enseñarse lo que se ignora ni puede estimularse lo que se desconoce.

Caso contrario, quienes en su infancia y adolescencia tuvieron padres o preceptores que a su vez fueron lectores y, por serlo, avivaron en ellos poderes creadores e imaginación, no aburrirán ni atosigarán a nadie con falsos saberes y ejercerán a plenitud el compartir y disfrute del conocimiento.

Goethe le escribía a un amigo: “Aprovecha en paz la inmensa ventaja de no conocer la gramática alemana. Hace treinta años que trabajo por olvidarla”.

librosmuchoslibros2

Gustavo Pereira – Cuentas

Extracto del Método

Y yo hubiera sido, sin duda, de esta última especie de ingenios, si no hubiese tenido en mi vida más que un solo maestro o no hubiese sabido cuán diferentes han sido, en todo tiempo, las opiniones de los más doctos. Mas, habiendo aprendido en el colegio que no se puede imaginar nada, por extraño e increíble que sea, que no haya sido dicho por alguno de los filósofos, y habiendo visto luego, en mis viajes, que no todos los que piensan de modo contrario al nuestro son por ello bárbaros y salvajes, si no que muchos hacen tanto o más uso que nosotros de la razón; y habiendo considerado que un mismo hombre, con su mismo ingenio, si se ha criado desde niño entre franceses o alemanes, llega a ser muy diferente de lo que sería si hubiese vivido entre chinos o caníbales; y que hasta en las modas de nuestros trajes, lo que nos ha gustado hace diez años, y acaso vuelva a gustarnos dentro de otros diez, nos parece hoy extravagante y ridículo, de suerte que más son la costumbre y el ejemplo los que nos persuaden, que un conocimiento cierto; y que, sin embargo, la multitud de votos no es una prueba que valga para las verdades algo más difíciles de descubrir, porque más verosímil es que un hombre solo dé con ellas que no todo un pueblo, no podía yo elegir una persona, cuyas opiniones me parecieran preferibles a las de las demás, y me vi como obligado a emprender por mí mismo la tarea de conducirme.

Pero como hombre que tiene que andar solo y en la oscuridad, resolví ir tan despacio y emplear tanta circunspección en todo, que, a trueque de adelantar poco, me guardaría al menos muy bien de tropezar y caer. E incluso no quise empezar a deshacerme por completo de ninguna de las opiniones que pudieran antaño deslizarse en mi creencia, sin haber sido introducidas por la razón, hasta después de pasar buen tiempo dedicado al proyecto de la obra que iba a emprender, buscando el verdadero método para llegar al conocimiento de todas las cosas de que mi espíritu fuera capaz.

0201

René Descartes – El discurso del metódo

La educación opresora

La eminente educadora doctora Maria Montessori ha desarrollado este mismo sistema en un folleto: “El niño que nunca ha aprendido a actuar por sí solo, a dirigir sus actos, o gobernar su voluntad, se transforma en un adulto que resulta fácil de gobernar y que siempre necesita el apoyo de otros. Incesantemente descorazonado y reprendido, el escolar concluye por adquirir esa mezcla de temor y de desconfianza en su capacidad que se denomina timidez, y que más tarde se presenta en el hombre como desaliento, sometimiento e incapacidad para oponer la más mínima resistencia moral. La obediencia que se supone debe tener un niño, tanto en la escuela como en su casa –una obediencia que no sabe ni de razón ni de justicia–, prepara la docilidad  del hombre para con las fuerzas ciegas. El castigo tan común en las escuelas de reprender públicamente a los culpables, equivale casi a la pena de picota; llena el alma con un temor irracional y loco por la opinión pública, hasta en los casos en que se trata de una opinión manifiestamente equivocada e injusta. En medio de estas adaptaciones y de muchas otras que determinan los complejos de inferioridad permanentes, ha nacido ese espíritu de devoción, por no decir esa idolatría para con los condottieri y los caudillos”. La doctora Montessori podría haber agregado que muy a menudo el complejo de inferioridad encuentra desahogo en la crueldad y en la brutalidad compensatorias. La educación tradicional constituye un acondicionamiento para vivir dentro de las sociedades jerárquicas y militaristas, en las que se obedece abyectamente a los superiores y se trata en forma inhumana a los inferiores. Cada esclavo “se las toma” del esclavo que está más abajo.

thumbAldous Huxley – El fin y los medios

La lengua totalitaria

El uso de la lengua que hacen los regímenes totalitarios no es un asunto limitado al interés de filólogos y académicos. Los estudios pioneros de Jean-Pierre Faye, Los lenguajes totalitarios (1972), y de Victor Klemperer, La lengua del Tercer Reich (1975), no admiten dudas; la lengua es uno de los más potentes y perniciosos instrumentos para alcanzar el objetivo de control absoluto de la sociedad.

