Selección natural

1

Nadie imaginó aquel desenlace de estrellas que apenas brillaban y en un gesto se apagaron para siempre.

El Latin Voice Challenge era el evento del momento. Luego de varios procesos eliminatorios estaba en su etapa decisiva, la gran final. Los dos mejores debutantes se enfrentaban ante las cámaras en la ronda de cierre, donde contra todo pronóstico se tenía que presentar el mejor cuento de la temporada.

El programa iba por su Séptima Edición. De una manera discreta había ganado seguidores de toda la región hispanohablante.

Las editoriales, en sinergia demoniaca con las cadenas televisivas, aplicaron una fórmula infalible para promover la lectura. Le dieron a dicha iniciativa un retoque de espectacularidad elevado a la ene, con el objetivo de llamar la atención de masas de analfabetas funcionales, con la esperanza de que así, tal vez, se lograra reducir la curva exponencial de una práctica aparentemente en decadencia.

La idea era utilizar elementos de los concursos de cocina y aplicarlos en un concurso de escritura creativa.

El concepto al principio tuvo sus inevitables detractores. Con dedos en tecla llenaban los muros con hilos de Twitter. Despotricaban la fórmula sagrada que tras bastidores producía (en cadenas como Food Network) miles de millones de dólares.

Por fin lograron rebajar la literatura a la cháchara de los bloques deportivos.

Algunos comentarios eran más fatalistas, pero sin perder el sentido del humor.

Si esto es la cuarta revolución industrial, espero no estar vivo cuando llegue la quinta…si acaso ignoro que ya estamos en ella #LaMuerteDeLaLiteratura #PrayForAlvinKernan

Otros, resignados, pero sin escatimar lucidez alguna, mencionaban que el Latin Voice Challenge era el siguiente paso de la industria del entretenimiento literario, una versión edulcorada que hacía ver a los escritores como aspirantes gastronómicos.

Entre gustos y temáticas ganará quien mejor sepa conmover audiencias.
(No tanto desconcertar, porque esta idea a grandes escalas es inconcebible, pues la literatura, al menos una que quiera venderse como fenómeno paraliterario, no puede ni es capaz, de tolerar imposturas).

Hay que llevar el guion al pie de la letra, crear esculturas deportivas para ser admiradas en ambientes familiares dominados por amnesias. Moldear celebridades en ascenso que escriban precisamente lo que esperamos leer.

El Latin Voice Challenge era una alternativa a los concursos literarios tradicionales porque tenía el aditivo por excelencia para el éxito: la velocidad de las cosas: el pay-per-ya!

Los fallos venían después del segmento publicitario.

Se forjaba el prestigio en mármol y bronce. Subían las ofertas (como toda epopeya alcista) de futuras promesas destinadas al parche idílico del Best-seller.

Se lucraban los interesados y luego todo regresaba a su sitio, a las gavetas, a la inexistencia, a la indiferencia que provoca el vacío al que están condenados los productos que consumimos sin descanso.

Lo cierto es que el programa era adictivo. Como un segmento de cocina la brevedad de las escenas editadas condensaba horas de grabación intensa, con música de suspenso y exceso de publicidad con mensajes subliminales.

Las eliminatorias eran las más sintonizadas, en parte porque el éxito radica en el morbo de ver a otros siendo humillados, ver a otros entrar y salir del estudio llorando para abrazar a sus familias, sometidos a una ansiedad dispersa tras presentar un texto que otorgue la difícil entrada al concurso.

La ronda (de la mente más rápida) de selección tenía las instrucciones de un trabajo escolar.

Entraba el participante y los jueces asignaban cinco palabras aleatorias dadas por una máquina amistosa llamada GARY (Generical Artist Reader Yellowstone), que se unía como invitado transparente a los esfuerzos que engloban un certamen de proporciones demenciales.

Maybe the internet raised us,
but machines are now ruling the world words.
GARY is the righteous stone.

GARY es la medida de todas las cosas.

GARY es el Gran Inquisidor.

GARY es la perfección absoluta.

Gracias a él/ella/eso es posible la revisión veloz de los textos. Abaratando costos se puede prescindir del error humano. Por medio de una lógica innegable la máquina sopesa la justa calidad expresiva.

Una vez dadas las palabras el participante tiene quince minutos para elaborar un cuento.

Antes de entregar el texto cada participante da una reseña rápida desde un escritorio con lápices y bolígrafos intercalados de los patrocinadores: Pelican, Paper-mate, Montblanc y Faber-Castle.

Hay también papeles y borradores estéticamente ordenados, adicional a una máquina de escribir Olivetti obsoleta que completa la utilería del espacio, reforzando imaginarios colectivos del escritor clásico que comprende el fetiche de una raza extinta, junto con la casta de autores pesados que escribieron sonetos con plumas de ganso.

En un escenario de realidad aumentada el participante de manera sucinta da los motivos que lo han llevado a convertirse en escritor. Luego expone las razones por las que desea estar en el selecto grupo televisivo del Latin Voice Challenge.

No hay ninguna clase de pedagogía en el programa. Es una oportunidad para el narcisismo literario sin necesidad de literatura. Donde tienes la oportunidad de experimentar la expresión cultural total latinoamericana, estando en sintonía con las modas, siendo parte de algo más grande que tú, siendo parte de una ola de sucesos agobiantes.

La virtud del programa está en la facilidad que tiene el espectador de tragar por los ojos, poco importa si sabe mirar, mucho menos si sabe leer.

La gula visual da la impresión de que se lee cada vez más, aunque esto genere otro problema mayúsculo, atribuido al agotamiento: procesar sin interiorizar, sin entender nada, sobreabundancia bibliográfica, saturación de signos. En realidad, solo tienes la sensación de creer que estás leyendo. Aquí se sobreestima la práctica, pero da lo mismo mientras el programa se aplauda al unísono por entidades estatales, comerciales y terroristas.

Todos a por el rescate de la cultura.

Este es uno de los lemas comerciales de una empresa insecticida que encontró su pequeño recuadro promotor en la transición de una escena a otra del programa, definiéndose además, sin mucho melodrama, como una Compañía familiar.

De la eliminatoria masiva quedan veinticuatro aspirantes que son elegidos para una nueva audición de filtro. Esta ocurre en el episodio 1.

En las audiciones los participantes están divididos en tres grupos.

Un grupo tiene que hacer un cuento donde el protagonista sea el Mar, independientemente de la trama. Otro tiene que hacer un cuento policiaco, con indicios y atmósferas congruentes a un misterio, donde el lector cuando termine el texto sienta que llegó a alguna parte. Por último, un tercer grupo tiene que hacer un cuento de Ciencia-ficción, plantear un problema real y exagerarlo con recursos tecnológicos, sin abusar de artificios distópicos.

De ese filtro doce participantes se convierten en concursantes oficiales para las siguientes rondas, que trasmiten formalmente en vivo por las principales cadenas afiliadas en horario apto para todo público.

Después de la ronda de audición dos concursantes son eliminados en cada episodio.

El ganador recibe un premio de cincuenta mil dólares. Se somete así a un contrato de publicación de todos los cuentos presentados durante la temporada, que pasan a ser propiedad exclusiva de la Western Continent Choice.

Para la Sexta Edición el jurado evaluó a participantes entre 18 y 45 años de 20 países de Latinoamérica.

El escritor es el ganador de la competencia.

Para esa edición Jorge Riquelme ganó con el relato titulado A-dioses, una alegoría sobre la indiferencia, con personajes pusilánimes que mediante sus acciones afirman su presencia en la medida que se ausentan más. Con una “prosa áspera” (acotación de GARY), “el autor abordó exploraciones psíquicas para describir las posturas radicales y morales de los personajes ante la explosión de una bomba en la escuela de un pueblo en la Cordillera de los Andes. Destaca de manera siniestra las opiniones insanas de las personas que juzgan, con altanera seguridad, los acontecimientos ajenos que creen entender.”

El escritor obtiene el segundo lugar de la competencia.

Gabriela Espada presentó el cuento Muerte entre las flores, cuya prosa iba desengranando los sentimientos reprimidos de un hombre que solo con sus gestos confiesa el asesinato de su esposa. “Una trama sobre el duelo y la confusión trastornada por el cinismo, la sospecha y el velo del machismo que cubre una sociedad falocrática” (citas preliminares del veredicto de GARY).

El escritor ganó el segmento de la Caja de Herramientas o Reto de eliminación.

Se pone a prueba la cualidad del escritor donde presenta un cuento con ciertas restricciones de estilo. GARY en el episodio 4 pidió a los concursantes un texto donde no hubiera presencia del pronombre relativo “Que”. En el episodio 6, un texto libre de signos de puntuación. La valoración final se promediaba en la fuerza tonal del stream of consciousness, donde el lector de manera instintiva establece las pausas más acordes al ritmo de la trama.

El escritor era parte del equipo ganador en el Desafío Dadá y avanzó a la siguiente ronda.

En este bloque los escritores tienen que elaborar en conjunto un cuento a partir de retazos asignados de manera aleatoria por GARY: frases inconexas de orden enciclopédico, diálogos de diversas series o películas taquilleras, paremias, onomatopeyas, extractos notables de autores reconocidos siendo plagiados por otros autores no tan conocidos, manual de instrucciones de lavadoras, tablas nutricionales, discursos políticos, manifiestos, etc. “Los fragmentos son asignados de manera trivial y azarosa. Se limita a la capacidad de información que puedo almacenar en mi conciencia cuántica. Es un acto semejante a cuando metes la mano en una bolsa de fichas de un juego de Scrabble. Este acto se hace no para tomar precisamente lo que necesitas, sino lo que te corresponde y te ves obligado a hacer que funcione…darle sentido al sinsentido” (referencia explicativa de GARY antes del arranque del desafío en el episodio 3 y 5 respectivamente).

El escritor tuvo uno de los mejores cuentos de la Caja de Herramientas, pero no ganó.

El escritor se salva tras no presentar ni el mejor ni el peor cuento en el episodio.

El escritor se salva tras no presentar ni el mejor ni el peor cuento en el Desafío Dadá.

El escritor no compite en la ronda del episodio, obtiene inmunidad creativa tras presentar un cuento notorio, pero no con suficiente fuerza para ganar.  

El escritor tuvo uno de los mejores cuentos en el Reto de eliminación, destaca por no ser la última persona en avanzar a la siguiente ronda.

El escritor tuvo uno de los peores cuentos en el Reto de eliminación, pero en última instancia es salvado por el motor de improbabilidad infinita de GARY.

El escritor tuvo uno de los mejores cuentos del Desafío Dadá, pero su equipo fue el último en avanzar.

El escritor tuvo uno de los mejores cuentos del Desafío Dadá, siendo la única persona que podía seguir avanzando en la competencia.

El escritor fue eliminado de la competencia.

2

Los finalistas de la Séptima Edición del Latin Voice Challenge son el puertorriqueño Armando Pales Matos, 27 años, oriundo de San Juan, y la colombiana Julia Barmaceda, 32 años, residenciada en Medellín.

La final del Latin Voice Challenge, que normalmente ocurre en los estudios de Miami, para esta ocasión especial se trasmite en vivo desde el Caesars Palace, en la ciudad de Las Vegas.

Nos parecía irónico, viendo la antesala donde se destacaban los eventos memorables del programa, que una contienda literaria de “tintes latinos” tuviera como sede fija ciudades de lengua anglosajona. Miami es el máximo polo massmediático de Latinoamérica, aunque no forme parte de su territorio, comprende una ciudad donde la mayoría de sus habitantes son extranjeros y predomina el español (como dialecto de exilios y refugios).

En aquella ciudad están las mayores concentraciones de empresas dedicadas al negocio del entretenimiento con fuertes intereses en la región.

Los grandes empresarios, como los que componen la Western Continent Choice, sostienen el estandarte de que Miami (como espacio de ilusiones) es vital para concretar, en pretensiones capitalistas y literarias, el sueño bolivariano de integración del continente.

Una paradoja de la soberanía, cuando en incontables esfuerzos fallidos de praxis política se ha intentado realizar tan pretenciosa quimera. Basta con una inversión faraónica en espectáculos para hacer de los sueños un negocio realizable, redondo y firme, uno donde los escritores, en rol de trapecistas, tienen que hacer maromas excesivas para no solo poner a prueba el valor de un idioma, sino que además llevan consigo el estigma fatal de su tierra, en un lugar de pesadilla que oscila entre la nada, el desierto y la fantasía.

Las Vegas, como ciudad mensaje final, era una locación pensada para atomizar aquella estrategia de la ilusión. Promover desde el terreno de juego de América el valor de escribir.

Para esta ocasión GARY es cubierto con carcazas especiales doradas y tubos de neón. Su ensamblaje completo le da la forma de una ostentosa esfinge, una menos soberbia que la esfinge de Fremont Street que vigila la entrada del downtown.

En el televisor muestran un plano donde Armando Pales Matos y Julia Barmaceda, con miradas de perfil sostenidas, desafían al monstruo temático del Hotel Luxor. La toma solitaria de la esfinge, aunque imponente y seductora, oculta una crueldad escandalosa.

Los finalistas posan ante las cámaras y el resguardo sombrío de la esfinge, rodeados de pantallas donde desfilan sumas astronómicas del costo abismal de la vida que muy pocos pueden pagar.

Cerca de las patas del monstruo yace el enigma de la esperanza latinoamericana.

Series de números incomprensibles anuncian en tablas cabalísticas las predicciones literarias. Quién se iba a imaginar a las casas de apuestas abarrotadas por la especulación de las palabras, de las oraciones, de que por un desempeño artístico radicara la ruina de unos y la fortuna de otros. Increíble.

Las tomas aéreas del lugar reprochan la magnitud artificial del evento, urbanidad psicotrópica descaradamente kitsch. La tendencia del “orgullo latino” que se proyecta es distante y ajena a nosotros, sumisos televidentes de acá.

La escenografía googie style del programa nos presenta está vez un ambiente de falsa biblioteca. Sincretismo de libros y bustos enfilados con títulos y nombres hegemónicos resaltados en sus lomos oscuros, colocados en estantes de madera con formas arabescas. Las luces giratorias a través de una deformación de los colores primarios producen el efecto de estar sumergidos en una novela gráfica.

El presentador, Dubis Hassenfold, es una mezcla repulsiva de los archienemigos de Lazytown y Spy Kids. Lleva un vestuario que nos hace sentir que estamos volviendo a ver los Juegos del Hambre.

Los jueces son la santísima trinidad de los peones negros, menos deprimentes que la parodia de Caesar Flickerman, encarnada en el presentador alemán. Los jueces representan la formalidad trivial y necesaria. Legitiman en sus tonos de anticuario la fuerza omnisciente de GARY, que reposa detrás de ellos, envestida en su armazón esfinge de neón.

—El cuento que les traigo se titula “Byekaribbean”— dice Armando Pales Matos ante los jueces—. Está narrado en primera persona. Es un texto…no sé, algo optimista, donde creo haber logrado esbozar el proceso de aislamiento propio de la condición humana desde una (aguda) observación de los comerciales de telemarketing. Hago énfasis en la presencia de la bicicleta estática, el huésped terrible, en el hogar de una familia con problemas de sobrepeso en el Caribe. La familia busca saciar su versión de la felicidad por medio de deudas que acumula en sus tarjetas de crédito. La protagonista, una mujer de treinta y cinco años, al recibir notificaciones positivas de compra de productos para ejercitar su cuerpo, suele tener orgasmos que canaliza bailando desnuda frente al televisor al son de canciones de suplementos alimenticios y detergentes.

—Muy bien. A primera vista se ve como un relato de terror, tal vez algo excesivo. Lo “optimista” me parece sarcasmo —dice uno de los jueces que hace una vista por encima al borrador definitivo mientras lo pasa al siguiente juez—. Sin embargo, creo que puede funcionar. Me gusta la elección del título, una especie de pun. ¿Cómo es que se dice al juego de palabras? ¿Calambur? ¿Retruécano? Anyway…no importa.

—Me parece fantástico el concepto inicial de la pieza —dice la otra jueza—. El contenido es una fuerte crítica al sistema, pero lo que importa es que entretenga, ¿cierto?, incluso cuando el tema central es cómo las depresiones y el sobrepeso son productos de sentimientos de mercado.

—Lo que me genera cierto escozor es la mancha del texto—dice el tercer juez—. Veo que el cuento está escrito en un solo párrafo, ¿por qué presentar un cuento así en una final?

—Lo hice así porque el temperamento de la narración exigía esa estructura—explica Armando Pales Matos—. Las ideas concentradas en grandes bloques son una lección muy aplicada y perfeccionadas por Beckett, Krasznahorkai o Thomas Bernhard, incluso el mismo Horacio Castellanos Moya. Lo monolítico es un estilo para presentar mecanismos hostiles.

—Eso lo entiendo, pero a primera vista no es sencillo de leer—dice el primer juez—. No siento que sea algo que pueda calar como cuento referencial para las nuevas generaciones. Me refiero a que tiene que ser ameno, accesible. Este es muy saturado, es algo como…

  —¡¡Mucho texto, queridos jueces!! Mucho texto, como sale en los memes del Yoda Hispter—interviene Dubis Hassenfold, mientras de unos parlantes reproducen las carcajadas de sitcom que llevan cualquier forma de tensión a la burla, a sus típicas ironías.

—¿Y eso qué es? —pregunta la jueza del distrito 2.

—Es una expresión memética. Una imagen macro para representar una queja. Sucede cuando una persona manda un texto muy largo o difícil de entender en internet—responde GARY.  

—¡Exacto! —secunda el tercer juez de nuevo—. El tema es que no queremos que los nuevos lectores salgan con una barbaridad de esas, por eso pienso que la forma de presentación es fundamental. Yo lo editaría. Por supuesto, el texto tiene que defenderse solo.

—Claro, el tema está que la primera impresión es muy importante—dice el primer juez—, no dar tampoco la sensación de aburrir antes del acercamiento al texto, hay que evitar espantar al lector. Aunque eso tampoco es una limitación.

—Para nada. Insisto, con esto no quiero quitarle mérito al texto—aclara el tercer juez—. Será cuestión de que lo leamos con calma, todo bien, esto que digo es una opinión personal, algo superficial que suelto como lector, nada más. Puedes pasar adelante y entregar el texto al editor GARY.

—¿Algún otro comentario adicional que quiera hacer, señor Pales Matos?

—La verdad no. Queda esperar el final.

—¿Se siente satisfecho con su cuento?

—No mucho, solo me hace sentir un poco aliviado.

—¿Cómo es eso señor Pales Matos? ¿Qué lo alivia?

—Me alivia saber que el escritor todavía no ha cesado de denunciar en los otros la extravagante pretensión que tiene el hombre de referirlo todo a sí mismo. De querer juzgar todas las cosas a partir de sus mediocres necesidades o facultades, cualidades que nos lleva a suponer que el resorte metafísico de la creación es la vanidad o el hastío. Son conceptos que todavía no logra(rá) comprender una máquina en su complejidad, afortunadamente. Bajo esta postura creo que dejo claro que tampoco me importa lo que piense la generación del Mucho Texto, con todo respeto… Gracias.

Música victoriosa para reducir el impacto del comentario. Hay una incomodidad evidente en el presentador y los jueces.

Todos aplauden mientras Armando Pales Matos introduce su texto en los rodillos lectores de GARY, la esfinge. El hombre mira la cámara con el temple de un Rufián Melancólico. El debutante regresa a su cubículo adornado con un par de bustos pequeños de Jeff Bezos y Gabriel García Márquez. Armando Pales matos cruza una mirada íntima y cómplice con Julia Barmaceda. Ambos se sonríen mutuamente.

Llaman a la siguiente finalista: pase adelante parcera… (Risas).

—Mi cuento se llama “Selección natural” —dice Julia Barmaceda—. Es una composición narrada en tercera persona sobre una jorobada que fermenta una rabia secreta. Esta se describe en una constante serie de humillaciones diarias como empleada de pasillo en un supermercado. Los hechos ocurren en un país del Sur atrofiado por el culto al fracaso, la testosterona y las recesiones económicas…

—Un momento —interrumpe la jueza— ¿Es una crítica sobre el maltrato femenino?

—El maltrato hacia el otro en general—responde Julia Barmaceda—. No estoy segura de que sea mi mejor cuento, pero tiene los elementos necesarios para ser presentado y ganar, aunque ya en este punto (de partida), siendo honesta con ustedes, luego de haber llegado hasta aquí me siento profundamente agotada, no obstante, estoy agradecida de que me permitan formar parte de este circo, donde me siento en la obligación de hacer algo que valga la pena, asumiendo las consecuencias…

Interferencias. Distorsiones en el libreto. Los productores muestran señales de alarma.

—¿Pero cuáles consecuencias? —dice Dubis Hassenfold, exaltado y moviéndose con sorna ante las cámaras—. Suenas triste, ¿no estás contenta? Estás a una lectura de ganar el mayor premio.

—Ya luego de vivir esta experiencia no me interesa. De todas maneras, me tengo que arriesgar.

Julia Barmaceda entrega el borrador definitivo al primer juez. Este la mira con extrañeza y desaprobación.

—Esto es insólito —dice ante la actitud pasmada de los otros jueces y el ruido apenas perceptible de GARY—. ¿Por qué tomar esa postura? ¿No te das cuenta? Hay miles de personas que te están viendo ahora y vienes a decir eso. Piensa en lo que otros quisieran hacer en tu lugar, lo que darían otros tantos por estar donde tú estás, representando a un país entero, demostrando el valor que tiene la literatura ¿Esta es la imagen que quieres reflejar ahora?

—Me da igual. Mi postura no debería afectar la fuerza interna del texto. Está hecho para que ande solo ¿Cierto?

—Tiene razón, ¿pero por qué decir esas cosas ahora? —dice la jueza—. Habla de que esto es un circo, le resta mérito a los esfuerzos de todos los que hacemos vida aquí.

—Ese es el asunto: por qué no decirlo.

—Aparte de que presentas un cuento que a primera vista parece distópico y contestatario, vienes a faltarnos el respeto ante las cámaras. Esto es un programa de valores. Claro, se aprueba la creatividad, se incentiva, pero hay principios establecidos…

—Lo distópico es una redundancia en el cromosoma que compone el gen de la diversión—replica Julia Barmaceda—. Sin la diversión las desgracias no serían rentables. La miseria humana no sería tan cool retratarla, y creo que este certamen tampoco existiría. Quiero aclarar además que mi texto no es distópico, en una representación de mi experiencia siendo el Otro. No sé si logro darme a entender. Yo no soy escritora, soy apenas una aficionada, una artesana que ha presentado como propuesta literaria su vida. Al hacerlo he tenido mucha suerte con atinar en el gusto de ustedes, no sin sentir algo de zozobra y arrepentimiento, pues también he sido cómplice. Disculpen. Una cosa se confunde con la otra, todavía me pregunto cómo llegué hasta aquí. Da lo mismo. Al final no vale lo que yo piense, vale es el veredicto de una máquina que no siente, que mide esfuerzos a partir de patrones incuestionables. Ustedes, junto a toda la producción del programa, son accesorios entregados ciegamente al criterio de los algoritmos. Eso no significa que esté bien o mal lo que hacen, simplemente no es humano. El detalle es que ahora nos interesa más que las cosas se resuelvan inhumanamente. Eso es lo distópico.

—Mucha polémica la que se arma usted para evadir el tema central. Innecesaria esa búsqueda de llamar la atención, no le vamos a dar más cuerda. Venimos a evaluar—dice la segunda jueza—. Ya por su actitud no provoca revisar su texto. Yo no pienso hacerlo. Húndase solita. De igual manera, por integridad y seguimiento del protocolo le pedimos que lleve el texto a donde GARY. Siga caminando. Rápido, antes de que cambiemos de opinión. Vemos que ha olvidado la finalidad que tiene este certamen para la cultura y la literatura, es una lástima, debería darle vergüenza…

—Lo lamento, pero esa finalidad de la que habla es un pretexto que usan para justificar una forma de entretenimiento dizque para rescatar la cultura. Como si la cultura se tratara de una tísica que padece una infecciosa enfermedad venérea, y entonces todos quieren salvarla haciendo algo, pero en realidad a nadie le importa, lo ideal es que se pudra para justificar las atrocidades verdaderas, las que envenenan en sí misma la idea de la cultura. Los principios que dice usted, señor juez de distrito, son engranajes de una conspiración para que las multitudes no problematicen su imbecilidad, sino que puedan evadirla desde un artificio literario y se sientan tranquilas, seguras en su ignorancia, en sus miedos religiosos. Convencen a las personas de que pueden sentirse listas y cultas brincando en sus charcos de ocurrencias, proyectando sus problemas de autoestima en frasecitas motivacionales mongoloides. Esas son las personas que se mueven con una seguridad detestable, repitiendo citas que ni Borges, ni Camus, ni Cervantes dijeron en sus grandiosas vidas, y para colmo, son esas mismas personas que van por ahí exigiendo además al resto del mundo que tienen que aceptarlas tal como son, con sus idioteces, egocentrismos y rigideces, porque son incapaces de ver un mundo más allá de su propia insignificancia, de pensar por sus propios medios, observar de manera auténtica, diferente, aunque la autenticidad es una palabra aburrida y sobrevalorada. Ya no importa eso de ser original, nadie puede serlo, pero insisten con meternos esa farsa en la cabeza. Ustedes como empresa insisten en engañar, se valen de la literatura para vender panfletos y narcóticos a la gente. Nadie es especial. No quiero perder el hilo, ya que no quieren darme más cuerda. Esto pasa cuando lo que se supone tiene que entretenernos ya no lo hace. Concentrarse cada vez es más difícil. La velocidad es un cáncer que atenta la vida, pretende acabar con la contemplación de las cosas, haciendo impenetrable el acceso a la complejidad inherente del mundo, reemplazándola por una mirada ecléctica en la que resulta más fácil imponer cualquier forma de totalitarismo, cualquier radicalismo absurdo de la censura y la cancelación, porque lo que no se puede comprender ofende, y hay que eliminarlo, silenciarlo, desparecerlo. El cambio verdadero es un desmontaje crudo de la comodidad, y la literatura sirve para eso: para descreer. La cultura es indestructible, no necesita salvadores ni teletones de iglesias ni trasnacionales, no necesita llamar la atención para que tenga valor. Sus versiones literarias a la Walt Disney tienen un prestigio fundado en la nada, como la que sostiene este hotel y la ciudad entera. La finalidad de la literatura es la de abrir ojos y ventanas simultáneas, no de solapar con pliegues de mentiras. Tampoco hay necesidad de que por medio de ese fin se delate nuestra decepción por las cosas, mucho menos predicar la desesperanza a los demás, todo lo contrario. Nunca es demasiado tarde para reconstruir, pero hay que tomar conciencia del rumbo desquiciado que toma el mundo que vivimos, por lo que es crucial tomar la decisión de destruir algo para justificar el destino que merecemos. Ahí radica el sacrificio de saber leer y escribir. Es una responsabilidad. Se requiere valor y tripas para promover ambas prácticas de la manera más sensata posible, sin caer en las cojudeces a las que estamos acostumbrados todos los días. La utopía se degradó en lo virtual, y el espectáculo es una manera terrible de decir la verdad mintiendo.

Nadie aplaude. Tampoco ponen música. Con el asombro al tope los números de audiencia suben. El Latin Voice Challenge engendra su cierre técnico. Pero todavía no lo sabe.

La finalista Julia Barmaceda se acerca a la máquina para meter su cuento por los rodillos lectores. Mientras lo hace saca de su bolsillo un objeto redondo y oscuro, parecido a un disco compacto. Es un trozo de imán. La debutante pasa el imán por el rostro hasta el pecho de la esfinge, donde con brusquedad remueve las entrañas de circuitos, procesadores y memoria con miles de años de información.

Una turba de sombras se abalanza sobre la finalista Julia Barmaceda.

Todo sucede muy rápido, pero queda registrada la violencia que en cuestión de segundos se viraliza en las redes sociales. La indignación oportuna se dilata.

Se interrumpe la señal y bruscamente aparece un comercial que pone la pantalla dorada. Aparece uno de los tantos productos cosméticos que histerizan a las mujeres, un producto banal que se promociona con una narrativa sádica, pero muy sutil para no levantar ninguna sospecha de maltrato. Es un producto disponible en un mundo enfermo y divertido, que tiene entre sus mayores fobias la vejez, el hecho de tener que crecer, de madurar. Es un mundo que mantiene una lucha inútil y abierta contra el paso del tiempo. Y se jacta de hacerlo.

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Hay confusión. Apagamos la televisión. Basta de violencias tiranas. En casa nos alborotamos y cada uno empieza a revisar las notificaciones en sus prótesis celulares. El crimen contra aquella máquina totalitaria nos libera de una carga ficticia que hacía, sin darnos cuenta, insoportable vivir.

Muere una partícula, pero no acaba el entretenimiento. El circo nunca muere. Asimilar eso nos llena de una esperanza intermitente, pero igual triste, patética. Nos hace pensar por un instante pequeñas tonterías, pero pensamientos al fin.

En cuestión de horas regresamos sin mucho escándalo a nuestras vidas intrascendentes, solitarias y aburridas, tercerizadas, de trópico, de tragaseries con bajos sueldos y comida recalentada. Sin expectativas mayores hay que lidiar con el gasto diario de uno mismo.