Utilizamos aquí el calificativo de “pernicioso” porque una de sus características esenciales es el modo en que ella actúa: aparece como algo peculiar e inofensivo, que paulatinamente penetra y ocupa el cuerpo social. En primer lugar, es una lengua que avanza y captura para sus fines, cada vez más, territorios de la realidad. La lengua totalitaria opera bajo una lógica militar. Invade. Vigila. Impone prácticas y rutinas. Como si se tratase de un ejército de ocupación, pero no de las calles, sino del pensamiento de los ciudadanos.

Hay que entenderlo: la captura y ocupación de las instituciones, de los medios de comunicación y de la cotidianidad de las personas; o la aniquilación de las organizaciones de la sociedad civil o el creciente cerco a las libertades individuales, ocurre sólo bajo la articulación de una nueva lengua –una neolengua– que desconoce hechos y realidades, y superpone una vasta red de mentiras e invenciones, cuyo objetivo no es otro que el aplastamiento de la sociedad y el control del poder sin límites. Como bien escribió Klemperer, la lengua se convierte en el vehículo que transporta al régimen totalitario.

El acto de renombrar calles, parques, plazas, escuelas, edificios y obras de uso público; el establecimiento infundado de etapas históricas, que establecen una supuesta ruptura entre pasado y presente; el uso improcedente y reiterado de una profusa jerga militarista, de un palabrerío que se jacta de hablar a diario de guerra, batalla, enemigo, conspiración, sabotaje y muchas otras; la apelación permanente a los más extremos superlativos; la repetición de fórmulas, frases de solemne cursilería; la clasificación de “histórico” que se atribuye a cualquier irrelevancia (mientras el régimen inaugurado por Chávez se solaza en el uso de la palabra “eterno”, Hitler utilizaba el “super-superlavito” de “universalmente histórico”); el uso de comparaciones o explicaciones absurdas como política de Estado (la llamada “guerra económica” es un elocuente ejemplo de una invención, una superposición que se intenta imponer a la sociedad, de otra realidad: el fracaso de una política económica basada en el despilfarro y la destrucción del aparato productivo).

Porque en el fondo se trata de esto: la lengua totalitaria se entrelaza, opera simultáneamente con otras herramientas en uso, como el control total de los medios de comunicación y el deterioro sistemático de la calidad del sistema educativo. Cada uno de estos programas por separado, pero también concebidos como una estrategia, apuntan a un mismo objetivo: al embrutecimiento de la sociedad, al desmontaje de toda crítica y disidencia.

El Editorial – El Nacional Lunes 4  de Noviembre de 2013

television2

«Cada año habrá menos palabras, así el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño». 

«No habrá risa; no habrá arte; ni literatura ni ciencia; sólo habrá ambición de poder, cada día de una manera más sutil.

George Orwell – 1984

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

Zoocialismo

Utopismo y Pesimismo (MEAF)

El Espejo

Mandones Frustrados (MEAF)

La Sumisión Irracional

Máscaras

Utopismo y Pesimismo

Si los políticos venezolanos han sido maestros en el vicio de la promesa, la sociedad lo ha sido en el de la espera. La constante espera califica el espíritu de una patria que vive en atención a su mito irresoluto, a su héroe incompleto, y a la expectativa de que en algún momento imprevisible, por razones inexplicables, todo alcanzará la totalidad de lo cumplido y realizado. Las soluciones puntuales e imperfectas nunca son del todo bienvenidas; detrás de ellas se despierta el anhelo de lo perfecto, lo absoluto, lo nuevo y total, a la espera del día en que “todo se arreglará”. En ese sentido, la Revolución Bolivariana no sólo constituye una promesa de renacimiento nacional, sino una constante invención de novedades y proyectos, de conformación de instituciones, propagación de leyes y decretos, creación de misiones y programas que, en sí mismos, inyectan la impresión en el espectador de una constante renovación, más allá de que no siempre lo imaginado y futurizado soporte la prueba contra fáctica.