El video del atentando contra la esfinge se viraliza en un loop infinito durante días, hasta perderse en la eternidad.

La tendencia del suceso, antes de caer en el olvido de los muros, son el nombre de la finalista Julia Barmaceda, junto con las palabras Decepción, Imán y Gloria.

Alexander JM Urrieta Solano

Caracas, 30 de agosto del 2021

Misceláneas y otros textos rechazados.

El mago del surrealismo

Cómo estafar a otros y creer que salvar el planeta

El motorizado

Leer y escribir en un país invisible

Tanizaki en Las Vegas

Alto Prado

El poeta en el mundo

Lo que nos queda

El poeta en el mundo

por Alexander JM Urrieta Solano

Denise Levertov, a mediados de 1973, hizo una selección de varios textos suyos en prosa para reunirlos en un hermoso libro. La publicación de The Poet in the world fue recibida por los lectores como un suceso comparable con la publicación de The Sacred Wood de T.S. Eliot y ABC of reading de Ezra Pound. Investigando vi que la primera traducción (?) en lengua española fue realizada por Ugo Ulive. El libro fue editado y publicado por Monte Ávila Editores en 1979. Ignoro si se realizó alguna otra edición posterior o anterior en español, tema que me desconcierta, pues se trata de un libro maravilloso y conmovedor, con un valor y fuerza imprescindibles cuyo título es casi de culto; uno de tantos títulos que tuvimos el lujo de tener en los anaqueles de nuestro país al módico precio (grabado en la contraportada) de 35 bolívares.

Para Denise la prosa en los poetas establece un estrecho vínculo entre la vida interior y exterior que sirve como un recurso más autorevelador que los mismos poemas. En la prosa se concentran los aspectos de la vida meditativa de quien escribe, mientras que los versos son la manifestación de los impulsos espirituales. Los grandes maestros logran en sus escritos enlazar ambos estados creativos, dándoles esa particularidad en la voz que resuena indefinida en la conciencia de una época. Denise Levertov es ese tipo de maestra cuyas palabras resuenan todavía en pequeños rincones de resistencia.

El poeta en el mundo está divido en cinco secciones temáticas donde la autora estableció sus intenciones acerca de la relación vital entre la poesía y su vida. En Trabajo e inspiración, primera sección del libro, reúne una serie de conferencias y reflexiones sobre la teoría poética. Las maneras de componer, bajo el presupuesto de lo que ella concibe como la forma orgánica, concepto que está detrás de todas las cosas, donde el poeta es aquel capaz de revelar aquello que está oculto. La forma orgánica consiste en un método de percepción basado en la intuición de cierto orden, una forma más allá de las formas, donde la poesía, como obra creativa, es una actividad exploratoria. A grandes rasgos, la condición del poeta está en un entrecruzamiento o constelación de experiencias que despiertan en él una necesidad, mejor dicho una exigencia mayor, que vendría a materializarse en el poema.

El comienzo de la satisfacción de esta exigencia es contemplar, meditar, palabras que denotan un estado en el que el calor del sentimiento va caldeando el intelecto. Contemplar proviene de «templum, temple, lugar, espacio de observación indicado por el augur». No significa simplemente observar, advertir, sino hacer estas cosas en presencia de un dios. Y meditar es «mantener la mente en estado de contemplación»; su sinónimo en inglés es «to muse«, que proviene de una palabra que significa «estar con la boca abierta», algo que no es tan cómico si pensamos en «inspiración»: llevar aire a los pulmones. (pp. 18-19)

Denise en un texto incluido en la primera sección, Una definición más amplia, sintetiza, a petición de un alumno, tres categorías que luego la autora explica de manera concisa. Me veo en la necesidad de transcribir toda la página.

—There is a poetry that seeks to invent, for thought and feeling and perception not experienced as form, forms to contain them; or to make appropriate re-use of existing metric form.

[Hay una poesía que trata de inventar, para el pensamiento y el sentimiento y la percepción no experimentados como forma, formas que los contengan o trata de reutilizar apropiadamente formas métricas existentes]

— There is a poetry that seeks to invent, for thought and feeling and perception not experienced as form, a mode of expression that shall maintain that formlessness, avoiding the development of rhythmic and sonic patters.

[Hay una poesía que busca, para el pensamiento y el sentimiento y la percepción no experimentados como forma, un modo de expresión que conserve esta carencia de forma, evitando el desarrollo de modelos rítmicos y sonoros]

— There is a poetry that in thought and in feeling and in perception seeks the forms peculiar to these experiences.

[Hay una poesía que en el pensamiento y en el sentimiento y en la percepción busca las formas peculiares de estas experiencias]

La primera de estas tres categorías implica el concepto de síntesis de forma y contenido como un acontecimiento producido por el ejercicio del poder y la astucia del artista, pero no como un acontecimiento orgánico, como el agua que fluye tiene el dibujo de sus ondas como si fuesen inherentes al contenido. Por el contrario, la tercera categoría sí implica una fe en la inmanencia de la forma dentro del contenido y trata de descubrirla y revelarla.

La segunda categoría tiende hacía el flujo, y no hacia algún tipo de forma. Frecuentemente tiene un dibujo, como el agua que fluye tiene un dibujo de sus ondas, pero no se permite al dibujo que se fije en el ojo o en oído porque caería en el peligro de convertirse en forma. Esta categoría es lo que verdaderamente podemos llamar «verso libre».

También la poesía de la tercera categoría, que en otra parte denominé poesía de «forma orgánica» es llamada comúnmente verso libre. ¿De qué manera el término es aplicado correcta o incorrectamente? Comparte con la segunda categoría su libertad ante moldes métricos pre-existentes y re-utilizables. Pero a partir de allí usa su libertad para lograr fines diferentes: donde el verdadero «verso libre» se preocupa por mantener su libertad frente a todas las trabas, la poesía «orgánica», una vez liberada de formas impuestas se somete voluntariamente a otras leyes: las leyes variables, impredecibles pero sin embargo estrictas del paisaje interno, descubierto mediante la tensión interior. Su disciplina comienza con el desarrollo de la máxima atención, y en esto se relaciona más estrechamente con la primera categoría, la «tradicional» (donde es esencial el sentido lo más preciso posible de la adecuación de una forma para un contenido) que en el «verso libre» el cual, al aborrecer todo confinamiento, corre o serpentea sin prestar mayor atención a los detalles o a las implicaciones.

Levertov se vinculó con las actividades literarias de la revista Origin, así como compartir las ideas de otro gran poeta contemporáneo como lo fue Charles Olson: el contenido determina la forma. La obra de Denise Levertov está relacionada con las guerras, el sufrimiento, la perversión humana. Estaba convencida del compromiso del artista en revelar los hallazgos de la conciencia. Muy vinculada a la poesía de vanguardia de los Estados Unidos, Denise concibe el poema como un misterio, y el poeta como un artesano que prioriza el valor de cada espacio, cada verso, cada coma y cada palabra, en donde cada elemento cumple una función vital para el funcionamiento del poema en su totalidad. Insiste y secunda la idea de otro maestro, Ibsen:

La tarea del poeta es aclarar para sí y por lo tanto para los demás las interrogantes temporales y eternas que estén activas en la época y comunidad a la que pertenece.

La obra que se concibe no tiene ningún fin social, lo que sí tiene es un destino social, ese no depende del creador porque va más allá de sus capacidades mortales, esa es la cualidad implícita en las grandes construcciones del arte, en la poesía que a modo de elipsis penetra en la semblanza de ese lector extraño que está presente y del que vendrá. Para Denise no debería haber una contradicción entre el oficio de poeta ante los fenómenos de la sociedad esquizofrénica capitalista: las guerras que provoca, las injusticias contra las diferencias, como las que están presentes todos los días, por ejemplo, contra los pueblos de color y las mujeres; el poeta al asumir un compromiso pleno con la vida está al tanto de las exigencias e implicaciones de luchar y resistir ante los atropellos que afligen la existencia. Vocera de un feminismo lúcido insistía que la verdadera revolución era en sí una lucha que involucrara todas las luchas.

Los buenos poetas escriben malos poemas políticos sólo si se permiten escribir retórica deliberada, terca, malusando su arte como propaganda. El poeta no usa la poesía sino que está al servicio de la poesía. Usarla es malusarla. Un poeta que siente el impulso de hablar consigo mismo, de mantener un diálogo consigo mismo sobre el tema político puede esperar escribir tan bien sobre ese tema como sobre otro cualquiera. No puede separarla de todas las demás cosas de su vida. Pero lo que está en cuestión no es la posibilidad de hacer buenos poemas «políticos». Lo que está en cuestión es el papel del poeta como observador o como participante en la vida de su época. (pp.147-148)

Hypocrite women

Hypocrite women, how seldom we speak   
of our own doubts, while dubiously   
we mother man in his doubt!

And if at Mill Valley perched in the trees   
the sweet rain drifting through western air   
a white sweating bull of a poet told us

our cunts are ugly—why didn’t we   
admit we have thought so too? (And   
what shame? They are not for the eye!)

No, they are dark and wrinkled and hairy,   
caves of the Moon …          And when a   
dark humming fills us, a

coldness towards life,
we are too much women to   
own to such unwomanliness.

Whorishly with the psychopomp   
we play and plead—and say
nothing of this later.             And our dreams,

with what frivolity we have pared them   
like toenails, clipped them like ends of   
split hair.

[Mujeres Hipócritas

Mujeres hipócritas, ¡qué pocas veces hablamos
de nuestras propias dudas, mientras que dudando
protegemos a los hombres de sus dudas!

Y si en Mill Valley posado en un árbol 
la lluvia dulce deslizándose por el viento del oeste
un blanco y sudoroso poeta toro nos dijera

que nuestros coños son feos -¿por qué no
admitir que hemos pensado así alguna vez (Y 
por qué sentir vergüenza? ¡Si no son para mirar!)

No, son oscuros y arrugados y peludos,
cuevas de la Luna … Y cuando un
zumbido oscuro nos llena, una

frialdad hacia la vida,
somos demasiado mujeres para
confesar tan poca feminidad.

Putamente con la sicopompa
jugamos y suplicamos para luego
No decir nada de esto.    Y nuestros sueños,

con qué frivolidad los hemos cortado
como uñas, como puntas de
pelo horquillado.]

Versión de Marcela Garay

El poeta, al ser un ente poseedor de un don, tiene como trabajo concientizar una disciplina diaria entre la acción y las palabras. Los poetas son, como dijo Blas Coll, los mineros del idioma. En el ámbito de una literatura, cuando se escribe, se estudia o se enseña, como el caso de Levertov, esta se convierte en una parte inseparable de la vida. Implica que las decisiones, tanto espirituales como existenciales, están mediadas por una condición literaria, es decir que ya se ha tomado una decisión contundente en cuanto a la manera de conducirse en la vida. Rilke, siendo una de las voces mayores de la creación, entregado de pleno al arte llegó a escribir que

…en última instancia el arte no tiende a producir más artistas. No trata de incorporar a nadie y siempre he adivinado que no le preocupa en absoluto ningún efecto. Pero una vez manado de una fuente inagotable, cuando sus creaciones están ahí, extrañamente silenciosas y superables entre las cosas, puede ocurrir que involuntariamente se convierta en algo ejemplar para toda actividad humana en virtud de su innato desinterés, libertad e intensidad…

Pues por más que el artista dentro de nosotros se preocupe por la obra, por la realización de ella, su existencia y duración completamente separadas de nosotros, solo actuaremos correctamente cuando comprendamos que incluso esta muy urgente realización de una realidad superior aparece, desde algún punto altísimo, último y extremo, solo como el medio de obtener algo nuevamente invisible, algo interior y nada espectacular: un estado más sano en medio de nuestro ser.

En ambos fragmentos Rilke nos dice que el arte como tal no es precisamente un efecto sino que es una cosa imbuida en la vida, no conduce a ninguna parte pero nos llena de algo incomprensible. Está presente en las acciones y el entorno, y dicho arte pretende dar un acercamiento bajo sus propias reglas. En las reglas del arte aquello que es pertinente se encuentra mediante una afinación discreta de la mirada. Escribir también es escuchar. Es tomarse la lectura y la escritura (tomando ambas acciones como referentes de la construcción) con un mayor grado de seriedad. Levertov dice que

La obligación del escritor es: asumir responsabilidad personal y activa por sus palabras, sean las que sean, y reconocer su influencia potencial sobre las vidas de los demás. La obligación de profesores y críticos es: no bloquear las consecuencias dinámicas de las palabras que tratan de acercar a estudiantes y lectores. Y la obligación de los lectores es: no caer en la hipocresía de la experiencia meramente sustitutiva, reduciendo así a la literatura al concepto de «solo palabras», en última instancia una frivolidad y una irrelevancia a la hora de la verdad…Cuando las palabras penetran en nosotros cambian la química del alma, de la imaginación. No tenemos derecho de hacer eso a la gente si no compartimos las consecuencias. (pp.146-147)

What My House Would Be Like If It Were A Person

This person would be an animal.
This animal would be large, at least as large
as a workhorse. It would chew cud, like cows,
having several stomachs.
No one could follow it
into the dense brush to witness
its mating habits. Hidden by fur,
its sex would be hard to determine.
Definitely it would discourage
investigation. But it would be, if not teased,
a kind, amiable animal,
confiding as a chickadee. Its intelligence
would be of a high order,
neither human nor animal, elvish.
And it would purr, though of course,
it being a house, you would sit in its lap,
not it in yours.

[Cómo sería mi casa si fuera una persona

Esa persona sería un animal.
Y ese animal sería grande; por lo menos,  grande
como un caballo de tiro. Rumiaría, como las vacas,
con varios estómagos.
Nadie podría seguirlo 
hasta la espesura del matorral para presenciar
sus hábitos de apareo. Escondido por el pelaje,
el sexo sería difícil de determinar.
Definitivamente desalentaría
la investigación. Pero, si no lo molestaran,
sería un animal bueno, amigable,
confiado como un pichoncito. Su inteligencia
sería de un orden superior,
ni humana ni animal, élfica.
Y ronronearía. Aunque, claro,
tratándose de una casa, tendrías que sentarte en su regazo
y no al revés.]

Versión de Sandra Toro

La tarea del poeta, como declaró Robert Duncan, es guardar en custodia la sabiduría de que el lenguaje no es un mazo de fichas para manipular, sino que es un Poder. Solo en el resguardo de esa sabiduría se alcanza esa musicalidad presente en el habla.

Tenemos la lucha diaria, inevitable y mortalmente seria de apoderarnos de la palabra y ponerla en el contacto más directo posible con todo lo que se siente, ve, piensa, imagina y experimenta (Goethe).

Escribir (poesía) es un proceso de descubrimiento muy doloroso, revelación de la música inherente en el paisaje de nuestro interior. Existe una obra latente en nosotros que bien podemos encontrar mediante este proceso, no siempre de una manera satisfactoria, pues este afán de plasmar palabras desde cada ocurrencia de esta hipotética obra interior conlleva a la más horrenda de las decepciones. De otra manera más lúcida Malcom Lowry, en esa prosa infernal que compone su novela-reloj Bajó el volcán, dirá que: Hay un poeta frustrado en cada hombre. Aunque en las circunstancias actuales tal vez sea buena idea fingir cuando menos que está uno realizando la gran obra personal sobre «Sabiduría secreta» y entonces puede uno alegar, si nunca se publica, que el título explica esta deficiencia.

¿Bajo qué métodos o alquimias cada uno por su cuenta puede concebir esa sabiduría secreta? ¿Qué costo trae ese pacto délfico que encamina la acción rudimentaria de la perfección suprema: la de conocernos a nosotros mismos?

¿En este espacio de confusión serán pertinentes los versos de Paul Goodman?:

What is the message?—

an artist is lucky who is busy

with what is necessary!…

Misceláneas

Insensatez

Cómo estafar a otros y creer que salvas el planeta

Los demasiados libros, o las virtudes del exceso de plástico

Tanizaki en Las Vegas

El árbol de la ciencia

Vida y destino (Fragmento)

La Broma infinita: sobre la experiencia lectora deportiva

Cómo estafar creyendo que salvas el planeta

para Nadiezhda y Z.

Sé que anoté esto en alguna parte pero igual te lo cuento para que no te jodan. Estaba desempleado. En Facebook vi un anuncio de trabajo: «Los Tres Reinos», de la Fundación Empatía y Evolución. Considerando en ese momento que era una buena idea llamé al número del flyer que solicitaba ayudantes para trabajar en el reino. Me dieron cita al día siguiente en el Tecni-ciencia del Sambil a la una de la tarde. Me puse formal para nada. Estaba disfrazado de evangélico entusiasmado por un día sábado; tenía que verme como tal, dar la impresión de portar encima una suerte de fe marcada en el sudor intenso de mis axilas, despotricando cierta marca acuosa de desodorante que compré al precio módico de No me queda otra opción. Tenía que seguir las señales del altísimo. La necesidad nos hace creer en los anuncios publicitarios más fantasiosos y ridículos. Una cosa así como Los Tres Reinos. Imagínate.

El viaje hasta Chacao fue rápido. La librería Tecni-ciencia es grande, tiene un segundo nivel tipo mezzanina que en sus días mozos, cuando el local se parecía a la juguetería Duncan de la película Home Alone 2, funcionaba un cafetín donde los clientes se sentaban a leer y comer cachitos rellenos de queso y fiambre. Ahora es un piso baldío lleno de sillas, cajas y mesas solas, y claro, un espacio mínimo ocupado por los Tres Reinos. La chica que suponía me había atendido por teléfono estaba sentada en una de las mesas donde hay una vista panorámica de la librería. Me sentí incómodo porque su mirada me siguió desde que entré. Al llegar saludé y dije que era el chico que había llamado por el trabajo. Sonrió y me dio la bienvenida.

—Antes que nada es importante que aprendas a jugar. Esta no es una entrevista convencional—decía mientras sacaba de un cilindro de polietileno un tablero circular.

Estaba con ella un chico pálido que parecía un personaje del laboratorio de Dexter, alto, macilento, frenos que indicaban una deuda pendiente y casi inútil de ortodoncia, con una moquera excesiva que me daba asco. Me dio la mano y una segunda bienvenida rinítica a los Tres Reinos. Entre el chico (Javier) y la entrevistadora (Ivana) me empezaron a contar el origen del juego que (in)formalmente se conocía como Ajetrez: un ajedrez para tres personas. Único en el mundo, según ellos.

—El juego es una iniciativa del Maestro Morrales. El Creador, como le decimos de cariño. El maestro se dio cuenta que el ajedrez es un juego que tradicionalmente se caracteriza por ser cruel y violento, promueve el maltrato y la confrontación entre los seres humanos. El maestro pensó en algo mejor y diseñó este juego. El ajedrez es convencional y aburrido, es acción y reacción sin llegar a nada, en cambio el ajetrez es acción + reacción = consecuencia.

¿Cruel? Nunca en mi vida había escuchado que el Ajedrez se tratara de un juego violento, ni siquiera recuerdo estando en el equipo del colegio sentir esa hostilidad con la que Ivana se expresaba. Por otra parte me llamaba la atención ese calificativo del Creador, que lo pronunciaban con un tono benévolo y exagerado, como de alguien que evoca en una reunión el nombre de Chayanne y todos asienten con condescendencia porque entendemos que está diciendo algo cierto, divino, cosa que de entrada, y en ese ambiente de entrevista laboral, era horrible.

El ajedrez para tres personas no se trataba de ninguna novedad como decían. Es un producto que existe desde hace mucho tiempo en el mercado, incluso hay hasta tableros para cuatro personas. Por puro morbo me quedé callado escuchando. Procedí a jugar siguiendo las indicaciones que me dieron sobre aquel juego que a primera vista era amorfo, por no decir fallidamente artesanal.

Mientras me decían esto llegó otro chico convocado a la misma hora para la entrevista. Para los fines prácticos del relato (pero sobre todo por respeto a su integridad y destino) lo llamé Randy. Era más joven que yo, pelo amarillo corto, estilo nickelodeon, también delgado y de piel tostada. La única referencia que tuve de él era su sonrisa nerviosa, no sé si por la extrañeza que le producía el juego, o porque al igual que yo no entendía un carajo de lo que estaba pasando, o porque simplemente estaba a la expectativa de encontrar algo mejor a su antiguo empleo que era vendiendo zapatos en Sabana Grande, punto que comentó en un momento que me dejaron jugando con él y Javier. Durante la inducción Ivana recalcó que los Tres Reinos era una versión del ajedrez en una mejor etapa evolutiva, que ha sido perfeccionado para ir más allá del convencional juego de dos, y que es el primero de tres personas que funciona de verdad. Ivana decía estas cosas bien locas mientras guiaba nuestra mirada con su dedo índice por una frase mayúscula impresa en una pancarta de diseño bastante cutre, frase que encima nos hizo pronunciar en voz alta en un tono que me hizo sentir de nuevo en preescolar.

EL JUEGO QUE LLEGÓ PARA RECUPERAR LAS CONDICIONES DE VIDA DEL PLANETA

El motivo del ser.

El trabajo consistía en vender tableros de los Tres Reinos. Fácil.

Era estar de lunes a viernes en horario de una a siete de la noche sentado en la mezzanina del Tecni-ciencia jugando, o en su defecto quedarme viendo el tablero como si estuviese jugando, mientras espero a Godot o la llegada de cualquier extraño que no tenga nada que hacer con su vida; alguien que entra a una librería sin saber por qué, levanta un poco la cabeza y ve a unos sujetos haciendo cosas raras con unas piecitas sobre una mesa; sin razón alguna el cliente potencial se llena de curiosidad y sube a la mezzanina para averiguar qué le pasa a la gente que está ahí tan sola; mientras se acerca sonríes cordialmente pidiendo auxilio en un mensaje encriptado en tu cara rota, te disculpas por la muestra falsa de alegría pues eres incapaz de ocultar que no crees en la estafa que estás vendiendo, por dentro le suplicas a ese alguien que si se valora se largue lo más pronto posible de allí; ese alguien por pena ajena se anima a jugar y pierde; después se le deja ganar y luego de ver lo increíble que es el juego lo compra. Mierda, ¿cómo se llega tan lejos? Por un instante crees que eres bueno vendiendo cosas a pesar de que todo sigue siendo igual. Vender lo que sea y al mismo tiempo sentirse así es (terriblemente) muy fácil de lograr. No sé, usted dígame si se ha sentido así alguna vez.

Como se suponía que íbamos a aprender a jugar saqué mi cuaderno para tomar notas de todas las instrucciones y tips. A Ivana no le pareció eso y me dijo que por políticas de la fundación estaba prohibido anotar cosas sobre el juego. Y que para evitar los plagios. Políticas, puras políticas.

— ¿Y cómo se supone que voy a aprender si no tengo las notas? — dije.

— La práctica hace al maestro — dijo Ivana— tienes que jugarlo varias veces.

— Tienes que repetirlo para que te acostumbres, no hay necesidad de anotar nada —secundó Javier Pinky.

Insistieron en que guardara mi cuaderno, cosa que me molestó mucho. Solo accedieron a que anotara los nombres de las piezas y las características del trabajo que me tocaba hacer. Tuve que economizar mucho espacio para mis observaciones, pues me limitaron a llevar todas estas notas en la parte de atrás de tarjetas de presentación de la Fundación que me dieron al llegar. Para no alargar el asunto les seguí el juego.

Mientras ordenaba las piezas Ivana arrancó con un discurso que se notaba lo había declamado tantas veces hasta creérselo para así poder transmitir su fe a los demás.

Érase una vez tres reinos que se reunieron para acordar quién sería el líder… (Ok. Cómo verán este principio de la historia que Ivana se sabe de memoria es una oración suficiente para darnos cuenta que este juego se vende como un vil plagio, que en la mente de los trabajadores y el supuesto creador se convencieron en conjunto que se trataba de algo inédito, porque ellos argumentan que registraron la historia en un formato de libro, forma de proteger la supuesta invención del juego ya que en Venezuela no existe, según ellos, forma de registrar el juego de mesa como tal. Por estas razones y falta de espacio en mi pequeño rectángulo no seguí transcribiendo el proceso mnemotécnico de Ivana).

Seguíamos jugando. Randy ni puta idea de dónde estaba y yo anotando los movimientos de las piezas y viendo que Javier se movía con un aire sobrado porque ya estaba, se le notaba, muy cansado de ganar siempre.

— Ahora voy a mover el caballo…

— NO ES CABALLO —Me gritó Javier como si lo hubiese ofendido—. Es Unicornio.

En otra mesa Ivana miraba y con una sonrisa de media asta asentía en señal de aprobación a Javier. Y la entrevista, si eso podía llamarse así todavía, tomó el tono de una secta enfermiza de esas descritas por Elias Canetti.

— Está bien. Entonces, si muevo el Unicornio para acá y me como esta pieza…

— AQUÍ NO SE COME, se captura. No hay violencia en los Tres Reinos.

Ajetrez era una versión cutre del magistral ajedrez, con una nomenclatura forzada donde por ejemplo el enroque se cambiaba por hechizo, los nombres de las piezas tallados en madera no hacían mérito tampoco a la falta de originalidad, sino a la existencia lamentable de un juego con una ausencia total de integridad, una carencia muy de moda en este país que casi siempre se aplaude. Anoté los nombres de las piezas: el saetero, el alférez, el hechicero, el teniente, el capitán, la catapulta, la emperatriz, el monarca… y no olvidemos al maldito unicornio. Solo por lo nombres había una diferencia mínima. Noté que las piezas, para efectos funcionales, podían moverse como lo hace la reina en el ajedrez, solo que por figuritas se limitaba el número de casillas por las que podían desplazarse. Es decir que todas las piezas hacían prácticamente lo mismo.

El juego era engorroso y aburrido, sin contar el afán de los feligreses de poner al juego como algo superior al ajedrez, al que le tenían un desprecio profundo porque hacían comparaciones que tampoco tenían mucho sentido, como haciendo entrever que el juego, aparte de antiguo, tenía defectos, unos que sólo el creador al darse cuenta los arregló y mejoró todo…

Hubo un momento extraño que nunca comprendí. Sucedió algo en el juego, que gracias a dios olvidé, en donde había que ponerse de pie y recrear una escena de película caballeresca donde se otorgan rangos y títulos (por parte de una doncella o reyezuelo) tocando con una espada los hombros de un caballero; este acto se recreó del mismo modo con mímicas en la mezzanina del Tecni-ciencia vacío del Sambil. Horrible. Pregunté si eso era algo necesario, a lo que Ivana me dijo que sí porque era parte de la dinámica particular del juego, algo que el ajedrez no tiene.

La entrevista se puso peor. Nuestro trabajo era venderle ese juego estéticamente poco atractivo a los incautos. Ahora los costos. Un tablero mediano tenía un costo de 45 dólares. El tablero grande, el que teníamos que vender con mayor énfasis, porque el primer modelo mediano como tal no existía, costaba 100 dólares.

(Increíble)

— ¿Hay gente que compra esto? —pregunté con incredulidad tomasina.

— Aunque no lo parezca, sí. El juego es casi de culto —decía Ivana mientras veía las piezas de madera calcadas que no tenían patente ni costaban cien dólares—. A partir de ahora ustedes forman parte de La Guardia. Deberán cumplir un horario, ser puntuales porque al maestro le gusta la puntualidad y la pulcritud. Aquí le daremos un uniforme que deberán conservar limpio. Una vez que lo tienen puesto es como si llevaran una armadura, un estatus, tendrán que comportarse como miembros de la Guardia de los Tres Reinos. Eso significa respeto, cruzar por el rayado, tener la franela por dentro, ser amable y no fumar. Ahora, no piensen que esto se queda aquí, si tienen constancia y se mantienen con nosotros podrán ir ascendiendo para obtener cosas grandes. Esto es un ganar-ganar. De Guardianes tienen la oportunidad (si se esmeran) de ascender a Teniente y luego a Capitán. Yo soy Teniente. Mi trabajo es supervisar los territorios del Sambil y el CCCT.

Ivana decía esto con una seriedad que me decepcionada (pero también era demasiado increíble su convicción) porque estaba logrando su cometido en mí: hacer que me uniera a la Guardia. En mis adentros, sin darme cuenta, sentaba las bases de un pequeño circo.

—Tienen que ser uno con el juego. Para ser Tenientes tienen que realizar diez ventas. Por cada una se les dará una comisión en dólares del 10%. Esto es un ganar-ganar. Pero la condición para el ascenso es que las ventas tienen que ser seguidas; si por lo menos haces siete ventas corridas y al día siguiente no vendes nada vuelves a empezar desde cero. Y así. Es como un incentivo para que den todo lo mejor de ustedes por esto.

Para ser Teniente el Guardián tenía que hacer un total de ventas acumuladas en 1.000 dólares, de lo que en teoría 100 le corresponden por comisión. Había que vender esos asquerosos tableros por diez días seguidos. Eso era imposible.

— Javier, ¿tú has vendido algún tablero? — volví a preguntar con incredulidad tomasina al cuadrado.

— Bueno, todavía no porque estoy empezando.

— ¿Pero cuánto tiempo tienes trabajando aquí en la mezzanina?

— Como seis meses…

— (!!!)

Sin comentarios. Ivana intervino comentando que en otras sedes se han vendido varios tableros. Tenían posiciones estratégicas en varios Tecni-ciencias, en otros lugares de la ciudad.