Caben las reflexiones de Rafael Tomás Caldera (2007:39-31) acerca de la condición cultural venezolana. Un país “volcado hacia lo futuro” y “pendiente de lo porvenir” –dice– supone el descuido del presente, la atención incompleta a lo que ocurre. Una constante anticipación que lleva a “vivir en la imaginación”. Un “afán de novedades” que somete a la nación a estar pendiente de lo último, de lo reciente, y de lo foráneo. Así, “la tensión hacia el futuro se traduce en predominio del proyecto en desmedro de su ejecución… Estar siempre iniciando nuevas tareas, proyectando nuevas empresas, cambiando de rumbo, impide aquella continuidad  en el esfuerzo que conduce a resultados sólidos”. Define el autor (2007: 63 y ss.) dos polaridades venezolanas, pesimismo/utopismo y desidia/aventura, que se esconden “bajo ese mesianismo que ha sido tantas veces señalado como uno de los rasgos de nuestra manera de ser: el problema de la esperanza”. El venezolano no cree en el resultado del esfuerzo cotidiano porque carece de esperanza, y la alternancia aventura/pesimismo se presenta “como resultado necesario de ese complejo estado de espíritu que puede ser llamado espíritu utópico”.

Ha sido frecuentemente estudiada la utopía americana que vino en la visión de los españoles, como consecuencia de la esperanza de una vida mejor, y cuya tradición se remonta hasta Platón. En su investigación sobre la utopía en el mundo occidental, Maria Ramirez Ribes (2005:32) comenta que “esta visión se acerca al equívoco que Europa tuvo en relación con la visión mítica idealizada de las nuevas tierras y que tanta incidencia tendría en la construcción de la utopía y en la trayectoria latinoamericana”. La perspectiva utópica rousseauniana necesariamente dejó su impronta en el pensamiento de los primeros repúblicos, y particularmente en Bolívar.

Desde ese mito fundador de la patria quizá arrastra Venezuela una permanente noción de comenzar desde cero, de suponer que todo puede construirse de nuevo, como si nada hubiera antes, sin pensar en las sociedades, los hombres, las costumbres, los paisajes preexistentes. Para François-Xavier Guerra (2006:34), la visión dualista de la historia que se impuso en los revolucionarios del ámbito latino (franceses e hispánicos) dividió los tiempos en un Antiguo Régimen, anterior a la revolución, en el que dominaba el despotismo y la ignorancia. El inconveniente, dice Guerra, surge de “hacer de la independencia un comienzo absoluto, planteando así problemas de inteligibilidad del pasado”. No sólo eso, podríamos sugerir. Un gran inconveniente se deriva también de la pretensión de crear un mundo nuevo que redimiría todas las culpas del pasado y permanecería después como futuro siempre inasequible.

am_24Ana Teresa Torres – La Herencia de la Tribu

 

Mandones frustrados

La contrarrevolución introdujo en la arena política ese personaje cruel esquizofrénico-paranoico y estásico: el dictador-generalote-mandamás-ignorante-soberbio-vende-patria, que de tanto ocupar la jefatura de los países latinoamericanos se le llego a considerar equivocadamente como “un personaje típico” del continente; sin advertir, por una parte, que es producto del machismo y preponderancia del hombre y por tanto no tiene más que diferencias culturales con los dictadores de otros lares, y por otra parte, que encarnan una política neocolonialista impuesta por el gran capital internacional. Son políticos o militares sexualmente enfermos, estásicos o insatisfechos con agudo cuadro psíquico, que echan sobre la nación la energía sexual no normalmente descargada a través de una vida sexual sana, bajo la forma de una violencia cruel, reflejo de su propia frustración; hombres sexualmente desequilibrados, que se recrean con ideologías negadoras de vida y que generan el caos y el temor colectivo, en gesto de venganza con sociedad por su íntimo drama. No son hombres normales. Tampoco los guía ninguna mística ni patriotismo. Son simplemente enfermos. Muy distintos, sobre todo, a nuestros Libertadores, de aquellos hombres sanos en la más amplia acepción de la palabra; que sabían combinar una vida política activa e inspirada en nobles ideales, con una vida privada absolutamente normal, donde el amor y los placeres sexuales siempre ocuparon lugar preferente, a quienes se les conocía vida sexual y pasiones amorosas propias del hombre, y que por ello, eran equilibrados, magnánimos, buenos y comprensivos, como debe ser todo hombre que conoce las satisfacciones del sexo.

0125 Felipe Carrera Damas – El comportamiento sexual del venezolano