— ¿Y la librería recibe algún tipo de comisión de esto? ¿Le pagan el espacio de alguna manera?

—Fíjate, en este modelo evolutivo de negocio contamos con lo que llamamos «Aliados», ellos nos prestan el local y diversificamos con favores. El maestro tiene contactos en una emisora en el territorio del CCCT donde hace promoción a la librería. El WiFi que usamos, por ejemplo, nos lo facilita la gente de la tienda de zapatos del frente (Chapatitos), a cambio se le hace publicidad por la radio. Es un modelo de ganar-ganar.

Yo estaba algo claro sobre estas nuevas formas larvarias de emprendimientos insostenibles, pero esto iba demasiado en serio. En eso llegaron dos personas más convocadas también para la entrevista. Eran unos remitidos por Javier. Uno tenía un pelo largo y cargaba un casco de moto, tenía el semblante de un centauro de Fantasía 2000; el otro era un felino negro con suéter. Ivana con una sonrisa dijo que ahora había suficientes personas para jugar dos partidos simultáneos. Ordenó el otro tablero y nos volvieron a distribuir. Ivana se puso con Randy y el Felino. Yo me quedé con Javier y el Centauro. Escuchamos de nuevo la versión reprise de los Tres Reinos y las comisiones en dólares.

Luego de la perorata de Ivana sobre las comisiones y ventas el Centauro le preguntaba a Javier si esto valía la pena, en cuanto a las ganancias, claro. Javier en voz baja divagaba y le decía que aquí en el reino se movía mucha plata. Sí vale, aquí hay lucas, decía el pajúo ese. El Centauro se animó. Y luego comentó que estaba urgido de hacer algo pronto, había renunciado dos días atrás a su antiguo empleo.

— ¿En dónde trabajabas antes? — le pregunté al Centauro, que estaba a mi izquierda y jugaba piezas rojas.

— Trabajaba en la Alcaldía de Caracas, en el departamento de fraudes, estoy ahora a la expectativa de encontrar mejores ofertas laborales.

Sin duda el Centauro estaba en el lugar adecuado.

Creo que en ningún momento me preguntaron mi nombre. No mandé síntesis curricular porque según la Fundación eso no era necesario. Obviamente. Nos hablaron de la paga: una porquería. Pero Ivana Insistía con su Ganar-ganar. Luego de marearnos, ya para evadir el tema de la paga miserable, comentó que la Fundación Empatía y Evolución con la venta de los tableros tiene la misión de reunir fondos para reciclar todo lo que fuese reciclable, además de forestar todos los terrenos del país y del planeta con árboles frutales. Luego Ivana después dijo que la Fundación está cerrando grandes tratos con fábricas chinas para masificar los tableros y producirlos en formato de plástico para distribuir el juego a nivel internacional. Era algo paradójico, no había que pensarlo mucho. Para ellos tenía mucho sentido que el plástico fuese un aliado ecológico, pero más demencial era que con la venta del juego se podían garantizar las bases de la salvación del planeta. Evolución: quod erat demonstrandum.

—Este juego tiene reconocimiento internacional, cada tablero tiene un serial de identificación, además se adiciona a un certificado de autenticidad firmado por el maestro. El primer tablero de los Tres Reinos lo tiene un cliente en Ucrania. Ya ustedes adentro se darán cuenta que esto se trata de un juego de élites, no cualquiera puede jugarlo. En los próximos meses se celebrará un torneo de los Tres Reinos en el CCCT y la entrada para concursar son 400 dólares. Si ustedes siguen con nosotros podrán ser parte de ese evento. El premio será de 4.000 dólares. Para participar se necesitan patrocinantes, pero ustedes, como serán de los nuestros, ya tendrán automáticamente el privilegio de estar allí.

Todos los entrevistados: Randy, Felino, Centauro y yo nos mirábamos con una incredulidad tomasina integral. No sabía en qué palo ahorcarme. Uno cuando sabe que no hay desgracia imperoable piensa que la cosa no puede ser peor. Pero faltaba un par de moscas más en la mierda para tomar la decisión de convertirme en Guardián de los Tres Reinos al día siguiente.

—Para los guardianes constantes, fieles, que estén con nosotros desde el comienzo de este viaje podrán ser elegidos para el gran evento que se dará en los primeros meses del año que viene. Un evento de los Tres Reinos y la limpieza de las costas venezolanas. Estaremos recorriendo las playas en un barco, de esos parecidos a un ferry, pero uno mejor, uno mucho más grande…

— ¿Qué? ¿Un crucero?

— Sí, un crucero de los Tres Reinos. Solo los que se comprometan de lleno con la Fundación serán elegidos para ir con todo pago.

Me vi en el año 2020, después de la bajada de los reyes magos, siendo llevado en un autobús yutong de mi casa al puerto de la Guaira, donde me espera un comité de organizadores de las más importantes trasnacionales, especialmente en secuencia todas esas donde postulé sin recibir ninguna respuesta, haciendo una montonera de saludos y formalidades excesivas solo posibles en una fantasía tan ridícula como esta. En el puerto están presentes las grandes marcas de los juegos de mesa. Los colosos del ocio han venido para formar parte de un evento inédito en la historia de los confines absurdos del Caribe: miembros de la Remington Arms, Hasbro, Mattel y la Milton Bradley Company, llegan a estas tierras y el olor de playa y gasolina se mezclan con el jet-lag individual provocando una nostalgia que solo se alcanza en la expresión mayor de los sueños. Un polizonte del Smithsonian me comenta con jocosidad lo sabrosa que es la empanada de carne mechada. Asiento porque se trata de una verdad indiscutible. Lo pongo al tanto de la existencia de empanadas con rellenos más soberbios, camarón, pepitona, cangrejo y pabellón. Los ojos le brillan al musiú del Smithsonian. Me señala unos pelícanos descansando en las piedras. Nos golpea una brisa salada y me entra arena en el ojo. Comprendemos en esa suma de gestos que nunca seremos más felices que ahora. Vemos a los lejos llegar un puntito blanco que se acerca y se hace más grande, toma forma, se hace real como este sueño que es el crucero de los Tres reinos, el crucero de los premios de Cortázar. Escucho expresiones de alegría en tres idiomas distintos, los idiomas mínimos que en todas las bolsas de empleo te preguntan si dominas en niveles básico, intermedio o fluido. Llega la flota ecológica, un modelo pulcro de Oasis of the Seas, de 225 mil toneladas, con 5.400 habitaciones, todo equipado para el evento más importante del año, uno que gracias a mi constancia sobrenatural logré ser parte. Estoy dentro. Soy Teniente. Doy órdenes a inmigrantes antillanos y filipinos sobre cómo y dónde poner las infinitas mesas con sus respectivos tableros circulares, piezas y vasos rojizos donde se sirve exclusivamente Coca-Cola y Schweppes con hielos que tienen formas de hechiceros y unicornios, bebidas oficiales del reino. Para que nadie se confunda en qué locura se ha metido se ponen banditas plásticas con códigos de barra impresos en las muñecas para que ningún huésped se pierda en el exotismo de la fantasía. Me imagino a un grupo de disociados moviéndose de manera bovina por los pasillos de la flota, de proa a popa, amontonándose en las mesas para jugar ajetrez, unidos en una gran comunidad asexuada. Es hermoso. Todos moviendo las manos en ritmos sincronizados como los adictos de las máquinas tragamonedas, capturando tierras encantadas, eligiendo al próximo líder de la nada. La tripulación se somete a un estricto itinerario de filantropía que se balancea entre el lucro y la ruina del trópico, atracando en cada playa de las costas de Venezuela, dispuestos a hacer una jornada de limpieza extrema, pues no es casualidad que se necesite un barco tan grande sino para traerse consigo la basura que está dispuesto a buscar en cada orilla y pueblo olvidado por gobiernos y habitantes. Me vi por un instante en aquel reino de la decepción y en un coñazo volví a la mezzanina del Tecni-ciencia. Suficiente.

Por decoro busqué maneras rápidas y no tan groseras de irme de allí formulando las preguntas claves que hay que hacer siempre que se decide tomar un trabajo, en particular un trabajo de dudosas intenciones: ¿Hay pago de nómina? ¿Cotizan en el seguro social? ¿Dan bono alimenticio? Todas las respuestas de Ivanna fueron negativas y encima las argumentó de una manera descarada. Dio dos razones que explicaban por qué a la Fundación le valía verga tener las mínimas condiciones laborales establecidas por la ley: la primera es porque la Fundación pagaba por encima del sueldo mínimo (?) No; la segunda, y tal vez la más aborrecible, es porque pagaban comisiones en dólares.

Permanecí un rato más para los intereses de mis futuras ficciones. Era demasiado surreal. Como vi que en realidad no tenían ninguna clase de interés por mí aproveché en sacar algunos datos para ampliar los perfiles de los personajes. Ivana había estudiado derecho en la Universidad Santa María y dejó la carrera para dedicarse de lleno a la quimera piramidal de los Tres Reinos. Javier había estudiado música en la José Ángel Lamas y por su actitud parecía haber encontrado en la secta evolutiva un refugio para no hacer nada.

— Deberías dedicarte de nuevo a la música — le dije.

— La música no da plata, el dinero siempre está en otra parte.

— Es cierto, el dinero seguro está en los juegos de mesa.

Creo que Javier no entendió mi sarcasmo. Curioso por Ivana le pregunté por qué decía que el Ajedrez era un juego violento.

— Porque en ese juego matas, atacas, golpeas las piezas… te las comes.

Me imagino que para Ivana el dominó debe ser un juego de antaño para trogloditas, un juego de sadismo azteca para personas potencialmente violentas que gritan a las cajeras del supermercado y patean perros indefensos. En fin, un juego de terrorismo puro donde es inevitable partir mesas. Concluyo que estas ideas o son de un trauma familiar o de un lavado sutil de cerebro. Me inclino por la última opción, y lamentamos en el fondo que la susodicha haya tomado la decisión de abandonar las leyes.

Ivana estaba convencida de que estaría al día siguiente oliéndole los peos formando parte de la guardia nueva de la mezzanina. Prometí que volvería, cosa que nunca hice. Di las gracias y tomé mi bolso. Tomé las tarjeticas donde con disimulo logré tomar todos los apuntes de esta historia y las metí entre las páginas de mi ejemplar de Lo que me dijo Joan Didion. Me había pegado el hambre. Salí de la librería en mi nubecita de Gokú.

***

Debo agradecer el patético encuentro con los emprendedores de los Tres Reinos al descubrimiento del escritor alemán Botho Strauss. Antes de dejar la librería revisé el estante de los libros de segunda mano y encontré un ejemplar de El hombre joven. Me llamó la atención la portada: un fragmento del San Sebastián de Gerrit van Honthorst. El precio del libro era el equivalente a un mes de trabajo sentado frente a un tablero, un regalo. Regresando en el metro iba leyendo las páginas de este increíble hallazgo. Una cita azarosa me hizo el resumen de todo lo acontecido. Asumí que estas ideas seguían vigentes para la siguiente búsqueda errante de empleo.

¿Qué otra posibilidad le queda a un actor mal dirigido que no sea recaer en sus malos hábitos? No debes olvidar que los actores están hechos para una forma u otra de la representación humana. Todos los esfuerzos por educarlos en habilidades didáctico-formales conducen inexorablemente a una limitación paralizante de su talento. Siempre que el actor realiza conscientemente en el escenario algún ejercicio formal se advierte ante todo la violencia que ejerce sobre sí, y esto frena una parte importante del efecto, de la fuerza dramática; este exceso de despliegue corporal, maniatado y amenazado, hace muy opresivas esas ambiciosas representaciones, otorgándoles siempre algo de falsedad y violencia, de falta profunda de libertad.

***

Pasaron semanas y recuerdo estar caminando por el CCCT dirigiéndome a alguna parte. En uno de los pasajes de ese extraño centro comercial, por una de las tantas salidas debajo de unas escaleras, cerca de un puesto de alquiler de carritos de plástico para niños, alrededor de una mesa plegable, vi de lejos al bocabierta de Randy con los brazos cruzados, inclinado en una silla manaplas mirando al vacío obstinado, en compañía de dos elfos que dormían sobre un tablero circular de los Tres Reinos.

EL JUEGO QUE LLEGÓ PARA RECUPERAR LAS CONDICIONES DE VIDA DEL PLANETA

No supe distinguir si mis ganas de orinar venían de la burla o la tristeza. Espero que donde sea que estés ahora te haya ido mejor, querido Randy.

Alexander JM Urrieta Solano

Misceláneas

La Broma infinita: sobre la experiencia lectora deportiva

El Cuaderno de Blas Coll (Fragmentos)

El fin de los dirigibles

La calle de los hoteles

Los demasiados libros, o las virtudes del exceso de plástico

Leer y escribir en un país invisible

¿Cómo aprendemos a leer desde una mirada más atenta y respetuosa hacia lo desconocido? ¿Cómo recuperamos el sentido cohesionador que tiene la lectura, y que nos brinde la posibilidad de afrontar la realidad y luchar para poder cambiarla?

“Es difícil que una literatura importante se escriba y, aún más difícilmente se lea, en una sociedad sin madurez política, sin una práctica efectiva de su existencia. En ese tipo de sociedades, y la nuestra no es la única, es posible dejar pasar toda una vida sin conocer la pertinencia de la palabra propia. Al igual que con la comida y otros productos, la economía de importación resta posibilidades y acumulaciones, limita los números, los consumidores. Es esta otra pobreza: la de sólo estar en el mapa como un pedazo de tierra, como una dirección postal que despierta únicamente asociaciones geográficas. El restringido gran catálogo de la sociedad de consumo convierte casi todo en fiesta folklórica, en formas de desposesión. Tenemos cosas: los Burger King, los sistemas políticos, los ejércitos, las películas, los libros que desposeedores de la globalización hacen que estén en todas partes. La posmodernidad es un experimento en claustrofobia.

Eduardo Lalo – Donde

—Mira Bubú, están anunciando la FILVEN…

—Pero si en Venezuela no hay una feria internacional del libro. Eso no existe. En tal caso el nombre del evento está mal. En vez de FILVEN eso tiene que llamarse la FILChVEn: Feria internacional del libro Chavista de Venezuela. Las cosas como son. Ese nombre es una exageración literaria. Internacional los gatos que asumen las posturas revolucionarias, los que vienen a este Hotel con todo pago y les hacen el tour por el mausoleo y el cuartel de la montaña, esos invitados son lo más internacional que podemos tener; aquí nunca vamos a ver novedades ni editoriales transnacionales, sabes, esa experiencia orgiástica del mundo real, de ese mercado grosero del libro, donde hay más chance que los autores lleguen a los lectores que se merecen, ya sea por exceso de plástico o puro azar mercadotécnico, donde no hay bloqueos ni sanciones, donde no hay necesidad de consignas necrófilas, ni de poner televisores empotrados en los puestos con el canal oficial del Estado transmitiendo propaganda en mute; aquí nos sale la pura resistencia miope, la edición gratuita y panfletaria, porque no hay presupuesto para cuestiones opíparas. Aquí lo que da la talla son los libros de segunda mano, siempre (nojoda).

—El negocio del libro es muy parecido al de las hortalizas. Un buen editor sabe que los productos se encuentran en los grandes mercados.

—Bueno Máximo, al final tenemos derecho a nuestra propia versión de lo Internacional. Tú sabes que la revolución es siempre alternativa, siempre haciendo un spin off de lo incipiente.

—Nos podemos pasar por el forro la literatura, igual las altas gamas están convencidas que en este país la gente no lee, no necesita hacerlo. Nunca lo han hecho, aparentemente. Total, aquí la gobernanza cultural es administrada por un gremio de cafishios, esos que otorgan presupuestos a las iniciativas culturales pertinentes, a las afinidades selectivas de ciertas posturas ideológicas.

—Aquí no lavan ni prestan la batea. Hablar de lo politizada que está la vida es casi una obviedad.

—Primero la política, luego lo otro, si es que sigue importando.

—Este país está enfermo. La polarización es una unidad métrica infalible, una vara para medir toda circunstancia. En ella se mide el precio diario del pan, el infravalor del bolívar, la factura de los servicios, la servidumbre voluntaria, la colas de ministerios y bancos, las condiciones de los espacios, los monopolios de la memoria y también, ¿por qué no?, nuestras inclinaciones a ciertos autores y eventos, a una fascinación por cierto tipo de creatividad, una atracción fatal a ciertas formas de inteligencia. Un caso concreto son las ferias del libro, por no hablar de las tantas aristas culturales del país, precarizadas por la negligencia bola de nieve.

—Un verdadero librero en este país le sale un oficio ambulante.

—El Gobierno tiene su feria, sus productos, sus eventos y sus intelectuales; la oposición también tiene sus adláteres y su reinvención de estéticas, bajo las mismas lógicas, pero juegan a la irreverencia; es lo más justo, que cada quien tenga su idea de lo que es democracia. Si no tienes chance en la FILVEN tal vez puedas tener sitio en la FLOC, si no te agrada La Feria del libro de Caracas te vas a la Feria del libro de Chacao, en algún lugar hay sitio para venderse.

—Usted es Team Cerlarg o Team FCU. Imagina un simposio organizado por ambas instituciones. Un híbrido fabular que quiera vendernos la esperanza de posibles cohesiones a través de una congregación de cerebros que al menos pretenda haber aprendido a dialogar con los distinto.

—Unos hacen poesía revolucionaria, otros de la resistencia. Unos hablan de una ley contra el odio, otros de la violación de los derechos humanos. Hacen antologías poco memorables de su versión del país. Ambos sin mucha contemplación han aprendido a censurarse entre ellos mismos. Pues así funcionan las élites, por no decir ciertas mafias, que creen que la cultura es una maniobra de control, y en parte lo es. Cada uno tiene su tolete para la comodidad de sus consumidores polares.

—Las fiestas de la cultura son privadas. Cuando estás adentro es muy difícil que entiendas lo que ocurre afuera. Sucede que ahora muchos artistas afanados en un ejercicio de vanidad le dan más importancia a su imagen, descuidando terriblemente su obra. Ahora los versos para que tengan fuerza necesitan la compañía de un selfie, una historia de 24 horas ¿Eso es necesario?

—El narcisismo pone en evidencia toda falta de originalidad. Afortunadamente olvidamos con facilidad todo. Cosa horrenda es un artista narcisista al servicio de un régimen, porque obviamente no vas a morder nunca la mano de aquel que publica tus menudencias. No sé si sea por la polarización lo que propugne que se publique poesía tan mala, y de ambos lados, tal vez porque lo político, la rencilla y el oportunismo, antecede a los versos.

—Tantos libros que se publican solo para existir, de esos que no necesitan ser leídos.

—Hay que contar con cierto cinismo para moverse en ciertos medios.

—Si quieres anular la estima que tienes por cierto escritor síguelo en Twitter, para que veas que es otro pendejo, un cómplice más de la circunstancia; contrasta su obra con la insistencia que tiene de opinar en toda clase de tendencias (incluso en lo temas donde no tiene la menor idea de nada), a ver si altera la cifra personal de seguidores con alguna frase-cita precoz. Y más si se relacionan a la política. Y mucho más si se trata de la cultura, que cuando conviene le duele a todos.

—Pasa también con los autores que se dedican a hablar mal de un autor, o destruir un libro. Imagina qué fuerza hay que tener para dedicarse a concatenar ideas que no sirven para nada. Pero más si ese autor tiene inclinaciones opuestas.  

—¿Lo dices por el premio Rómulo Gallegos? Ayer me entusiasmó mucho que  compartieran el veredicto y el libro del premio de este año. No lo he leído todavía, pero vi varios hilos despotricando la novela en redes. Pero creo que va más por las inconformidades políticas, porque es un premio sucio que otorga un dinero sucio a obras que hablan de temas sucios que van en concordancia con el discurso sucio de un gobierno sucio, que además tiene una fama bien consolidada de jugar siempre sucio. Igual creo que la novela tiene que defenderse sola. Que el premio sea otro espacio para el chavisteo y que digan que se perdieron los valores, otra vez, es algo ajeno, pero en contraste con los demás premios que hemos mencionado acá, la diferencia es desde dónde se anuncia el premio y su contexto, que es caótico igual, y lo vemos por las reacciones tan agresivas. Un resentimiento de años, muy nocivo para la salud y el desarrollo de talentos.

—Los premios ya no importan. Ese en particular valió verga, se chavisteó. Los premios no hacen que un libro sea mejor. Aquí parece que les duele otra cosa, les duele el dinero, les duele en el fondo saber que no pueden ganar tal rubro simbólico porque no están las condiciones dadas para ganarlo. Sin embargo, «los grandes premios -digámoslo ya- están siempre dados, pero en jugar contra «dados marcados» consiste la pericia de un verdadero maestro». Y en este país desgraciadamente, aunque no se diga duro, no hay todavía ese tipo de maestro. Un maestro que logre captar lectores por encima de las preferencias religiosas y la ofensa. Un maestro total para buenos lectores, con tal destreza en su voz que sea capaz de cohesionar. Un maestro que se dedique tanto a su obra que los lectores se fulminen en ella. Un maestro apto para todo público, uno que logre ganarse el desprecio de los mediocrezuelos de ambos lados, caras de la misma moneda. O es que no entiendes Bubú, que somos un país marginal, varado creativamente, mientras en el mundo real circulan con arrogancia las historias a base de polietileno. Actualmente no hay algo que pueda decirse con propiedad literatura venezolana, hay literaturas pero de segundas divisiones, de riñas de gallo, que pasan muy desapercibidas. Es un tema poroso, me refiero que como tal no hay a una literatura mayúscula, comprometida consigo misma, que le brote la espuma entre las páginas, que despierte admiración y envidias a base del talento, no de la suerte ni la situación política. Hay de sobra, eso sí, obras ensimismadas, autores vanidosos, que a conciencia han reducido la industria creativa local a una disputica de junta de condominio. Y todo igual se mueve. Hay que estar atentos a los ninguneados. Ellos están por ahí, acumulando una rabia de años, un vómito verbal para desquitarse en el momento menos pensado. O tal vez no. No hay que armarse expectativas acerca de la obra que tampoco somos capaces de escribir.

—Se tiene que sopesar reconocimiento con calidad.  Llevar un seguimiento minucioso.

—Esto me recordó el lamentable caso del Bot Poeta venezolano galardonado. Eso fue un chiste cruel, tristecruel, porque de repente a todo el mundo le interesaba la poesía y la opinión pública en su taradez hablaba de los valores inmersos en ella, pero el interés por algo se confunde con la tendencia del momento, importa porque se habla de eso al momento. Al día siguiente había muerto todo. Es más, el 12 de octubre se hizo la entrega del dinero y la publicación del libro y no pasó nada. Luego salió una entrevista, que no sabemos si fue real, donde el Bot-Poet decía que había recibido bullying en Venezuela por parte de los poetas venezolanos… ¿Qué poetas?

—A nadie le importa la poesía, lo que indigna es la plata, esa forma infame de ganarse la vida escribiendo, duelen los 20 mil euros porque no son para uno. A la semana siguiente vino la redención. La España imperial compensaba esa amarga ironía otorgando el García Lorca a Yolanda Pantin, 20 mil euros igual. Si hacemos esa comparación resulta hasta más lamentable todavía. Todo el asunto de los premios. Desde allá se otorgan títulos sagrados para toda clase de textos. Así se calman a las masas virtuales de humillados y ofendidos. Cómo la sutileza de un premio le calla la boca a todos. El mercado ha cambiado las formas de leer. Con relación a los premios, he tenido que hacer el seguimiento comunicacional del premio Planeta 2020. Y no hay mucha diferencia, Planeta va siempre por lo seguro. Luego te basta con leer o escuchar las entrevistas tanto de la ganadora como de la finalista para perder todo interés en las obras. En este segmento literario no se habla de la obra como tal (eso en realidad no tiene ni la más mínima importancia), se habla es de cifras, de superventas, de followers y que las mujeres también pueden escribir, de estrellas televisivas que en su tiempo libre y en secreto hacen novelas de supuestos temas tabúes que nadie habla, de obras que igual no sabemos si son buenas, pero si que venden mucho. Aquí no hay censura pero si formas de edulcorar la realidad, solo tienes las referencias métricas, una numerología y algoritmos que te dan una idea del termómetro lector de España (y hasta del mundo hispanohablante en general).

—España es el Silicon Valley de la literatura, las reseñas de los libros parecen claramente payolas, si es como la música, todas dicen lo mismo, cifras, reseñas de contratapa, pero ahí medianamente ves las reseñas de los pequeños blogs, de los lectores que destruyen las obras porque no tienen nada que perder, pero que igual quedan sepultados por toda esta maquinaria de mercadeo. Desde España, y digamos desde sus grandes oficinas transatlánticas corporativas, se “crean” –hablando como un lector de Bourdieu– escritores y escrituras para el denso mercado de la lectura; en ese stock está aquel servicio apartado: los  “latinoamericanos”, una marca registrada aparte.

—Nuestra región es vulnerable a la dependencia, a cualquier estornudo geopolítico, a la asignación de prestigio literario. Nos quitan y ponen. Las literaturas latinoamericanas son organizadas y jerarquizadas de acuerdo con estándares estomacales que responden a las necesidades de una aceptación internacional, pero en base al filtro arbitrario de la industria cultural española, a sus dinámicas de consumo básicamente. Nosotros no estamos invitados a ese circo editorial. No hay promociones, no hay inversión porque el país tomó el libro para perpetuar su propaganda, haciendo que la producción de otros productos se cercene, se deprima, por eso deliramos cuando alguien fija la lupa en nuestro territorio. Da igual si es un artista creado por los algoritmos o un artista que ha dedicado toda su vida al cuidado de las palabras.

—Aquí la región la tiene ruda. Hay una industria fragmentada en un duelo a muerte por la circulación. Están las editoriales independientes que se mueven en una lógica de emprendimiento duro, frente a esas grandes maquinarias editoriales que apuestan por la circulación transnacional del libro, inyectando ejemplares al mayor en franquicias y redes. Se rinde cuenta a los horizontes externos. Pasa que para ser leído en tu país tienes que hacer tu nombre en otro lado, volverte una marca de importación, junto a las aceitunas y el cacao para hacer chocolates ferrero. Entonces las pequeñas casas tienen que hacerse una peña entre ellos, hacerse notar ante las grandes agencias que imponen sus cánones, una hegemonía de la lectura.

—Pero hablar de Venezuela es un caso aparte, un paréntesis. Aquí no hay industria, ni franquicia, y los autores parece que se han desentendido de los lectores. Cuesta llegar a ellos, ¿pero acaso ellos logran acercarse? Se depende del Estado, que lleva sin asco un autoritarismo de la cultura que vuelve mierda todo lo que toca. Aliarse al Estado es condenarse al olvido, a que solo te lean los amigos; eso no es mercado, es solidaridad, y la revolución abusa mucho de esa palabra.

—Entonces piensan que lo gratuito a pérdida hace lectores. Entonces piensan que un eslogan como #LeerDesbloquea es una buena idea publicitaria. Entonces el género totalitario es una tendencia de las circunstancias. Entonces la literatura de diáspora es un género de moda superficial porque parece que no se puede vender otra cosa. Este último junto con la poesía motivacional de café y lluvia son géneros aburridos y de mal gusto.

—Para ser una verdadera molestia tendrías que ganar tanto el Gallegos como el Transgenérico. Tiene que ser una promesa, una criatura sumamente enferma y concentrada en la construcción.

—Pero eso ahorita lo veo muy difícil. Primero hay que sobresalir. Entregarse a una gimnasia de la ingratitud. Esos son los escenarios disponibles dentro de un totalitarismo corporativo: un país embrutecido por la política.

—Mucha atención estanca y atrofia la creación.

—Hay que recibir al fracaso con los brazos abiertos.

—Habría que reflexionar con mayor tacto acerca de nuestros problemas de manera introspectiva y crítica, sin caer en fanatismos, tan comunes en esta era de tribalismos, donde nos sentimos muy cómodos opinando en espacios donde se piensa igual y las ideas se vuelven más radicales y homogéneas, ignorando las virtudes del diálogo (que solo es posible con el otro) en medio de tantas incertidumbres y crisis. En Venezuela planificamos un porvenir que con dificultad apenas logramos descifrar: salir del subdesarrollo, estabilizar nuestras economías, superar las corrupciones institucionales y construir democracias más sólidas; todas parecen decantar en quimeras que alimentan una nostalgia que obstruye otras formas de contemplar horizontes más lúcidos. ¿Desde cuántas lecturas intercaladas podríamos sacar soluciones más acordes a nuestros contextos y problemas nacionales? ¿Cómo aprendemos a leer desde una mirada más atenta y respetuosa hacia lo desconocido? ¿Cómo recuperamos el sentido cohesionador que tiene la lectura, y que nos brinde la posibilidad de afrontar la realidad y luchar para poder cambiarla?

—Me parece que como la política implica que todos te quieran entonces se puede prescindir del compromiso. Se escribe para llamar la atención, para que te quieran, que reaccionen pero que se limiten a comentar la entradas, por eso hay autores tan irresponsables, por eso abunda la producción de contenidos incesante que no llegan a ninguna parte. Hay una nueva literatura que está saliendo de aquellos que están ladillados del secuestro del país, esa por supuesto es una expresión ninguneada, raya en la mofa del espectáculo, y ese tipo de expresión es tal vez por lo que vale la pena apostar. No sé.

— ¿Apostar por otras formas de lucro?

—Claro. Escribir es un ejercicio de prostitución. Es una actividad voluntaria y muy mal vista, si te pones a escribir sobre lo que piensas realmente. Cuando se hace al margen, o al otro lado como tú mencionas, es una maniobra de libertad. Pero si lo quieres hacer desde la institución literaria es una impostura, tus palabras rebotan como en un juego de squash. Alguien se ofende. Caes mal porque tienes el alcance para hacerlo, sabiendo que en tus palabras puedes plomear tanto a ladrones como gente inocente. Pero si te pones a pensar en lo colateral de las palabras, es mejor no escribir nada y hacer memes. Es más rentable a nivel simbólico, porque no hay esfuerzo mayor que comprometa las partes. Aquello que no implique mayor esfuerzo no molesta a nadie. Por algo escribir sobre el desarraigo y la crisis del país resulta hasta un ejercicio cómodo, porque se produce en función de lo que la gente quiere leer, quieren sentirse representados en la miseria del texto. Una literatura complaciente solo tiene un destino a largo plazo: el olvido.

—El mejor superpoder que tiene un escritor periférico es su invisibilidad, su insignificancia. Y este País Hotel, así nos parezca irrisorio, es una mina de coltán.

—Hay que tener paciencia: enferma disciplina.

—Hay que entregarse a la limpieza dedicada de la baldosita. Piezas únicas. Like Zima Blue.

***

Alexander JM Urrieta Solano

El Cuaderno de Blas Coll (Fragmentos)

En un remate de libros que nadie quería encontré por un precio absurdo «El cuaderno de Blas Coll», del caraqueño Eugenio Montejo.

Siempre en los encargos que me ha tocado hacer para otros este autor es muy difícil de conseguir. Pasé mucho tiempo buscando sus poemas para un cliente, y nunca me imaginé encontrarme con este libro que para mayor asombro estaba firmado por el autor: «A Irama y Carlos Tortilero, con el viejo afecto y la amistad de Eugenio Montejo, Caracas, 30.III.1981». Hay una extrañeza dentro de esos libros que el azar nos pone en nuestra ruta y que están dedicados a otras personas. Uno lleva en sus manos un artículo que parece venir de un relevo fantasmal, de un inmenso descuido, o simplemente un olvido. El libro vive un proceso de transmigración de alma, el azar lo conduce a su siguiente lector potencial.

La voz heterónima de Blas Coll adentra al lector en las reflexiones de un tipógrafo rural, que durante se estadía en Puerto Malo, se encaminó en la empresa del diseño de un nuevo lenguaje, una nueva forma de nombrar las cosas. En una parte hace mención del día que inventó la vocal @, «cuya pronunciación exacta nos es por desgracia desconocida». El cuaderno es un ejercicio de transcripción fallido que deja en el lector un tremendo enigma sobre nuestro idioma, cada más esotérico, difícil, e incompresible.

El cuaderno comprende una serie de inquietudes sobre nuestra forma de comunicarnos, y el lenguaje como el paisaje en donde nacen y se dan las cosas. Blas Coll, deja en hojas de plátano y márgenes su mensaje fragmentario y algebraico.

Antes de entregar el Libro, con mucho dolor, al cliente que solicitó mis servicios, hice unas notas apresuradas de lo que más me gustó en mi cuaderno de espiral. El libro puede leerse en un viaje caluroso de metro. Tal vez no lo vuelva a ver:

La palabra del hombre tiende en secreto a una extensión máxima de dos sílabas, aunque su ideal expresivo sea siempre la unidad monosilábica. Una sola sílaba traduce cabalmente el esfuerzo de un paso sobre la tierra. Se corresponde con la distancia imaginaria a que nos situamos de todo objeto, hecho o acción. Pero debemos conceder que se juzgue más natural servirse no sólo de un pie, sino de ambos, es decir, que se procure emplear el mayor movimiento posible sin repetición: sístole y diástole del corazón humano. Al nombrar una cosa con tres sílabas ya estamos añadiendo un paso de más que fatiga la imaginación.

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Me río de los políticos que quieren ordenar las cosas de los hombres sin tocar su lenguaje. Tratan de ignorar adrede que las falacias de sus leyes es de índole lingüística más que jurídica.

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Una conversación -reza otro de sus fragmentos- plantea un movimiento verbal parecido al de una partida de ajedrez, de modo que es fácil señalar, al primer movimiento de los labios, si se está en presencia de un gran maestro o de un mero aficionado.

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No veo por qué el sustantivo verbal no ha de ser siempre el mismo que la primera persona de indicativo del verbo del cual derive: Un pienso, en vez de un pensamiento, pues no decimos un soñamiento sino sueño. Así también: un miro (por una mirada), un sufro (por un sufrimiento), etc.

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Cada lengua concibe una idea diferente de Dios. La forma de su representación, por abstracta que sea, no se desliga nunca de las letras con que la palabra Dios se escribe en esa lengua. Quien niega esta verdad, niega el poder mágico de las letras, y la forma en que estas operan sobre la imaginación de los hombres.

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Muchos se proclaman ateos ahora que Dios ha dejado de ser una moda. Nadie teme, a estas alturas del mundo, ser acusado de hereje, a no ser que se trate de las nuevas religiones políticas, sobre las cuales nada diremos por ahora. Y sin embargo, si lo miro bien, creo que el único hereje verdadero de estos tiempos soy yo. Al anunciar una lengua nueva, anuncio también, y todos lo saben, dioses inéditos.

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Los hombres son fatalmente conservadores, no hay más que verlos cómo reaccionan ante el lenguaje. En todo tiempo se hallan prestos a demoler el mundo, para rehacerlo de cabo a rabo, aunque ello no sea más que engendro de su hastío metafísico. La lengua muestra, en cambio, con cuánta comodidad se adecúan a la indolencia de antiguas formas. «Pueden meterse con todo, pero no toquen lenguaje», decía el terrible Voltaire.

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En un enunciado de cualquier lengua debe leerse la posibilidad expresiva más adecuada entre pensamiento y palabra, por lo que toda frase es una tentativa siempre perfectible. Es lo que tengo por expresión abierta, probada por la corrección y conveniencia del uso diario. Si algo puede ser dicho de un modo más conciso y eufónico, esta segunda fórmula se impone más naturalmente sobre toda otra menos perfecta, y ha de preferirse hasta que no se halle equivalente más eficaz. Se comprende así por qué los poetas, y no los académicos, son los mineros del idioma.

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Toda frase debe reproducir en su construcción, tanto como sea posible, la forma de gravitación de los astros que conocemos. El sujeto debe rotar como el sol.

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Un pensamiento es tanto más verdadero si lo que expresa puede ser representado sin palabras en nuestra conciencia. El hábito verbal le agrega un peso tal a toda idea, que casi nos es imposible salir de las palabras para pensar. Y, sin embargo, el ajedrecista puede concebir una variada serie de movimientos de formulaciones no verbales, del mismo modo que el músico concibe una estructura puramente tonal. Se me da así clara la diferencia entre prosa y poesía, siempre confusamente planteada. Prosa es toda representación de conceptos; poesía, en cambio, es imagen pura, acecho de la palabra desde la zona de nuestra mente no contaminada aún de verbalidad

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El cambio más importante en nuestra vida, del cual dependen casi todos los otros, será posible cuando dispongamos de una lengua que estimule el conocimiento no sólo por medio de ella, sino especialmente liberándonos de sus formas. Que el lenguaje sea el pensamiento, pero que nuestro pensamiento no desdeñe otras vías no implicadas en los hábitos lingüísticos y por ello más allá de este, tal como suele darse en algunos sistemas especializados: matemáticas, lógica simbólica, etc. Siendo que estos sistemas se hallan hoy suficientemente difundidos, sorprende que su influencia en los hábitos del pensamiento cotidiano aparezca tan reducida.

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El infierno debería ser esdrújulo.

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Los refranes y decires anónimos, hermosos y sintéticos, son las botellas que arroja al mar cada idioma de tiempo en tiempo.

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La estructura de la oración debería de variar con el transcurso del día, para señalarnos del modo más preciso el registro del tiempo. No conviene hablar por la mañana del mismo modo que lo hacemos por la noche.

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El brujo del cuervo

Mi primer encuentro con El brujo del cuervo fue en Lima. La contratapa del libro me había llamado la atención pero terminé comprando otro libro cuya prioridad en ese momento era vital. Entre las cosas que me llamaron la atención de aquel libro de bolsillo fue el nombre del autor que no supe pronunciar al principio: Ngũgĩ wa Thiong’o. Después de casi un año ya en Caracas el libro se me volvió a presentar. Por un impulso propiciado por las festividades decembrinas terminé comprándolo. El libro no dejaba de llamarme y me comprometí a leerlo durante el mes de enero.

Cada vez estoy más convencido que los libros a veces nos buscan. Ciertas obras se presentan en nuestra vida para dar sentido a nuestro presente, tal vez con el propósito de hacernos creer que nada se lee por casualidad. No puedo decir que esto sea un absoluto, la experiencia lectora de cada uno es única y diversa, de ahí lo rico y divertido de todo el asunto que envuelve el acto de leer. Para mí los libros han fluido de esa manera. Incluso me ha pasado que sueño con libros que estoy leyendo que ni siquiera he empezado a leer.

La compañía del brujo del cuervo fue hasta cierto punto esclarecedora. No sólo porque su lectura resulta amena desde principio a fin, sino que me resultaba imposible no contrastar la ficción del libro con la realidad triste de mi país. La imaginaria República Libre de Aburiria no dista mucho de la República Bananera de Venezuela. Las similitudes eran un reflejo de las atrocidades que se viven en gobiernos militares y totalitarios, donde la ignorancia se conjuga con el miedo y somete a los habitantes a vivir como poseídos, embrutecidos por la necesidad, la pobreza, la violencia del Estado, la tiranía del pensamiento que de forma injusta suprime a todo aquel que piense distinto.

Thiong’o escribe sobre un país regido bajo de figura asfixiante del Soberano, considerado  por antonomasia como la medida de todas las cosas. Dictador inamovible, que ejerce el poder a capricho y sobre las riendas de todo un pueblo. Tuve ciertos sentimientos encontrados con el libro de Thiong’o. En reseñas que busqué sobre el libro mencionan varias veces que se trata de una obra donde predomina el realismo mágico africano, pero más allá de los elementos fantasiosos que van hilando la obra, junto a una serie de personajes con voces que desde sus perspectivas van construyendo una trama, se trata de una obra que, como el autor lo menciona en voz de su personaje principal, abarca el tema pos-colonial.

El brujo del cuervo expone de forma lúcida y satírica las consecuencias de todo el proceso de colonización en África. A pesar de haber sido un proceso muy distinto a la colonización en América, se pueden encontrar que lo que tienen en común son los hechos históricos que envuelven la destrucción de la memoria: la domesticación del ser. Para dominar al otro lo primero que hay que quitarle es la lengua, la palabra, hacerlo olvidar por completo de dónde viene para manipularlo.

Thiong’o expone a la República de Aburiria como un país enfermo. La estructura del libro se compone de seis partes donde se expone cada síntoma de aquel lugar controlado por fuerzas demoníacas que alteran la aparente normalidad del país. Uno de los que más me desconcertó fue el segundo libro: Demonios de las colas. Por razones extrañas la gente empieza a hacer colas infinitas por toda Aburiria. No era difícil para mi imaginarme la cruda realidad en la que estamos actualmente, el cómo la desidia a modo de embrujo se había apoderado del control de todo.

Durante un tiempo fue como si todo el mundo en Eldares estuviera poseído. Si una persona se paraba a mirar un escaparate, se encontraba de pronto con que se había formado una cola detrás de él. La gente ni siquiera se molestaba en preguntar para qué era la fila; simplemente suponían que tenía que haber una razón para hacerla, y querían su parte de lo que fuera que se distribuyera…De vez en cuando una persona daba origen a una cola sin tener conciencia de haberlo hecho, se marchaba a su casa y al día siguiente se incorporaba a la misma cola, siempre sin saber que él había sido su inocente causa. Sencillamente, las filas tenían vida propia. (Thiong’o; p. 173)

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Cada sociedad cuenta con sus reyezuelos y seguidores parasitarios, respaldados por la indiferencia del mundo y la carga del hombre blanco, que el autor desarrolla con la enfermedad de la blanquitis que padecen algunos personajes: la dificultad de las palabras, el rechazo hacía uno mismo, la ignorancia que suprime todo movimiento hacia adelante. Es una lectura recomendaba. Me agrada que esta novela haya sido mi introducción a la literatura africana donde, así como muchos otros textos escritos desde la periferia, ponen en tela de juicio la corrupción de las sociedades occidentales. La mirada del otro.

El brujo del cuervo me acompañó y seguirá estando conmigo en mis viajes por Caracas, una de las tantas Eldares con su realidad insignificante, donde el caos resulta ser la norma reguladora de todos los días, y a veces es tan aterradora que no hay que pensar dos veces en recurrir a los recursos que promete la magia. En la medida que me iba metiendo en las tramas desarrolladas en más de setecientas páginas, me terminó quedando esa inquietud de desde el inicio plantea el autor sobre el malestar de su pueblo. Fue una ironía sentir que Thiong’o con su realidad africana se había acercado de forma pertinente a la mía.

Invito al lector que se le presente la oportunidad a considerar la historia del Brujo del cuervo. Es un libro que vale la pena revisar así como el resto de la obra de este prolífico autor de Kenia: Ngũgĩ wa Thiong’o.

Esperando que mi casi reseña les haya servido de incentivo para sumergirse en el universo que promete la literatura africana… Hakuna Matata.

Era demasiado tarde para cambiar su historia. Tendría que seguir adelante con la mentira, fueran cuales fueran las consecuencias. A partir de ese momento se atendría a lo que mejor sabía hacer: deformar la verdad, en lugar de decir mentiras rotundas. (Ibíd; p. 561)

Alexander JM Urrieta Solano

 

Polarización y negación del otro en Venezuela

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No puedo pretender que el otro piense igual a mí, pero me conformo con saber que piensa algo, que macera ideas: que produce conocimiento. Me desagrada que el sentido común a veces lo utilizamos estrictamente como elemento decorativo, para alardear de que somos cultos y que estamos por encima de otros; un pequeño complejo de superioridad que, sin duda todos padecemos, pero en distintas proporciones.

Pedirle a los venezolanos un poco de lucidez en tiempos decadentes parece ser demasiado. Como ya en varias oportunidades lo he expresado, considero que vivimos en una sociedad saturada, ausente de valores, donde el otro ha pasado a ser el enemigo acérrimo de esta crisis que se conjuga con lamentos individuales y medios de comunicación modernos que han atomizado todo acontecimiento: mensajes e imágenes viniendo de todas direcciones, teniendo como objetivo claro moldear a las masas en un sentido político e histórico: distrayendo e impactando a todo un mundo, un país…una audiencia.

Hablando de forma general, los venezolanos tienen la curiosa costumbre de saltarse las normas mínimas de convivencia, y también algunas máximas. La virtud esconde los complejos, y la insana impotencia de todo lo que (como pueblo) no alcanzamos a ser: quizá una suerte de venezolano moldeado hasta el cansancio con un Manual de Carreño sea el fin de aquellos que hablan de Civilizado-Orden-Progreso… o esa palabra que se usa de forma tan laxa y nociva: Cultura. La estrategia de facilitación para actuar de esa manera, producida por nosotros, tiene al menos dos aristas: Según la primera, nos consideramos seres virtuosos cuando nos referimos a nosotros mismos. Según la segunda, consideramos al otro un ser cuestionable por donde se lo vea. El otro siempre hace cosas reprochables, mientras que uno no. Entonces, cuando uno comete una infracción, uno no está actuando como uno, sino como el otro, por eso es indispensable eliminarlo.

Esta forma de relacionarnos de los venezolanos implica una serie de presupuestos; el primero de ellos dice así: para ser bueno no hay que ser como otro, sino como nosotros; por otra parte, el segundo presupuesto tiene que ver con suprimir al otro, que siempre es malo, esto quiere decir que: si me comporto como el otro, es decir, si me comporto de manera negativa, no debo ser atacado por ello, pues una vez que yo lo elimine a él, nada de él podrá manifestarse en mí, y seguiré siendo tan bueno como siempre.

La consecuencia inmediata de esta manera radical de conducirse es un tipo de sociedad conformada por personas egoístas, centradas en sí mismas, y que de paso, viven al margen de la norma o, mejor dicho, se valen de la norma según su propia conveniencia… Esas personas, en definitiva, actúan como si en ellas no existiera ningún otro. Todo lo ajeno es indiferente. El venezolano no sabe ponerse en el zapato del otro.

El venezolano polarizado es un ser aturdido, confundido por los cambios bruscos de los líderes que idolatra, aferrado a una realidad donde los contrastes son inexistentes, en otras palabras, es un consumidor compulsivo de ideología, incapaz de producir criterio propio de aquello que le rodea. Esta polarización se ha extendido en distintos espacios de la vida cotidiana, donde las más diversas instituciones públicas y privadas (educativas, religiosas, policiales, militares, etc.) así como sectores sociales, se han puesto a favor y en contra de una de dos posiciones: gobierno y oposición, generando un agotador clima de tensión socioemocional, y distintas expresiones de violencia. La realidad de los venezolanos se ha convertido en un drama enervante.

Con la polarización se han multiplicado los estereotipos (el chavista es así y los opositores así, el fiscal de tránsito, la mujer operada, el político, el militar, el sifrino de acá es así y el que viene del barrio así), las descalificaciones, la discriminación y la exclusión a través de referencias a la condición de clase, etnia, raza u otras características grupales o partidistas, comprenden toda una visión del mundo dentro del imaginario de una mente radical, polarizada, que mira el espacio donde se encuentra con extrañeza porque no sabe dónde está.

La Viveza Criolla por ejemplo, es el resultado de una filosofía de vida impuesta por nuestra desconocida carga histórica construida a partir de epopeyas y Estados mágicos. Recordemos que una mentira dicha mil veces se vuelve verdad. Pienso que el individualismo es una condición presente en todas las sociedades capitalistas; el egoísmo no puede ser atribuido a una idiosincrasia perdida en América Latina. Si nuestro egoísmo existe, está para hacernos creer que somos los únicos que padecemos en el mundo, y eso está muy mal, porque nuestra percepción es inútil y limitada. Con una visión tan reducida del mundo ¿cómo aspiramos cambiar la realidad?

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Demasiada televisión inútil vendiéndole ilusiones a la gente, demasiadas cirugías embrutecedoras para los que no soportan aceptarse como son. Buscamos desesperados la identidad y reconocimiento por aquellos que piensen igual que uno. Demasiados «intelectuales» faranduleros haciendo estragos en sus seguidores, que andan buscando más rating que introspección en sus oyentes, nadie promueve a la autocrítica. Hacer un llamado a mirarnos en el espejo es promover al caos. El viaje al interior de nosotros mismos pronostica pesadilla y terror, por lo cual la libertad se hace costosa mientras emprendemos ese viaje. 

La idea de estabilidad es poderosa, y más cuando se busca en los confines de la ciudad. La libertad es el recurso indispensable de la imaginación: la ciudad tiene su propia concepción de ella, y cada individuo (racional-occidental) la asume como la única posible; en esta incongruencia de adaptar nuestras necesidades a un espacio reducido de universo, radica la mayor dificultad de la existencia; incongruencia espacial que nos mantiene sumidos a los límites establecidos de una cartografía urbana, que más allá de los peligros que la definen, son los rasgos opresivos, aquellos que nos mantienen con vida en la jungla de concreto y nos definen como ciudadanos.

La libertad, al igual que la democracia, son palabras que todos conocen pero nadie entiende, por el hecho de que ambas resultan ser ambiguas y por qué no decirlo, banalizadas. Nuestros políticos han sabido cómo lubricar al pueblo por medio de las palabras, porque el pueblo sufre de amnesia esporádica. Con la polarización cada sector se ha aferrado a las palabras dándoles un significado que para el otro No es válido, fuera de orden. Se rechaza automáticamente no por el significado, sino porque proviene del otro lado.

Tenemos el caso de la violencia en Venezuela, por tomar un ejemplo, donde dos visiones del mismo fenómeno a pesar de que buscan el mismo fin no pueden establecer diálogo entre ellas: “Queremos paz”, dice el Gobierno; “No queremos Violencia”, dice la oposición… unos están a favor de la paz y otros en contra de la violencia. Sin duda ambos buscan un fin, pero siempre y cuando no incluya al otro, que busca otra cosa. Resulta hasta tonto caer en este tipo de discusiones, tampoco es la idea.

Nadie sabe quién inició el conflicto entre los dos, pero como queríamos terminar rápido, lo iniciamos nosotros primero… y así funciona el ouroboro de la idiotez venezolana. Una masificación del odio, la verdadera dictadura del pensamiento. La no aceptación de nosotros y al mismo tiempo, la negación del otro, porque no existe: lo maté Yo.

Podemos hacer una gran lista del doble discurso llevado por la polarización política en Venezuela, respaldado por un nacionalismo que no ha hecho otra cosa que marcar las diferencias entre nosotros sobre el tema de: ¿Quién ama más a Venezuela, o ellos o nosotros? (Por tomar otro ejemplo) Se toma como referencia el mismo punto de partida: un amor exacerbado, pero limitado a cuestiones paisajistas y anacrónicas, de un pueblo nostálgico que habla siempre en pretérito. Anhelando cosas que nunca ha tenido, envidiándole los logros al otro, que siempre está mejor que nosotros. Cada uno como individuo legitima y perpetúa la narrativa del fracaso, evitando para nuestra tranquilidad la épica del desencanto: echándole siempre la culpa al Otro de los problemas que acontecen, porque uno hace todo lo puede para sacar a este país adelante (?). Estamos convencidos de nuestra condición irreversible, pero seguimos soñando con cambiar a cuesta de méritos propios, los demás que se jodan.

Uno no puede atribuir la razón a un tipo que te habla con tanta comodidad de una crisis. Los intelectuales hablan siempre desde su burbuja de saberes, nunca atacan a su gente, porque pierden aduladores, por eso he llegado a un punto donde no me los puedo tomar en serio, porque están marcados por la edad, son viejos, y me da tristeza escucharlos y justificar que loro viejo no aprende palabras nuevas, (me pregunto si ese es el destino de todos, llegar a un punto donde no nos interese aprender nada nuevo).

Demasiadas ideas al mismo tiempo… Reflexionar resulta un tormento que atenta contra la felicidad, con tanta información mejor recibir las cosas de otra boca no tan avezada en el asunto, o recibir la visión directa de alguna redacción mediocre proveniente de un medio de comunicación ultra-radical con temáticas frutales, que en vez de informar, lo que promueve es el odio, la homofobia, el machismo, el racismo, la marginalidad, la xenofobia, la idolatría política parasitaria: chasvistoide/bobositora-chabestia/escuálida, ambos grupos cada día se parecen más, pero están tan concentrados en su rabia visceral que ni cuenta se dan.

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Todo se vale, la gente normalmente suele publicar un dilema general que no necesariamente tiene que ver con ellos, simplemente lo hacen para sentirse a gusto compartiendo su miseria con otros que piensen igual. Una amputación del pensamiento. No existen conflictos si todos miramos el mismo color. La juventud venezolana, a la cual por ahora pertenezco, es patética y pusilánime. Los nuevos tiempos vienen pero el detalle es que se van quedando y acumulando los viejos. Todos quieren cambios pero nadie quiere cambiar. Es muy fácil introducir ideas volátiles en mentes en formación, y podemos ver el resultado, una generación vacía, que despotrica el ahora, desconoce el pasado, y se jacta del porvenir pero de una manera casi enfermiza porque ignora por completo su historia: no sabe de dónde viene. En una sociedad polarizada podemos ver líderes nefastos conduciendo a todo un grupo de borregos, que sólo por el hecho de ser jóvenes se creen dueños del mañana. Somos esa generación que dice que todo está en la mierda, pero que no rompe ningún plato, y sin embargo destruimos más de lo que creamos.

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Hay un placer desquiciado por la narrativa del fracaso. Ya no basta con que nos llamen latinos tercermundistas, sino que también entre nosotros nos echamos tierra encima… Lo único que faltaba para exacerbar nuestro estado bélico era tener conflictos con los vecinos, y los tenemos, al parecer: Con Colombia y Esequibo. Ahora buscamos echarle la culpa a toda una nación. Usando los medios para armar fiestas mediáticas, que llegan con total éxito a una audiencia ignorante, que responde siempre de la mejor manera; manera que le interesa a todos estos que nos gobiernan: invocar el oprobio entre los semejantes, distraer a las masas de los verdaderos problemas, de problemas concretos, que tienen que ver con el reconocimiento del uno y del otro.

La Guerra Económica, el acaparamiento, la escasez… todas, ficciones creadas por nosotros mismos. Nosotros llevamos la cuenta de nuestra miseria, no venezolana sino humana; la que contamos día a día y compartimos a unísono, en una soledad rectangular virtual, donde hay comedia y violencia conviviendo en armonía. El sadismo se ha normalizado, y no hay que poner en duda que nuestra idiotez también.

Un bombardeo de imágenes por todos lados. Nuestro ego-centrismo criollo se ha vuelto nuestro principal producto de exportación ¿Por qué como individuos sin importancia colectiva pretendemos que nuestros problemas son los más grandes del mundo? ¿Acaso nos hemos atrevido alguna vez en preguntarnos cómo piensa el otro, sin antes haber armado todo un prejuicio de Él? ¿Te has atrevido a mirar el mundo de otra forma? Preguntas incómodas, porque sabemos que ni el mínimo esfuerzo hacemos, a mí no me interesa que piensa ese Otro; pero sin embargo entra en conflicto con lo mío.

El odio no nos deja pensar. Lo más triste es que nos joden por los lados que desconocemos. El caos necesita de cómplices ignorantes, de autómatas estructurales, de gente resentida por los años. La negatividad con la que cada polo percibe al otro ha funcionado como repelente social para movilizarse políticamente. Hay que cuidarse de lo que dice o hace el otro, a la espera en vigilia del ataque y defensa. Las hazañas bélicas se concretan en la cartografía urbana. Desde cada extremo hay que movilizarse y demostrar la fuerza del grupo, ya sea tomando plazas o esquinas…siempre una lucha que termina en bailoterapia estafadora donde se reclama o se exalta lo que se desconoce.

La Polarización en Venezuela se sostiene a partir de un discurso que va siempre en contraposición al otro: a ese que piensa distinto a mí. La reducción de todas las problemáticas a un planteamiento dicotómico (entre ricos y pobres, chavistas y escuálidos, boliburguesía y burguesía), han re-planteado nuestra cosmovisión de lo que debería ser un país; el escenario de un país divido aparentemente (y de forma casi imperativa) en dos visiones de mundo.

Marchas, contramarchas, toldos y módulos donde vociferan la verdad unicolor; una conscripción de un modo de pensar incuestionable: uni-versal y radical. Las temáticas están diseñadas para que el individuo en su formación de identidad nunca abandone su grupo, y a su vez, evitar todo tipo de encuentros con el otro. El fin de la polarización es perpetuarse a sí misma, haciéndonos pensar que el otro es culpable de todo… ¿Algún radical en su libre voluntad se atreve a decir que ha intentado escuchar o dialogar? Mentira. Aquí nadie se ha tomado la molestia de saber qué piensan los demás.

Lo que más me molesta de este asunto es la aceptación constante de esta problemática, y la obligación de tener que escoger una visión del país: O estás con ellos o con nosotros… Vienen las elecciones, tienes que decidir el futuro del país… pues estamos del lado correcto de la historia. Los extremos no permiten contrastes grises. Para el radical es inaceptable llevarle la contraria, y mucho menos decirle que está equivocado…

En conclusión, pienso que hemos permitido que unos rancios determinen el curso de nuestro destino, y que en los últimos años no hemos hecho otra cosa que definirnos en posturas radicales, evitando por todos los medios contemplarnos en el espejo. Aquí yo no le pido a nadie que sea héroe y olvide todo lo aprendido, lo que sugiero es re-pensar; tarea compleja pero que tampoco es imposible. El problema radica en creer que cambiando la realidad podemos cumplir nuestros sueños, pero nadie nos ha sugerido que lo mejor es cambiar nuestras formas de soñar dentro de la realidad.

Nadie te pide que cambies el mundo, pero sí tu forma de verlo…

 Alexander Urrieta Solano

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Referencias:

– Fotos de las 2 gorras: BBCMundo «Opositores llevan una gorra. Oficialistas otra. Todos los días.» fuente:http://www.bbc.com/…/140829_venezuela_familia_dividida_dp

– Winnie de Pooh: «safely endangered meme viveza criolla» fuente:https://www.facebook.com/bananarepublicofvenezuela

– «En Venezuela no hay racistas…» Fuente: Twitter @ArrobaDanilo

– Sra con franela de chávez: «yo soy chávez» fuente:http://laiguana.tv/images/03_Marzo/11/YO-SOY-CHAVEZ-C.jpg

– Sras opositora: s/t’itulo fuente: http://factormm.com/…/2015/05/MarchaCcs6-150×150.jpg

– dibujo al final: «Polarización en Vzla» fuente:http://conceptodefinicion.de/…/PolarizaciC3B3nVenezuela…